En la Orden cada comunidad está llamada a ser "casa de predicación" porque se vive lo que se predica
Cap. Bogotá n. 167

Bitácora Véritas

Blog de: Sixto Castro Rodríguez, OP / Sobre el autor

Un fenómeno saturado (a veces saturante)

miércoles, 30 de noviembre de 2016 | Hay 1 comentarios

Un concepto tan aparentemente abstruso, como el del “fenómeno saturado”, elaborado por Jean Luc Marion, viene al pelo para no hacer mucho caso a la proliferación de interpretaciones que los analistas, gurús y otros sabios dan de lo imposible: la victoria de Donald Trump. Los más altos expertos estuvieron más perdidos que un pulpo en un garaje, pero al día siguiente, sin despeinarse, como el mismo Trump, nos daban a toda prisa las razones de por qué ganó este hombre. Esto vale lo que vale. Marion nos dice que la experiencia de un suceso histórico está saturada en el exceso de su complejidad, de modo que desafía una explicación histórica fácil de lo que sucedió. Siempre debe describirse de nuevo y reinterpretarse. Vamos a tener razones de por qué ganó Trump hasta el día que las ranas críen pelo. Lo mismo sucede con la valoración del papel de Fidel Castro y cosas semejantes. Conviene desconfiar de los resúmenes-twitter que, "saturación saturación", solo la que producen por su omnipresencia respecto a todo lo opinable, y a lo de más allá.



Pro(c)tología

sábado, 29 de octubre de 2016 | Hay 1 comentarios

Acabo de escribir un término sobre el que pienso a ratos, “protología”, y Word, que es muy diligente, me ha corregido: usted querrá decir “proctología”. Y no, claro que no quería. Pero eso me ha hecho pensar que el mundo que está metido dentro de los algoritmos que nos permiten escribir de estas cosas en un portátil está poblado de ciertas cosas que pululan a sus anchas, mientras que una buena parte de lo real está ausente. Quizá quepa en otro momento, si educamos a nuestro procesador de textos, pero de serie no viene incorporado. Este mundo de lo virtual ha conseguido lo que Comte no pudo hacer: imponer su calendario civil a todos los usuarios de Google. Cada vez que lo abrimos recibimos con alborozo la noticia de que tal día como hoy hace 300 años se inventó el dobladillo del pantalón. Lo que antes eran las efemérides de una sección de la prensa, se ha vuelto el motivo fundamental de la página de internet más consultada del mundo, un calendario en el que ya no cabe Santa Lucía. Y san Robustiano ya ni te cuento. Un recuerdo de que la proctología tiene un espacio que a la protología le cuesta encontrar.



Hola, Salman Rushdie... hola don José

miércoles, 26 de octubre de 2016 | Hay 0 comentarios

Ayer me encontré con Salman Rushdie. Estaba yo parado en un semáforo esperando para cruzar y miré a mi derecha a ver si venía algún coche. Allí estaba, Salman Rushdie con una gorra de béisbol, no muy allá, y una bolsa de la compra. ¿Salman Rushdie vagabundeando por la calle? ¿Sin escolta? ¿Sin compañía? Naaaa, qué va a ser él. Miré al frente, pero no pude reprimirme y volví a echar la vista a la derecha. Salman Rushdie me miró, prueba, pensé yo, de que se había dado cuenta de que lo había reconocido. Ahí acabó nuestra relación, de cinco segundos. Crucé y el se fue en otra dirección. Tal como cuento la historia, está claro que era Salman Rushdie. Si la hubiese contado de otra manera, lo claro sería que había visto por la calle a un tipo que me recordó a Salman Rushdie. ¿Lo era o no lo era? ¿Importa? ¿Puedo tener la certeza de que le vi o de que vi a un a un sosias? Sin duda. Si alguien me echase una mano para averiguar si está en este momento en esta ciudad, si salió a pasear solo ese día, si fue precisamente por esas calles, y si me miró al saberse reconocido o porque quería cruzar. Todos son hechos comprobables empíricamente, con mayor o menor dificultad, trabajo y tiempo. Hacen falta contactos y llegar en último término a Salman Rushdie y, si se acuerda, que nos diga. No hay duda de que podría llegar a una respuesta segura y firme, a una certeza… que no me importa en absoluto. No toda certeza es necesaria. Toda verdad, sin embargo, sí lo es.



Internet nos lo dio...

domingo, 23 de octubre de 2016 | Hay 1 comentarios

Sigo con bastante interés el desarrollo de los prolegómenos de las elecciones de Estados Unidos. He visto los debates, leo algo de lo que dice la prensa y pregunto a la gente qué piensa del asunto. De momento, lo que está claro es que la verdad no parece haber aparecido por la escena todavía. En todo momento  de este recorrido, los candidatos y partidarios tienen claro que se trata de ganar una discusión y, si uno quiere ganar un debate, la palabra clave es "ganar. Lo demás es prescindible. Pero eso es tan viejo como el sol, así que no creo que sorprenda a nadie.
De entre las cosas interesantísimas de todo este asunto, una de ellas, si no la más, es el caso de Kenneth Bone, un señor completamente desconocido para todo el mundo hasta entonces, pero que internet elevó a la categoría de héroe americano simplemente porque sí y por llevar un jersey rojo. Un señor normal, buena gente, que la voracidad de la red consagró y a los dos días destruyó. No sé si las razones son importantes (ciertos comentarios en las redes sociales, el afán de hacer algo de negocio con su recién adquirida fama, cvisto casi como una nueva forma de simonía…), porque estaba claro que era un producto envasado al vacío para ser vendido rápido y desechado más rápido aún. En nuestro ámbito siempre tenemos la preocupación de no llegar mediante las redes a tanta gente como pensamos que deberíamos llegar. Quizá es que tampoco seamos de ese mundo que se mide por números y clics...
 



El asombro del que no se sale

lunes, 17 de octubre de 2016 | Hay 0 comentarios

En una de esas lecturas que a uno le vienen a las manos, me encuentro con el texto de un filósofo que habla del asombro como una de las reacciones humanas básicas, que vinculan la respuesta estética con la experiencia religiosa y que, incluso da origen a la investigación científica. Entre sus citas para justificar el asunto aparece Adam Smith, Descartes y, oh, sorpresa, Richard Dawkins, que “ha señalado el asombro como el manantial del que nace la investigación científica”. Pero eso lo dijo hace dos mil años Aristóteles, casi en esos mismos términos. No es que eso sea un problema en cuanto tal, pero sí lo es que haya una cierta tradición filosófica que no reconozca sus orígenes más allá del siglo XVII (y cuanto más cerca de uno mejor, bien pegaditos a las carnes) lo que, en cierto modo, implica que el pensamiento propiamente tal no empezó antes o, en todo caso, que esas cavilaciones no pueden considerarse más que un prenotando para el pensamiento hecho y derecho. El asunto es que con ese pensamiento “impuro” van muchas más cosas que fueron pensadas mediante él, de modo que los pensadores de hoy en día a veces descubren mediterráneos sin ínsulas ni peces, solo con agua destilada de la que se ha eliminado toda su sustancia.

Mientras se conduce es sensato mirar hacia delante, pero conviene echar un vistazo al retrovisor, a los lados, a las esquinas del coche, no sea que se nos despiste alguna señal o la atracción que íbamos buscando.



Un mingitorio reflexivo

viernes, 14 de octubre de 2016 | Hay 0 comentarios

 

No, no están esperando para entrar al baño. O al menos no por las razones por las que estamos acostumbrados a esperar.
En el museo Guggenheim, de Nueva York, la obra estrella de la temporada es el váter de oro de Maurizio Cattelan, que lleva por título “America”. El artista ha sustituido uno de los váteres normales del museo por uno de oro al que solo pueden acceder, según se nos dice en la página web, un 1%, porque es un váter normal, aunque sea de oro, y en él se hace lo que se hace en los váteres, cosa que suele llevar su tiempo. No es una obra destinada a ser contemplada, sino a tener “una intimidad sin precedentes con la obra de arte”… y muchas más cosas que pueden glosarla.

 

 

 


No me interesa la obra en sí, sino la experiencia artística. Para entrar a ver/usar el baño se forman unas colas casi kilométricas… y eso que, más o menos a los 10 metros del comienzo, un cartel advierte de que el tiempo de espera es de unas ¡2 horas! No solo es la espera, sino que no olvidemos que se trata de un váter, ubicado en un servicio pequeño, sin ventilación… Y el que va detrás ya sabe que lo que le espera no va a ser precisamente odorífero… y ojalá solo sea eso. Cada vez que alguien sale, miles de ojos se fijan en la persona que abandona el santuario, clavados en el privilegiado que ha tenido acceso a lo que a las masas les ha sido vedado (hay más inodoros de loza en el museo, pero no son ese). Es una ocasión única de usar una obra de arte… Cuántas cosas y cuántas penalidades pasa uno por amor al arte.
En fin. A mí me ha dado mucho que pensar. Sobre todo por cómo los asiduos a los museos se han vuelto peregrinos de un mundo en el que se busca desesperadamente un sentido y una suerte de salvación secular, al tiempo que se miran con una cierta condescendencia, cuando no con abierto desdén, las prácticas religiosas. Sobre esto hay mucho que decir, y en ello estoy... Cuando, próximamente, la intelligentsia, como es ritual, critique el belén navideño por razones religiosas, imaginaré que algunos de ellos harán o harían encantados cola en el mingitorio del Guggenheim.

 



Defíneme a Dios

miércoles, 12 de octubre de 2016 | Hay 3 comentarios

Hoy, en una clase en la que se discutían cuestiones relativas a las definiciones, me han pedido que diese una definición de Dios. Lo primero que se me ocurrió fue: no sé. Vamos. Hombre, me dijo la profesora y amiga, bromeando: si no lo sabes tú no lo sabe nadie. Me tiene por un teólogo profundo, se ve. Qué equivocada está (aquí vendría un emoticono de una carita sonriendo). En fin, ante sus insistencia di una definición sencilla, pero potente (aunque sujeta a contraejemplos, como todas), que sirvió para salir del paso. La misma pregunta, no obstante, me hizo pensar en que una definición sirve para orientarse, pero nunca para asirse a ella, porque salvo en aquellas cosas que hemos creado nosotros y que definimos de antemano (como un avión o una tostadora), al definir lo real que no hemos hecho nosotros nos acabamos embarrando. Parece, por otra parte, que un Dios que se deja atrapar en una definición precisa queda en parte negado. En fin, que le estuve dando vueltas al asunto después, para celebrar el día de la Hispanidad, que, quiérase o no, tanto tiene que ver con el asunto. Feliz día.



Rezar en los mundos

martes, 27 de septiembre de 2016 | Hay 1 comentarios

Me acabo de encontrar con una señora a la que conozco desde hace mucho tiempo… Seguramente más de 20 años. Tras el saludo protocolario del “qué tal”, ella, en vez del protocolario "bien", me ha contado, concisamente y sin caer en detalles, que una afección la había tenido cuatro días postrada en la UCI. Y concluyó, cuando nos despedíamos: “si me voy, ya sabes que tenéis que pedir por mí”. Me quedé pensando en lo raro que se ha vuelto encontrarse con una persona que habita gustosa en ese mundo en que lo trascendente no se ha convertido en un tabú, sino en una parte más, esencial, de la vida. Es verdad que lo políticamente correcto es no hacer mención de ello, por temor a herir las sensibilidades de quien no cree. Pero no es menos cierto que también sería poco políticamente correcto hacer que quien tiene unas determinadas convicciones y experiencias no pueda vivir en ellas. Tengo una amiga completamente “secular” (así se define ella) a la que el mundo religioso le fascina y le parece, al mismo tiempo, increíble e impracticable. No hace mucho pasó por un trance duro y complejo y, como hay confianza para trascender la corrección política, le dije que rezaría por ella. Como es lo bastante sensata para creer que mal no le va a hacer (no todo el mundo es de esta opinión tan incontestable: si no hace bien, tampoco hará mal, aunque hurgando se puede llegar a una interpretación aviesa, que aviesa es), en eso hemos quedado y en eso estamos. Compartir también es compartir los mundos en los que uno habita.



Más allá de lo religioso

domingo, 11 de septiembre de 2016 | Hay 1 comentarios

Esta mañana leía en un periódico un homenaje bastante bien informado a la religiosa española que han asesinado recientemente en Haití. Para mi sorpresa, el redactor concluía algo así como que lo que ella había hecho iba bastante más allá de lo religioso, cosa que no me encaja bien con tan perspicaz escribano.

Estos días pasados se ha celebrado en Salamanca un congreso sobre derechos humanos y ha tenido lugar en la misma sede la reunión de la Comisión Internacional de Justicia y Paz de la Orden. El mensaje de ambos eventos es el mismo: la justicia y la paz no son distinguibles de la vida cristiana. No se trata de un añadido para algunos, sino que es parte integrante fundamental de la vida cristiana. Probablemente, una cierta tradición heredada tiende a considerar benévolamente la religión como un conjunto de creencias más o menos abstractas que responden al origen y el fin de lo real, al sentido de la vida, a ciertas normas morales de obligado cumplimiento y cosas por el estilo que, un tanto desde arriba, guían la acción. Pero la “vida” cristiana es “vida” y la vida, antes que nada, se vive. En ese vivir se incluye pensar, rezar, creer, asentir, disentir y lo demás, cambiando la propia mente y la propia acción a partir de esa experiencia fundante. No es que no haya nada “más allá” de lo religioso, que seguro que lo hay. Es que lo que esta benemérita y santa misionera hacía es parte pura de la vida cristiana, sin necesidad de "másallarse".



Yo no soy el Otro

domingo, 19 de junio de 2016 | Hay 1 comentarios

En una entrevista que le hacían el otro día en un suplemento dominical a un psicoanalista, éste hablaba de una monja de clausura que reflexionaba sobre la soledad como un medio para “encontrarse a solas con el Otro”. Y continúa el hombre: “Ella lo llamaba Dios, pero costaba poco entender ese Otro como una forma de su propio goce más ignorado por ella misma”. En realidad, cuesta bastante hacer eso, porque hay que estar versado en teoría lacaniana para escribir “el Otro” con mayúscula y entender de qué se habla. Y además, hay que ser lacaniano para sospechar que es posible reducir a Dios a este Otro. O sea, que fácil e intuitivo precisamente no es. Por otra parte, si bien es posible que, desde determinadas perspectivas que reducen lo religioso a un elemento funcional, se pueda establecer esta equivalencia, cada vez me convenzo más de que lo religioso no es reducible a otra cosa. Sí, es verdad que algunos teólogos utilizan una terminología semejante para referirse a Dios (el/lo totalmente Otro), para salvar su trascendencia, pero aún así, no creo que puedan establecerse más que analogías entre ambos “Otros” en las que, como es sabido, prima la diferencia sobre la semejanza. En fin, que aunque articulemos nuestra existencia, según los lacanianos, en función de este Otro (simbólico) es imposible rezarle a este Otro inconsciente, que no es creador, no se ha encarnado, no tiene una mirada providente y no hace promesas escatológicas. El Otro que es Dios es muy otro que el Otro.



Normas del blog

Otros blogs


Suscribirse por RSS Suscribirse por RSS ?
Suscribirse a los comentarios Suscribirse a los comentarios

Recibir actualizaciones en el correo Recibir actualizaciones en el correo

Últimas publicaciones

Un fenómeno saturado (a veces saturante)
Pro(c)tología
Hola, Salman Rushdie... hola don José
Internet nos lo dio...
El asombro del que no se sale
Un mingitorio reflexivo
Defíneme a Dios
Rezar en los mundos
Más allá de lo religioso
Yo no soy el Otro


Archivo

2016
2015
2014
2013
2012
2011
2010
2009
2008
2007
2006
¿Te ha gustado? ¡Compártelo!