Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
En el catálogo que me ha llegado hoy de la editorial Melusina, se anuncia ya la obra póstuma de Emilio García Estébanez, fraile que fue de este convento de San Gregorio, y profesor y amigo, a buen seguro, de un buen número de los que esto leen. Así reza el extracto que del libro hace el editor para comercializarlo: «La mujer debe estar sujeta a su marido»; «En el plan divino desde la creación, la mujer es inferior al hombre»; «La existencia del macho es natural, la de la hembra es accidental»; «Ligera es toda maldad comparada con la maldad de la mujer». Y así sigue: Emilio García Estébanez, fraile dominico y doctor en Teología y Filosofía, propone en estas páginas una visión diferente de la Biblia. Partiendo de la Creación y el «pecado original», García Estébanez desgrana los textos bíblicos en relación a la figura de la mujer, cómo se la ve y, sobre todo, cómo se la trata, estableciendo una controvertida tesis según la cual la masiva violencia de género que la sociedad actual sufre no es un fenómeno moderno, sino un mal promovido y defendido desde las Sagradas Escrituras.
Emilio siempre fue un gran defensor de la causa de la mujer y no le dolían prendas en denunciar los abusos que hoy se cometen contra ella, sobre todo los que más duelen, por provenir del seno de la misma Iglesia. En esta obra, sumamente recomendable (a veces divertida y a veces dramática), Emilio no se ceba con lo que pudo decir San Juan Crisóstomo o con las ideas de San Jerónimo, que, ciertamente, son para echarles de comer aparte…, pero hijos de su tiempo, al fin y al cabo, y esa distancia histórica les exime, al menos en cierto modo, de parte de su responsabilidad personal. No, Emilio se rebela contra el mantenimiento por todos los medios de esas visiones en interpretaciones coetáneas de la Biblia y del Magisterio. A estas alturas del devenir de Occidente no se puede mantener que la mujer es inferior si no es por la fuerza, acudiendo a argumentos de autoridad (interpretaciones interesadas de los textos) o a lo que otros llaman argumentos “seminales o gonadales” (que se usan en todos los ámbitos, también, cómo no, en el mundo eclesiástico). Nadie sabe lo que me alegra la aparición de este libro: A Emilio ya le da igual (¿o no?), pero los que nos gusta que se cumpla aquello de bonum diffusivum sui debemos considerar que es una buena noticia y un paso más en el proceso de normalización del mundo, por Dios.Vayan reservando su ejemplar.