Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
sábado, 12 de julio de 2008
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Hay 3 comentarios
Para entrar con alegría, solaz y contento en estas vacacioncillas que se avecinas, quiero compartir un anuncio que aparecía ayer en El País, publicidad de una cadena televisiva, muy bien hecha. Y lo es porque tiene como objeto de sátira a los intelectuales que son los popes de la cultura, del mundo y de la corrección en nuestro mundo cotidiano. ¿Quién dijo que no existían las fuerzas de ocupación en el mundo occidental? Claro que existen y son los listos de turno, los que expiden las licencias de lo que se debe creer, de lo que se puede hacer, de lo que se tiene que decir y de lo que cabe esperar. Y, en no pocas ocasiones, bajo un tupido velo de abstrusa teoría no hay más que un papanatas de cerebro hueco, corazón vacío y hueras creencias. ¡No me digan que no es gracioso esa treta barata de generar frases grandilocuentes que, sí, seguro que dicen algo (porque todo dice algo), pero que podría haber generado una calculadora Casio de primera generación! O el aire interesante, como el que ponen los ministros y los intelectuales apesebrados cuando escuchan la voz de su amo. Que sí, que hasta que algo o alguien no puede reírse de sí mismo es que, o bien no se toma suficientemente en serio (falta de autoestima que se combate atacando al otro) o se toma demasiado en serio (falta de autoestima que se manifiesta en hieratismo ridículo). Riámonos de todo, que las vacaciones –aunque sólo sean porque el ambiente veraniego parece sinónimo de ellas– son tiempo de ocio, no de negocio. 