Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener información y realizar análisis estadísticos sobre el uso de nuestro sitio web. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información en la página sobre las cookies.

Entendido

Logo dominicosdominicos

Blog Bitácora Véritas

Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor


Filtrando por: 2018 quitar filtro

11
Abr
2018
San Juan ya sabía que Facebook no vale para esto
4 comentarios

san juan

San Juan termina sus epístolas segunda y tercera de un modo muy bello. En la tercera dice: “Tengo mucho que escribirte, pero no quiero hacerlo con tinta y pluma. Espero verte pronto y hablaremos de viva voz”. En la segunda añade  a esto:“para que nuestro gozo sea completo”. No sé qué pensaría el apóstol de nuestra época de muchas voces pero poca “viva voz”. Siempre me he preguntado (y esto casi constituye una contradicción performativa) si estos nuevos medios de comunicación de masas, redes sociales y demás, son adecuados para lo que tenemos entre manos. Y lo digo precisamente en estos medios que considero inadecuados (de ahí la contradicción en la que uno vive, por gracia de Dios). Los mensajes que lanzamos utilizando estos canales no son de viva voz. Esa distancia que permite la pantalla hace que los vídeos de animales danzando, de gente cantado letras insoportables o de accidentes domésticos tengan millones de visitas y los de nuestra temática (sea la que sea), en el mejor de los casos, alcanzan unos cuantos miles. Sin la “viva voz” el gozo no va a ser completo. Por eso –los sabios sabrán-, sospecho que el uso sensato de estas plataformas no consiste simplemente en colgar cosas, subir informes, informaciones o testimonios para que quien quiera eche mano de ellos en ese inmenso bazar que es la red. Sin la “viva voz” estamos jugando en un terreno hostil, pensado para vender zapatos, ideologías, discursos y entretenimiento más o menos valioso, pero no sé si para la prédica. San Juan ya sabía.

Ir al artículo

31
Mar
2018
Transfiguración y a ver qué pasa
3 comentarios

sopra minerva

Aprovechando que el Viernes Santo no hay Eucaristía, algunos reporteros han decidido sacar artículos sobre el asunto (trato de ser irónico). En Semana Santa no fallan las noticias religiosas, casi siempre con un cierto sesgo conspiratorio, que es lo que en nuestra época vende. Pero la BBC no cae en esas trampas, aunque sí, por lo visto, le ha dado por encargar los artículos a uno que pasa por allá o, al menos, si no pasaba y ya estaba en el sitio, que no se tomó muchas molestias en pasar a limpio el trabajo. Tampoco me extraña, dicho sea de paso. En las últimas épocas me ha tocado lidiar con diversos textos de una prestigiosísima editorial británica. En todos los casos he recopilado varios folios de erratas y errores que he hecho llegar a los autores, felizmente vivos, por si acaso algún día reimprimen los textos. Esto me da que pensar. Parece que en todos los ámbitos hemos bajado la guardia, de tal modo que aquel “todo vale” se ha vuelto norma general. A la BBC le ha pasado lo mismo. La Armada Invencible del rigor informativo, en un artículo inocente sobre la producción de hostias, nos cuela la perla de que “lo importante es la transfiguración que hace el sacerdote en el momento de la elevación”. No sé si es cita literal de algún entrevistado o un malentendido del redactor, del traductor o de alguien a quien legítimamente pueda echársele la culpa (que es la clave para que la responsabilidad se desvanezca como por ensalmo), pero entre la transustanciación y la transfiguración media una montaña, al menos. No es de extrañar que algunos escritores confundan la Resurrección con un despertar de una noche toledana al percibir el sereno primaveral. Feliz Pascua a todos aquellos que no se dejan confundir.

Ir al artículo

4
Mar
2018
La fe en la tierra plana
4 comentarios

plana

Quizá es que uno siempre escribe de lo mismo, cuenta lo mismo y da vueltas en torno a lo mismo. Por eso se le aparecen las cosas. Ayer leía un libro muy interesante de Juan Arnau, filósofo y astrónomo (La fuga de Dios) que, en un momento determinado, deja caer esta perla: “Desconfíen de todos aquellos que apelan a lo racional, porque están tratando de imponer su propio vocabulario. Desconfiemos también de los que apelan a los ‘hechos’, porque están defendiendo su laboratorio particular” (p. 174).

En los últimos tiempos, leyendo suplementos culturales, me he encontrado con varios sabios que tienen por irracional todo lo que tenga que ver con lo religioso. No hay razón en ese discurso. La única manera de entender caritativamente esta falsedad (todo discurso es racional, todo logos es logos, nada más cierto que una tautología, que en el fondo no dice nada... ¿O sí?) es que cada quien trata de acaparar para sí el poder de determinar qué es la “razón razón”, la “razón pata negra” de la cual todas la demás formas no son más que derivados o pretendientes que no alcanzan a ser tal. Que uno no pueda probar una proposición por determinados medios no significa que esa proposición sea irracional. Que no pueda probarla en absoluto, tampoco. 

Los detractores de toda racionalidad que no sean la suya suelen citar, en presencia de lo religioso, aquello de “credo quia absurdum”. Unos cuantos pensadores, entre los que destaca Kierkegaard, han hecho una buena lectura de esto. No obstante, lo que funciona en el debate twitter de hoy es: “absurdum quia creditum”: es absurdo porque es creído… Como si hiciésemos otra cosa que poner nuestra fe en instituciones y teorías que nunca vamos a comprobar “racionalmente”, por falta de tiempo, de capacidad o de ganas. 

Termino: ayer leía que un tipo inglés regala 10.000 € a quien le demuestre que la Tierra no es plana. Lo ponían a parir en los comentarios del periódico… Pero por lo visto a nadie le importaban los 10.000 €, porque nadie le daba ni una sola prueba, solo argumentos ad hominem...Falta de tiempo, de capacidad o de ganas...

Ir al artículo

3
Mar
2018
Yo huyo como Aristipo
1 comentarios

lenin

He tenido la ocasión de ver una película bien interesante. “La muerte de Stalin”, se llama. Aún no había exhalado su último aliento aquel georgiano, y ya sus hombres de (des-)confianza estaban tratando de repartirse el botín del poder. Todo bien unipersonal. Solo puede quedar uno y todo el mundo tiene que saber quién es ese uno, así que para que no haya dudas, los demás tienen que ir cayendo. Todo ello, claro, bajo la mirada omnipresente de Lenin, hasta en la sopa. Cada día abren nuestros telediarios con el rostro y la última ocurrencia de un expolítico español y a mí me viene a la mente ese culto a la personalidad, tan soviético y tan destructivo, que no es sino la otra cara del poder despótico. Lenin es, en la iconografía soviética, la causa eficiente y final de cualquier logro, sea la mejora de las cosechas o el envío de un hombre al espacio. Es él, que encarna el espíritu del pueblo y sin él nada se hace… Como por aquí.

Todo esto bulle en mi cabeza, porque el peluquero que me corta el pelo me tiene frito con el papelón que la Iglesia (especialmente la local, la de allá, sí) ha hecho en todo este proceso insufrible. Y a mí no me queda otra que bajar la cabeza no solo para que apunte bien con sus tijeras y no me arranque una oreja, sino también porque reconozco que tiene toda la razón del mundo. Si algún lector despistado cree que estoy hablando crípticamente y no capta las referencias, bienaventurado es. Porque llevamos un año hablando de un Lenin de pacotilla y parece que no hay donde esconderse. Solo cuando el interés decaiga dejarán de freírnos con las “agudezas” de este personaje y su corte.

Cuenta Diógenes Laercio en sus Vidas, que Aristipo, al ser insultado en cierta ocasión, comenzó a alejarse, y el otro lo persiguió diciendo: “¿Por qué huyes?”, y él dijo: “Porque tú tienes libertad para hablar mal, y yo tengo la de no oírte”. Yo la estoy ejerciendo.

 

Ir al artículo



Suscripción

Suscribirse por RSS

últimos artículos

Archivo