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de:
Sixto Castro Rodríguez, OP
Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
jueves, 31 de enero de 2008
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Es excelente el artículo de
Javier Cercas en El País semanal, una reflexión aguda acerca de la esperanza. Pero es desesperanzadora: a su decir, hay que perder la esperanza. Él se apoya en Montaigne, pero para ese viaje podemos buscar alforjas más clásicas y vetustas: lo que le queda a Pandora, después de abrir la caja de los truenos, es la esperanza, que puede ser vista como una bendición (véase el infierno de Dante, en el que reza “abandonad toda esperanza los que entráis aquí”) o una maldición (una tontuna que nos proyecta en el futuro, en la nada, en lo contingente que se nos escapa). Puede ser que en el mundo x+3, uno de los mundos posibles, se pueda vivir sin esperanza. Pero resulta que –Heidegger dixit– en la vida humana prima el futuro, y no hay tu tía. Esa idea de vivir el presente, como si éste fuese un instante temporal perfectamente deslindable de sus éxtasis (hacia atrás y hacia delante, hacia el pasado y hacia el futuro), como si de una unidad discreta se tratase es impensable, imposible, inhumana. Y usted podrá decir: claro, es que como Benedicto XVI ha escrito sobre la esperanza, tú te ves obligado a defender sus tesis. Jajaja. Ni de broma, entre otras cosas, porque no he leído la encíclica, así que no sé si estoy de acuerdo con él. Pero sí estoy de acuerdo con que la esperanza, la elpidia (seguro que usted conoce a alguna señora que se llame así) es una de las estructuras del ser humano (un existenciario, que diría Heidegger) y no se puede vivir si se deja de esperar, al igual que si de deja de comprender o se deja de hablar. Tut mir leid.
miércoles, 30 de enero de 2008
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Continuando la cosa de ayer, que da para siglos de discusión, pero no conviene perder demasiado tiempo, que es irrecuperable, me llega hoy un CFP, es decir, una convocatoria de un congreso, en el que piden contribuciones, y la cosa se titula: What’s Left? What’s Right?, es decir, ¿Qué es la izquierda y qué es la derecha? (lo cual en inglés tiene un doble sentido, porque significa al mismo tiempo: ¿qué nos queda? ¿qué es correcto?). La página web del asunto comienza citando a Hannah Arendt, quien dice lo siguiente: “Sabéis que la izquierda cree que soy conservadora, y que los conservadores piensan que soy de izquierdas o disidente o Dios sabe qué. Y debo decir que el asunto no me podría preocupar menos. No creo que las cuestiones serias de este siglo vayan a obtener ningún tipo de iluminación de este tipo de cosas”. Pues así las cosas y ya sin etiquetas, tengo que volver a hablar de El País, jajaja. Ayer glosaban –en la misma página– dos películas distintas, una protagonizada por Stallone (Johnny Rambo, o sea Rambo IV) y otra por el actor español nominado para el Óscar. Datos que daba el diario: Stallone es republicano, en la serie de Rambo se va incrementando el número de muertos en cada peli. En esta última no queda ni el apuntador, y otras cosas. Conclusión que saco yo: Stallone es mala persona y un fascista. El actor español, en su película, se carga, parece ser, a quien le da la gana, y de una forma más cruel y menos, digamos, anónima. Pero los directores son los hermanos Cohen (que me encantan, dicho sea de paso, al igual que Stallone), que son de izquierdas, como lo es el actor español (pero aquí parece que el periódico no necesita referirse a las afiliaciones políticas, que son públicas). Ni una sola palabra sobre la violencia de la peli. Ergo, seguro que esta peli es una exploración libidinal de los rincones oscuros en los que el deseo manipula la vivencia de la irracionalidad convulsa en aceite de pato. Depende desde donde usted dispare, la violencia será bendita o maldita. Esperaremos a la siguiente.
lunes, 28 de enero de 2008
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Aceptamos pulpo como animal de compañía, pero lo de los de izquierdas opulentos, no mire usted. Me supera.
A decir de Esther Tusquets en su artículo de opinión en El País, lo que propugnan las izquierdas se deja decir así: “No se trata de que los ricos repartan generosamente sus bienes, sino de establecer, por medios más o menos violentos, un sistema más justo”, que no se sabe muy bien de dónde procederá, ya que si no es del reparto de bienes o de un cambio político, habrá de ser por intervención divina. Pero aquí no se acaban las perlas. Y cito: “El hombre de izquierdas no tiene como misión repartir sus bienes, ni sentar en su mesa a los mendigos; su misión es luchar para que se instaure en el planeta Tierra un orden más justo, menos brutal y menos insensato. Y, cuando se trata de un hombre rico, esta lucha va contra sus propios intereses. A esos tipos tan criticados por sus casas y sus coches y sus yates les sería más favorable militar y votar en un partido de la derecha. Pero no lo hacen, y ahí radica su coherencia”. Tócate los pies. Nunca había visto una legitimación del despotismo de izquierdas peor pensada. Es decir, el que vota a las izquierdas quiere un orden más justo, pero de ese artículo no se colige que él deba colaborar cambiando su situación. Podrá seguir viviendo en la Moraleja, que eso no va con él. Podrá seguir asistiendo a entregas de premios en cualquier parte del mundo, vengan de donde vinieren (¿acaso no es Hollywood la máquina más maligna ideológicamente, o al menos lo fue para la Escuela de Frankfurt? –pero estos no les han leído), podrá seguir, quién sabe, teniendo sus acciones en sabe Dios dónde…, pero son de izquierdas, y eso les da legitimación moral. Parece que se me ve el plumero. No, en absoluto. Si ser de izquierdas es querer un orden más justo, la justicia total, yo lo soy más que ellos, garantizado. Pero, por lo que veo, de ese artículo se desprende un tufo muy derechoso (a entender de la articulista, supongo), pero mucho: justicia sí, claro, pero usted no me toque a mí lo mío. Si acaso, y aquí quería llegar, que sean los otros los que carguen con el peso de hacer ese orden más justo, ya que “el hombre de izquierdas no tiene por misión repartir sus bienes”, luego será el de derechas el que tenga esa misión mesiánica. Ráscate los bajos. Y mira que llevo todo el día tratando de olvidar este artículo, pero es que me puede. La banalidad me puede. Y las etiquetas que otorgan patente de corso, más aún. Ni de izquierdas ni de derechas, simplemente queremos ser personas.
lunes, 28 de enero de 2008
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Me pide un fraile que incluya en el blog esta noticia: La Federación de Vecinos pide a la Oficina del Censo Electoral el cambio de ubicación de al menos 24 locales electorales de Valladolid situados en espacios religiosos al carecer de la obligatoria neutralidad religiosa e ideológica. La verdad es que supongo que no serán todas las federaciones, sino algún tonto del haba que se ha aprovechado de la coyuntura ideológica y del río revuelto para lanzar sus proclamas en pro de un laicismo que, aún hoy, no sé qué significa, porque según quien hable de ello, entiende una cosa u otra. La noticia pide que no se habiliten esos lugares, en su mayoría colegios o conventos, como lugares de votación, por carecer de “neutralidad religiosa e ideológica”. No creo que a ningún fraile ni a ninguna monja le moleste que le lleven de su casa las mesas de votación y las urnas. Tendría bemoles que nos quitasen las imágenes de Santo Domingo en esta casa (que hay pocas y no es el caso, ya que aquí no hay mesas), porque se les ocurra a unos iluminados que debe presidirnos la diosa razón o la ciega justicia. Pero eso supondría que nadie, absolutamente nadie, podría esgrimir en público no siquiera su opción política. ¿Cómo identifico yo al interventor del partido humanista (que no sé aún si se presenta, pero me suena de haber visto sus papeletas en alguna elección)? Ah, no sé, pero según esta petición, si el lugar tiene que ser neutro, habrá de ser un quirófano, y no pintado de verde, que eso suena a ecologismo. No me enseñe usted ni el más mínimo signo de su opción política, religiosa, sexual o sobre qué animales le gustan como mascotas, porque habrá roto ese aura sagrada de "neutralidad". Aquí, en esta casa en la que vivo, me consta que se reúnen algunas asociaciones de vecinos y jamás han pedido que se les quite el Cristo que hay en las clases, que me consta que no molesta, porque nunca les ha dicho nada, hablen de lo que hablen. Tampoco se les ha preguntado de qué iban a hablar. Ni se les preguntará. Pero hay por ahí algunos comisarios políticos que quieren dictar las normas de una utopía que nos acaba ahogando a todos en pro de una "neutralidad" que me asusta más que la parca. En resumen, y con el fraile que me ha mandado esta noticia, concluyo que en las juntas directivas de estas asociaciones beneméritas hay un buen número de gente que no tiene nada que hacer, pero nada de nada, que cobra de ellas (probablemente de las subvenciones que reciben) y que de vez en cuando tienen que hacer algo para que alguien piense que su sueldo está justificado. Y que las instituciones están llenas de perfectos inútiles que ocupan puestos de relevancia lo decía Battiato en el blog de ayer. Ustedes piensen lo que quieran, pero lo que piden en este documento no sirve para nada, no ayuda a la convivencia, no garantiza la pluralidad ideológica y no significa neutralidad política, que vaya usted a saber qué demonios es eso. Y, aunque no les guste, a San Pablo me remito: el que no trabaje que no coma (y que no se invente trabajos ficticios, que para eso ya está la alianza de civilizaciones, de la que seguro que están comiendo unos cuantos abedules paniaguados). Ojete, que yo también pago impuestos, y muchos.Y si se quieren meter con la Conferencia Episcopal (que parece que es el núcleo del asunto) se han equivocado de lugar, pues los frailes y las monjas, según algunos obispos, somos una "iglesia paralela", de modo que fijen su diana mejor, please.
sábado, 26 de enero de 2008
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Me van a permitir que no fuerce demasiado las neuronas en el blog de hoy. Por una serie de razones que no vienen al caso, he estado conduciendo más de lo habitual, y por esa razón he tenido que elegir qué música me iba a acompañar en esos ratos de tedio, de viaje solitario. Uno de los seleccionados, casi siempre, es el ya mentado en otras ocasiones Franco Battiato. Y ahora que estamos en época de vender mentiras y de jugar con las necesidades de la gente, de malmeter y de dar a las palabras significados que nunca tendrán, de jugar con el lecho de Procusto y querer hacernos ver que es la cama de una Barbie, Battiato, en esta canción que transcribo, escrita ya hace un porrón de años, tiene más razón que un santo. Escúchenlo si tienen tiempo. Si no, al menos lean lo que dice. Al menos, nos queda el derecho al pataleo.
Mi pobre patria, aplastada por abusos del poder
de gente infame que no conoce el pudor,
se creen los dueños todopoderosos
y piensan que les pertenece todo.
Los gobernantes, cúantos perfectos e inútiles bufones
en esta tierra que el dolor ha devastado,
¿pero es que no sentís nada de pena
ante esos cuerpos tendidos sin vida?
No cambiará, no cambiará
no cambiará, quizà cambiará
Y cómo excusarlos, las hienas en estadios y aquéllas
de la prensa chapoteando en el fango como cerdos
Yo me avergüenzo un poco y me hace daño
ver a los hombres como animales
No cambiará, no cambiará
no cambiará, quizà cambiará
Esperamos que el mundo vuelva a cotas más normales,
que pueda contemplar con calma el cielo
que nunca más se hable de dictaduras,
porque quizá tendremos que ir tirando
mientras la primavera tarda aún en llegar
miércoles, 23 de enero de 2008
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Uno lee los medios o escucha las declaraciones (de los que mandan) y se da cuenta de que la teoría de la doble verdad, que con tanta fuerza combatieron los medievales, se va imponiendo poco a poco. Le dicen que “la gente” conduce mejor desde que se aprobó el carné por puntos y esas cosas. Sale uno de viaje y se da cuenta de que “la gente” conduce igual, o al menos “la gente” con la que uno se cruzan. “La gente” corre igual que corría y al llegar al sitio del radar clavan el freno. Le dicen que la economía va bien, aunque los agoreros hablen de recesión. Y usted se da cuenta de que los precios son prohibitivos. Hoy leía no sé dónde que un actor estadounidense dejó una propina de 4000$ por un café que “sólo” costaba 5$. Para mí la noticia es que un café cueste 5$, eso sí que es noticia, que uno pague 3€ por un café (y los pagamos a veces, vaya que sí). Mas le dicen que cuesta 80 céntimos. A uno le dicen que el AVE a Valladolid es puntual. Y uno va al AVE y sale con hora y media de retraso o llega media hora tarde (que en un viaje de 50 minutos ya es llegar tarde). Y a uno le dicen que A, mas uno experimenta que B. Soy demasiado tomista y no me trago la teoría de la doble verdad. Y en este caso me fío más de mis apreciaciones que de las que me filtran los medios o los declarantes. ¿Acaso mienten ellos? No lo diré yo, que eso presupone intencionalidad. Mas bien diré que son bobos que se creen lo que dicen. Ni interés tienen en mentir ya, sólo en crear un mundo en el que –como cantaban algunas señoras al entonar el himno de Santo Domingo, allí donde dice “sol hermoso y fulgurante”– “soy hermosa y fulgurante”. Pues nada, a brillar y refulgir, que son dos días.
lunes, 21 de enero de 2008
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El artículo de opinión de
Juan Manuel de Prada del ABC de hoy es excelente. Su vituperio de los “sabios”, los arbitristas o los consejeros áulicos es genial. Me he reído mucho, especialmente por las referencias textuales y extratextuales que contiene (como la de
Pulp Fiction: hay que ver la película, si no, no se entiende). Cuando oigo hablar de sabios me acuerdo de un compañero de clase, en la Virgen del Camino, que en clase de inglés, preguntado y no sabiendo por dónde salir, contestó: es que el otro día dijo un sabio en la radio (ojo a lo de
sabio) que el inglés es más fácil para los ingleses y el español para los españoles. No sé quién sería el sabio, ni sé siquiera si lo que dijo el sabio es evidente
per se, como si hubiese una constitución previa, una inglesidad constitutiva que, antes de lanzarnos a aprender una lengua, nos convirtiese, por razones geográficas o genéticas, en dignos receptores del habla de Shakespeare. En cualquier caso, creo que nos partimos por la mitad de reírnos, no por la frase, sino por buscar fundamento a esa chorrada en un “sabio”. Así que cuando me hablan de sabios ya no pienso en viejitos que moran en una cueva de la montaña, barbados y barbudos, viviendo de lo que la naturaleza les proporciona, y meditando la mayor parte de su tiempo para emitir, de vez en cuando, una frase ininteligible, sino que pienso en estos consejeros áulicos a los que ya les está prescrito lo que tienen que decir, que, en la mayor parte de las veces, no es más que lo que acontece al final de “Las sillas” de Ionesco: un puro grito gutural sin contenido, una tensa espera que se resuelve en nada (así es como Kant define la risa). La sofía ha devenido en esto. Si usted es medianamente inteligente, no se venda a nadie. Alguien se lo agradecerá algún día.
sábado, 19 de enero de 2008
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He estado un tanto pendiente de la elección del superior de los jesuitas a causa de mi estancia en una residencia de los mismos hace unos meses, como sabrán los impenitentes lectores de mi blog. He de confesar que les cogí cariño, al menos a los que conocí allá, de manera que, a pesar de mi conciencia de que la controversia de Auxiliis aún está pendiente de resolución (jejeje, batalla que no estamos dispuestos a perder), les deseo la mejor de las suertes. La verdad es que el superior “superior” (no sé entre los jesuitas, pero sí entre los dominicos) es uno de los hombres más desgraciados de la Orden. El pobre tiene que capear los vendavales que vamos sembrando los frailes, quizá felicitar a los que vayan haciendo las cosas bien, consolar a los afligidos, procurar que no se apodere de nosotros el síndrome ese del “quemado”, mirar de soslayo hacia el Vaticano, a ver qué vientos soplan por allá y calibrar las fuerzas de las que dispone antes de acometer una nueva batalla. ¿Hace falta una vocación especial? No lo creo, porque en nuestra tradición sabiamente se considera que el que quiere cargos no debe ser elegido. Y al mismo tiempo, entre nosotros, como ha sucedido en las quinielas que daban ganadores en el ámbito de la compañía, el que entra de Papa sale de cardenal (ese resquicio que queda es el del Espíritu Santo). De los pocos maestros de la Orden que he conocido, creo que ninguno estaba cantado. Nosotros, con el permiso de Carlos Azpiroz, nuestro maestro general, ya vamos dejando caer nombres para próximo maestro, ya que en 2010 toca capítulo electivo, mas casi con la secreta convicción de que no daremos una. Que así sea.
miércoles, 16 de enero de 2008
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La intolerancia que va apoderándose de las instituciones por obra y gracia de unas minorías (o mayorías) poco ilustradas es algo que empieza a ser preocupante. Una de las noticias de estos días es que unos cuantos profesores y estudiantes han vetado la presencia del Papa en La Sapienza de Roma, remitiéndose al caso Galileo, que también son ganas de remitirse. Y me apuesto bastante a que la mayoría de ellos sólo conocen la sintonía de la música y nunca se han parado a mirarle los bajos, es decir, la armonía y las circunstancias. No hay que ser cristiano ni sospechoso de pietismo católico para, en virtud del paradigma intelectual actuante en la época de Galileo, ver que las cosas distan mucho de ser claras. Probabilismo, probabiliorismo y otra serie de juegos teológico-filosóficos que ahora se nos escapan han de ser utilizados en el debate teórico. Y la musiquilla de que Galileo fue condenado por la Iglesia ignorante y machacante, opresora y el sursum corda, cada vez la defiende menos gente. Pero bueno, a mí, la conjura de los necios no me preocupa. Lo que sí me asusta es que se acallen ciertas voces por principio. De hecho, aquí en España, un par de universidades que habían cedido sus aulas para dar charlas sobre el “diseño inteligente” han dado marcha atrás, ante las presiones, y han revocado tal permiso. En la universidad cabe todo lo que se pueda defender con argumentos, y el diseño inteligente supongo que podrá presentar los suyos, que para eso iban esos tipos a la universidad. Y allí será donde hay que discutirles si es menester. Pero se les ha echado antes de que hablasen y no se les quiere escuchar. No lo entiendo, dado que a los políticos sí se les invita a la universidad, y no son más listos ni tienen más argumentos que el diseño inteligente. No lo entiendo (repito). Los progres de todo a cien (es decir, sin ideas y sólo con palabras, palabras, palabras que arrojan a su antojo) son temibles o, como dicen en Pucela, temerosos
martes, 15 de enero de 2008
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Estamos envueltos en la alianza de civilizaciones, concepto todavía por definir y que suena bien de entrada, no sé si de salida. Pero aún parece que no hemos resuelto nuestras alianzas internas en este país llamado España. Ayer, en el
NY Times, venía un artículo sobre nuestros monumentos y nuestras memorias, que habían quedado un tanto tranquilos durante varias generaciones que sufrieron y pactaron, y a los que los nietos de los que decidieron tirar para adelante les están insuflando nueva vida. No lo digo yo, sino que así es como se percibe desde fuera, como un innecesario conflicto que viene después de un silencio acordado: los hijos del silencio, que no sufrieron las carencias derivadas del conflicto, se han dedicado a darle voz, a infundir a los “símbolos herrumbrosos una significación fresca para un nuevo siglo”. Desde luego, conmigo que no cuenten para resucitar cainismos del año de la pera (porque, se pongan como se pongan los que quieren sacar tajada de todo esto, a los que tenemos menos de 50 años ello nos suena más o menos como los levantamientos de 1808). Lean cómo perciben los gringos estas cosas. Y digámosles a los políticos que, por favor, el césar debe solucionar sólo lo que le toca y no meterse en lo que no le compete.
lunes, 14 de enero de 2008
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Ayer se murió D. Carlos Martín Manjares, ex-deán de la catedral de Valladolid, quien jugó un papel imprescindible en la llegada de los dominicos de San Gregorio a Valladolid, con su Instituto Superior de Filosofía a cuestas. Ya se sabe que nunca fue fácil abrir centros de estudio para los frailes, pero D. Carlos, que siempre confesaba su simpatía por los dominicos, y que, de haber sido otras las circunstancias hubiese sido dominico (ipse dixit), ayudó muchísimo al establecimiento del ISF. Fue nuestro profesor de teodicea y crítica, y una de las lecciones siempre incluía la subida a la torre de la catedral de Valladolid (el ascenso intelectual prefigurado en ese ascenso de la torre) y unas racioncillas de calamares y patatas bravas o ali-oli. Yo tuve la suerte de acompañarle al órgano en sus misas del sábado por la tarde en la catedral durante unos 10 años, y ya era tanta la sintonía musical que existía entre ambos que cuando no se equivocaba uno, se equivocaba el otro. Solía yo seguirle sus homilías, de manera que, al cabo de tanto tiempo, casi sabía, una vez que había dado un requiebro dialéctico, cuál iba a ser su conclusión. Le gustaba citar en ellas a literatos, filósofos, teólogos, de modo que sus prédicas solían estar tachonadas de cultura, cosa que nunca viene mal, dado el panorama desértico que a veces impregna las iglesias dominicales. Poco amigo de soflamas, repetía una semana sí y otra también, aquello de Santa teresa: “Un santo triste es un triste santo”. Y a fe mía que nunca le vimos triste, al contrario, siempre humano y siempre cariñoso. No sé si tenía el “titulo” de benefactor de la Orden. Tuviese el papel o no, que es lo de menos, los dominicos le queríamos como a uno de los nuestros. Descanse en paz Don Carlos.
sábado, 12 de enero de 2008
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Ayer me llegó un correo de Juan Almarza, OP, en el que me hacía caer en la cuenta de algo que, por cotidiano, suelo olvidar. Es aquello de Azorín de “vivir es ver volver”. Juan le suele decir a Fernando Soria, OP, que es tan antiguo vistiendo que la moda retro le va a pillar. Y así ha sido, a tenor de lo que aparecía en El País de ayer: unas zapatillas que son las que Soria lleva calzando desde que el mundo es mundo o, al menos, desde el concilio de Trento. Las zapatillas de Soria se caracterizan por haber visto pies por dentro y mundo por fuera durante un porrón de años. Juan Almarza me hace notar y recordar que el tono “negro-azul desvaído” que luce Soria en sus pies en cuanto el tiempo frío cede su lugar a la clemente primavera se ha puesto de moda otra vez. Y así es, vivir es ver volver y quien mucho ha vivido, mucho ha visto, de poco se extraña, mas eso no le impide seguir esperando aperturas radicales (como hace Vattimo en su artículo aparecido hoy en El Mundo, acerca de la esperanza y de la encíclica papal). Por cierto, hablando de aperturas: se ha muerto Hillary, el primer hombre en coronar el Everest. Y he prestado mucha atención a la noticia, precisamente porque estudié su nombre (y el de Tenzing) y su gesta cuando cursaba la enseñanza básica o la secundaria, no sé si en la asignatura de historia o en la de inglés. El caso es que lo estudié, y eso marcó una impronta (de hecho, a Hilario Provecho, OP, nuestro síndico provincial, yo le llamo Hillary en honor del escalador). Me asusta la cantidad de cosas que van a pasar inadvertidas a una generación de españoles que no se sabe muy bien qué demonios estudian en los colegios. Eso pasa factura, porque, lo dije y lo dijo Azorín, vivir es ver volver.
miércoles, 09 de enero de 2008
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La prensa nos informa de que
la justicia ha fallado en contra de una azafata de BA a la que se le prohibió llevar crucifijo al cuello cuando vestía uniforme. Supongo que el caso estará lleno de miles de matices y que los jueces y los abogados defensores habrán investigado el asunto y sus circunstancias desde innumerables puntos de vista. Y han fallado. ¿Habrán fallado al fallar? Quizá la sentencia hubiese sido distinta de haberse emitido hace veinte años y, sin duda, lo sería si el caso aconteciese dentro de veinte años. Pero es sólo un ejemplo de la provisionalidad de la justicia. Como lo es la mente humana. El ABC de hoy trae un
artículo demoledor sobre la figura de Simone de Beauvoir, auténtica papisa para toda una generación y bajo cuyo aspecto hagiografiado por más de una generación parece que se ocultaban más miserias que bondades. No seré yo quien me pronuncie, ya que apenas conozco a la autora de “El segundo sexo”, pero siempre me ha extrañado la patente de corso con la que esa extraña pareja que eran Beauvoir y Sartre se movieron por épocas y lugares impartiendo doctrina, patente que deja pequeña la intransigencia del más cerril de los obispos españoles, que a decir del expresidente González, buscan salvar a quien no quiere ni necesita ser salvado. Da que pensar todo, tanto la caída en desgracia de los agraciados por la historia de otrora, como la afirmación de que no se siente la necesidad de salvación. Quizá sea que los dioses nos han abandonado, como decía Hölderlin, y al no sentir ya su rumor nos olvidamos de que siguen danzando alrededor, o quizá sea que nos hemos llenado de caca las orejas y pensamos que todo aquello a lo que podemos aspirar es aquello que nos circunda, y no demasiado lejos, que de altos vuelos nacen enormes decepciones. Si sirve de algo, yo (y seguramente tú si te miras bien) sí que necesito salvación. Y los popes acaban defraudando, así que necesito mirar más alto.
lunes, 07 de enero de 2008
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Para empezar bien el año, nada mejor que la lectura de un artículo simpático y lleno de sentido común. Aparece en la revista
El Semanal y lo firma Carmen Posadas y versa sobre el piropo, concretamente sobre la pérdida del mismo en España, lo cual es un síntoma, es decir, además de un hecho nos remite a una situación de estupidez inducida que no es que haya acabado con las esencias patrias (¿qué será eso?), sino que nos ha vuelto un poco más tristes y vanos. El piropo (que no hay que confundir con el grito soez) es un reconocimiento de la belleza, la gracia, el donaire (uy, qué palabra, si no la usa nadie) y una puesta en ejercicio del buen gusto. Siempre he defendido que la belleza es importante, atrae, se difunde como un suave aroma. Hoy vivimos una especie de esquizofrenia: a uno se le puede llamar de todo menos feo. Se le puede decir que no es inteligente, que es arisco, asocial, etc., pero no que es feo, aunque lo sea más que Picio. Y, al mismo tiempo, se insiste desde ciertas instancias en que la belleza es una construcción social. Sin negar la parte de verdad que eso tiene, que es nimia, hay que afirmar que los estudios científicos, que son los que suelen aducir los que quieren defender una tesis de manera irrefutable (como si la ciencia fuese palabra de Dios y no hubiese posibilidad alguna de verdad fuera del método científico) no dejan lugar a dudas: la apreciación de la belleza es previa a cualquier constructo social, aunque éstos puedan modelar su apreciación de algún modo. Yo no tengo el más mínimo reparo en mirar a una chica guapa. Y no creo que por eso se me pueda tildar de lúbrico (aunque me da absolutamente igual el asunto de la tilde). Un fraile muy venerable me contaba que, en una ocasión, salía del metro de una gran ciudad y se cruzó con una chica despampanante, tanto que no pudo evitar quedar prendado de esa presencia. Detrás de esa chica venía un fraile de otra familia, al que conocía y que también se le quedó mirando, quizá sorprendido por la intensa mirada que el dominico lanzaba a la muchacha. Las meninges funcionaron rápido: “Si tan bella es la criatura –le dijo el dominico–, ¿cómo será el creador?”. La cuarta vía de Tomás de Aquino va por aquí. Así que comiencen 2008 lanzando piropos, que es sano para el que lo emite y para el recipiente.