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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor


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30
Oct
2007
La danza de los siete desvelos
3 comentarios

Esta tarde he tenido la suerte de estar paseando por una playa poblada no de bañistas, porque estaba cerrada al baño, debido a los fuertes vientos, pero sí de personajes del más diverso pelaje. Me fijé, durante un rato, especialmente en una chica de no mal ver, que llevaba un biquini mínimo y que se dedicaba a bailar como si nadie la estuviese viendo (o como si la estuviese viendo todo el mundo, que para el caso es lo mismo). Hay que decir, en mi descargo (o para mi desgracia), que yo estaba a bastante distancia. Me llamó la atención el papel de agujero negro o gran atractor que ejercía: nadie pasaba a su lado y quedaba indiferente, es decir, nadie pasaba sin darse cuenta, y todo el mundo hacía gestos ostensibles de que habían notado su presencia bailarina y algo más. Es más, al rato tenía un gran número de curiosos (varones) alrededor, algunos incluso podría decirse que estaban criando callo en sus posaderas de tanto tiempo que llevaban alegrando la pestaña. A ella parecía importarle poco la presencia de los mirones y seguía con sus contorsiones al ritmo de una supuesta música de MP3. Y pensaba para mí mismo: esto es la pura economía de la atención. Con bien poco esfuerzo, se consigue llegar a un grupo numerosísimo de potenciales audiencias. Con esto no quiero decir que los “agentes de pastoral” deban ponerse en bañador y hacer el chorras. Pero que deben ingeniar algo para dar a conocer el excelente producto que tenemos, de eso no tengo la menor duda. A darle a las meninges, que no puede ser tan difícil.

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26
Oct
2007
Celebraciones mutuas
2 comentarios

Ayer pasó por la casa en la que resido un jesuita procedente de la curia. Estábamos en la cena, y el superior de la casa, supongo que por deferencia a mí, le preguntó: “¿Qué piensa Kolvenbach de los dominicos?” Y el curial, quizá también por deferencia, respondió: “He loves them”, o sea, le encantan. Acto seguido empezó a hablar de Timothy Radcliffe. Y ya van unos cuantos, ¿eh? Y después de un rato dijo: lo único que lamenta es no poder enterrar al general. Risas. Existe desde tiempo inmemorial, parece ser que a raíz de la controversia De auxiliis, la tradición de que el general de los dominicos oficia el funeral del general de los jesuitas y a la inversa (quizá para asegurarse de que efectivamente ha pasado al otro lado, jaja). Pero resulta que, como nuestro general cambia cada 9 años y el suyo es vitalicio, el nuestro acaba oficiando las honras fúnebres del suyo, ya que, gracias a Dios, nuestro general acaba su cargo, habitualmente, tan campante. Yo recuerdo haber visto por televisión, en las noticias, las imágenes de Damian Byrne celebrando el funeral de Arrupe. Bueno, quiera Dios que siga siendo así, y que la celebración siga siempre en esa dirección y no cambien las tornas.

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22
Oct
2007
La conjura de los sabios
5 comentarios

Cuando los necios se conjuran… lo que sale es una cosa muy divertida, como nos mostró la espléndida y muy recomendable novela La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Pero cuando lo hacen los sabios, la cosa es deplorable. James Watson se ha lucido con sus declaraciones de que los negros son más burros que los blancos, no se sabe con qué bases científicas, pero parece que él las tiene. De este modo, de un plumazo nos cargamos toda la sociología de la miseria, las estructuras económicas que mantienen a uno preso en su situación y la filosofía política que opina que las sociedades abiertas igual no son tan abiertas como Popper pensaba. Pero lo importante es que ya no hay que pensar ni hacer acciones que vayan más allá del mero remedio: si son más burros ya queda explicado por qué van detrás en todo. A veces pienso que el progreso es una cosa excelente… siempre y cuando vaya lo suficientemente despacio para que no se queden fuera la mayoría. Me encanta la velocidad, los trenes rápidos, los coches que aceleran de cero a cien casi al instante, pero para las cosas importantes de la vida prefiero el pasito, suavecito, que dirían los de República Dominicana. Un tren tan veloz que, por efecto de la velocidad, hace que vayan cayendo todos los que van agarrados de las manillas exteriores, luego los de tercera, los de segunda, y, quién sabe, quizá al final también los de primera, deja de ser tren y se convierte en velocidad cacharriforme. Mucho nobel, pero es elemental, querido Watson.

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16
Oct
2007
La verificacion china
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En aras de la economía, hice un viaje en un autobús chino que comunica dos ciudades norteamericanas. Es sensiblemente más barato que cualquier otra cosa que uno pueda siquiera pretender. ¿Problemas? Ninguno. Sólo que aquí se habla chino (y lo demás, por gestos). Así que casi por fe tuve que aceptar que el autobús me iba a llevar a mi destino, porque podía llevarme a cualquier otro punto de la geografía americana (ya que Chinatowns hay prácticamente en cualquier parte de los EE.UU). Sólo cuando vi el puente de Benjamin Franklin supe que, gracias a Dios, había llegado a mi destino. Y respiré aliviado. Esta historieta me recuerda la tesis de John Hick de la “verifiación escatológica”. Somos viandantes que vamos por la vida creyendo una serie de cosas sin ver lo que hay al final del camino. Pero al doblar la última curva, lo que creímos durante nuestra senda se verificará o se mostrará que siempre ha sido falso. Es una manera de ver las cosas, claro que sí. Una manera de analizar con categorías filosóficas la certeza que el creyente tiene: que al final, el autobús lleno de chinos, le llevará a ver el puente de Franklin.

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8
Oct
2007
Identidades y felicitaciones
1 comentarios

Ciertamente, todos buscamos nuestra identidad, los dominicos la nuestra, los jesuitas la suya (de eso hablábamos el otro día en la mesa del comedor) y supongo que lo mismo se aplica a cualquiera perteneciente a cualquier Orden, congregación o pía unión. Como apuntaba alguien en uno de los comentarios de la entrada anterior, los que vienen detrás nos cuentan también nuestra vida. El tiempo pasa y la vida se complica, o se facilita demasiado, y al final, uno acaba reducido a un no sabe qué. Los pensadores de hoy insisten mucho en la importancia de la narración, en contarnos nuestra vida a nosotros mismos y en esperar ayuda de las narraciones que los otros hacen sobre nosotros. El célebre nosce te ipsum (conócete a ti mismo) se realiza saliendo y volviendo (esto es puro Hegel, pero ya puro Tomás de Aquino, con aquello del exitus y el reditus).Por eso los momentos de profesión, de ingreso en el noviciado, de toma de hábito y cosas semejantes son importantes, fundamentales, por su carácter de símbolo y de recordatorio de lo que fuimos y de lo que, si no lo somos, en el fondo queremos ser. Mis mayores felicitaciones a los profesos. Recordarles no sólo es un deber, sino una bendición para quienes de mayores queremos ser como ellos.

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5
Oct
2007
Jesuitas receptivos
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Estoy alojado en una casa de jesuitas en Philadelphia, lo cual es prueba de que el ecumenismo es posible. De hecho, el receptor hospitum de esta residencia, al escribir al vicario de la diócesis para el clero para informarle de mi llegada (el procedimiento habitual, parece ser) bromeaba diciendo que, de nuevo, los jesuitas estaban a la vanguardia del ecumenismo al alojar en su casa a un dominico (esta última palabra en mayúsculas, jajaja). La verdad es que me siento muy acogido, tanto que nos permitimos hacer bromas sobre nuestras antiguas polémicas (cómo no, la célebre De auxiliis). Hoy es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. De hecho, me he encontrado con varios jesuitas y todos conocen a algunos dominicos a los que también yo conozco. Quizá la figura más prominente y más valorada por todos ellos (sin excepción) es Thimothy Radcliffe. Hasta los asociados (una especie de prenovicios, por lo que pude colegir) le conocían. Una experiencia universitaria (a eso he venido aquí) también puede ser ecuménica, ¿no? Y más en un país y en un estado en el que la libertad religiosa es un dogma. De hecho, las crónicas dicen que cuando se estableció Penn, el padre de este estado, aquí estaba el único lugar del imperio británico en el que se podía celebrar una misa católica. Los europeos todavía tenemos mucho que aprender de los gringos, de eso no me cabe duda.

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30
Sep
2007
El que es grande, lo es en todo
2 comentarios

Rehaciendo una serie de notas, papeles y folios que andaban danzando por mi ordenador, para dar cumplida cuenta de una tarea que tengo encomendada, me he encontrado con esta joya que yacía olvidada, ya no en polvorientos anaqueles, sino en desorganizados documentos informáticos: “quienes investigan la raíz de la verdad y quienes enseñan deben mostrar cómo es verdadero lo que dicen; de lo contrario, si el maestro no hace más que apuntalar sus tesis con meras autoridades, el que oye confirmará que es así, pero no adquirirá ninguna ciencia ni comprensión nueva, quedará vacío como antes”.Vacío como antes. ¿Quién se habrá atrevido a afirmar tal desatino? ¿Cómo es que no se adquiere comprensión ni ciencia nueva sólo por recurso al argumento de autoridad? ¿Cómo es que hace falta explicar las cosas, pensarlas, repensarlas, debatirlas, dialogarlas, ponerlas en duda, en entredicho, en crisis? Nadie soporta hoy el “porque yo lo digo”. Eso no prueba nada, no sirve de nada, no convence a nadie. Sólo si el que lo dice es alguien en quien se confía nos hace participar de lo que dice. Pero alguien en quien se confía no logra nuestra confianza “porque él lo diga”. Esto… ¿quién habrá sido el desmelenado ese que pide “pruebas”, pensamiento, no vacua autoridad para autorizar lo dicho? Pues Tomás de Aquino, hombre (Quodl. IV, a.18, para más señas). ¡Qué suerte tenemos con él!

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29
Sep
2007
El chico
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Hay una escena en una de las mejores películas de Chaplin (“El chico” –nadie que no la haya visto tiene excusa a partir de este momento–) en la que Charlot trabaja de cristalero y el chico, su compañero de fatigas, va rompiendo los cristales de las casas. Cuando sale la señora de su cocina a ver qué ha pasado, se echa las manos a las mejillas y se mesa los cabellos, Charlot pasa por allí con sus bártulos y la madame, aliviada, le encarga la reparación del cristal. Todos contentos: chico, cristalero y señora. Más allá de su ternura y simpatía, esa película (que vuelvo a insistir en su pertinencia), delinea el programa de nuestro mundo hodierno. Alguien crea un problema que no existía (tiene la intención de crearlo) y casualmente, hay un alguien por allá que se ofrece a solventar el problema. Curiosamente ambos, el problematizador y el desproblematizador, son de la misma ralea, es decir, de la clase política. Esa, y no otra cosa, es la que está sucediendo desde tiempo inmemorial, desde que mis neuronas aún estaban en formación: un tipo crea un problema (yo soy más guapo que tú, tengo un Rh más sabroso que el del mono Rhesus hacia el que me encamino, y por eso quiero más dinero, más autonomía, más mujeres, más, más…) y otro aparece para apagar el fuego (yo te daré, pero calla, no digas nada, que los dos saldremos ganando, porque donde no había problemas ni necesidades, ahora los hay y dependen de nosotros). Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como. Y encima, son los más inútiles, burros e incultos. ¿Cómo han podido sobrevivir tanto tiempo? ¿Cómo es posible que a estas alturas de la evolución sobrevivan esos especímenes? No me lo explico, pero garantizo que de aquí a un año, aquí en España, vamos a estar hablando de quién la tiene más grande, y si no al tiempo.

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26
Sep
2007
Iguales, y un cuerno
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Diarios de hoy. Páginas de deportes (algunos han tenido el buen criterio de colocar esta parida en las páginas de sociedad o de borricadas, que dicen en mi pueblo). Al presidente de un club de fútbol le retienen en el aeropuerto de Nueva York porque parece ser que su apellido, cualquiera, es sospechoso. Hasta aquí, nada extraño. Nos puede pasar a cualquiera (independientemente del juicio que eso merezca, que es otro cantar). Pero le pasa a un VIP, y entonces es noticia. Y de deportes (no puedo ni imaginar cuán interesantes han de ser las páginas centrales de los periódicos deportivos, que seguro que no tienen nada que envidiar a la prensa rosa). Y tal VIP, o su mujer, que las versiones varían según qué periódico se lea, llamó al ministro del interior español, amigo suyo. Ya quisiera yo poder hacer eso, en el caso de que me pasase. Pero no confundiría los cargos y las amistades, me imagino. Seguramente llamaría a mi provincial, que no creo que pudiese hacer mucho más que darme ánimos y aconsejarme buenas lecturas para el tiempo que pasase allí retenido. Y se supone que vivimos en una sociedad en la que todos somos iguales ante el ejecutivo. Es mentira. Es lo que los economistas y politólogos, si no me equivoco, llaman el “efecto Mateo”: al que tiene se le dará, y al que no… Me da que la máxima evangélica tiene una interpretación que no es estrictamente ésta, pero bueno. Seguro que, si a mí me retuviesen varias horas, al final alguien de la embajada intervendría a ver qué pasa. Pero es que ése es el procedimiento habitual. Dentro de poco me toca aterrizar por los EE.UU. Dado que mi apellido es Castro, a lo mejor me confunden con un pariente de Fidel (aunque yo no suela llevar chándal). ¿Me atenderá el ministro si le llamo, o tengo que tener muchos activos financieros?

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24
Sep
2007
Gregoriano ecuménico
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Hace un par de días, en la iglesia de San Pablo de Valladolid, hubo un espléndido concierto de música en el que, dada la estructura de la obra, se mezclaba polifonía renacentista con gregoriano. El resultado fue excelente. El coro gregoriano, la Schola Antiqua, dirigida por alguien a quien tengo la suerte de tener por amigo, Juan Carlos Asensio, interpretó un gregoriano precioso, dulce, sutil. Y a algunos nos atacaba una cierta nostalgia, el dolor por la pérdida. Ciertamente es difícil hoy, en España, recuperar el canto gregoriano en nuestra liturgia, porque somos pocos, viejos, tenemos muchas tareas, no podemos dedicar tiempo al ensayo, etc. Mas, de vez en cuando, lo hacemos: capítulos, ocasiones especiales en la que nos juntamos muchos… Y entonces resuena algo que, en otras partes del mundo, hacen de manera cotidiana. Ahora bien, lo que me llama la atención es cómo valora la gente esas manifestaciones litúrgicas. La Schola Antiqua, cantando las letanías, procesionó por la iglesia, y el silencio era total, reverencial, y –¿por qué no?– litúrgico, seguramente orante, para algunos. Una conocida, después del concierto, me decía: hemos escuchado misa y rosario. Seguramente tiene bastante razón, ¿no? Los grupos musicales que rescatan una tradición a la que nosotros no podemos echarle mano me recuerdan el pasaje de Mc 9, 38: cuando Juan le dice a Jesús que uno anda expulsando demonios en su nombre, y, al ver que le pisaban el terreno, quiso impedírselo, Jesús le responde: el que no está contra nosotros está por nosotros. Ésta, creo, es la raíz de todo ecumenismo.

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