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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

21
May
2014

Cómo se dicen las cosas

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Leía esta tarde la noticia de que se había muerto el “padre de la piel del Padrino”, es decir, el director de fotografía que trabajó con Coppola en esa película. En otro periódico se hablaba de que había muerto el director de fotografía de algunas películas de Woody Allen. Evidentemente, se trata de la misma persona, pero, como señalaban ya hace tiempo los filósofos del lenguaje, el modo de referirse a una misma realidad no es neutral. No provoca, supongo, la misma reacción en los distintos públicos, unos más amantes de ciertas películas o directores que de otros. Por eso, el modo de referirse a una realidad, aun cuando sea a un objeto que está encima de la mesa, indica cuál es nuestro modo de estar en el mundo del que ese objeto forma parte. Cunado hablamos construimos realidades, porque permitimos que unas cosas brillen y otras se enmarranen. Ahora que en España estamos en campaña electoral vemos cómo los políticos hacen cosas con palabras, como decía el filósofo aquel, y a veces llevan al paroxismo el juego sofístico del que tanto sospechaba aquel otro filósofo.
Y sí, las palabras no son neutras. Además de los dislates políticos, los periodísticos. El otro día, un artículo de El País anunciaba en su titular: “La Iglesia lanza una campaña en Castilla y León para buscar seglares que puedan dar misa”. Ya el “dar misa” y los seglares tras los que se anda para que puedan darla, o lo que sea, que tampoco parece que le vaya en ello mucho al redactor, señalan que el artículo promete. Si seguimos leyendo vemos que lo que “da” este buen hombre que da cosas es “un sucedáneo llamado celebración de la palabra”. Espléndida caracterización litúrgica que recuerda al chocolate que nos daban a veces en el colegio. Habla más adelante, para no perder el tono, del “cura propietario de la parroquia” (sic) y de que, al buen hombre que da misa, antes, en otros sitios le boicoteaban y aún hoy hay personas que “se niegan a ir a misa si él está presente”… Pero, ¿no habíamos quedado en que era un sucedáneo? ¿O es misa en la que él está presente? (Salvo que haya querido decir “presida”, pèro aún así lo de la misa/sucedáneo queda sin resolver. Qué misterio). Etc. Si desde un periódico serio ni siquiera se preocupan de revisar la corrección de lo que escriben, ¿por qué habría que pensar que, cuando critican o ponderan una religión o una acción fundamentada en creencias religiosas se van a preocupar de revisar la fuerza de los argumentos o de las motivaciones? Lo que decía, que el modo de referirse a la realidad no solo revela el interés que se tiene hacia ella, sino también la consideración que merece para quien habla. No es lo mismo cómo se habla. No es lo mismo cómo se dice, aunque lo que se diga sea lo mismo.

 

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