Blog de:
Sixto Castro Rodríguez, OP
Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
miércoles, 29 de julio de 2009
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Pasan de 11 millones las visitas a este vídeo, que me ha enviado mi amol Sudabee desde los EE.UU. Y no me extraña. Se trata de la entrada nupcial en la iglesia. De antemano uno espera una cosa… y resulta algo completamente distinto, sobre todo al comienzo: el principio inesperado es impactante. Luego la cosa se va tornando más previsible. Y aquí viene la pregunta: ¿es correcto o incorrecto, acertado o errado entrar así en una iglesia el día de la boda? Hay opiniones para todos los gustos (sólo he leído 4 ó 5 y ya son de bien diversa orientación) ¿Está escrito sobre roca el procedimiento? ¿Es litúrgico entrar a la ceremonia nupcial bailando una canción de Chris Brown en vez de acompasar el paso a los compases de Mendelssohn? Me interesa enormemente la opinión de Fr. Miguel Ángel del Río (no hace falta que contestes, ya la sé
) por su papel de liturgista. No me cabe duda de que una gran porción de curas saldrían huyendo como si los persiguiesen súcubos malencarados ante tal despliegue coreográfico, mas estoy seguro de que otros lo aplaudirían. Claro que en una catedral gótica no encaja, pero, ¿en esa iglesia tan modestita? A la ministra que preside no parece desagradarle. A mí tampoco y me parece que a Dios los formalismos le dan más o menos lo mismo.
martes, 28 de julio de 2009
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En estos días pasados, de asueto y relax, cuando llegaba la hora de la siesta de la que no suelo disfrutar durante el año, y que, en realidad no era ni siesta ni nada, sino más bien un estado de amodorramiento transitorio tumbado en el sofá (y, créanselo, arropadito con una manta) he visto cosas que ni siquiera el replicante Roy de Blade Runner hubiera podido relatar y que, por suerte, se perderán, ahora también, como lágrimas en la lluvia. Me refiero a los programas de sobremesa-siesta, que uno pone para que el runrún de la tele le arrulle mientras Morfeo se deja caer por allá. Pero Morfeo debía de salir pitando al escuchar a toda aquella ganadería de gallináceos llamándose de todo, confesando impúdicamente lo más inconfesable y ejerciendo todo tipo de violencia mutua, gratuita y chabacana. Vaya “kk” de tele, pensaba. Porque de noche, vuelta a lo mismo. Que si tú, que si X se ha liado con Y, que a su vez había estado liado con Z, ex-amante de X. Pero esa máquina de generar mierda que es la tele, también puede generar joyas. Y ahí va una. Ayer no podía reprimir la sonrisa de los labios –una sonrisa constante, alegre, agradecida–, al ver el programa “Pueblo de Dios”, dedicado a las misiones que la provincia de España tiene en Perú. Ver a David, al que le ha salido una magnífica calva que se va agrandando por momentos, hasta que llegará el momento en que le cubrirá por completo, a Rafa (al que se le ha pegado el “asento” de allá de modo conspicuo), a Ricardo Álvarez Lobo, Roberto Ábalos, Santiago Echevarría… y hasta Paco Faragó que se marca una firma hitchcockiana dejándose caer por una escena. Eso sí merece la pena verse y no olvidarse: la factura, impecable; el contenido, inmejorable. Hay algo en común con aquellos “documentales” que en súper-8 nos pasaban en la Virgen del Camino (fuimos unos privilegiados en formación antropológica: ¿quién demonios tenía información de primera mano de cuestiones etnológicas amazónicas? La pena es que entonces no lo valorábamos, creo, como tampoco valorábamos el Quijote…), mas el formato es nuevo. Y sin embargo, el mensaje, el mismo, como dice en él Santiago Echevarría: aquí estamos con ellos (Heidegger diría Mitsein, que queda de un filosófico subido, pero ya el apaktone lo descubrió antes, y antes Bartolomé de Las Casas, y antes…) y seguiremos adelante adonde ellos vayan.
En fin, que no hay que ser muy perspicaz para concluir de todo esto que recomiendo vivísimamente que mi lector (si aún queda alguno) vea este espléndido documental que, por suerte y según me informan es to be continued. Aguardo con impaciencia de amante neófito la segunda parte.
lunes, 27 de julio de 2009
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Hoy sí que viene bien cargada la página de dominicos.org, con buenas noticias para todos. El premio a Radio Seybo, en primer lugar (¡qué gusto ver en esa foto caras conocidas!), que demuestra que, si se hacen bien las cosas, la ecología y la economía van de la mano y ambas se benefician (cosa que no siempre ocurre, dicho sea de paso). Y la foto de Sor Lola con el ministro de fomento. ¡Malañopalpecao! –que decía mi tía–, apuesto lo que sea a que Pepiño Blanco nunca pensó que iba a salir tan bien acompañado en una foto. Me pregunto, puesto a reflexionar (ya que estamos de vacaciones, permitamos las asociaciones libres) cuánto le habrá costado el traje que luce (o la corbata, o los zapatos)… Y no va tan a la moda (lo clásico es lo que supera las modas) como Sor Lola, que va como siempre se ha ido desde el XIII. Y es que ambas son buenas noticias, no tanto porque llueva algo de dinero (que hace falta, vaya que sí: hasta Santo Domingo, que por lo que cuentan le costaba bastante soltar la gallina por aquello de la pobreza, acababa soltándola) sino porque son síntomas de ilusión no perdida, es decir, de que la casa en la que uno vive hay que cuidarla, porque es también lugar de hospitalidad (¿cómo ser hospitalario sin hospitium?, ¿cómo acoger sin un dónde?) y de irradiación (qué neoplatónico suena esto, y cómo me gusta): Radio Seybo y Sancti Spiritus, idem in aliud, lo mismo (lo mismito, la OP), con una apariencia diferente, dos de las miles que toma el praedicare, benedicere, laudare. Enhorabuena y gracias.
miércoles, 22 de julio de 2009
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Las dominicas Catalinas de Valladolid van a dejar –momentáneamente– su cenobio para acometer unas reparaciones que van algo más allá de un maquillaje y una limpieza de cara. Vaya que si lo son: causa de fuerza mayor es la que saca las monjas de su convento (ojo que digo monjas, no monjitas: ¿nos gustaría que nos llamasen frailines o laiquines? –recordando el blog del otro día–). A diferencia de los frailes, que profesamos en una provincia de la Orden, por lo que podemos acabar en cualquier parte, las monjas profesan para ese monasterio, de modo que no debe ser cosa fácil salir de casa, tanto por lo que supone de traslado de historia (obras de arte, utensilios litúrgicos…) como por la historia que queda allí sin trasladar, es decir, el espacio para el que las monjas profesan. Es interesante que en este mundo en el que no hacemos más que conquistar espacios (¡40 años hace ya que llegamos a la luna!) y mirar al futuro, olvidando el pasado, haya quien nos dé testimonio de fidelidad también a un lugar, lo cual es cosa reseñable. Aunque no se van muy lejos –ni en el espacio ni en el modo de vida– supongo que a las Catalinas les costará este período fuera. Esperemos que no se prolongue mucho.
jueves, 16 de julio de 2009
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Leyendo las crónicas, veo que se acaba hoy la primera parte del capítulo provincial, la “masiva”, en la que todo el mundo propone cosas, a ver si de algo de eso se puede disponer. Supongo que estos compases finales tendrán una suerte de carácter catártico, exactamente como lo tiene esa ofrenda de fuego que es la descarga de Cangas del Narcea, mi pueblo. Los antropólogos llaman a lo que se hace aquí potlacht, un tirar la casa por la ventana sin ningún beneficio aparente. Pero el antropólogo sabe también que la perspectiva etic, desde fuera, no capta la perspectiva emic, desde dentro. Si la gente llora, grita, se lleva las manos a la cabeza, aplaude y le echa piropos a la Virgen no es porque se dejen llevar por emociones “aparentes” (como equivalente a falsas). Al contrario. Gadamer habla de la fiesta grande como el origen y el fin del tiempo. El año gira en torno a este evento, que actúa como momento de descarga, de purgación, exactamente como acontecía en la tragedia, según la Poética de Aristóteles. Mira qué cosa tan chula me ha salido sin haberlo pretendido, bastante mejor que la tomadura de pelo del pregonero de las fiestas, que vaya usted a saber cuánto se embolsó simplemente por aparecer allá. Si es que cuando se gobierna mal (el triunvirato de la alcaldada que nos rige), se acaba notando por todos los lados. Menos mal que la Virgen del Carmen está por encima de todas estas cosas. Feliz catarsis.
domingo, 12 de julio de 2009
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Ganduleando por la red (en realidad creo que llegué allá a través de un enlace de un fraile chileno en Facebook), me encontré con este vídeo sobre la Iglesia católica. Y no está nada mal hecho, a fe mía. Cuenta cosas que, ciertamente, los Antonio Gala de turno, dirán que no son ciertas, porque ellos saben la verdad y tienen una visión sub specie aeterntatis. Pues vale. Sigo diciendo que nadie en sus cabales puede negar el carácter caritativo de la Iglesia católica (luego viene el listo de siempre y dice, ya pero ¿y la Inquisición? Bueno, de los grupos de poder (o lobbies, que se dice ahora) que decretan qué se puede decir y qué no, hablamos otro día… de los de hoy, no de los de hace algunos siglos), la entrega infinita de muchos de sus miembros (y vuelve el listo: ya, pero y las riquezas vaticanas… Bien, de los chanchullos de los partidos políticos hablamos otro día, que no son precisamente para favorecer las artes). Pero lo que me llama más la atención del vídeo es el “welcome home” con el que termina, bienvenido a casa, seas quien seas. Porque “casa” es una de las pocas palabras cuasi-sagradas del horizonte de la persona: casa, hogar. Walter Benjamin escribió sobre el flâneur, el paseante. Todos hemos sido paseantes por ciudades desconocidas, en las que nos gusta perdernos, pero sólo podemos hacer eso cuando tenemos un hogar. El sin techo nunca pasea. Y no es mal anuncio de la Iglesia católica el que se ofrezca como hogar.
sábado, 11 de julio de 2009
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Da pereza ponerse con esta canícula a escribir algo, pero por si a alguien le sirve de consuelo y solaz veraniego, le recomienzo que vea la película “Still Walking”, una reciente película japonesa que ha conseguido entrar en los circuitos comerciales y que es una joyita: tiene de todo y revela muy bien las dinámicas relacionales en el seno de una familia con sus tragedias, sus alegrías, sus dramas y sus esperanzas. ¡Qué bien contado está todo! La verdad es que el otro día, cuando me puse a verla, era bastante tarde y mi intención era ver la mitad y dejar la otra parte para el día siguiente, pero no pude. Tuve que acabarla. Y ese es un buen criterio, a mi entender, para decir que estamos ante una buena película (aunque no sea el único, también el Código Da Vinci engancha, pero no cumple otro criterio que considero indispensable para que una obra de arte sea buena: que uno esté dispuesto a verla/leerla/escucharla otra vez: no me pillará Dan Brown en otra). Y le vendrá bien, seguramente a nuestro reelegido provincial, porque del buen arte se aprende y las dinámicas provinciales en algo se asemejan a las familiares. Pero si ve el provincial que la cosa se pone cuesta arriba, le aconsejo que escuche esta tarantella, que se me ha metido en la cabeza y no hay manera de que la pueda echar. Es que es bellísima y yo desconfío bastante de los churros que se llaman arte. Sí, soy bastante esteticista, qué le voy a hacer.
domingo, 05 de julio de 2009
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La información que aparece hoy en El País no es nueva, pues ya lo sabíamos tiempo ha, pero no deja de ser curioso que este periódico dedique dos páginas a algo que, por mucho que se quiera maquillar, es poner sobre el tapete el desgobierno de nuestro gobierno, a saber, la situación desbordada que padecen Cáritas e instituciones católicas semejantes ante la incapacidad del gobierno para cumplir con lo que le toca. Porque no es un plus en la agenda de un gobierno que sus ciudadanos no pasen hambre, sino que es su razón de ser. Regalar ordenadores, gestionar los precios de la gasolina o permitir que las operaciones de no sé qué tipo vayan a cargo del erario público son csas que están a mil kilómetros de distancia del ser de un gobierno. Simplemente, no tienen excusa, y más cuando los gobiernos (como el que nos rige ahora) suelen caracterizarse por cepillarse todo el tejido social y cargar sobre sus espaldas toda la vida de los ciudadanos, como si uno tuviese que pasar por el aparato estatal para absolutamente cualquier acto cotidiano. En las pelis castrenses (me viene a la mente La chaqueta metálica, de Kubrick) suele aparecer un sargento que dice algo –en tono menos elegante, claro está– como que aquí nadie irá al excusado sin mi permiso. Pues así me veo yo en cierto modo con este gobierno meticón, al que lo verdaderamente importante (que la gente pueda comer, vivir bajo un techo, etc.) hace tiempo que se le escapó de las manos. Y ahí siguen, discutiendo si medio cerramos esta central nuclear porque A, la dejamos medio abierta porque B o damos un golpe de mano porque C. Y la gente pasa hambre en la octava (o vigésimo quinta, que eso da igual) economía del mundo. Menos mal que está Cáritas, pero tiene delito que ahí sigan, enzarzados en absurdas polémicas bizantinas.
viernes, 03 de julio de 2009
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Parece que el Vaticano va a enviar a una visitadora (o varios visitadores ) apostólicos a EE.UU a revisar (cabe pensar que fraternalmente) la vida de algunas congregaciones femeninas. Así nos lo cuenta el NY Times, que vaya usted a saber cuánto de la cosa cuenta y cuánto se guarda. Pero de la lectura del texto periódico se deduce que las posturas abiertamente liberales de muchas de las hermanas estadounidenses les molestan a algunos purpurados. Bueno, lo que es seguro es que la visita apostólica no va a ser fácil para nadie, porque las hermanas en EE.UU no son cualquier cosa. No es que yo conozca a muchas, al contrario; sólo conozco a algunas hermanas dominicas, pero son para tenerlas en cuenta. Casi todas llevan bajo el brazo su doctorado (mayormente en teología), dirigen universidades y colegios. Y ya no sé más, porque, como dije, no conozco tanto. Pero de lo que no cabe duda es de que no las puede tildar de “monjitas”, cosa tan del gusto de bastantes gentes del clero secular, gustoso de que las mujeres estén a su servicio y aquiescentes a toda ocurrencia que se las haya ocurrido. No sé exactamente qué pretenden los promotores de esta visita. El periódico habla de las tesis que las hermanas (no creo que haya unidad al respecto) tratrarían de un modo poco ortodoxo: el sacerdocio exclusivamente masculino, la homosexualidad y la primacía de la Iglesia católica como medio de salvación. Bueno, son tres temas de muy distinto calado (supongo que el periodista será consciente) y no creo que en la visita les vayan a preguntar esas cosas, porque sin duda los preguntones pueden salir bastante escaldados. Insisto. La época de las “monjitas” pasó. Yo espero mucho de esta visita apostólica un tanto intempestiva.