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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

22
Sep
2014

Ay, qué hipótesis tan rara

1 comentarios

Leía ayer las declaraciones que S. Hawking hacía a El Mundo sobre la no existencia de Dios y la capacidad de la mente humana (léase la mente humana científica) para comprenderlo todo y pensaba: esto habría que titularlo algo así como “profesión de fe del vicario cantabrigense”, salvando las distancias y defendiendo casi todo lo contrario de lo que el autor de la profesión de fe aludida ?Rousseau, claro? pretendía hacer. Es, simplemente, una profesión de fe. O no simplemente. Pero eso no es algo que se pueda explicar en una cátedra de física, ni seguramente algo que se deba tratar allá, porque no es su materia. En las glosas que, en la prensa (concretamente en El Mundo), hacían dos comentaristas a estas declaraciones, ambos citaban aquellas palabras de Laplace a Napoléon de que Dios no era una hipótesis que él necesitase. Obviamente. No es una hipótesis y hasta donde yo sé, grandes pensadores que en el mundo han sido (vid. Agustín, Tomás... ya sé que me limito, pero de estos estoy seguro) no lo consideran así. Muchos escépticos (no sé muy bien por qué autores cientifistas se llaman a sí mismos escépticos, cuando más bien son claramente dogmáticos) o pensadores críticos (¿acaso los creyentes no son críticos?) se empeñan, quizá para ganar por adelantado una batalla un tanto amañada, en presentar al pensamiento religioso como una defensa unánime y firme de Dios como hipótesis explicativa. Y realmente no es eso, o no lo es al modo de las hipótesis científicas, o no solo es eso, o… Por eso no necesitaba Laplace esa hipótesis. En realidad, somos mucho más que constructores de hipótesis y el conocimiento abarca mucho más que esto, por mucho que les disguste a los reduccionismos que acaban por sajar la realidad y vaciarla de todo lo que no les gusta. Y ahí seguramente Dios sí pinta algo. Pero, claro, todo depende de la idea de persona que maneje uno y esas cosas… Ah, lean los pequeños despropósitos filosóficos de un catedrático de física en ese mismo periódico citado. Luego dicen que la filosofía no sirve para nada. Por lo menos algo de epistemología deberían estudiar estos buenos hombres... En fin, era por empezar con algo el blog que tengo arrumbado no sé desde cuándo. Sin mayores pretensiones

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José María Valderas
23 de Septiembre de 2014 a las 10:57

Sixto caro, las palabras de Laplace suelen ser el asidero de quienes eliminan a Dios del horizonte de la ciencia. Los periodistas andan, por desgracia, ayunos de formación solvente en su mayoría. Y equiparan, ayer en El Mundo, el testimonio del director del planetario de Pamplona, un licenciado en física, con dedicación especial durante años a combatir la Iglesia por el método de la ridiculización, es decir, llevando las cosas al absurdo, con el testimonio del director del Centro Nacional de Astrofísica, un investigador de largo recorrido. Si reparas, como habrás reparado, en la densidad conceptual de uno (el licenciado) con la del otro (el investigador) verás que les separa una distancia cósmica. Al manejo de tópicos del primero se opone la vertebración conceptual del otro. Al texto solitario de Laplace del primero, se contrapone la puntualización de Lagrange del segundo.

Estoy de acuerdo en que la raíz del problema reside en la epistemología. También en la filosofía de la naturaleza. Anda la cosmología un tanto revuelta con el famoso principio antrópico. Resulta curioso que algunos filósofos de esta tierra nuestra lo atribuyan a prejuicios religiosos. Es una obsesión enfermiza. Uno de los mayores defensores de dicho principio, Martin Rees, ni siquiera es persona creyente declarada. Pero ellos van a piñón fijo.

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