Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
miércoles, 17 de junio de 2009
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Aparece en la prensa que el investigador Stuart Kauffman afirma que hay que investigar mucho aún sobre la evolución y que, por qué no, en cierto modo, puede hablarse de Dios, aunque sea en un sentido discutible. El último astronauta que pisó la luna se declara abiertamente creyente también en la prensa de hoy. De modo que parece ser que no hay que ser tonto del todo para hablar de Dios. Ahora bien, ando metido en varios embolados relacionados con la filosofía de la religión, y uno de ellos, como todo el mundo sabe, son los famosos argumentos para la existencia de Dios, que los hay a porrillo (y también tienen sus críticos que les dan la vuelta, ojo, que aquí del acto de fe no se escapa nadie) y que pueden constituir eso que los clásicos llamaban los preambula fidei, es decir los caminos que hay que andar o que pueden conducir a la fe, no sus sustitutos. Pero fíjate, esta mañana, al despertar, me he encontrado con el argumento definitivo, incontrovertible, el que no deja el menor resquicio de duda. Y aconteció tamaño y descomunal descubrimiento cuando escuchaba en la radio que a pesar de que el gobierno ha subido los impuestos, en realidad los ha bajado. Es decir, si usted paga más cuando echa gasolina, en realidad está pagando menos cuando echa gasolina, es decir, en términos lógicos A y ~A. Y en lógica se dice que de una contradicción se puede derivar cualquier cosa, y como yo andaba buscando demostrar la existencia de Dios, derivo de la situación de A y ~A que Dios existe. Propongo llamarlo “el argumento de ZP para la existencia de Dios”.