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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

17
Ago
2014

Voz que clama en el desierto

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Una pausa en estas vacaciones blogueras que, según parece, me estoy dando. La motiva toda la tragedia del ébola, el traslado del misionero español a España, con el consiguiente debate que “incendia” las redes sociales (me parece curiosa esa expresión, que da a entender un montón de gente debatiendo de manera airada, supongo, si no no entiendo lo del incendio, y cuando se debate de esta manera los argumentos suelen salir enclenques). En todo caso, todo el complejo virus-misionero-etc. asegura que la atención se mantiene en un tema al que parece que se quiere encontrar una solución, sea por razones de justicia o por intereses de otro tipo. Junto a esto, las portadas nos ilustran con el lío de Irak, Siria y la barbarie de esos personajes cegados también por la ira (seguramente también de argumentos canijos) que arrasan a su paso con lo que encuentran, historia que, mientras mantenga un lugar en esa mente colectiva que son los medios y demás, aún alberga un hilillo de esperanza para las víctimas. Pero hay infinitas tragedias que no tienen un rostro cosmopolita. Solo se enteran de ellas los que andan por allí cerca.
En el último número del boletín de los Misioneros dominicos de Perú se nos transcribe una información aparecida en el diario La República, de Perú, en junio de este año. Dice así: “El obispo de Puerto Maldonado, Francisco González Hernández, y el sacerdote Pablo Zabala Martínez, que realiza su labor eclesiástica en comunidades de la provincia del Manu en Madre de Dios, llegaron hasta el Congreso para pedir que el gobierno cese los operativos de interdicción que están generando destrucción y muerte en esta región. "Vengo a denunciar para que esto no se dé más. Estamos ante un Estado que está cometiendo terror y acoso a una población que hoy está inerte, sin patrimonio, sin nada; temerosa y controlada por todos lugares. Creo que la interdicción tiene que acabar hoy mismo. En nombre de Dios que no siga con esto”. Algo había oído yo de esto, más que nada por la familiaridad que me une a los protagonistas de las denuncias. En esta parte del mundo se dan masacres por doquier, como en tantas otras, pero no llegan a los oídos de quien puede presionar para que se haga justicia. Y sin embargo, sigue habiendo gente (y volvemos al caso del misionero con el que comenzaba) que no va a callar. Aunque sea una voz que clama en el desierto.
 

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