La amistad es el más perfecto de los sentimientos del hombre, porque es el más libre, el más puro y el más profundo
Henri Lacordaire
Blog de: Sixto Castro Rodríguez, OP

Instantes a borbotones

jueves, 30 de abril de 2009 | Hay 1 comentarios

Muchos filósofos del XIX, recogiendo tradiciones que venían de lejos (parece que es bastante cierto aquello de nihil novum sub sole, al menos en los ámbitos de las cosas que realmente nos importan) consideraban la vida un tedio irredimible. No hay más razones para vivir, casi cabría decir, que razones muy intelectuales, porque nuestra vida se debate entre el dolor y el aburrimiento. Esto es Schopenhauer, sí, pero también lo comparte alguno de sus discípulos, como Mainländer. Mas no hacía falta que nos lo dijesen de modo tan sesudo, pues todos experimentamos en muchas ocasiones esa sensación de “domingo por la tarde”, tedioso, aburrido (para muchos, según dicen, y yo lo achaco al carrusel deportivo, que quita las energías a cualquiera). Es cierto, sin embargo, que no caben demostraciones “científicas” para esa consideración de la vida. La vida es. Punto. Las circunstancias la modelan, pero cada quien la va conformando, de eso estoy muy convencido. El tedio puede abalanzarse y caer sobre uno, pero tal cosa no es un imponderable, así, en sentido absoluto, sino que se lo puede desviar con un pase torero. Ahora bien, tales circunstancias, es cierto, nos presentan una estructura constitutiva de la vida, esa especie de forma a la que uno tiene que dar contenido. Cuando a uno le quedan cuatro telediarios, acontece en ocasiones que suplica más tiempo. Y yo me planteo: tenemos tiempo a borbotones desde que nacemos, y, de modo bobo lo vamos arrojando por la borda también a borbotones. Sólo llegado el final, como si fuera la hora de entreegar el examen, pedimos un minutillo más para acabar lo que está pendiente, cuando durante todo el tiempo del ejercicio mirábamos a las musarañas. ¿Quieres tiempo? Si ya lo tienes. Mira a ver qué haces con él, no tanto por la cuentas que nadie te vaya a pedir como por no dejar que el instante, tan hermoso, no se detenga al menos para mirarlo.



Los presidentes

miércoles, 29 de abril de 2009 | Hay 0 comentarios

He de confesar que estos días, con tantas informaciones y declaraciones de los presidentes español y francés, he sentido un poco de “cosa”. ¡Qué gran expresión castellana! He sentido “un poco de cosa”… Vaya si se entiende, aunque sea completamente indefinido. Todos esos desfiles de modelos pa’rriba y pa’bajo, todas esas declaraciones de fidelidad perpetua y de amor eterno entre los presidentes (Mentira. De Gaulle: las naciones no tienen amigos, tienen intereses), crearon un sórdido y ridículo clima al que se le podría aplicar una frase, que por un tanto obscena no voy a reproducir, que el señor Lobo les dice a un par de personajes en la película de Tarantino Pulp Fiction. Un nominalista diría que no hay tal cosa como España, sino sólo individuos “españoles” si acaso. Un realista diría que hay una esencia de España autosubsistente y un realista moderado dirá que claro que existe esa esencia de España, pero encarnada en cada español, más o menos, aunque suene un tanto rancio todo esto. Sólo por esa razón (porque soy de esta última cuerda, tomasiana) disculpo las bobadas presidenciales, sólo porque, si bien acepto el presidente que me representa, comprendo que sólo me representa y esas bobadas “realistas” de que la voluntad de los españoles está contigo para siempre o cosas por el estilo, que le decía zalamero al francés, en realidad las está diciendo de sí mismo… ¿Me he vuelto nominalista de golpe? A lo mejor, pero es que los compromisos metafísicos que uno asume no valen para la política, que sólo es buen lugar para encontrar extraños compañeros de cama, que decía el otro.



El del zapateado

domingo, 26 de abril de 2009 | Hay 0 comentarios

Esta mañana, cuando iba en el tren por la provincia de Madrid, un señor entró en el vagón y se puso a cantar algún palo flamenco y a bailar una suerte de zapateado y de “bastoneado” (porque acompañaba o enriquecía el pedaleo con el bastón). Bueno, no tiene mayor importancia. Estamos acostumbrados. Pero me hacía gracia que, en el mismo vagón, una pareja de japoneses miraba con cara de sorpresa al buen hombre y a los compañeros de vagón. Supongo que les extrañaría el paisano danzante, cantante y parlante como un loro, y la abulia de buena parte del vagón, que no nos extrañábamos lo más mínimo. Como si se pone allí un predicador apocalíptico a azuzarnos. De lo que tengo una cierta sospecha es de que los japoneses contarán algo del hecho en su retorno a su tierra natal, quizá como unos de los “caracteres” de la España que han visitado y que de ningún modo podrán equiparar con nada semejante en la tierra del sol naciente. Y a partir de ahí, o con eso, se forma un estereotipo: los españoles bailan zapateados en los vagones del tren. A mí jamás se me ocurriría hacer algo semejante y, como a mí, a la inmensa mayoría, por razones bien distintas y variadas. Pero no hay duda de que la historia, que es real, es más hermosa que las historia de los demás, también reales, sentados en la indiferencia de nuestros asientos.



Oh, tiempo detenido

jueves, 23 de abril de 2009 | Hay 0 comentarios

En uno de los dibujos que constituyen la revista The Newyorker (quizá lo mejor de la revista o, en todo caso, de lo mejorcillo), aparece Einstein experimentando la detención total del tiempo: en el aeropuerto, esperando un avión, quizá retrasado. Es difícil creer que una cosa tan igual cuando es medida por los relojes provoque experiencias tan distintas en cada uno según la circunstancia externa e interna de cada uno. Cuando me toca esperar en los aeropuertos, si el cansancio lo permite, me gusta devorar periódicos (en Alemania regalan infinidad de ellos en todos los aeropuertos –quizá uno lo haya pagado ya con su billete–, mientras que en España, si uno tiene suerte le dan uno en el avión… si uno tiene suerte, repito), y una vez hecho eso, meterme con el libro que lleve entre manos. En esta ocasión era Rorty. Se conmemoran los 30 años de la publicación de La filosofía y el espejo de la naturaleza, que es una obra por la que hay que pasar, se quiera o no, y en más de una ocasión, es decir, de momento es ya (aunque suene raro toda esta amalgama adverbial) un clásico. Y así queda garantizado que el tiempo cobra otro matiz y otro color. Todos lo sabemos. Y nos pasa hasta en misa/eucaristía. Algunas, dadas las circunstancias extra e intraindividuales, se hacen eternas. Otras casi viene pedidas por el estar/ser de cada día. No creo que haya que mortificarse a lo tonto por cómo le venga el día a uno. Lo circunstante es tan voluble como la materia que nos constituye, hasta el punto de que a veces le deja a uno parado en el sitio, espacio-temporalmente hablando.



Se abren los comentarios en los blogs de Dominicos

jueves, 23 de abril de 2009 | Hay 0 comentarios

Para facilitar a los usuarios la participación en los blogs, ya no es necesario registrarse para escribir comentarios en ninguno de los blogs de dominicos.org. En adelante, se puede comentar libremente y de manera anónima si se desea. Sin embargo, con el objetivo de evitar abusos, los comentarios no aparecerán inmediatamente en los blogs, debiendo ser autorizados por los administradores previamente.

Esperamos que esta medida fomente el diálogo libre pero sin descalificaciones entre los usuarios y los propios autores.

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Hamburguesa de Lessing

lunes, 20 de abril de 2009 | Hay 0 comentarios

Ayer terminé la traducción (Laus Deo, ya me dolía la cabeza) de una obra clasiquísima del siglo XVIII, modelo de escritura y lectura obligada para buena parte de la gente culta de occidente… en un MacDonalds. Y casi lo hice a propósito, o fue una especie de signo: todo está enrevesado, es cada vez más difícil establecer distinciones entre lo bajo y lo alto, lo cual me parece excelente, dado que hace mucho que sospecho que detrás de ciertas distinciones no hay más que una pesada carga de intereses de clase. No es que defienda el MacDonalds, nada más lejos de mi intención, que ya se defiende bien él solito cuando, supuestamente aparece un diente de no sé qué en la hamburguesa. Simplemente defiendo el derecho de ir allá a quien le dé la gana sin sentirse un proscrito cultural, del mismo modo, que justamente a la inversa, defiendo el derecho de cada quien a ir al más importante de los museos o a leer la mejor literatura sin pensar que le están juzgando también como miembro de no sé qué grupo. Si te gusta ir a MacDonalds, ve. Si te gusta leer a Lessing, léelo. En la vida es casi todo posible, y no seré yo quien ponga límites, sobre todo en Pascua. Ah, felicidades de nuevo.



A la cosa

domingo, 12 de abril de 2009 | Hay 1 comentarios

Por supuesto que existen los milagros, aunque parezca que no. Fíjate que, aunque desde Hume la cosa está de capa caída, los tratados modernos de filosofía de la religión siempre le reservan un capitulillo al tema. El primero de todos, en sentido de grandeza, es esta resurrección que hoy conmemoramos (título también de un bellísimo oratorio de Haendel, que no sé por qué no se prodiga tanto en esta época como el Mesías en navidad, pero bueno). La historia de la comprensión de ese hecho es larga (y seguramente no sólo en la historia, sino también en el desarrollo vital de cada uno): que si un hecho real mas no histórico, que si un hecho físico, que si un hecho puramente espiritual, que si estrictamente experiencial. Es el problema que tiene el hacer de la existencia apartados estanco: si un cosa es a ya no puede ser más que a, y en realidad la existencia es muchas cosas al mismo tiempo, aunque con los conceptos sólo seamos capaces de abarcar una dimensión. Por las palabras, dado que no soy nada nominalista, no pienso pegarme. Siempre cito al Aquinate a este respecto, quien decía que lo importante tras la palabra es la cosa, a la que no es la palabra la que da existencia, sino que sólo (o quítese el sólo) le da expresión. Nadie podrá contar el quid de la resurrección con pelos y señales. Los evangelios nos cuentan datos que tratan de cercar narrativamente un hecho que no se deja captar. Y la crítica lleva siglos dando vueltas a que si Jesús sólo estaba dormidillo, un tanto cansado, y que si el frío del sepulcro lo despertó, que si sus discípulos robaron el cuerpo, que si se inventaron la historia, que si detrás del género literario no hay nada más que el género mismo… Pocos textos habrán sido tan sometidos a escrutinio como los de la resurrección, y seguro que seguirán haciendo correr ríos de tinta. Estupendo. Y ahora consejillo: ad rem, a la cosa. ¡Suerte y feliz Pascua!



Feliz

jueves, 09 de abril de 2009 | Hay 0 comentarios

A punto de acabar el jueves santo, que se va así como ha venido, casi sin darnos cuenta (porque el presente se prepara en su pasado y el intento de reducirlo a un instante está condenado al fracaso, al menos en la vida humana) escucho las trompetas y los redobles de los tambores procesionando por Valladolid. No soy muy dado a asistir a las mismas (probablemente si fuese un extranjero, me llegase hasta ellas con gran prontitud, pero por estar habituado, ya se sabe lo que pasa), mas no me cabe duda de que son una forma tan válida como cualquier otra para celebrar lo que conmemoramos en estos días, porque cada quien da rienda suelta a su religiosidad de diversos modos, y la cultura y el tiempo se han ido encargando de seleccionar los más valiosos. Seguro que algunos han quedado por el camino, quizá esperando ser descubiertos y olvidados por alguna época que concedía valor a vaya usted a saber qué. Quizá hoy nos sirviesen especuialmente bien. Puede ser. En todo caso, el núcleo de estos días es la memoria que nos constituye. Y es condición de posibilidad de ser lo que somos. Así pues, feliz memoria y feliz Pascua, tenue reflejo de lo que esperamos y seremos.



La evolución

viernes, 03 de abril de 2009 | Hay 0 comentarios

Mi buen amigo, el profesor Valderas, me ha hecho llegar un recordatorio sobre la importancia que tuvieron un par de dominicos en la recepción del darwinismo en España. Seguro que la mayoría de los que esto leen conocen a Teilhard de Chardin, que vuelve a estar en labios de muchos cuando se trata de recordar cómo la Iglesia se esforzó por adaptarse a las nuevas ideas. Seguro que muy pocos (especialmente si no son frailes españoles) conocen al padre Arintero. Y seguro que menos aún a Fray Zeferino González, cardenal, que también tuvo un papel muy relevante en la génesis de opiniones respecto al asunto. Cuestión de familias, que la nuestra, quizá sin ánimo de desdoro, un tanto por dejadez, y sin duda por sobreabundancia, se olvida de sus hijos al poco. Seguramente Manuel Ángel Martínez sabrá mucho del padre Arintero, pero la mayoría sabemos poco más que el título de su “Evolución mística” (ojo al titulillo) y que el museo de ciencias de La Virgen del Camino lleva su nombre… No es mucho, creo. Y es que no sé si por bien o por mal, es algo endémico. Quizá haya de ser así. Somos siervos inútiles por muy útiles que hayamos sido y la vida sigue. Por suerte, tenemos tanto pasado que sólo cabe esperar que el futuro sea al menos de la misma entidad. Y si hacemos un esfuercillo, convendría sacar del armario a Arintero, Zeferino y a algunos otros que, seguramente, iluminaron a alguna gentes de su época cuando andaban más perdidas que un pulpo en un garaje.