La amistad es el más perfecto de los sentimientos del hombre, porque es el más libre, el más puro y el más profundo
Henri Lacordaire
Blog de: Sixto Castro Rodríguez, OP

Obispos y curia en Caleruega

domingo, 27 de septiembre de 2009 | Hay 1 comentarios

Aquí andamos, en Caleruega, con toda la curia general y 17 obispos dominicos. Seguro que, desde fuera, unos pensarán que es lo más aburrido que uno puede imaginar para pasar el fin de semana. Desde luego, a mí se me ocurren alternativas, aunque tampoco sé si mejores. Conocer a toda esta gente, que viene de partes tan distintas del mundo, con oficios y encomiendas tan diversos y modos de pensar tan variopintos (demostración de que “los obispos” no identifica un universal), que reflexiona sobre su pertenencia a la Orden en esa circunstancia episcopal, y comparten sus modos de entender los pilares de la Orden es una experiencia sumamente enriquecedora. Y sobre todo cuando uno ha seguido algo de la trayectoria de alguno de los obispos que concurren en este encuentro. Junto a ellos están los curiales que, desde Roma, tienen esa visión panóptica de la Orden, de sus ascensos y descensos, sus éxitos y sus fracasos, y de todo eso se habla con naturalidad total (¿cómo si no?). Con todo este despliegue, ¿alguien puede imaginarse un fin de semana mejor? Aunque ningún fraile en sus cabales ansía estas responsabilidades y cargos (y los frailes me darán la razón), cuando a uno le toca cargar con algo de esto, venga de dónde viniere, lo mejor que se puede hacer, supongo, es llevarlo con la mayor naturalidad y alegría posible, porque de otro modo la experiencia del cargo puede convertirse en un infierno, aunque, como fr. Moisés y Terrence Malick saben, incluso ahí se manifiesta la gloria. Pero, por si acaso, los que pasen por Caleruega en estos días, dejen clara cuál es su vocación, no vaya a ser que al Espíritu Santo se le ocurra alguna locura...



El gel-persona

miércoles, 23 de septiembre de 2009 | Hay 0 comentarios

Acabo de coger un gel de baño que tiene, para mi sorpresa “una fuerte personalidad”, según reza en la etiqueta. Si el lenguaje no estuviese tan amañado –y no nos hubiésemos acostumbrado a tamaño apaño– me echaría la manos a la cabeza. ¿Cómo puede tener personalidad un gel? ¿Acaso es una persona? Adela Cortina, en su último libro, trata de trazar, en lo posible, los límites de ese concepto, que podemos extender más o menos,… pero creo que ella acordará conmigo que nunca hasta llegar a un gel. Fernando Soria, que en gloria andará, nos explicaba aquello del prósopon, la máscara de los actores griegos, el resonare… pero también cómo la nociónde persona encuentra su origen filosófico en la aplicación que Agustín hace a la Trinidad (luego vendrá Boecio, con la definición que todos aprendimos al estudiar filosofía). Y hoy ya casi no quedan personas (por no aludir a aquella hermosa sinécdoque de “almas”: hay tantas almas en una población). Sólo hay –así lo pretenden algunos– ciudadanos y ciudadanas. Donde antes se creía que “Dios ya estaba allí” (título de aquel espléndido libro publicado en colaboración años ha por unos cuantos frailes) ahora algunos nos cuentan que el Estado ya estaba allí, es decir, nuestra constitución ya no es teológica (lo cual no me preocupa demasiado, cada quien es libre de constituirse como le parezca), sino estatal (y esto sí me preocupa): el Estado nos concede graciosamente algo que no tenemos previamente. Y eso me lleva a gritar un horreur grande. Acabo de ver en la prensa cómo en Francia (puede ser en cualquier lugar, pero ahí llama mucho la atención) se echa a personas porque no son ciudadanos. Sonará a voluntarismo (pero esto es un blog, no una clase de derecho internacional), pero los derechos estaban antes de que el Estado estuviese ahí, porque los derechos son humanos, de los seres humanos (artículo 1 de la DUDH) y de la persona (artículo 2 de la DUDH), que, insisto, no debe confundirse con un gel de baño.



Profesión de Moisés (breve)

domingo, 20 de septiembre de 2009 | Hay 5 comentarios

Ayer celebramos en la iglesia de San Pablo la profesión de Moisés. Fue un día grande para la Iglesia, como decía un compañero trinitario de estudios, allá por los 90. Sin duda. Para los frailes de Valladolid esta profesión tuvo una significación especial, pues en cierto modo, la vocación de Moisés fue incubada aquí, de ahí que él mismo quisiese hacer sus primeros votos en esta casa, nueva casa, por otra parte, el convento de San Pablo y San Gregorio. Ya quisiera yo tener una foto para poner aquí, pero los fotógrafos aún no me han hecho llegar las pruebas materiales que confirman o niegan (según los ojos que miren) que nos parecemos física y dominicanamente.

Una ceremonia sobria pero elegante, unos gestos labrados por los siglos y que mantienen su vigencia, una espléndida homilía del provincial, vinculando Sabiduría y filosofía y una conmovedora y hermosa acción de gracias de Moisés (con memento para los que de esta casa se fueron y, aun así, le interpelan como vivos) fueron elementos constituyentes de un día realmente grato, grande y para el que, en cierto sentido, sobran las palabras. Un día grande para la Iglesia, en efecto, del que todos salimos renovados.



Los niños del cielo (otra vez)

jueves, 17 de septiembre de 2009 | Hay 2 comentarios

¿Es posible que en una carrera uno no quiera llegar el primero? Parece que es extraño, pero entra dentro de lo probable. Quizá el que puede ganar deja que gane otro porque pertenece a su equipo, es su amigo, lo necesita más, o simplemente porque, sabiendo que puede ganar, decide no hacerlo. Pero, ¿es posible que alguien quiera llegar el tercero? Sí, si lo que pretende conseguir sólo puede hacerlo llegando el tercero y en ningún caso el primero. Esto me ha venido a la mente porque he vuelto a ver, a saltos, una de mis películas favoritas, Los niños del cielo, una historia que es una loa a la familia, la fraternidad y la gratuidad que para sí la quisieran los que más hablan de ellos con un lenguaje abstruso y a veces asustante. Porque si las familias son una de las principales fuentes de conflictos, también son, sin duda, donde se dan las acciones más “heroicas”, me atrevería a decir. En esta película, todo gira en torno a unos zapatos compartidos, que son el símbolo de la fraternidad y la paternidad. ¿Cómo recuperar esos zapatos? ¿Cómo poner por obra la fraternidad? Llegando el tercero en una carrera, y en ningún caso el primero. Si alguien tiene tiempo, le recomiendo esta excelentísima película ( está en el youtube en 10 partes ) que me sigue poniendo la carne de gallina cada vez que la veo y, cuando dudo del género humano, me reconcilia tan profundamente con él, que pocas dudas albergo ya.

 



Poder y fe

miércoles, 16 de septiembre de 2009 | Hay 3 comentarios

Me he encontrado en el Facebook con estas declaraciones de Gianni Vattimo sobre Berlusconi y la iglesia italiana. Es un buen berenjenal, de eso no cabe duda. Pero lo que más llama la atención, porque creo que tiene bastante razón en su apreciación, es que muchos de los problemas eclesiásticos no son problemas de fe, sino problemas de poder. No cabe duda de que la institución eclesial, tanto en Italia como en el universo mundo, en cuanto institución es poderosa. Y ese poder (que lo tiene, en su medida, también el profesor, el policía o el funcionario que se niega a ponernos la póliza de turno) se puede ejercer en muchos sentidos y con muchos objetivos, algunos evangélicos y otros profundamente antievangélicos. Sí tengo claro que una dosis de poder es inseparable de cualquier institución, es decir, la génesis de una institución lleva de la mano la asunción de determinadas cotas de poder (insisto, en el sentido amplio en el que hablaba arriba). Ahora bien, cuando ese poder se convierte en un fin en sí mismo (que es su tendencia natural) es cuando se vuelve profundamente contrario al evangelio. Y creo que hay que ser astutos e inocentes para no caer en sus garras y convertir los problemas del poder en problemas de fe (que no lo son, ni de lejos).



San Pablo iluminado

domingo, 13 de septiembre de 2009 | Hay 0 comentarios

Ayer (y hoy repiten) nos prodigaron un espectáculo de luces y sonido para conmemorar el fin de la restauración de la fachada de San Pablo. Allí estuvimos unos cuantos como neófitos esenios, esperando mucho y obtenido solamente un poquillo. Y digo esto porque el espectáculo fue muy desigual. Se utilizó la fachada de San Pablo como lienzo para contar una historia que no venía a cuento, sino que era “ligeramente horrorosa”. Cuando la magnífica fachada de San Pablo se utilizó como texto, es decir, se hacía uso de los juegos de luces (magníficos, eso sí) para destacar los distintos paños de la misma, sus nervaduras, el rosetón, etc., bien fuese en la forma de imitación de nieve, simples líneas, fuego, etc. la cosa estuvo muy bien. Pero cuando la fachada se convirtió en pretexto, es decir, se usó para proyectar algo que pegaba allá lo mismo que en la puerta de las clarisas, pues nos quedamos un tanto defraudados (y digo “nos” porque sonaba por allá la cosa). Sin duda, la fachada de San Pablo es una de las más bellas del mundo (no exagero un ápice: las habrá tan buenas como ésta, pero no mejores) y si tal despliegue de medios se hubiese utilizado para que los vallisoletanos y visitantes nos hubiésemos enterado de la historia de la fachada, de la narración de lo que representa, hubiese sido un espectáculo increíble. Pero no sé por qué extraña razón, la cosa se convirtió en un remedo de disneylandia, que, como se comprenderá, pega sobre la fachada de San Pablo como decir una misa en la casa del pato Donald.



Dios contra el hombre

sábado, 12 de septiembre de 2009 | Hay 0 comentarios

Rebuscando por la red me he encontrado este interesante artículo, escrito a dos manos, en un periódico estadounidense, sobre la necesidad o no de Dios para "explicar". Lo que me gusta de él sobre todo la oportunidad que ofrece el editor de enfrentar dos opiniones. Ambas voces, como se verá, disienten totalmente (y cada uno estará más de acuerdo con una u otra según su circunstancia y su estancia) y arguyen racionalmente. Que la racionalidad nos puede llevar a una cosa y a la contraria lo constató Kant, con sus célebres paralogismos, pero ya, entre nosotros, Tomás de Aquino, cuando sostenía que por la razón se puede demostrar tanto que el mundo fue creado como que era infinito, es decir, que carecía de origen. Que era creado, decía el de Aquino, sola fide tenetur. Por supuesto que eso no significaba que la fe fuese irracional, sino que a su base tenía infinidad de razones, pero ninguna tan concluyente como para anularla, cosa que nos pasa en casi todos los ámbitos de la vida, en los que nos movemos con una actitud fiduciaria y tal cosa no nos plantea el más mínimo problema (nótese que digo casi todos: casi nunca –me gustaría decir nunca, pero no lo puedo hacer– uso enunciados generales-universales, del tipo “todos”, “siempre”, “la Iglesia dice o hace”, “los dominicos pensamos”, etc., porque no sirven… casi nunca). ¿Dios contra el hombre? Yo creo que no, y confío en ello.



Más de Perú

viernes, 11 de septiembre de 2009 | Hay 0 comentarios

Desconocía esta página en la red sobre las misiones dominicanas de Perú, pero, por si a alguien le interesa, aquí se la traigo a colación. Siento un inmenso respecto y cariño por la tarea de los misioneros, dondequiera que estén. Y quizá de modo especial por los de Perú, pues, como comenté hace tiempo, en la Virgen del Camino éramos espectadores privilegiados –quizá un tanto inconscientes– de una verdadera gesta misional, del Apaktone en adelante, con aquellas proyecciones de diapositivas y películas en súper-8. Que esa tarea sea continuada hoy, con todo tipo de acciones misioneras (pastorales, culturales, cívicas, antropológicas, etc. etc.) es realmente motivo de orgullo para toda la Orden. Sigo, por supuesto, a la espera de los programas de Pueblo de Dios que faltan por emitir sobre el Vicariato.

 



Tallas postmodernas

jueves, 10 de septiembre de 2009 | Hay 7 comentarios

Siempre me ha llamado la atención la facilidad que tienen algunas personas para calcular, por ejemplo, las tallas que uno usa. Llevo en este momento una camiseta que me dieron en Fátima y aunque cuando las repartían yo insistía en que usaba la talla M, la chica que las entregaba insistió en que mi talla era la S y, si bien yo me resistía, pensando que efectivamente, mi forma corporal (término bien escolástico y de rancio abolengo, que aprendí de Fernando Soria en sus clase de antropología y al que le estoy sacando un partido inusitado –y Fernando seguro que lo sabe–) se correspondía con la M. Pues no. Desde el primer momento me sentó la S y con la S sigo. Las tallas, como los esquemas, son algo predeterminado y que, si uno escucha lo que le dice el otro, a veces resulta que cambian, no son inamovibles y, en el peor de los casos, ni siquiera eran válidos. Ciertamente, ayer dialogaba (no discutía, es distinto) con Chema y Moisés y nos salía la espléndida reflexión de que la posmodernidad es "un eterno ¿y?" No hay punto de detención del discurso ni del razonamiento. Esta no es tu talla, ¿y? Te va a sentar mal, ¿y? Parecerás un payaso que entra a trabajar, ¿y? Si uno no se deja convencer nunca, es postmoderno en el sentido más amplio del término. Y eso no es ni bueno ni malo, sólo ¿y? Mas yo me fié, me puse la talla S y estoy encantado. El postmoderno, ciertamente, me dirá. ¿y? Y nada, le responderé.



Ciencia Tomista

martes, 08 de septiembre de 2009 | Hay 12 comentarios

Dentro de poco, para ser exactos, en 2010, la revista Ciencia Tomista cumple 100 años. Los bibliotecarios saben bien que cien años de publicación ininterrumpida es una hazaña hercúlea: ni siquiera la guerra interrumpió la publicación de la revista. No sé cuánta gente habrá intervenido en su mantenimiento, pero sin duda que me enteraré a lo largo del año entrante, ya que su director, Fr. Jesús Díaz, ha preparado una serie de números monográficos al respecto. Con motivo de tal efemérides, he echado un vistazo a algunos de los primeros artículos (parece que uno abre la puerta de una pirámide maya al pasar las páginas del volumen 1) y a fe mía que los que escribían (al menos en el par de artículos que estoy manejando) sabían bien de lo que hablaban y tenían entre sus manos bibliografía y estudios de la máxima actualidad. Sorprende el contacto internacional que los editores de la revista tenían. Se reseñaban infinidad de revistas de un número enorme de países, y todo eso con unos medios que casi no podemos imaginar en estos días de computación. Si los 100 años de una persona son motivo de júbilo (sobre todo, para ella, si tal persona llega en buen estado), los de Ciencia Tomista no han de ser menos ya que, en este caso sí, llega en muy buen estado de revista. Hasta los festejos de dentro de unos meses, pues.



Alguien lo vio

domingo, 06 de septiembre de 2009 | Hay 0 comentarios

Mi amiga Ana me ha enviado este enlace a una canción de Pedro Guerra que da que pensar. Puede ser una afirmación o puede ser una pregunta; puede ser una confesión de experiencia religiosa o puede ser un cuestionamiento de la misma. Alguien lo vio no es lo mismo que ¿alguien lo vio? Uno afirma y el otro, preguntando, duda o, si me apuras, niega. Hay muchos tipos distintos de experiencias religiosas. El caso extremo sería, quizá, el extático-místico, que a pocos les es dado y que hace surgir una certeza. Pero en el otro extremo, está la experiencia cotidiana de, por ejemplo, ver un cielo estrellado que es, sin más, una manifestación de Dios. No, no se trata de interpretarlo-como, sino que se ve como tal, al igual que alguien ve Venus y no ve primero una estrella brillante de la que después dice que es Venus. Se ve la estrella brillante-Venus en un mismo acto (siempre que se tenga el concepto de Venus, claro). En la película La delgada línea roja hay una bellísima reflexión sobre la visión de un pájaro muerto, ante la cual unos proclaman el absurdo y otros, a partir del mismo dato, la gloria. Pues bien, así, creo nos sucede a todos. No hay cosas ahí fuera esperando que las pensemos, sino cosas afirmadas o negadas. Y seguro que todos tenemos parte de razón.



Octopus

viernes, 04 de septiembre de 2009 | Hay 9 comentarios

Ayer supe de la existencia de un yate llamado Octopus. No tenía ni la menor idea de qué era aquello que estaba viendo, salvo que se trataba de un barco gigantesco, precioso, lujosísimo, con helicóptero, un algo que discutía con mi amigo Joaquín si sería una lancha (luego descubrimos que se trataba de un submarino), un prodigio, vamos. Y al mirarlo, la única reflexión que nos surgía era que tenía que pertenecer a un extraterrestre. El tipo que se muere de hambre en sabe Dios qué remoto pueblo no puede pertenecer a la misma especie que quien tiene un yate de estas características. Al lado había algo así como una patrullera del ejército, que así, a ojo, tendría unos cuarenta o cincuenta años y estaba para el desguace. Definitivamente, el dueño del Octopus tenía más poder que el Estado. Cuando bajaron cuatro miembros de la tripulación, que irían a dar un paseo, les abordamos: ¿pertenece este barco a un hombre? (qué pregunta, ¿verdad? Pues así salió: ¿pertenece a un hombre?). En efecto, a un americano… Y la segunda “pregunta”: debe ser muy caro… 500 millones de dólares, dijo el tripulante. Al llegar a casa, miré internet, y la Wikipedia lo describe como el octavo yate más grande el mundo y en algún sitio lo valoran en 200 y pico millones de dólares. A estas alturas de dinero, me daba igual 250 que 500. Definitivamente, el que está a la cola del paro estos días y el dueño del barco tienen que pertenecer a especies distintas, aunque los dos tengan brazos, dedos y pies. ¿Cómo es posible que lo hayamos repartido tan mal?