Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
Una vez que Dios hubo distribuido todos los arquetipos en la creación –nos cuenta Pico de la Mirandola en su Discurso sobre la dignidad del hombre– y dado que, al final, le quedaba por dar un lugar al ser humano, decidió ponerle en el centro de la creación, y le dijo: elige. Puedes ser planta, serpiente, cerdo, águila o ángel. Puedes ser lo que quieras. Y ese cristianismo neoplatónico sigue teniendo un sabor especial para los que confiamos en las posibilidades del hombre. En esta época de locos, en la que todo el mundo sabe muy bien qué debe hacer cada quien (sobre todo los demás) y no sólo lo sabe, sino que lo impone por la fuerza coercitiva no tanto de los argumentos cuanto de las acciones inmoderadas, Pico resulta tan esclarecedor que casi asusta: puedes ser lo que quieras. Si quieres ser ángel, adelante. Si quieres ser víbora, bienvenido… pero hagas lo que hagas será responsabilidad tuya, porque no podrás descargar el peso de tu esencia sobre un arquetipo preexistente. No podrás decir: fui esclavo porque estaba predestinado a ser esclavo. No. Sólo podrás hacer y con ello hacerte a ti mismo. Suena tan existencialista, tan contemporáneo, tan del 68…, pero es de Pico -aquel que murió en San Marcos de Florencia con el hábito dominicano, después de haber tenido que salir por piernas enn una ocasión tras haber raptado a la esposa de un Médicis (nunca es tarde para ingresar en la Orden)- y, si rebuscamos un poco más atrás, de San Agustín. En fin, ¿quién, en su sano juicio, se atrevió a afirmar que la religión y la razón estaban reñidas?