Blog de:
Sixto Castro Rodríguez, OP
Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
martes, 30 de junio de 2009
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Hace 20 años, según acabo de leer, se producía un intento de cambiar el mundo, que se quedó en nada, vaya usted a saber si por imposibilidad metafísica o qué. Fue el anuncio de que se había producido la fusión fría, es decir, la posibilidad de obtener energía de un modo ilimitado y a precio de bazar. ¿Alguien puede imaginarse lo que supondría eso? Bueno, ya nos encargaríamos pronto de crear lobbies que dispusiesen de la misma, que la distribuyesen y se encargasen de frenar todo acceso “excesivo” a la misma. Y es que resulta que tenemos una desconfianza inducida y que no entiendo bien de dónde viene, hacia lo gratuito. De nuevo, ¿alguien se imagina lo que supondría para el mundo toda la energía que se quiera, gratis, sin contaminar y sin barreras productivas? Eso sí que sería un auténtico orden mundial. Bien, pues en muchos otros aspectos, energéticos en sentido distinto, hay un montón de gente que da todo, todito, gratis et amore… Y eso genera una cierta desconfianza entre los que cobran absolutamente todo. Claro que sí, el trabajador merece su salario, es doctrina segura. Luego debemos discutir el cuánto, porque no es de recibo que un futbolista, una presentadora-actriz o un broker sólo por levantarse de la cama ingresen lo que daría de comer a muchas familias durante años.
Cuando los investigadores de la fusión fría anunciaron su “descubrimiento” –que parece ser que nunca se pudo repetir– la academia se les echó al cuello (los físicos). Y cabe pensar que los que manejan el cotarro energético, más aún. La revista Time, que es donde he recordado esa información, habla de la fusión fría como un imposible. De momento quizá, pero ¿quién sabe dentro de 100.000 siglos? Más imposible (si cabe hablar así) es que uno deje su casa y se marche a crear un hospital en el Caribe. Y es un hecho.
sábado, 27 de junio de 2009
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En efecto, lo que vaticinó una de nuestras políticas se ha cumplido, el acontecimiento planetario, sólo que no tiene nada que ver con lo que ella previó. Michael Jackson ha pasado y ha entrado en el olimpo donde viven los mitos. Yo no soy quién para decir nada de este artista, de quien conocía poco y escuché lo que todo el mundo que escuchó lo que todo el mundo que escuchó…, es decir, lo habitual. Pero de lo que no cabe duda es de que su muerte ha supuesto un acontecimiento planetario, sea lo que sea eso. Al menos, estoy seguro de que se han enterado de ello en los rincones más remotos del planeta, cosa por la que nuestros políticos hubieran vendido, sin duda, su alma. Un fraile, hace años, comentó que se había enterado en plena selva peruana de que existía un grupo español que se llamaba Locomía. Si allá eran conscientes de la existencia de estos saltimbanquis, ¿no lo serían de Jackson? Seguro que sí. Y es que lo que constituye los acontecimientos planetarios son muchas cosas, pero sobre todo ese ámbito previo en el que estamos instalados y que nos constituye. Hay fenómenos que son puramente publicitarios y otros que van más allá. Seguramente nos queda mucho por escuchar de esta cantante, que, como otros muchos, vivió rápido y murió joven, condición casi necesaria para convertirse en mito. Pero, insisto, no sé nada más de él, salvo que uno de sus “maxi-singles” (¿quién usa esa terminología ya?) fue el primer o el segundo disco que compré, en Segovia, hace unos 25 años y que siempre me cayó bien, no sé por qué.
viernes, 26 de junio de 2009
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Si alguien tiene tiempo y quiere una recomendación cinéfila (no es una joya, pero si es una peli con bastantes elementos que la hacen digna de consideración), le aconsejo “Vaya con Dios”, una película alemana, bastante divertida de tres monjes cantorianos que tienen que abandonar su convento en Alemania para ir al único que queda de su orden en Italia. Se da la circunstancia de que es una orden religiosa excomulgada en el siglo XVII por considerar que en su canto (de ahí su nombre) se hace presente el Espíritu Santo (se ve que por el XVI- XVII andaban dándose bastante caña, porque esa afirmación no llega a la categoría ni de pias aures offendens, pero bueno, se supone que la artimaña narrativa sirve si la ubicamos en un conexto de reforma). Por supuesto que no voy a destripar la película, pero si voy a recomendar una escena, que es la que enlazo aquí, en la que los tres monjes (en un Iglesia de una congregación ajena, que no sale muy bien parada
) cantan el coral Wer nur den lieben Gott lasst walten (Quien sólo al Dios amado deja reinar) a tres voces, y la música se convierte en vehículo de unificación, de arrepentimiento y de reencuentro, porque, al fin y al cabo, no hay nada más lejos del fenómenos musical, de la realidad de la música, que entenderla como Leibniz, a saber, como exercitium arithmeticae occultum nescientis se numerare animi, un contar sin saber que se cuenta. Qué va, la cosa (sin negar la pasión contable) está en una senda bastante diversa. Y los cantorianos, cantando, que es lo que saben hacer, se reúnen cantando para seguir cantando en su cenobio. Me lo he pasado bomba, además, en sus interpretaciones de polifonía renacentista. Lo dicho, si alguien tiene algún día libre, en el que no tenga mejor que hacer, “vaya con Dios”.
miércoles, 24 de junio de 2009
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Una columna bien interesante en el NY Times de hoy, firmada por Simon Critchley, filósofo, nos trae a colación el tema de la vida perdurable. “¿Cómo será eso, padrecito?” (así parece que decían los nativos peruanos cuando algún padrecito les contaba altas teologías). Lo importante, como casi siempre, no es la respuesta, que para el tema hay muchas. Lo importante es la pregunta, que nadie puede impedir que nos hagamos, por creerla precientífica, ideológica o todas esas mandangas con las que a uno le aterran cuando no quieren que se hable de ciertas cosas. Es una pregunta completamente legítima, y de cuya respuesta depende, retroactivamente, todo nuestro compromiso vital. Ayer veía un documental sobre Vicente Ferrer y este santo varón reflexionaba sobre el mal. Para él no había que quemarse las cejas dándole vueltas teóricas a la cuestión: el mal estaba ahí para solucionarlo. Y al final, decía él, el Dios omnipotente, justificará. No sabemos cómo, pero creemos que. El presidente de nuestro congreso de los diputados (Bono), en el funeral de Vicente Ferrer, decía que éste no moriría mientras le recordásemos. Solemne chorrada, digo. Cuando se dice eso, uno lo dice ignorante de que el camino que ha recorrido el que ha pasado de este mundo también lo tiene que recorrer el que profiere la frase: ¿acaso va a quedar Bono aquí para ser testigo de la memoria? Seguramente la memoria sea otra cosa, y no nuestra benevolencia de querer recordar esto sí y aquello no, porque la historia nos demuestra que al que se recuerda es a Eróstrato, que se cargó el templo de Artemisa en Éfeso, y no a quien lo construyó. Seguramente, como ni el ojo vio ni el oído oyó, lo mejor será estar tranquilos al respecto (es decir, no lanzar demasiadas proclamas victoriosas y descriptivas en exceso), pero sin que se nos pierda la sustancia en una resurrección esperada que acaba convirtiéndose en un café descafeinado o un yogur desyougurado.
domingo, 21 de junio de 2009
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Me estoy enterando de que es el día de la música por la turra que llevan dando unos músicos (por así decir) que cerca de la plaza están dando una barrila, a base de ritmos repetitivos y chundachunderos, que me tienen medio loco. Parece, pues, que bajo el concepto de música cabe casi cualquier cosa que suene (y hasta que no suene, véase si no el 4,33’’ de John Cage). Mas dejémoslo estar, porque si nos ponemos a definirlo, seguro que se nos escapa entre las manos: habremos puesto un conjunto de condiciones “necesarias y suficientes” fuera de las cuales quedarán un montón de cosas que, hasta entonces, se llamaban música y para las que ahora habremos de inventar otro término. Y es verdad que quien maneja el lenguaje maneja mucho, pero no todo. Hay un salto enorme, gigantesco, de decir por ejemplo, que una cara bonita es un buen reclamo para esparcir los propios genes (seguramente se puede dar una correlación estadística) a decir que una cara bonita es meramente un buen reclamo para esparcir los propios genes. Aquello quizá sea científico. Esto es mala ideología. Por eso, decir que la música es un ruido agradable (Kant, dixit) puede pasar, pero decir que la música es meramente un ruido agradable es falso, sin más. Por eso, con la que está cayendo, se podrá decir que a las que x semanas de embarazo tenemos x células, pero no que a las x semanas de embarazo tenemos meramente x células… La diferencia no es sólo de palabras. Por eso, cuando oigo meramente, en casi cualquier espacio, salgo huyendo como si me persiguiera el demonio del reduccionismo. Mientras tanto, y esperando algún "meramente", seguiré aguantando esa cosa que suena.
miércoles, 17 de junio de 2009
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Aparece en la prensa que el investigador Stuart Kauffman afirma que hay que investigar mucho aún sobre la evolución y que, por qué no, en cierto modo, puede hablarse de Dios, aunque sea en un sentido discutible. El último astronauta que pisó la luna se declara abiertamente creyente también en la prensa de hoy. De modo que parece ser que no hay que ser tonto del todo para hablar de Dios. Ahora bien, ando metido en varios embolados relacionados con la filosofía de la religión, y uno de ellos, como todo el mundo sabe, son los famosos argumentos para la existencia de Dios, que los hay a porrillo (y también tienen sus críticos que les dan la vuelta, ojo, que aquí del acto de fe no se escapa nadie) y que pueden constituir eso que los clásicos llamaban los preambula fidei, es decir los caminos que hay que andar o que pueden conducir a la fe, no sus sustitutos. Pero fíjate, esta mañana, al despertar, me he encontrado con el argumento definitivo, incontrovertible, el que no deja el menor resquicio de duda. Y aconteció tamaño y descomunal descubrimiento cuando escuchaba en la radio que a pesar de que el gobierno ha subido los impuestos, en realidad los ha bajado. Es decir, si usted paga más cuando echa gasolina, en realidad está pagando menos cuando echa gasolina, es decir, en términos lógicos A y ~A. Y en lógica se dice que de una contradicción se puede derivar cualquier cosa, y como yo andaba buscando demostrar la existencia de Dios, derivo de la situación de A y ~A que Dios existe. Propongo llamarlo “el argumento de ZP para la existencia de Dios”.
miércoles, 17 de junio de 2009
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Me puse hace un minutillo, como por deporte, a ver en el google los enlaces que había a esta bitácora, y son más bien pocos. Eso significa dos cosas: o que me lee muy poca gente (pero la mejor, eso sí) o que nadie enlaza porque todos vienen directamente ad fontes, que es otra posibilidad, menos plausible, pero posible aún así. O quizá no signifique nada de esto, pero la verdad es que no me preocupa mucho. Sí me llamó la atención que uno de los enlaces, que era en otros blog, recomendaban la lectura de este por considerarlo un ejemplo de lo que escribe el clero culto (lo que no sé si es un piropo a favor del blog o un improperio por su baja estofa). Tampoco me da más. He hecho los cursos de autoestima con Ignacio Marquínez y los de educación sexual de Cosme (mira que me han dejado huella
)y pocas cosas de este tipo me alteran... Mas ahí decían que escribía en clave “reaccionaria”. Quiertorrrl, me dije yo, que a ver qué me están llamando sin enterarme. A ver qué he hecho yo sin saber, mira que si he escrito en prosa sin conocer la prosa…, así que me fui al diccionario a ver qué entradas da para el término.
reaccionario, ria.
(De reacción).
1. adj. Que propende a restablecer lo abolido. U. t. c. s.
2. adj. Opuesto a las innovaciones.
3. adj. Perteneciente o relativo a la reacción (tendencia tradicionalista).
Veamos, ya que no soy ni carlista ni isabelino, ni borbón ni parmesano, ni de trastámara ni de nada de nada, ya que no sé ni siquiera qué implicaría ser cada una de esas cosas, y no me quiero meter en camisas de once varas, creo que podemos, sin temor, prescindir de la entrada 3. Respecto a la 1, tendría que saber qué ha sido abolido… Quizá el antiguo régimen…, no, no me interesa mucho. ¿Quiero acaso el restablecimiento del principio del tertio excluso? ¿Acaso está abolido? Si lo han hecho, sí, me gustaría que lo restableciesen, si no, no me voy a aclarar. Pero tampoco tengo muy claro que me incluyan en esto. Y respecto al 2, será eso, entonces. Claro, que habría que ver qué entendemos por innovaciones. Está claro que lo que existe el 2 de enero de 2009 y no existía el 1 de enero es una innovación, lo cual no significa que sea mejor. No, no me opongo al ordenador, si me paso el día pegado. Ni al mp3, que uso para escuchar idiomas y música, que me encanta. Ni a la liberación de la mujer, que me parece de lo más justo y necesario. Si en realidad no me opongo a casi nada, sólo a un par de cosillas que, quizá, y ahí puede tener razón mi interlocutor, son innovaciones, pero quizá no buenas. Tan bobo es establecer la ecuación innovación = bueno como la contraria. Así que, en realidad, no sé qué soy.
domingo, 14 de junio de 2009
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A ver, Antonio Gala, alma de cántaro. No se puede decir lo que a uno le salga de la punta de sus partes simplemente porque se le ocurra y, de este modo, pretender desautorizar a todas las disciplinas que se han dedicado al estudio de eso que a ti te incomoda. Porque no sé de dónde has sacado esa cosa de que hay un espléndido documento, 400 años después de la existencia de Jesús, que da cuenta de su existencia y que pone fin a la polémica teológica. Mira que hasta hoy hay una subdisciplina que dedica sus fuerzas a estudiar al Jesús histórico, y desde luego, no se reduce a algo panfletario, como pareces dar a entender, hermoso, sino que tiene todos los requisitos que se le pueden exigir a algo para ser científico (al menos tan científico como la cosmología del origen del universo, que trata de un hecho singular). Parece, según tu relatillo, que Constantino decreta una realidad, mejor dicho, la constituye, ex nihilo¸ porque le sale de sus pudibundas partes, cosa que no es muy creíble, y menos aún los 25 Cristos (si te refieres a lecturas del Cristo, seguramente sean muchísimas más de 25, sí seguro, bastante más, pero esas siguen hoy, no cerró Constantino ninguna puerta). Que tengas desconfianza de la jerarquía, bueno, guapo, ese es otro asunto, ¿te das cuenta? Y hasta se podrán compartir muchas de tus ideas, si las expones con claridad, más allá del esa lista de insultos, que parece la lista de los que entran en muchas cámaras de representantes. Una cosa más: la frase esa de credo quia absurdum no es de San Agustín (ojete con la wikipedia…) Nada más lejos de su intención, sino de Tertuliano, pero la cosa no es simplemente que Tertualiano decidiese creer pijotadas estúpidas, como que la crisis no existe. No, simplemente es una actitud vital, un tanto fideísta, que encontramos de un modo casi semejante en Kierkegaard, Wittgenstein (salvando todas las distancias que haya que salvar). La cosa escapa, como verás, ligeramente de los límites del panfleto. Mas todo eso, hasta aquí, te lo perdono. Pero ahora sí, te voy a llamar cualquier cosa menos guapo, y es que llamar a mi Aquino gordinflas… ¿qué pruebas tienes para decir que era gordinflas, $&%$ (esto pretende ser una palabra como las que emite Mortadelo cuando se enfada)? Ah, lo has leído en unas narraciones y florilegios a los que, curiosamente, sí das visos de autenticidad. Ya. Ya veo. Hay documentos que sí y documentos que no, y vamos eligiendo según nos conviene. “Pero conoce a Aristóteles por Averroes”… Bueno, no sé qué quieres decir con esa parida (como si fuese una desautorización), pues el hecho es que conoció a Aristóteles por Averroes, Alberto Magno, las traducciones que le proporcionaba Guillermo de Moerbecke, ect. O sea, bastante mejor que tú. Pero me fijo en la frase: que elucubrase, mas conociese a Aristóteles por Averroes, ¿qué tienen que ver los dos miembros de la adversativa? Mira, para descargar rabietillas hay varias opciones (confesonario, psicólogo, psiquiatra, terapeuta, programas de la tele…). En unos cobras, otros te cobran y algunos te atienden gratis. Seguramente todos te permitirán que, dado que estás down que se dice ahora, te desahogues con chorradas. Pero yo pensé que las opiniones de prensa debían ser, al menos fiables. Ahora bien, si no has sido tú el que ha escrito una pieza tan desatrosa, recrimina a quien lo haya hecho, hazme el favor. Hala, hasta luego, $&%$ , quienquiera que seas.
jueves, 11 de junio de 2009
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Me llega, por mediación de Ignacio Antón, OP, un texto de David Martínez de Aguirre Guinea, OP (se ve que los OP nos comunicamos bien) acerca de lo que está sucediendo en la Amazonía peruana en los últimos días. Algo leemos en los periódicos, poca cosa para lo que debe estar pasando y, desde luego, con mucho menos bombo que el fichaje de no sé quién por el Real Madrid (esta mañana me despertaba la radio con esa cosa como primera noticia, tiene bemoles por no decir tiene *&%**). En la carta, cuya lectura es obligada, creo, David no nos cuenta nada nuevo (porque es difícil que haya novedad en la explotación del hombre por el hombre) que no sean hechos. Efectivamente, la amazonía peruana, que tiene una extensión inimaginable para nuestras mentalidades acostumbradas a cruzar el país en 8 horas, está habitada por gentes cuyos compatriotas consideran incivilizados y que viven rodeados de riquezas… Bueno, riquezas potenciales para otros, porque para ellos serán, seguramente, su casa. Y cuando uno se fía, así sin más, de los que le gobiernan, sucede que de vez en cuando salta la chispa de la necesidad justificadísima del tiranicidio (y el tirano no tiene por qué ser sólo una persona: puede ser un gobierno, una empresa o un sindicato, que el poder asume las formas más inimaginables), del que Tomás de Aquino era defensor. Ahora mirémoslo con detalle antes de echar nuestras postilustradas manos a la cabeza. En el medievo no había posibilidad de echar a los gobernantes yendo a depositar una papeleta en las urnas cada cuatro años, ya me entiende. Bueno, aún ahora es difícil, pero aún así, posible. El lendakari local aposentaba sus reales de modo vitalicio y como la cosa no fuese bien y hubiese que echarlo, por aquello de conservar el pellejo propio y ajeno, pues se aplicaba el tiranicidio en sentido estricto. ¿Qué si no hacemos hoy cuando vamos a votar? Tratar de echar al gobernante (en algunos casos tiranuelo, seamos benévolos), lo cual es una forma mitigada e ilustrada de liquidarlo. Ahora bien, en situación de infinita debilidad y de desigualdad total (aquí ponía yo a Habermas a ver cómo demonios aplicaba su teoría de la acción comunicativa) quedan pocas salidas. ¿Qué demonios pueden hacer unos arcos y unas flechas contra la maquinaria estatal? Sólo una cosa: lo de David (Martínez de Aguirre, claro, y el bíblico también) contra Goliat. Por eso conviene rezar, aunque sea poco y estar bien atentos a ver qué podemos hacer, que seguramente sea algo.
lunes, 08 de junio de 2009
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Ayer me enviaba Carmelo Preciado, OP y hoy Vicente Niño, también OP, este vídeo que es una pura delicia, aunque cause un dolor sordo. Llama la atención qué cuenta (que, por desgracia lo sabemos, de tan cotidiano que es: una parte enorme de la humanidad pasa hambre) y cómo lo cuenta, añadiendo ese petrificante detalle de la bendición de “la mesa”. Y me pongo un poco enfermo por no saber qué hacer y otro poco por escuchar a los que se proclaman “progresistas” porque cifran su vida en permitir que quien quiera se ponga tetas, haya acontecimientos planetarios de risa o cosas bastante peores y que me encorajinan, porque el problema, entre otros, es que se han apropiado de los significantes. ¡Que no son vuestros! ¡Que el lenguaje es de todos! Me "pongo arrebatado" cuando les escucho decir que el progresismo (que supongo que tendrá que ver con el progreso) es un puro sofisma de chorradas baratas de cara a los satisfechos. Y me viene en mi ayuda un aviso para navegantes de lo que debería ser el progreso, de Adorno, para más señas: “Sería aconsejable pensar el progreso en sus términos más crudos y básicos: que nadie pase hambre más, que no haya más tortura, que no haya otro Auschwitz. Sólo entonces, la idea de progreso estará libre de mentiras”. Así que cuando me sueltes tu rollo progresista, mira a ver si pasa por ahí. Si no tus “bautizos civiles” no son más que un ridículo brindis al sol.
domingo, 07 de junio de 2009
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Pues vamos todos a votar en el día de la Trinidad, y resulta que es bastante más difícil, por muy complicado que pareciese ésta a San Agustín, entender las prolijidades europeas que las trinitarias, dónde va a parar. El arte ha retratado la trinidad de infintas maneras. La más famosa, sin duda, es el icono de Rublev, precioso, representando la circuminsessio, las relaciones de igualdad trinitarias (en cuanto uno se despista se hace subordinacionista o cosas por el estilo, con el Hijo subordinado al Padre, que es quien realmente mandaría en el asunto, o con el Espíritu sin saber dónde colocarlo en esa jerarquía). Ahí están los tres, en Rublev. Como están los tres en el “preludio y triple fuga en Mi bemol mayor, BWV 552” de Johann Sebastian Bach, un poco más ocultos, pero la tonalidad (con tres bemoles), la estructura de triple fuga e infinidad de elementos más constituyen una buena teología de una pieza compuesta precisamente para un domingo como hoy. Por supuesto que no me voy a poner a explicar la Trinidad. San Patricio usó el trébol y ahí sigue presente en el escudo irlandés. A un fraile de esta casa, tratando de hacer exégesis le salían cuatro personas, lo cual no es extraño. Lo raro es quedarse instalado en cuatro o cinco o dos y encontrar el razonamiento satisfactorio. Seguramente no se pueda probar científicamente la trinidad de tres. Seguramente tampoco se puede probar científicamente la completitud de un sistema axiomático finito que sea lo suficientemente potente como para incluir la aritmética básica (teorema la incompletitud de Gödel). Y no se nos caen los anillos por esto último, es más, andamos por la vida sin enterarnos demasiado de ello. Mas en lo otro nos va nuestro ser. Por eso todas las herejías trinitarias han hecho la labor de tratar de ver cómo comprender este lío, pero han acabado, al final, poniéndose más dogmáticas que el mismo dogma. A ver si Rublev y Bach nos iluminan.
viernes, 05 de junio de 2009
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Ayer, que en la Orden celebrábamos San Pedro Mártir, me dediqué en un rato no muy propicio, pero rato (y consumado) al fin y al cabo, a leer la brevísima biografía que trae nuestro breviario propio. Y allí me encuentro con la sorpresa (oh, cuán grande es mi ignorancia) de que su asesino, un tal Carino, luego entró en la Orden. Ya me dirás si no es para asombrarse. Parece que los tiempos han cambiado mucho. ¿A alguien le entra en la cabeza que hoy – no nos pongamos en tales extremos– alguien convicto y confeso de lo que fuere sería admitido entre nuestras huestes? No sé, da la impresión de que la fuerza vital de los orígenes va siendo cada vez más controlada por las estructuras, lo cual, de por sí, no es ni malo ni bueno, simplemente es, quizá, la dinámica de la historia. Mas la conmemoración de nuestros santos tiene de bueno que nos hace recordar otras épocas distintas, seguramente más fáciles en algunos aspectos y probablemente más difíciles en otros. Pero hay algo por ahí que titila y es, en este caso, Carino que hoy sería despachado sin pensarlo dos veces, precisamente porque el “tener-previo” (horrible palabro heideggeriano) nos impide considerar sus razones, al igual que al Gran Inquisidor de Dostoyevski le impedía escuchar las razones del mismo Cristo redivivo paseándose por la Sevilla del siglo XVI. La cuestión, así pues, no es qué nos vaya a contar Carino, sino si de antemano estaríamos dispuestos a escuchar por qué rábanos viene a pedir la misericordia de Dios y la nuestra. Da que pensar, pero, por si acaso, que nadie se anime a imitar a Carino en su etapa prefrailuna, no vaya a ser el demonio…
miércoles, 03 de junio de 2009
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Abra el periódico uno por donde lo abra no se encuentra más que desencanto… El suyo propio, claro, porque los políticos están encantados de haberse conocido. Cualquier alumno de primero de filosofía, que haya estudiado algo (sin demasiado esfuerzo) de lógica, teoría de la argumentación o retórica, sabe que el argumento del Tu quoque es falaz y no sirve. El Tu quoque es el “pues anda que tú”. Que tú gasta tanto en avioncitos… pues anda que tú en coches. Que tú gastas tanto en trajes… pues anda que tú en bragas. Y así, en este estúpido juego sofístico, en el que cualquier persona con dos dedos de frente se da cuenta de que la tratan como si fuese imbécil, se nos va pasando la campaña esta y la vida, por demás. En el laboratorio se juega con productos, sofismas y se prueba su consistencia. Pero en el terreno público, ay, en el terreno público que no es de nadie sino de los políticos, se debería hacer el tonto sólo con gaseosa. ¿Por qué demonios uno tiene que elegir sus representantes entre gente de partidos con listas cerradísimas, de modo que los de siempre cambian de posición en el tablero de ajedrez, y la partida parece ser siempre la misma, sólo que cada vez más fea? Los mismos que se proclaman demócratas pervierten la democracia y la convierten en un juego en el que sólo tienen cabida los amigos. Que vivimos en una democracia de bajísima intensidad no parece que pueda dudarse (y me vendrán con la barrila del estado de derecho, como si fuesen los funcionarios de los partidos los que lo aseguran, que no, que no hablo de eso). Que los que compiten para las elecciones mostrasen que, en efecto, pueden ganarse el sustento con sus propias manos, sería una medida excepcionalmente democrática y salubre. Ah, y cuando esta pandilla reclame democracia en la Iglesia, que recen también para que no sea una democracia de funcionarios como la suya. Y sí, claro que voy a votar, pero seguramente más para hacer daño que para otra cosa (o por aquello del mal menor, y así tranquilizo un tanto la conciencia), y “como que” no me siento muy evangélico en eso.