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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor


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19
Feb
2019
De rancios y medievales
1 comentarios

Otra vez están nuestros políticos justificando sus actuaciones pegando palos al espantajo del medievo. La ministra de sanidad decía hace días que revisar la ley del aborto era volver al medievo (no sé si sabrá algo del tema en la época), y hoy mismo la letrada alcaldesa de la Ciudad Condal dice que el besamanos del rey es “algo rancio, casi medieval”. Se ve que no se atreve a decir “medieval” porque le parece excesivo, pero “rancio” está bien. Los que tenemos nuestros orígenes en el medievo, exactamente a la par que las universidades, tampoco queremos ser rancios, así que nos quedamos en medievales. Fue un medieval el que pensó una cuestión de suma actualidad, a saber, la licitud de ciertos regímenes de los que hoy pueblan el universo mundo, aparentemente salidos de un proceso democrático, cuya gracia de origen impide que se desvíen por sendas tortuosas. No, no. Claro que sí. Tomás de Aquino sostenía que puede haber regímenes injustos, tanto por el origen (tyrannus ab origine) como por el desempeño (tyrannus a regimine), de modo que, aunque hubieran surgido justamente, se convirtieron en injustos por su actuación y, sin más, en ilegítimos. Da que pensar que un tipo que no era nada rancio, pero sí bastante medieval, se diese cuenta de algo tan obvio que parece que hoy muchos casi rancios, y nada medievales, son incapaces de ver. Toménselo a broma (lo que escribo y las ranciedumbres de los políticos iletrados). Pero lean a Tomás de Aquino.

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2
Feb
2019
Dios, dios, el dios, un dios
2 comentarios

xto

No sé por qué a muchos columnistas, que no quieren borrar la palabra Dios de su vocabulario –supongo que por costumbre léxica– les ha dado por escribirla con minúscula. Es posible que la razón sea que no creen que Dios sea real, exista o como queramos llamarlo, pero esa razón no vale, porque Zeus, la Naturaleza, Osiris o el Universo tienen, en el mejor de los casos una forma de existencia o de realidad equivalente, y aún así, a las deidades se les respeta su mayúscula legítima, y estas otras entidades naturales totalizadoras tienden a objetivarse y, ahora sí, a divinizarse (aunque quien lo hace no admita que hace eso). Quizá haya otra razón que se me escapa, pero en cualquier caso, el discurso es incorrecto gramaticalmente. No se puede decir: dios no lo quiera, sino “el/un dios no lo quiera”. Gramaticalmente aquello sería equivalente a decir “creo que árbol crece” en vez del correcto “un/el árbol”. En el fondo, late esa idea que popularizó Nietzsche, pero que es bastante anterior a él, de que no nos libraremos de Dios mientras no nos libremos de la gramática. Dios está tan metido en nuestro lenguaje que persistirá mientras sigamos hablando o pensando y no cambiemos las estructuras básicas que determinan nuestra vida mental. Esos pequeños “pellizcos” al nombre de Dios son parte de la nueva forma de vida en la que nos movemos y existimos: etsi Deus nos daretur, que decía el filósofo, como si Dios no existiese. El “etsi” sin embargo, no dice nada de la realidad de la cosa, sino de como afrontamos el asunto. Yo sigo con la mayúscula. Por gramática y por realidad.

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25
Ene
2019
Ventana o pasillo
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Acabo de leer un bonito y flojo textosobre la personalidad de los que eligen ventana o pasillo en los aviones. Supongo que habrá sesudos estudios que lo avalen, pero no tiene en cuenta un factor absolutamente clave: el baño. Hay gente que prefiere pasillo porque va mucho al baño y hay gente que se pasan 12 horas sin necesitarlo. La ventanilla, por la noche, es completamente inútil y a quien hace el mismo vuelo todos los días es probable que el paisaje le resulte ya anodino. ¿Por qué es importante esto? Porque las caracterizaciones generales siempre dejan fuera las motivaciones personales. Los de izquierdas, esto; los de derechas aquello. Los creyentes, así; los ateos, asá. Y cuando preguntas, la cosa suele ser más complicada, porque las personas somos más complicadas. Pero la norma que parece impuesta en nuestras sociedades complejas es facilitar la clasificación: si yo soy de una orientación política, me tengo que tragar todo el paquete que socialmente viene impuesto: pro- o anti- aborto, eutanasia, inmigración, becas, subsidios, ejércitos, repúblicas y bananas. Y salvo que uno sea un espécimen diseñado por ordenador, nunca se come el paquete entero. Aunque esto, en realidad no le interesa a nadie, solo me tengo a mí como ejemplo. Cuando tengo que ir en avión, si es de día y el vuelo es corto, me encanta la ventanilla, porque me gusta ver las ciudades y los paisajes desde lo alto.; si es de noche, me da igual. En ningún caso pretendo tomar fotos que luego vaya a compartir en mis redes sociales. Hace mucho que no lo hago. Si el vuelo es largo, prefiero pasillo, dónde va a parar. No solo te permite estirar algo más los pies, sino que te da la libertad de levantarte cuando quieras, no para socializar, ni por ser extrovertido ni porque me guste contemplar al personal. Pero según este estudio psicológico que alguien ha hecho con tanta profundidad, habrá de ser por eso. En fin, que las grandes propuestas no le preguntan a nadie de carne y hueso. Simplemente le dicen cómo es o, peor aún, cómo ha de ser. También en política y demás.

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23
Ene
2019
Artistas de la bobada
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Hace unos días retiraron de una exposición de “arte” una pieza que representaba crucificado al payaso que es símbolo de una cadena americana de hamburgueserías. Pongo “arte” entre comillas porque, obviamente, la obra está en un museo de arte. Y ahí, aparentemente, se acaba la discusión. Si está en el museo es arte, como si está en el concesionario es un coche... El arte puede ser transgresor (no tiene por qué serlo, por mucho que se empeñen los que así piensan), puede ser apuntalador del statu quo (y de eso estamos llenos), puede ser lo que quiera o lo que le hagan ser… Y puede ser malo. Nuestro concepto de arte es todavía evaluativo: pensamos que arte es sinónimo de buen arte, pero no tiene tampoco por qué serlo. Deberíamos usarlo en un sentido clasificatorio: llamamos arte a algunas cosas que pueden ser buenas o malas, como hay buena ciencia y mala ciencia, buena cocina y mala cocina o buenos tenedores y malos tenedores. Al ver esa escultura fácil, previsible, que busca criticar no sé qué y que da pie a inflamados discursos teóricos, me quedo como estaba. Tampoco me interesan demasiado las hermenéuticas a las que una obra kitsch y simplona puede dar lugar, que, en el fondo, se agota en una sola lectura bien ramplona. Y transgredir… En fin. Caravaggio sí que transgredió, y ahí sigue. Esta patata durará lo que la Tomasa en los títeres, como dicen los sabios populares. Y si no al tiempo.

Y ya que estamos, aprovecho para felicitar a mi primo, que se llevó el rosco de Pasapalabra. Eso si fue una obra de arte en su conjunto. Pero sobre eso, otro día.

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