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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
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28
Mar
2020
Ojo con los filósofos visionarios
2 comentarios

marciano

Si me permiten un consejo filosófico para estos días, no les hagan el menor caso a los filósofos que han aprovechado la ocasión para vendernos su futuro: los filósofos son tan buenos predictores de lo que va a pasar como los brujos que salen por la tele y se parecen bastante a un marciano toreando un toro en un restaurante mexicano. Cada uno de ellos cuenta su rollo de siempre, solo que ahora teñido de visión del futuro autorizada: que si un comunismo autoritario, que si relaciones humanas marcadas por un victorianismo puritano, que si… Ni caso. Lo sensato del filósofo es que piense lo que pasa o lo que ha pasado. Su tarea no es predecir el futuro y, menos aún, diseñarlo. Tampoco me parece muy sensata su conversión en terapeutas que tratan de sacar cosas buenas de esta pandemia. Obviamente, de las situaciones adversas se pueden sacar infinitos bienes, pero eso no las justifica. Hace años leí a alguien que se quejaba de los que trataban de justificar el mal poniendo el ejemplo del samaritano que, al encontrarse al hombre tirado en medio de la calle, en vez de recogerlo y ayudarle sin más, podría haber pensado pensado: “Oh, qué magnifica ocasión ha puesto Dios en mi camino para ejercer mi compasión, una virtud que de otro modo no hubiese tenido objeto”. En eso soy tomista: el mal es algo que no tiene cabida en la creación. Por eso es un misterio y hay que combatirlo con todos los medios, sacar todo el bien posible de él, seguramente, pero nunca justificarlo.

Lo que a todos, seguramente, nos ha sorprendido gratamente es la respuesta del magnífico tejido social que nos constituye. Frente a la incompetencia y fatuidad de buena parte de los políticos, los trabajadores de sanidad, seguridad, alimentación, carreteras, etc., que siempre han estado ahí, se han hecho visibles de un modo conspicuo, como cuando una afección deja a la vista las venas del cuerpo, que son las que llevan la savia imprescindible y vital. Y de una manera extremadamente generosa, ahí están, al pie del cañón, contra viento y marea. Entre ellos se cuentan también los que se han encargado de hacer esta situación mucho más llevadera creando todo tipo de memes divertidísimos e ingeniosísimos, curiosamente sin atender a si eran políticamente correctos o no. Sobre esto y sobre la vanidad postmoderna en la que hemos vivido, espero que se me ocurra alguna cosa para otra entrada.

Esta es la única seguridad que sale de esta crisis:  no si seremos comunistas o capitalistas, promiscuos o victorianos, sino que hemos sido atendidos y cuidados por un cuerpo de servidores “chapeau”.

 

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25
Feb
2020
La ceniza de warhol
4 comentarios

warhol

Me contó hace años un fraile del convento de St. Vicent de Nueva York que Andy Warhol era parroquiano de esa iglesia. Iba los domingos a misa. Se quedaba de pie, detrás de una columna, y no asistía a una misa completa, sino a la segunda mitad de una y a la primera mitad de la siguiente. Sea esto cierto o no (no vaya a ser que los biógrafos añadan esta anécdota como un dato irrefutable y se vean obligados a tirar los libros que han escrito), me llama la atención, más que la cosa “postmoderna” de trocear la misa y recoger los trozos en el orden que mejor le vengan a uno, el hecho de quedarse detrás de la columna, que me recuerda mucho al publicano, que se confesaba pecador frente al fariseo chuleta. El publicano es una figura que casi ya no existe, al menos en el mundo que más cacarea en los medios que nos asaetean todos lo días. La culpa ha desaparecido, al menos en los titulares. De un tiempo a esta parte, parece que la culpa ha sido desterrada, como una enfermedad contagiosa que hay que evitar. Supongo que entre el exceso de una culpa mórbida y la negativa a reconocer que al menos algunas veces uno hace algunas cosas mal ha de haber un término medio que nos haga tomar conciencia de que andar por el mundo es, en muchas ocasiones, provocar entuertos que hay que desfacer. La culpa es la conciencia de ese tuerto. Si desaparece esa conciencia, queda el publicano chuleta que todo lo hace bien al que Dios (caso de que lo tenga en cuenta), la sociedad, la historia o el universo no tienen más remedio que rendirle pleitesía.
Me pregunto si Andy Warhol asistiría a la imposición de la ceniza del miércoles del mismo nombre. Probablemente saliese de su ocultamiento y, al menos en una de las dos partes de su celebración, escucharía aquello de “Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris” que nos habla tanto de nuestra condición como de la importancia de lo que se hace entre el pulvis y el pulverem. Buen comienzo de cuaresma.

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