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Sixto Castro Rodríguez, OP
Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
domingo, 30 de agosto de 2009
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El otro día leí un mini reportaje de Saramago en El Mundo acerca de su última novela, “Caín”, que quizá me tenga que leer, obligado, pues hace tiempo leí “EL evangelio según Jesucristo” y me pareció terrible, perfectamente escribible por un adolescente malencarado con ciertas (sólo ciertas) dotes literarias. Ahora leo toda esta sarta de despropósitos acera de Dios, del AT, y de cosas por el estilo (no digo que no haya gente religiosa que piense así en Dios y en la Escritura, pues de todo hay en la viña del Señor y en cualquier otra viña) y me viene a la mente un libro que de Mark Johnston, “Saving God: Religion after Idolatry” que estoy pendiente de leer (aún no lo tengo, pero el pedido está cursado), en el que, como se ve en el resumen de prensa, habla de las tendencias idolátricas de la religión misma (quizá las que tiene Saramago en mente) y de los "undergraduate atheists" (Dawkins, Hitchens… y creo que también habría que meter aquí a Saramago), es decir, aquellos que mantienen una imagen religiosa de primera comunión. Por supuesto que todos creímos alguna vez que Dios tenía barba y se cabreaba si no comiamos… cuando teníamos 5 años. También creímos que la Biblia admitía sólo una interpretación historicista y que el monstruo del Apocalipsis tendrá x cabezas con x cuernos en cada una, ni uno más ni uno menos. Y un día descubrimos que habríamos crecido, que cuando éramos niños pensábamos como niños, después ya no (como dijo el Apóstol en ese texto de 1Corintios 13 que ha quedado eclipsado por la belleza de lo que le rodea). Claro que todo el mundo puede y debe hablar sobre religión, lo que demuestra que a todos nos toca profundamente, de una manera o de otra… Pero a veces hay que aceptar, admitir, aunque sea de reojo, que hay otras opiniones que pueden ser más ilustradas que la nuestra (no precisamente la de Saramago o la de Antonio Gala, que hoy también tiene picores y cree que la humanidad ha empezado a razonar con él).
sábado, 29 de agosto de 2009
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En un periódico, alguien comentaba que los intelectuales no estaban alzando su voz en estos momentos de crisis. Y que si su responsabilidad era no sé qué, no sé cuánto. La figura del intelectual es una creación moderna, muy meneada por la gauche divine francesa, que se remonta quizá hasta el célebre escrito de Zola, aquel “yo acuso”, y que creo que no sirve para nada, porque ahí caben Sartre y Ramoncín, Chomsky y Pepiño Blanco, yo y el otro, es decir, cabe todo, lo que equivale a que no significa nada. Ahora bien, si nos referimos a la gente que gasta su vida pensando, la cosa cambia. Es muy poco lo que, a corto plazo, pueden cambiar las ideas, que van cayendo por acá y por allá y no se sabe cuándo florecerán… Y a veces uno piensa que si prosperan demasiado pronto, corta será su vida (¿recuerdan a Fukuyama y su fin de la historia?... Pues eso mismo). Pero eso no significa que no haya que generar ideas, pensar críticamente (esto en un pleonasmo) y decir lo que uno piensa, es decir, poner a funcionar la propia conciencia.
No sé demasiado de economía, más allá de la estrictamente doméstica, y de ésta he aprendido que si el dinero se derrocha por un lado y se quiere seguir teniendo dinero, hay que sacarlo o bien de las reservas que uno tiene, o de un préstamo, o de los amigos. Bueno, pues esa es la extraordinaria política de un gobierno incapaz que llevamos padeciendo mucho tiempo: gastar para comprar voluntades (en paridas, buena parte, pero paridas lo suficientemente sólidas como para soportar el cartel del plan E o para engañar a alguien con la idea del reparto de la riqueza –¿alguien se cree que con seis meses de 420€ puede vivir una familia?– que ni es reparto ni es nada), porque lo único que se ve aquí, desde hace unos años, es lo de Lampedusa, sólo que en rancio: no es que todo cambie para que todo siga igual, sino para peor. Que tenemos el peor gobierno desde que yo tengo memoria no sé si admite discusión. Gasto descontrolado y subida de los impuestos… de quien cobra por nómina. Tiempo ha, di un dinero a una causa nobilísima… pero como no aparecía en el “libro secreto de las buenas causas”, que decide el Estado (quizá sea un duendecillo bondadoso quien lo escriba) no tuve posibilidad de acogerme a esa desgravación. Es mentira que con esta subida se redistribuya la riqueza, es mentira, sólo se consolida el poder que, como el espíritu del mundo hegeliano, pero en cutre, va pasando de unos a otros y siempre está presente. Hemos pasado de Hegel viendo a Napoleón y cayendo casi de bruces a el ciudadano medio viendo a nuestros políticos y bostezando de aburrimiento, desgana y algo de desprecio.
¿Algún consejo? Todos los que tienen algún tipo de convivencia familiar (o semejante) pueden incluirla en sus declaraciones y ahorrar dinerillo que, en vez de dárselo al Estado (que puede comprar tanques con él o casi peor, cadenas de televisión), puede destinarlo a la construcción de una escuela en X. Todos, salvo los religiosos. Si alguien tiene una idea, (parejas, tríos, cuartetos de hecho o cosas semejantes) nos aliviará mucho no sólo a los frailes, sino quizá a los destinatarios posibles del dinero que no nos hurtará el Estado.
jueves, 27 de agosto de 2009
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Estaba ojeando una revista que recibo de una iglesia cristiana estadounidense, que habla, en este número, sobre el matrimonio (es el tema de portada). En las páginas interiores se habla sobre la depresión y las fobias, el futuro de la economía, la necesidad de abastecerse o no de bienes de primera necesidad para el hipotético caso de una emergencia mundial… todo ello trufado de citas bíblicas. La verdad es que nunca he usado la Biblia así. Por supuesto que en la Biblia hay una llamada al estar despierto, al velar, al vigilate et orate…, pero nunca se me habría ocurrido interpretarlo como un ir corriendo al supermercado a adquirir productos para mantenerme vivo durante una semana más en caso de guerra nuclear o pandemia. Pero bueno, cada quien puede usar la Biblia como le parezca. Pero me llamó la atención que había un artículo que pretendía ayudar a los lectores a escapar del “tiovivo” del sexo. Supongo que se referiría a los adictos… y allí no había ninguna cita bíblica. Cosa extraña, porque basta con echar un vistazo al Levítico y uno encuentra legislación para lo más insospechado, pero el autor del artículo, supongo que conscientemente y con buen criterio, decidió renunciar a citar todas esas abominaciones que allá se citan (quizá para que a nadie se le pasen siquiera por la cabeza). En todo caso, la lección que yo saqué (todo lo impreso tiene algo de valioso, de eso no me cabe duda) es que el que busque en la Biblia un prontuario de moral sexual lo tiene complicado, y más aún si se limita al NT. Sí, ya sé que unos estarán descontentos porque hay alusiones en el NT a las que no hago referencia… Y otros estarán descontentos porque sostienen la Iglesia no debería hablar de sexo. Pero, ¿acaso tengo yo que contentar a todos? Por Dios, enorme peso me ponen algunos sobre mis hombros.
martes, 25 de agosto de 2009
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Ya ha emitido TVE el segundo reportaje sobre el vicariato dominicano de Perú. Se trata de un excelente reportaje sobre Koribeni, en el que Roberto Ábalos nos cuenta un poco de todo: historia, actualidad, geopolítica y quién sabe cuántas cosas más… Entre ellas una que cabe destacar y que había oído yo a otro fraile que anduvo por esas tierras: los caucheros iban abriendo caminos y los misioneros les seguían. Para muchos toda esta acción misional supone una violencia sobre las costumbres de los pueblos, una injerencia en sus prácticas, una toma de postura colonial… Otros creemos, de acuerdo con la relatora del reportaje, que detrás de los conquistadores (con morrión, chequera o kalashnikov) van los misioneros -muchas veces delante- en ayuda de personas y culturas. Supongo que aparecerá en algún reportaje ulterior, pero es clarísimo que una parte crucial de la antropología amazónica se debe a los frailes que elaboraron gramáticas, historias, diccionarios, recogieron las mitologías (y aún lo siguen haciendo). Seguro que hay muchos antropólogos que creen que las culturas deben mantenerse incontaminadas. Pero seguro que hay muchos otros que consideran que, en el sistema global del que formamos parte, hay que tratar de que todos los orgánulos que lo constituyen sean beneficiados en la mayor medida. Y esto es posible, en buena parte, gracias a la labor casi imposible de los frailes que andan por allá. No digo más, sólo recomiendo que vean mis improbables lectores el capítulo 2 de la serie de 6.
jueves, 20 de agosto de 2009
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Ayer viajaba yo en un autobús con un destino que no da más para el argumento de lo que sigue. Resulta que en el autobús iba uno de esos muchachos misioneros de los adventistas que recorren inasequibles al desaliento nuestras ciudades. No sé si hablaba español o no, porque se puso a hablar en inglés con unas señoras que venían detrás de él. Él les dijo que venía de Idaho (es lo que capté de la conversación, que se desarrollaba unas filas más adelante y sólo pillé algo por casualidad, ya que venía leyendo un libro de esos de éxito rechinante, que me tenía sorbida la atención por completo) y ellas le replicaron que venían de Holanda. Y he aquí la clave del asunto: él les preguntó: “¿dónde está Holanda?” . Aquí fue donde me surgió la reflexión: ¿cómo se puede predicar la palabra de Dios (o lo que sea) sin saber dónde está Holanda? ¿Cómo se puede argumentar, establecer la veracidad de una propuesta sin saber un mínimo de lo demás, lo que también tiene que ver, aunque de otra manera, con esa proposición? Porque para contar el kerygma, hay que saber dónde está Holanda. No, no es un problema de los gringos. No quisiera que las cosas se fueran por ese vericueto. Es un problema general de la(s) Iglesia(s), que no pueden encerrarse en sus cosas y olvidar aquello que consideran accesorio. He ahí la originalidad de Santo Domingo: ¿quieres predicar? Ok, pero primero estudias trivium, quadrivium, luego teología y luego predicas. No antes. Sin universidad (en el sentido más amplio del término), no cabe predicación o al menos, predicación significativa que no sea una repetición de frases de dudoso contenido.Y eso lo vio Domingo en el siglo XIII.
martes, 18 de agosto de 2009
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De paso por Valladolid, toca deshacer la maleta para lavar ropas, ropajes y demás aditamentos. Pero al sacar todo, aparecen en la maleta infinidad de pequeños objetos que se han ido acumulando a partir de la estancia en Fátima (rosarios, llaveros, pegatinas, marcapáginas, discos, caramelos, barritas energéticas –cómo demonios habrán llegado allá–, galletas…) y todos ellos son un pequeño sacramento, porque cada uno apunta, más allá de sí, a un rostro, a un acontecimiento, a una razón de por qué están allá (aunque sea la barrita energética, que seguro que la dejé encima de la mesa y, al recoger, hala, pa’dentro, a la maleta… vamos, eso quiero pensar). Pero todas y cada una de las otras cosas son un cierto memorial de personas.
Hay muy pocas ciudades que me gusten por sí mismas. La mayoría son el hogar de ciertas personas o el asiento de algunos eventos y por eso me encantan. Hay otras ciudades, hermosísimas, de las más bellas de España, hacia las que tengo sentimientos encontrados, y es evidente que las piedras no los provocan, sino que detrás hay personas. Porque con las ciudades sucede lo mismo que con el pecado (qué palabra más rara, ya casi ni se usa).Creemos que podemos meternos directamente con Dios (cosa bastante chulesca por parte de quien lo crea), cuando en realidad, pretender acceder directamente a ofenderle es como mear contra el viento o escupir al cielo, es decir, el pecado siempre va contra los que nos rodean, contra las personas, que son, a su vez –y por eso este giro retórico– las que constituyen las ciudades. La relación con Dios se evidencia en la relación con los otros (salvo, supongo, en casos muy especiales que no dudo que se dan, pero, por ser especiales, no constituyen la regla). Y todo esto, ¿a qué venía? Sólo a que, al final, si uno se queda en las cosas, las cosas son cosas, pero si se deja conducir, éstas le remiten a personas y las personas a lo que las fundamenta. No hace falta, en la mayoría de las ocasiones, contarlo todo, basta con dejarse mostrar.
lunes, 10 de agosto de 2009
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La primera parte del encuentro de los jóvenes del MJD en Lisboa ha terminado. La mayor parte se ha marchado y en Fátima sólo queda el “resto de Israel”, es decir, los veintipico representantes del IDYM que tienen que elegir y legislar, el definitorio, digamos. Y la casa se ha quedado como vacía, como cuando los discípulos estaban acurrucados, con más miedo que vergüenza, tras la experiencia de la cruz. Como bien es sabido de todos, en este tipo de encuentros se viven experiencias de fraternidad intensas, de compartir de todo, y eso genera que las situaciones de despedida sean tristes, pero, en efecto, el dolor de ahora es parte de la felicidad de antes, como decía C.S. Lewis en Tierras de penumbra, a quien ya cité en alguna otra ocasión. En estos contextos de sentimientos a flor de piel, porque el contexto los conmueve y no está mal que a los que vivimos sumidos en un mundo de razón pura de vez en cuando, aunque sea un poquito, se nos remuevan las tripas, en el buen sentido, como nos ha dicho Kike Sariego en alguna de sus presentaciones (expresiones que, todas ellas, no dejan de ser un gran problema para los traductores), que nos dejemos impactar por esa sensación rara que dejan las despedidas, inevitables pero a las que, en ningún caso habríamos querido renunciar si ello hubiese supuesto renunciar a las vivencias anteriores. Despedirse, en fin, es haber vivido.
No hay duda de que queda trabajo por hacer en este “definitorio”, pero la parte más sabrosa ha pasado, aunque ahora entremos en la parte más carnosa. ¿Contradicción? En absoluto. La vida es una miríada de encuentros, muchos de los cuales nos dejan grandes huellas. Y qué bueno es eso. La concepción museística del arte, que denunciaba Dewey (el arte como cosa de los museos, para los domingos, cuando vamos a buscar en esos templos la belleza que nos niega la vida cotidiana) en ocasiones puede compararse con la concepción “conventual” de lo religioso: lo cotidiano se nos hace tan duro que sólo refugiándonos en los muros encontramos la salud que se nos niega fuera. Yo no sé qué es ser dominico para estos jóvenes del MJD…, pero tampoco sé, en ocasiones, qué es ser dominico para muchos frailes. Y seguro que de todos aprendo… en ocasiones de estos jóvenes con una ilusión que me deja gratísimamente sorprendido. Y si no está aquí la mano de Dios, no sé dónde, porque, insisto, no conozco a nadie que venda tan mal su tradición como nosotros.Y aún así, hay gengte joven que se viene a pasar parte de sus vacaciones hablando de lo dominicano. Si esto no está de Dios, no lo entiendo.
miércoles, 05 de agosto de 2009
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La potencia del laicado dominicano es espectacular, y no sólo es esto, sino que es de una juventud arrebatadora. Tengo la suerte de estar en el encuentro internacional del movimiento juvenil dominicano, que tiene lugar estos días en Fátima, y no porque sea joven, que según esas teorías de generaciones y cohortes, salgo de esa clasificación disparado como flecha guillermotellesca, sino porque me llevan como traductor de aquí para allá, de modo que eso de “en comunidad no muestres tu habilidad” no es recomendable… salvo que quieras quedarte encerrado en la celda, rascándote las orejas con fruición regurgitadora. Pues bien, unos 200 jóvenes de todo el mundo se han juntado aquí, en Fátima, para compartir y reflexionar sobre qué es predicar al estilo dominicano… Y he visto que unos cuantos llevan pulseras, pins y cosas por el estilo en las que se lee: Soy dominico. Parece mentira que con lo malamente que sembramos broten semillas de este calibre. Apolo regó, el otro pasó por allá, pero se ve que la mano que está detrás no depende de ninguno de nosotros, porque si no… Un brasileño majísimo, Leonardo, que procede de una larga experiencia de otra congregación (cuyo nombre omito) me dice que los dominicos somos cristocéntricos, mientras su anterior experiencia le había mostrado que la otra congregación era “fundadorcéntrica”. No se si ello es cierto, pero si es verdad que el entusiasmo de esta gente no sé si yo lo tuve alguna vez, así que benditos sean por ello.