Blog de:
Sixto Castro Rodríguez, OP
Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
domingo, 30 de marzo de 2008
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Hay una cosa que traía a mal traer al padre Bandera OP, que en gloria andará, y era que la jerarquía, a saber, los obispos, nunca entendieron la vida religiosa. Hace años que estudié eclesiología y, para qué voy a engañar a nadie, no me gustó ni mucho ni poco. No obstante, pude llegar a entender algo de cómo está constituida la Iglesia, pero el cacao que hay dista mucho de ser resuelto. Laicos y clérigos. Ordenados y no ordenados, y ¿los religiosos? ¿Qué somos? Ayer se ordenaron presbíteros Iván y Roberto, y diácono Ismael. Los tres dominicos. Cuando entramos en la Orden y hacemos nuestra primera profesión hacemos el acto que se supone fundamental en nuestra vida de frailes. Pues bien, en las ordenaciones, los obispos tratan a los frailes como si llegasen a ese momento como laicos, es decir, les exigen una obediencia al obispo (que se la deben exigir a su sacerdote diocesano y no al religioso, que debe obediencia a su superior y punto), les dan la barrila con el celibato (cuando uno ha profesado castidad años ha y el celibato, ¿qué añade a la castidad? SI me lo puede explicar alguien le quedaría muy agradecido). De las homilías episcopales, mejor no hablar. Habitualmente son hueros, vanos y vacuos juegos de palabra que causan más aburrimiento que consuelo. ¿Cómo se pueden hacer tan mal las cosas? ¿Cómo se puede pedir a los fieles que se traguen, por gracia, lo que no se tragarían por naturaleza? No, no y no. Siempre lo he dicho. Se vende muy mal lo que se quiere vender. El evangelio, festivo, en tiempo de Pascua, no puede ser transcrito en un rollo patatero dicho con caras largas. La redención debe notarse por algún lado. No es un estado interior, tan interior que no supura por ningún poro. No, en absoluto. Se transfigura, como laetitia, en el rostro. Me temo, por otra parte, que el episcopado no entiende que uno es dominico (primero y sobre todo) y luego, si acaso, sin quitarle ninguna importancia, sacerdote. Pero no al revés. Si uno confunde el orden de los términos, confunde la Orden con el orden y ese cambio de artículo acarrea un cambio de sustancia. Y si cambiamos la sustancia, sólo nos quedan los accidentes, que suelen provocar mucha tristeza. Enhorabuena a los ordenados. Ayer, aunque no se notase en nuestro obispo oficiante, fue un gran día para la Iglesia.
lunes, 17 de marzo de 2008
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Cabe la posibilidad de que
este vídeo le resulte interesante a alguno de mis habituales lectores, por eso lo traigo a primer plano. En él se narra la inauguración de los paneles solares que alimentan el nuevo transmisor de Radio Seybo. Y es que cada vez que veo que los frailes de República Dominicana logran hacer avanzar “un chin” alguno de los proyectos que tienen entre manos, a mí se me pone el corazón bandito, porque hay mucha vida puesta en cada uno de ellos. De este modo, ver a Miguel Ángel de saco (de traje) significa sólo una cosa: que la ceremonia tiene un significado enorme. Creo que la última vez que le vi con esa facha fue en la boda de su hermana, ahí es nada. Y es que el Radio Seybo es mucho y estos pequeños pasos –no tan pequeños–, narrados por Canela con voz de galán caribeño, representan, como decía Armsntrong, un paso importante para la humanidad. Energía barata, ecológica, segura (al menos mientras el cambio climático ese no se cebe con Dominicana, que se cebará). Eso sí que merece un premio, y no Al Gore, que cobra cada prédica a precio de panel solar. Enhorabuena a los dominicos de República Dominicana, al Seybo y gracias, de modo especial, a Miguel Ángel. Si a alguien no le sobra el dinero, pero quiere emplearlo en causas buenas y santas, que le busque, que en el Seybo hay muchas necesidades, casi todas. Y hay buenos administradores. A los hechos me remito
sábado, 15 de marzo de 2008
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Un par de notas de un libro de Luigi Pareyson, maestro de Vattimo, Eco y Givone, sobre Dostoievski, que me han hecho pensar: “Al volverse banal, el diablo banaliza todo lo que toca: él también puede creer en Dios e ir a misa, pues Dios es reducido a una simple idea que todos pueden admitir como una apariencia engañosa, e ir a misa no es más que una convención que cualquiera puede practicar (…). El descenso del ateísmo en la realidad, lejos de poder considerarse como una progresiva atenuación o pérdida de su eficacia, es más bien su cumplimiento y realización. El ateísmo irá perdiendo poco a poco el rugiente furor de la rebelión, el ímpetu rabioso de la protesta o el gélido fulgor de la blasfemia, pero esta degradación no será una decadencia, sino la perfecta resolución del ateísmo en nihilismo, un nihilismo que no necesita izar banderas de destrucción entre un estrépito de martilleros y un clamor de trompetas, porque ya los ha embarcado a todos en su causa y de simple programa ha pasado a transformarse en un modo de vida (…). Se trata, mejor dicho, de la completa realización del ‘todo está permitido’: la eliminación de la elección trae consigo la ausencia de todo dilema, y por lo mismo, la superación de los problemas, dramas y angustias de la vida (…). La victoria del nihilismo implica ahora el completo exorcismo de todo espíritu religioso de la realidad donde aquél se ha encarnado dispuesto a poseerla por entero. No por ser tranquilo este nihilismo cotidiano cesa de negar: se trata, precisamente, de una negación tranquila, a sangre fría y sin dramas, pero no por eso menos destructiva y letal. Sin embargo, la religiosidad, expulsada del mundo real, se refugia en el corazón de la vida personal: es tan absoluta su negación y expulsión de la vida real que el único espacio para el espíritu religioso se da bajo la forma enfermiza y anormal de la desesperación y la disgregación de la personalidad. Éste es el estadio donde el espíritu religioso, emigrado del mundo de los hombres, no puede hacerse oír sino por medio de la voz angustiada y doliente de la desesperación y la locura, como le sucede precisamente a Iván [Karamazov]. También en esta oscura y amarga premonición del mundo contemporáneo se revela la singular actualidad de su pensamiento” (L. Pareyson, Dostoievski. Filosofía, novela y experiencia religiosa, Madrid, Encuentro, 2007, pp. 267-269).
jueves, 13 de marzo de 2008
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El artículo de El Semanal que firma esta semana Arturo Pérez Reverte es simplemente genial. Me encanta sobre todo el final del mismo: “
ningún sufrimiento le es aún ajeno. Todavía no ha olvidado el sentido de la palabra caridad”. Y es que, no sé por qué extraña razón, la caridad, quizá por el desgaste de la palabra, ha quedado asociada a señoras que se sentaban detrás de unas mesas petitorias a mendigar ayuda para los negritos de aquí o los chinitos de allá. Su alternativa “laica” es la solidaridad. Pero a poco que uno analice la historia de los usos léxicos, se dará cuenta de que cualquier cosa y cualquier persona pueden ser solidarias, y muy pocas son caritativas o actos de caridad. Una famosa se va al África a ver a los niños desnutridos, incluso coge a algunos en sus brazos, y es solidaria. El gentío que la acompaña (guardaespaldas, maquilladores para que la foto salga chula, asistentes, secretarios y demás parentela) se quedan a una distancia prudencial, básicamente fuera del campo de visión, para que el solidario salga chupi-piruli. No, no estoy criticando la solidaridad, en absoluto. Lo que sucede es que le ha pasado (quizá aún no del todo, pero queda poco), lo mismo que a la caridad en tiempos: se ha devaluado y vulgarizado. Sé solidario, nos dicen, mete tu dinero en esta cuenta morada y el 1% irá para no sé qué proyecto. A ti qué más te da, no te va a doler, no tendrás que compadecerte más que desde lejos, pero serás solidario. A mí me encanta la caridad (sí, ya sé que suena de nuevo a mesa petitoria y a señora enjoyada con sus pieles pidiendo para la conversión de los chinitos, pero ¿por qué? Antes de ella había mucha caridad en el mundo). Fe, esperanza y caridad, la más grande de las tres, es la caridad, que decía el apóstol en su carta a los Corintios. No es posible que la más grande de las virtudes consista en comprar esta lechuga en vez de esta otra. No es posible que la virtud, aquello que los griegos llamaban areté, que los latinos creían que se acababa convirtiendo en un habitus, en una segunda naturaleza, se reduzca a echar tres duros para evitar la desecación de las marismas de no sé dónde. Quizá la palabra caridad ya ha estado fuera de circulación bastante tiempo. Ha sido enviada a la lavandería de las palabras y la podemos recobrar prístina, limpia y oxigenada. Pues hale, a hacer caridades.
martes, 11 de marzo de 2008
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No sé si los
datos que proporciona La Voz de Galicia son ciertos, pero sospecho que un medio de ese prestigio no habla por boca de ganso. La cantidad de dinero que ganan los políticos es sinónimo del poder que tienen en el ámbito social. Casi todos (habrá alguno que se salve) mienten cuando dicen que anteponen el interés general al suyo propio al hacer política. El interés general lo antepone el charcutero que te cobra lo que debe. Pero la cantidad de prebendas que reciben gentes que no valen para otra cosa más que para gestionar la cosa pública (que no es de nadie, que decía la anterior ministra de cultura) es para echarse a temblar. La mayoría de ellos no aguantaría ni un solo día en el mundo real, porque no saben hacer más que lo que hacen, a saber, ofrecer una cara más o menos amable ante cualquier temporal. Por los datos que nos proporciona este periódico, cualquiera de ellos gana en un mes lo que a un trabajador de a pie le lleva medio año, si las cosas van bien. La casta política, lo dije ya en un blog hace tiempo, pero lo puede decir cualquiera que no esté ciego de fanatismo, tiene un solo objetivo, que es engordarse a sí misma. Sí, sé que leído así esto parece un panfleto anarquista, pero no es esa mi intención, ni de lejos. Al contrario, siempre he pensado que la cosa pública la tiene que gestionar el que no vaya a llenar el buche en ella, el que esté libre de pasiones crematísticas, el que valga para otra cosa. Cuando yo era novicio, mi maestro nos decía que el que no valía para casado no valía para fraile. Me lo creí, y lo aplico a estas gentes: el que no valga para otra cosa tampoco debería valer para político.
lunes, 10 de marzo de 2008
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Ayer, mientras todo el mundo se felicitaba por haber ganado las elecciones, yo estaba viendo una película horrible, cuyo título no voy a decir por pudor, ya que no merece la pena que nadie la vea (confieso que esperaba algo mejor, siguiendo una crítica de El País, que decía que penetraba agudamente en los mecanismos de gobierno estadounidenses: y, o bien el crítico no había visto la película o es rematadamente tonto). Lo único salvable de la peli es que planteaba cómo el cociente intelectual de la población iba reduciéndose a medida que pasaban los años, por diversas razones, entre ellas, que los científicos se dedicaban casi en exclusiva a aliviar los dos grandes males de la humanidad: evitar la caída del cabello y prolongar las erecciones masculinas. Bueno, quizá no anden tan descaminados estos futurólogos, dado que la mayor parte del correo electrónico que me llega me invita a alargar mi miembro, a comprar pastillas azules u otras cosas de distinto color pero idéntica finalidad. Sí, es cierto que también me ofrecen doctorados universitarios por prestigiosas universidades, eso sí, sin salir de casa, supongo que para que no interrumpa el tratamiento de alargamiento penal. El correo basura que trata de vender algo se dirige, supongo, a lo que son los intereses que, en una supuesta campana de Gauss, ocupan la posición intermedia. Por lo que se ve, en el futuro eso es lo que nos va a interesar. O, al menos, es lo que los vendedores consideran que nos interesa en el presente. ¿Venderán algo estos tíos? Siempre me queda la duda.
viernes, 07 de marzo de 2008
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Ya casi estamos votando. Y cada quien votará lo que le venga en gana, lo que se le haya puesto en las narices o lo que le dicte su conciencia. Unos votarán a estos porque les permiten casarse y otros al otro porque les permite divorciarse. Aquellos basarán su voto en quién prometió subir más las pensiones y los de más allá en los que afirmaron que quitarían o reforzarían la educación para la ciudadanía. Unos creerán que tienen que ser fieles con su voto a determinadas ideas que suponen encarnadas por tales partidos y otros harán lo mismo con aquellos políticos de más allá. Y sin embargo, todas esas diferencias, y miles más que constituyen lo que los votantes anhelaban, se convertirán en una unidad amorfa que los políticos manejarán a su antojo. Ganarán estos, aquellos o los de abajo, pero basarán su crédito en esa masa informe que es simplemente un número de votos, cuyo origen es bien distinto, pero cuyo resultado sólo es uno: que, democráticamente elegida, nos gobierne esta oligarquía o aquella otra. Algo se ha perdido en la traslación o en la traducción, quizá lo más importante. Cada voto era un algo que se ha convertido en otra cosa, igual que el número 1000 puede ser el resultado de innumerables sumas distintas. Cuando pasado mañana vote, seré consciente de que todo lo que yo ponga en la papeleta desaparecerá, como decía el replicante de Blade Runner, “como lágrimas en la lluvia”. Es lo que tiene la democracia, que es el mejor peor sistema.
martes, 04 de marzo de 2008
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En esta época de elecciones, donde todo se elige (quizá porque toca, quién sabe) los obispos han elegidos al cardenal de Madrid presidente de la conferencia episcopal. A algunos de los que esto nos importa algo, ni mucho ni poco, nos hubiera gustado que el elegido hubiese sido un candidato “sorpresa”, que no llegase lastrado por las expectativas de unos y por el desgaste de otros, un candidato fresco, quizá jovenzuelo (ya que el cargo no es vitalicio y no habría que cargar con él de por vida), quién sabe, una cierta novedad. En el fondo, me da igual, aunque no acabo de entender por qué ese deseo a seguir con lo mismo y el miedo a lo nuevo, no vaya a ser... En realidad, no creo que quién presida la conferencia episcopal influya nada en la vida cristiana, sólo, quizá, en el rostro público de la misma. Y sin desdeñar la importancia que eso tiene, que es mucha, me da que a buena parte de los cristianos estas cuestiones políticas (políticas son) nos dejan un tanto indiferentes. Quizá peque de ingenuo, pero puedo permitirme ese lujo. Al fin y al cabo, los frailes estamos exentos, jaja.
domingo, 02 de marzo de 2008
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Estos días pasados hemos tenido aquí en casa, en el Instituto Superior de Filosofía de Valladolid, en colaboración con el Semsocu de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, un mini-congreso sobre la
Hermenéutica Analógica, esa corriente filosófica iniciada por Mauricio Beuchot, filósofo dominico mexicano, que va, paulatinamente, iniciando su senda española. Lo pasamos bomba, la verdad, pues, como siempre sucede en los congresos, además de las discusiones académicas, que suelen ser de gran altura y de mutuo enriquecimiento, hay tiempo para los cotilleos filosóficos, en los que unos a otros nos contamos las últimas novedades acerca de la génesis de tal libro, de por qué tal filósofo no acudió a aquel congreso, etc., etc. Lo sacro y lo profano, lo elevado y lo cotidiano se mezclan en los intereses de todos los asistentes a estos eventos. Y es que la constitución del ser humano es de pura curiosidad (cura, curiositas, que decía Heidegger, subrayando el elemento de preocupación que subyace a la búsqueda de justificación y de explicación de los fenómenos), tratar de encontrar ese clic, que Wittgenstein dice que nos salta cuando, finamente, comprendemos algo con lo que hemos estado luchando durante largo tiempo: ¡ahora lo entiendo! Las piezas encajan finalmente. Siempre buscamos explicaciones y nunca nos conformamos con fragmentos separados. Tratamos de pegarlos, de encajarlos hasta que forman algo coherente. Invito a quien quiera y pueda a formar parte de esta comunidad de interés filosófico a unirse a las conferencias que, con el título genérico de
“Cultura contemporánea y pensamiento trágico”, se van a celebrar en el ISF de Valladolid. La mayoría, es decir, todas menos la mía, son y serán cosa fina. Luego no me echen en cara que no sabían