Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
domingo, 07 de febrero de 2010
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Una vez que el maestro Eckhart pasó a mejor vida, 28 de sus tesis fueron condenadas por Juan XXII (18 como heréticas y once no tanto, pero con unas notas de sospecha). Les sonaba a panteísta o incluso a algo más complejo, a nihilista antes de tiempo: Dios mismo se podía identificar con la nada. Y sin embargo, independientemente de las simpatías que hoy suscita, que son muchas, nunca ha dejado de tener influencia en el pensamiento filosófico y teológico. Hay diversos movimientos que acuden a este dominico del siglo XIII-XIV y le citan como criterio de autoridad. Leerle hoy es apasionante, pero no puedo siquiera imaginar que habría supuesto para un lector de su época escuchar esas palabras tan sorprendentes, chocantes hasta para los que creían haberlo visto y oído todo. La bula In agro dominico, si bien reconocía que la intención de Eckhart no era apartarse de la Iglesia, condenaba sus tesis de sabor neoplatónico, al entender que Eckhart afirmaba que todo era equivalente a Dios, una especie de Deus sive natura spinoziano con muchos siglos de adelanto. Pero si lo entendemos en clave tomista y paulina –todo está en Dios– la cosa cambia. No sé si cabe esperar una revisión de la condena de Eckhart, tampoco tiene mayor importancia, ya que las cosas de los hombres entre los hombres han de arreglarse. A mí me gusta leerle de vez en cuando. Y este enlace, por si alguien quiere profundizar en el tema.