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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

27
Oct
2011

Pues claro que es un misterio

2 comentarios

Hoy ha pasado lo que tenía que pasar según la predicción de Emilio G. Estébanez: si pones una clase de teología no aparece ni el tato, pero si sale el tema de Dios en cualquier otro ámbito… todo el mundo tiene algo que decir. En fin, salió, cómo no. E imbricados en estas cuestiones, un alumno se me quejaba de lo que por otra parte es verdad: en cuanto hay algo que nos desconcierta, hala, decimos: es que es un misterio. Y como punto de partida no es una respuesta muy acertada. Ah, pero como punto de llegada la cosa cambia. Uno puede partir de que la realidad es misteriosa (y la de Dios ni te cuento), meterse las manos en la sotana y decidir que no merece la pena darle vueltas a la cabeza (una postura, por otra parte, bien encomiable, al menos según el Eclesiastés) o puede darle vueltas, agarrarla (o creer que la tiene cogida por el gaznate) y comprender, al final, que se le escapó, es decir, el misterio acaba  refulgiendo..., pero después (aunque la conciencia siempre haya estado rondando por ahí). Eso le pasó al Aquinate (aquel mihi videtur ut palea que a mí me pone la carne de gallina) y a tantos otros que acaban en una fase biblioclasta. Si tal alumno me respondiese al examen de la asignatura (la que fuese) con un “es un misterio”, dejando el resto del examen en blanco, tendría que objetarle: tienes toda la razón, pero, ah, tienes un uno (por aquello de la intolerancia al cero). Pero si me dijese eso mismo después de contarme todo lo que sabe sobre la asignatura, seguramente la cosa sería bien distinta.

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JM Valderas
30 de Octubre de 2011 a las 18:00

Sixto, caro, he tenido que dejar reposar la lectura de tu texto para adivinar por dónde apuntas, más allá de la epidermis. Y me ha venido a la mente una posible interpretación: la relación entre ciencia y fe. Se atribuye falsamente a la teología una postura de retroceso a medida que avanza la ciencia, como si aquélla fuera independiente de ésta. Antes ciertas preguntas ingenuas Ayala os respondía el otro día que en astronomía y en evolución había muchas cuestiones que interesaban al teólogo. Y como quien no quiere la cosa, soltó aquello de que el alma es un concepto de fe, del que no habla la ciencia. Y la audiencia aplaudió o se quedó como cuando a la gallina le sale pato. No me parece que hubiera nadie que le repusiera el esfuerzo de Crick sobre el claustrum (que nada tiene que ver con el recinto religioso), un esfuerzo genuinamente cartesiano. O que al menos le recordara a Eccles. La ciencia le habría quitado ese privilegio a la teología de la manera más sutil, negando su existencia. Y los teólogos, o lo que fueran de san Pedro Mártir, asintieron. De un plumazo Ayala se cargó la metaciencia, incluso la psicología cognitiva, envolviéndola en el misterio. Un misterio, como dices tú, de partida. Qué otra hubiera sido la situación si alguien hubiera planteado los comp0ortamientos que trascienden la reducción fisiológica, quimiofísica a la postre, y tras analizar las aporías llegar a las puertas del misterio.

2
Moisés
3 de Noviembre de 2011 a las 01:20

Ya lo escribió Tomás de Aquino: «lo máximo y más perfecto de nuestro conocimiento en esta vida (…), unirnos a Dios como a un desconocido» (Contra Gentiles III, 49).

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