Blog de:
Sixto Castro Rodríguez, OP
Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
viernes, 27 de febrero de 2009
|
Hay 1 comentarios
Siento una endiablada simpatía por el señor éste que ha entrado a mazazos en una taberna de esas que, además de servir chiquitos, sirven odio y justificaciones (de muy baja calidad intelectual, moral, ontológica, sistémica y performatíava –es por añadir epítetos para que se vea que sus “palabras” no me merecen ningún respecto, –ni siquiera el que merecería toda palabra por el hecho de ser proferida por un ser humano–). La historia todo el mundo la conoce: los de siempre, los que colocan bombas y los que viven de ellos, ponen una bombita (pero política eso sí) que se carga, como siempre, un montón de casas, coches, etc (que por supuesto, indemnizará alguien, seguramente usted y yo, sin saberlo) y, por suerte, esta vez a ningún mortal. Y el hombre éste, hasta los mismísimos sostenidos y bemoles, decide entrar en la taberna, que es el escaparate donde se anuncian los que le han puesto la bomba y la trastienda a la que van a recargar sus pistolillas, y la emprende a mazazos contra todo lo que se pone a su vista (cooooosas, a diferencia de estos otros, que suelen cepillarse persoooooonas, que no todo es lo mismo, no, no). Una ola de simpatía ha recorrido España.. Los políticos han dicho que comparten su respuesta, pero que eso no son modos. Discrepo. Creo que hay un punto en el que estos son los modos. No se trata de salir a la calle a pegar tiros (eso lo hacían los surrealistas y estos ooootros de las tabernas), simplemente de dejar claro que la impunidad en la que viven en sus feudos estos ooootros es la del califa, que decide quién vive y quién muere. Pues nada, amigo, sé que es fácil decirlo desde Valladolid, aquí sentado ante mi ordenador, pero no sólo cuentas con todo mi apoyo y mi justificación moral, al ciento por uno. Además, mira bien lo que te digo, había una vez un personaje llamado Jesús que entró en el templo con una mala leche….
jueves, 26 de febrero de 2009
|
Hay 0 comentarios

Fuente: José Luis Palacios, a quien le agradezco la cosa.
miércoles, 25 de febrero de 2009
|
Hay 0 comentarios
Cualquier mérito, por esas extrañas causas que somos los seres humanos, se puede convertir al mismo tiempo y bajo el mismo respecto en un demérito (como si existiese el principio de no contradicción fuera de los estrictos límites de la lógica aristotélica, ingenuidades filosóficas). Uno presenta a los gestores del conocimiento universitario (no es mi caso, pero podría serlo perfectísimamente, así que tómese como un relata refero) lo que considera un mérito, a saber, que ha diversificado sus áreas de investigación y, si bien hay alguien que así lo valora, llega el del cubículo de al lado y considera que eso es un demérito, porque lo que aquél tomaba por diversificación es en realidad una dispersión. Dos términos, dos palabrillas, y a uno le dan un sexenio (o lo que fuere) o no. Y acabose, como dicen en Cangas para cerrar una discusión. Cualquier argumentación ulterior no sirve para nada. Pero, oiga… Ni oiga ni oigo. ¿Me he diversificado o estoy disperso? Las cuestiones bizantinas son terroríficas y campan por sus fueros en el panorama actual. Los más iletrados se han forjado la idea de que eso era el procedimiento de los medievales, que discutían del sexo de los ángeles… como si no tuviese importancia para todo lo demás. Cualquiera de sus conclusiones tendría relevancias para la ontología, la teoría del conocimiento, quién sabe si no hubiese cambiado los paradigmas de conocimiento… El sexo de los ángeles me interesa infinitamente más (o más aún si cabe) que las rancias polémicas sobre si uno se dispersa o se diversifica, porque, en el fondo, lo que late, lo saben todos los filósofos, detrás de esos términos, es un interés, una voluntad de poder o, en el fondo, un “ya no te ajunto”, que decíamos de niños, es decir, no eres de los míos. Por eso la noción de mérito/demérito (sustitutos profanos del vicio y la virtud) nunca se evalúan en sí. Y a uno le queda el regustillo amargo de ello, que se transforma en esperanza de dulzura, de que, efectivamente, la virtud alcanzará su aquel (quo tendit). Todo este rollo para, en síntesis, decir que aunque cada quien leerá las cosas como le venga en gana, hay cosas, que son las que cada quien lee como le viene en gana: ¡cosas!
lunes, 23 de febrero de 2009
|
Hay 1 comentarios
Inmortalidad (o ansias de la misma), cerebros que son la sede de absolutamente todo, científicos que con sus ideas pretenden que los demás somos poco menos que lerdos, porque no aceptamos la explicación unius libri…Todo eso y más constituye lo que la prensa divulga constantemente, y que uno no puede dejar de leer, porque la mirada se va detrás de lo que atrae, por familiaridad o por extrañeza (que ambas cosas funcionan de modo semejante). Pasaron los ecos de la campaña autobusera y, aún así, todo el mundo sigue hablando de Dios. Alguno se empeña en que está en el cerebro, cuando siempre se había dicho que estaba en el corazón… Y es que hoy se considera que la sede de todo lo que es una persona está en lo que cobija el cráneo, pero antes se creía que el corazón era el órgano fundamental, es decir, los antiguos no hablaban como las postales esas tan kitsch, en las que aparece un Cristo demasiado maquillado para ser verdadero, y en las que nos suelta una frasecilla sentimentaloide. No, el corazón, en la tradición aristotélica, por ejemplo, era sede, y el cerebro poco más hacía que refrescar la sangre. Así que si Dios está en el corazón o en el cerebro viene a ser más o menos lo mismo. Quizá cuando llegue otro paradigma científico, Dios pase a estar en las subestructuras cuánticas de las moléculas venerables. ¿Qué más da? Lo que siempre hemos sabido y afirmado es que no nos engañamos en nuestra percepción y en nuestra creencia, que son siempre intencionales (sé que me repito al usar este término, pero me gusta): son de algo, no son vacías y probablemente no quedarán defraudadas. Y además, están de moda, ¿qué más se puede pedir?
miércoles, 18 de febrero de 2009
|
Hay 1 comentarios
El periódico El Mundo de ayer trae una viñeta de Ricardo que es todo un tratado de teología. Sólo en una sociedad con el estómago lleno y la cabeza también demasiado ocupada se propone en términos de combate (no de debate) la polémica de los autobuses con el mensaje de si Dios existe o no y si hay que disfrutar de la vida. La viñeta de Ricardo nos recuerda que esa polémica sólo la tenemos una vez que hemos cubierto, y bien, las necesidades básicas y quizá hasta nos sobra para desperdiciar…, porque entonces podemos convertir en disputa intelectual lo que, en circunstancias distintas, es una cuestión vital. Creo que era Torrente Ballester quien decía, en una de sus novelas, y planteando la hipótesis (¿descabellada?) de un obispo ateo, que es una injusticia que Dios no exista. Si no existe, la inmensa cantidad de hombres del presente y del pasado (y por desgracia, me temo que también del futuro), que no tienen consuelo, como los que aparecen a bordo de esa patera-autobús, definitivamente no tendrán más esperanza que la que el resto de la humanidad le proporcione... Y ojalá fuese mucha. William James, en su espléndida conferencia “La voluntad de creer” considera que la opción de la fe es lo suficientemente seria como para –valga la redundancia– tomársela en serio, porque de ella se siguen una serie de acciones. Seguramente hay cristianos espantapájaros, quizá yo mismo, que estamos ahí puestos viendo pasar las estaciones… Mas no me trago de que la fe, en todos los casos, sea inane. Sólo hay que ver quién recoge a los que ya nadie quiere, y hasta con una sonrisa. Esta viñeta me recuerda que la fe tiene un objeto y que ese objeto debería (y probablemente lo hará) hacer que todos disfruten de la vida. 
lunes, 16 de febrero de 2009
|
Hay 1 comentarios
Me he leído a toda velocidad tres periódicos (y los titulares internáuticos de otro), y aún me falta sacar un rato para leer otro. ¿Conclusión? Las grandes noticias de hoy (jueces y ministros de van de caza, tíos jetas que se han subido al carro de la parapolítica para medrar…, etc.) no me interesan, desde el punto de vista profundo, lo más mínimo. Sólo me suscitan la esperanza de que la justicia actúe contra todo este tipo de cosas, aunque a veces tema que sólo se actúe si hay un clamor popular (de ahí que los grupos de poder que manejan las noticias vean la conveniencia de mover sus fichas en una u otra dirección y controlando bien los tiempos). Pero, en el fondo, tengo la convicción de que lo verdaderamente importante siempre está a mi vera y, paradójicamente, siempre oculto y descuidado. No, no estoy hablando de ontoteologías (¿o sí?), sino de la necesaria tranquilidad que le permite a uno tomarse las cosas tal como son (pecado nefando en la filosofía contemporánea: el realismo, perdónenme los adalides del pensamiento filosóficamente correcto por fiarme del Aquinate, entre otros). El maestro Eckhart siempre reivindica esta especie de vaciamiento, de aniquilación (bien tomista por otra parte, pues es tomar conciencia de que la criatura, en cuanto tal, está más cerca de la nada que del ser) para todo lo demás. Sólo desde ahí hay posibilidades de cambiar las cosas. Cuando uno tiene sus bolsillos llenos de cosas (y digo cosas en el sentido más rancio del término) no debería meterse en aguas formidables, como dice el salmo, porque, como el faraón, con toda su parafernalia, se va de cabecita al fondo. Fíjate todo lo que he escrito, para parir, al final, un mísero ratón… Un ratón que siempre está en casa, pero no lo suelo ver.
viernes, 13 de febrero de 2009
|
Hay 0 comentarios
Pues ya, por fin, se presentó en sociedad el libro de Emilio. Hablamos de todo. Hubo gente inesperada, mas bienvenida en grado sumo (Javierito nonato, y que ya escuchó las tesis de Emilio desde la tripa de su madre Mariana). Y no se acabó ahí la cosa, porque después, y hoy mismo en la comida, seguimos discutiendo las ideas de Emilio. Que si pueden rebatirse, que si su defensa requiere leer partes de la Biblia y dejar de lado otras… Lo que está claro es que Emilio hacía una contraposición entre el patriarcalismo y el mensaje de Jesús. Lo específicamente cristiano es el mensaje de Jesús, que se constituye en clave hermenéutica de toda la Escritura. Y eso lo sabía bien Emilio, por eso siempre se opuso a los patriarcas que querían/quieren que Dios sea como ellos. Si lo pensamos bien, hay muchas tareas por hacer dentro de la Iglesia. No sólo se trata de que las mujeres puedan acceder a los ministerios (que llevan una potestad anexa, luego bien es cierto que, nos pongamos como nos pongamos, las féminas no pueden ir mucho más allá del cooperari, que dice el canon). Se trata de un cambio radical de estructuras y mentalidades, teniendo presente el hecho de Jesús de Nazaret. Emilio lo pensó bien y llegó a unas conclusiones, que no tiene por qué compartir todo el mundo. Pero en eso fue clarividente: si no se empuja con fuerza (y desde dentro), la responsabilidad de perpetuar ciertas injusticias no se la podremos achacar a nadie más que a nosotros mismos.
jueves, 12 de febrero de 2009
|
Hay 1 comentarios
Seguramente los moralistas católicos han hablado tanto de la sexualidad, el sexo y todo ese universo de cosas que los que continuamos esta tradición parecemos condenados a no poder decir una palabra, tal fue el hastío al que condujeron con sus casuísticas y sus condenas enfervorecidas. Ahora bien, dejados fuera éstos, parece que todo el mundo –los otros– pueden decir cualquier parida sin inmutarse. Hoy veía en un anuncio del ABC: “si tu vida sexual está bien, lo demás no importa”. La verdad es que no sé qué anunciaban –error, sin duda, de marketing–, pero la empresa de publicidad consiguió que me fijase al menos en la página esa. Ciertamente, parece un anuncio del Gobierno o de quien demonios sea la culpa de esta crisis: usted dedíquese a esta única cosa, que aunque no llegue a fin de mes, su pareja le deje, haya perdido la fe y la esperanza, mientras funcione ese único "evento", lo demás no importa. Y no cabe duda de que hay una sobreexplotación del tema en programas de radio, consultorios periodísticos, tertulias televisivas… como si los que hablan fuesen los únicos en haber tenido sexo satisfactorio en los últimos 40.000 años. Desde que mi fiel comentarista “Entos susurrante” me ha autorizado (recordando los cursos de Cosme), me encuentro con ánimos para decir lo que se me ocurra en ese campo. Y aún más cuando, leyendo a Dennis Dutton, un profesor de filosofía neozelandés, que es uno de los pilares de la estética darwinista o evolucionista, me encuentro esta sabia reflexión: “Las implicaciones evolutivas de la ratio cintura-cadera [que se supone que es uno de los criterios que tenemos para considerar bella a una mujer] para la historia del arte no son distintas de las implicaciones evolutivas para la presencia de lo dulce en la comida. Que el azúcar esté en todas las cocinas y lo dulce haga más atractivas algunas comidas por razones evolutivas no significa que un cuenco de jarabe de maíz y un plato de azúcar vayan a ser nunca una comida”. Vaya que si soy un defensor de lo erótico, como lo era Platón (mucho más y mejor que yo, estaría bueno), pero hombre, por Dios, ¿acaso no vemos que nos lo están malinterpretando, reduciendo y vendiendo como droga dura? No se puede comparar una jarra de sirope con un jamón de guijuelo, mal que les pese a algunos. Así que da igual quien les hable de sexo… Sólo piensen si tiene razón.
miércoles, 11 de febrero de 2009
|
Hay 2 comentarios
Mañana jueves haremos la presentación en sociedad de la obra de Emilio García Estébanez Contra Eva. Será, sin duda, un gran día para la cultura, aunque no saldrá, seguramente, trompeteado en los grandes medios de comunicación, ya que éstos, por suerte o por desgracia, andan enmarañados en otras cosas. En todo caso, habrá mucha gente allí, en la librería en la que organizamos este magnífico aquelarre, sobre todo porque entre esta gente se incluyen (parafraseando lo que decía Wittgenstein de su Tractatus, que se componía de lo escrito y de lo no escrito en él) los que asistan y los que no asistan. Muchos iremos con gusto y fruición. Muchos no se enterarán y muchos otros habrán querido estar pero la vida de cada día les pondrá alguna dificultad. En todo caso, muchos más serán los que, pasado el tiempo, se encontrarán con Contra Eva, lo hojearán y se decidirán a leerlo. Y entonces dirán: ¡cómo es posible que hasta hoy no haya leído esto! ¡Y pensar que me podía haber muerto sin haber leído Contra Eva! Y de ahí pasarán a ¿Es cristiano ser mujer? Y demás obras de Emilio y dirán: ¡vaya! ¿Acaso la Iglesia no hace autocrítica? Ya quisieran todas las organizaciones sociales, culturales y políticas tener gente como Emilio, que se comprometió a poner los puntos sobre las íes siempre siguiendo la norma de su conciencia, cual Tomás Moro (a quien, dicho sea de paso, también tradujo). Con la que está cayendo, bien nos vendrían unos cuantos Emilios. Pues nada, Contra Eva y a su favor.
martes, 10 de febrero de 2009
|
Hay 0 comentarios
En un documental de History Channel sobre la Gestapo que tuve la suerte de ver ayer se comentaba cómo había comenzado la II Guerra Mundial. Unos nazis se disfrazaron de polacos y atacaron una emisora alemana de la frontera, dando así un pretexto (un auto-pretexto, si se puede decir esa cosa) a Hitler para “responder” al “ataque polaco” y así invadir Polonia, con las consecuencias que todos sabemos. Bien, la cosa no pasaría de ser un hecho más o menos trascendente y curioso para mí si no fuese porque, al ver eso, me vino a la cabeza la navaja de Ockham (que ni es navaja ni de Ockham) y que viene a decir aquello de que no hay que multiplicar los entes sin necesidad. Claro, navajita al canto: unos polacos han atacado nuestro territorio. Blanco y en botella. Esa es la verdad. Pasamos página (y de paso nos cargamos a unos cuantos millones de personas). Estoy convencido de que en nuestra preferencia por la explicaciones sencillas y simples hay algo muy profundo y arraigado en la naturaleza humana, y que, sin embargo, no se puede explicar con facilidad… Porque en el caso que comento, la explicación más sencilla no era la verdadera. Ya Walter Chatton, en el siglo XIV se enfrentaba a Ockham y sospechaba de su principio. Si hacen falta más premisas para explicar una cosa, habrá que meterlas. Y es que a veces no caben más sardinas en la lata que las que caben (pero ni una menos). Por eso no me contento con los dictados claritos y sencillos con que nos cuecen la cabeza hoy en día. Y así anda uno, con la sesera metida en el bullicio chattoniano. Suerte con él, si alguien se anima, que es divertido y sano.
domingo, 08 de febrero de 2009
|
Hay 1 comentarios
Leí con fruición e interés la entrevista que ayer publicaba El Mundo a Richard Dawkins. Me desilusionó un poco, la verdad. No se sigue (non valet ilatio, que decían los clásicos) casi nada de lo que dice. Darwin no se cargó la creencia en un ser superior. Por supuesto que pueden derivarse de sus tesis científicas lo que se quiera, bien la no existencia de Dios o bien la "justificación" de Dios (como hace Francisco J. Ayala en su último libro publicado en España, o como deja entrever Antonio Fernández Rañada en su contribución a El Cultural de El Mundo de este jueves pasado). Por supuesto, considerar la religión como un subproducto de la evolución es, en realidad, una alusión a aquellas “causas ocultas” de la que hablaban los antiguos… Si no se sabe cómo surge una cosa, se la llama subproducto y hala, siguiente tema. No se puede decir con un mínimo de rigor intelectual: “la carga de la prueba debe recaer en aquéllos que creen en algo que tiene las mismas probabilidades de existir que un hada o un unicornio”. Simplemente, es un error de alumno de primero. No se puede reducir la religión del científico a “un adoctrinamiento infantil que no es capaz de sacudirse”. De la infancia nos logramos sacudir, si uno lo pretende, hasta la lengua materna, de modo que la carga de la prueba cae en quien dice que siempre queda algo de esa tradición religiosa tan arraigada que es como un inexpugnable castillo. Los hechiceros y las religiones merecen “cero” respeto, porque no hay pruebas de que aquello en lo que creen exista. Conclusión ¿lógica?: lo que no se someta a la lógica (valga la redundancia significativa) científica, no merece respeto. Bueno, y lo de Teresa de Calcuta como una mujer malvada… ¿Cuál es el criterio científico que sigue Dawkins para pedir que respetemos su afirmación? ¿Se refiere a un hecho empíricamente verificable? ¿Teresa de Calcuta malvada? Tiene “güevos” la cosa, la verdad, y aún más el afirmar que “Stalin era ateo, pero ninguna de sus atrocidades son la consecuencia lógica de ese ateísmo sino de su marxismo”. Demostración ¿?¿?¿. La verdad es que esperaba más de Dawkins, qué le voy a hacer. Cuando uno se ciega con una sola idea, que está dispuesto a defender como sea, pierde la posibilidad de libar en otras flores. Tú verás qué es lo que haces, guapo.
viernes, 06 de febrero de 2009
|
Hay 1 comentarios
Cualquiera de las cosas que sigan, a partir de este momento, en la situación de Eluana, esa muchacha que lleva años en estado vegetativo y para la que se pide la eutanasia, será mala. Me gusta el comentario que hace un corresponsal de El Mundo, en el que no hace más que expresar sus propias dudas: preguntas y más preguntas para las que cualquier respuesta parece que va a ser inadecuada. Sólo los que tienen pocas ideas en este caso se manifiestan de una manera rotunda. Es difícil valorar todas las cosas que hay en juego (y no es sólo cuestión de semántica, por mucho que se empeñen los post): hay una vida (para unos lo es, para otros no), unos procedimientos médicos (para unos apropiados, para otros encarnizados) unas expectativas (para unos ninguna, para otros, aún así, no harían falta). E insisto, cualquier acción que se acometa será mala. De lo que se trata (como nos enseñaban años ha en moral, y creo que aún sirve para este caso) es de minimizar el mal, es decir, de aguantar el tirón del mal menor… Pero, ¿cuál es el mal menor? De nuevo, aunque parezca que el mal menor para Eluana es x ó y (quedarse como está o dejarla morir), resulta que x ó y tienen consecuencias incalculables por la jurisprudencia que crean. Desde luego que Dios no dice nada al respecto, al menos nada taxativo. Nos toca la parte dura, que es interpretar y ser prudentes, lo que Aristóteles llamaba phrónimoi. Y qué difícil es. Desde luego que yo no voy a salir a la calle a pegar gritos contra nadie, si acaso contra los que tienen una única opinión (x ó y) que aplican indiscriminadamente a todo lo que se asemeje.
miércoles, 04 de febrero de 2009
|
Hay 0 comentarios
Estaba leyendo una obra de sesuda filosofía, sacada de una biblioteca y, así, de repente, al volver una página, me he encontrado con una división hecha a lápiz en una de las páginas. Completita: con su dividendo, su divisor, su cociente y su resto, con su ángulo recto sobre el que va el divisor, sus números escalonados…, vamos lo que todos hemos hechos alguna vez, al menos los que estudiamos la EGB (de los que vinieron después, ya no puedo dar testimonio). ¿Qué se le pasaría por la cabeza al que, leyendo u hojeando este libro, dejó por escrito esta operación? Quizá alguien vino y le preguntó, alguien a quien se le había olvidado dividir… O quizá simplemente se acordó de que tenía que dividir cuánto dinero le tenía que dar a alguien. ¡Quién sabe! A ese resultado (es decir, a escribir una operación aritmética en un libro de filosofía) se puede llegar por infinitas razones, todas igualmente válidas para el intérprete. Ahora bien, aunque existe una posibilidad entre un trillón de que no haya sido así, el resto de posibilidades me indica que fue una persona la que lo escribió, a saber, me remito a lo que los filósofos llaman la causación mental… Y esta idea la usan algunos filósofos de la religión para postular la existencia de Dios. ¿Será o no será? ¿Cómo será eso, padrecito –que dicen por el Amazonas?
martes, 03 de febrero de 2009
|
Hay 0 comentarios
Si uno lo mira desapasionadamente, la cantidad de pasta que se ha gastado la Xunta de Galicia en chuminadas es indicativo de que algo está podrido desde la base: 26.284 euros en una mesa: cabe suponer que será una mesa, al menos, tan práctica como las alfombras de los cuentos de las mil y una noches, voladora, autolimpiante, auto-ordenante y con tendencias cantarinas, si no… Son 4 millones de pesetas ¡en una mesa! Más de lo que gana en un año la mayoría de las personas de este país. Sigamos: unas cuantas sillas, por el increíble precio de 2.269 euros la unidad. Vamos a ver, al paso. El diseño, parece ser, hay que pagarlo. Pero yo he visto una foto de estas sillas y me temo que de esa cantidad, al menos 2.200€ se han quedado por el camino. ¡300.000 y pico pesetas una silla! Con ese dinero come una persona todo el año (o más). Aún más: 170.212 euros en el acristalamiento de una sala (el euro nos engaña: ¡¡¡¡son 20 y tantos millones de pesetas!!!!!)Y la guinda es el coche de 480.000 euros. Si no fuese tan hiriente, sería cómico. Con la que está cayendo y un señor, que se proclama de izquierdas (olvidemos, por Dios, esos epítetos) se gasta en sus caprichos una millonada astronómica. Luego, claro, los pensionistas a 500€ (necesitas vivir 5 meses sin comer para comprarte una silla), las pensiones no contributivas a 300€ (9 meses sin comer y te dan la silla), los parados, lo que les toque… Y los contribuyentes a cotizar cada vez más. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué los gobernantes se han vuelto tan imbéciles que quieren vivir como virreyes sin tener derecho a serlo (el derecho al virreinato le venía a uno por nombramiento real, más creo que eso se acabó, y ahora no se sabe de dónde vienen los tiros)? Es terrorífico. Ya sé que decir que es un pecado contra la caridad a estos politiquillos “se la sopla” (como se dice en el habla de los bajos fondos). Sólo me queda desear y esperar que la justicia actúe contra ellos, aunque ya se sabe que eso casi nunca pasa. A veces uno se avergüenza de pertenecer al mismo grupo que esta gente.
lunes, 02 de febrero de 2009
|
Hay 0 comentarios
Carol Zaleski, en un artículo de cosas teológicas, afirma que “nuestros ancestros tenían miedo del infierno; nosotros lo tenemos del cielo. Pensamos que será aburrido”. El aburrimiento, en el pensamiento contemporáneo (quizá de Schopenhauer en adelante, Heidegger incluido) es una de las peores cosas que le pueden acontecer a uno, de modo que de ahí derivamos que incluso la felicidad perfecta, en cuanto perfecta y no necesitada de nada ajeno, acabará siendo aburrida. ¿No parece un oxímoron? Felicidad aburrida. Si uno se aburre, entonces deja de ser feliz, y a la inversa. No, no me voy a meter en cuestiones escatológicas, que sabe Dios a dónde nos llevan (y Dios Padre nada más, parece ser, jeje), sino en reflexiones antropológicas. El sufrimiento toma muchas formas, y el aburrimiento es una de ellas, que se instala en el alma y la va carcomiendo poco a poco. Mas, salvo que uno esté en un profundo estado de melancolía, parece que no tendría por qué aburrirse: libros, películas, paseos, amigos, conversaciones, música, mirar a los pájaros gandulear, pensar en la existencia de marcianos, yo qué sé, hay tanto por hacer y tantas cosas que pueden plenificar, siquiera parcialmente, una vida. La melancolía misma, terrible, ha dado lugar a muchas bellezas artísticas y literarias… ¿Por qué temer a la felicidad? Seguramente porque, como sucede en muchas ocasiones, hacemos una traducción equivocada y la sustituimos por algo que, a la postre, acaba hastiando, cosa que hasta Epicuro sabía.
domingo, 01 de febrero de 2009
|
Hay 0 comentarios
Por cierto, si alguien tiene tiempo y ganas y no la ha visto (o si la ha visto y le apetece verla de nuevo), le recomiendo vivamente “El silencio del agua”, película paquistaní de 2003 en la que se nos narra un montón de cosas, y además se narran muy bien, lo que tampoco es tan habitual que digamos. El tema de fondo, sobre el que gravita todo lo demás, son las consecuencias terribles del fundamentalismo, no tanto en la vida del individuo absorbido por la ceguera, cuanto para los que le rodean y ven que su vida cotidiana se resquebraja por causa de una lectura que es probable que ni Dios mismo hiciese de la “fe y costumbres”. Ahora bien, que nadie piense que el fundamentalismo es sólo una cuestión religiosa. Ya tiempo atrás hablaba sobre un cenutrio que se proclamaba fundamentalista laico…, pero es que hay fundamentalistas en todos los ámbitos: economía, filosofía, deportes, ciencia, etc., etc… Son los nuevos cátaros, los que, en pro de su asumida pureza, hacen la vida imposible a los demás. “El silencio del agua” dice que Dios (Allah, para la protagonista) salva a todos los hombres buenos, cosa que no gusta a los guardianes de la ortodoxia. ¿Cómo va a ser? Y lo que no se nos dice, se nos muestra, como aviso para navegantes de las aguas de la fe.