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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

2
Feb
2019
Dios, dios, el dios, un dios
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xto

No sé por qué a muchos columnistas, que no quieren borrar la palabra Dios de su vocabulario –supongo que por costumbre léxica– les ha dado por escribirla con minúscula. Es posible que la razón sea que no creen que Dios sea real, exista o como queramos llamarlo, pero esa razón no vale, porque Zeus, la Naturaleza, Osiris o el Universo tienen, en el mejor de los casos una forma de existencia o de realidad equivalente, y aún así, a las deidades se les respeta su mayúscula legítima, y estas otras entidades naturales totalizadoras tienden a objetivarse y, ahora sí, a divinizarse (aunque quien lo hace no admita que hace eso). Quizá haya otra razón que se me escapa, pero en cualquier caso, el discurso es incorrecto gramaticalmente. No se puede decir: dios no lo quiera, sino “el/un dios no lo quiera”. Gramaticalmente aquello sería equivalente a decir “creo que árbol crece” en vez del correcto “un/el árbol”. En el fondo, late esa idea que popularizó Nietzsche, pero que es bastante anterior a él, de que no nos libraremos de Dios mientras no nos libremos de la gramática. Dios está tan metido en nuestro lenguaje que persistirá mientras sigamos hablando o pensando y no cambiemos las estructuras básicas que determinan nuestra vida mental. Esos pequeños “pellizcos” al nombre de Dios son parte de la nueva forma de vida en la que nos movemos y existimos: etsi Deus nos daretur, que decía el filósofo, como si Dios no existiese. El “etsi” sin embargo, no dice nada de la realidad de la cosa, sino de como afrontamos el asunto. Yo sigo con la mayúscula. Por gramática y por realidad.

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25
Ene
2019
Ventana o pasillo
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Acabo de leer un bonito y flojo texto sobre la personalidad de los que eligen ventana o pasillo en los aviones. Supongo que habrá sesudos estudios que lo avalen, pero no tiene en cuenta un factor absolutamente clave: el baño. Hay gente que prefiere pasillo porque va mucho al baño y hay gente que se pasan 12 horas sin necesitarlo. La ventanilla, por la noche, es completamente inútil y a quien hace el mismo vuelo todos los días es probable que el paisaje le resulte ya anodino. ¿Por qué es importante esto? Porque las caracterizaciones generales siempre dejan fuera las motivaciones personales. Los de izquierdas, esto; los de derechas aquello. Los creyentes, así; los ateos, asá. Y cuando preguntas, la cosa suele ser más complicada, porque las personas somos más complicadas. Pero la norma que parece impuesta en nuestras sociedades complejas es facilitar la clasificación: si yo soy de una orientación política, me tengo que tragar todo el paquete que socialmente viene impuesto: pro- o anti- aborto, eutanasia, inmigración, becas, subsidios, ejércitos, repúblicas y bananas. Y salvo que uno sea un espécimen diseñado por ordenador, nunca se come el paquete entero. Aunque esto, en realidad no le interesa a nadie, solo me tengo a mí como ejemplo. Cuando tengo que ir en avión, si es de día y el vuelo es corto, me encanta la ventanilla, porque me gusta ver las ciudades y los paisajes desde lo alto.; si es de noche, me da igual. En ningún caso pretendo tomar fotos que luego vaya a compartir en mis redes sociales. Hace mucho que no lo hago. Si el vuelo es largo, prefiero pasillo, dónde va a parar. No solo te permite estirar algo más los pies, sino que te da la libertad de levantarte cuando quieras, no para socializar, ni por ser extrovertido ni porque me guste contemplar al personal. Pero según este estudio psicológico que alguien ha hecho con tanta profundidad, habrá de ser por eso. En fin, que las grandes propuestas no le preguntan a nadie de carne y hueso. Simplemente le dicen cómo es o, peor aún, cómo ha de ser. También en política y demás.

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23
Ene
2019
Artistas de la bobada
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Hace unos días retiraron de una exposición de “arte” una pieza que representaba crucificado al payaso que es símbolo de una cadena americana de hamburgueserías. Pongo “arte” entre comillas porque, obviamente, la obra está en un museo de arte. Y ahí, aparentemente, se acaba la discusión. Si está en el museo es arte, como si está en el concesionario es un coche... El arte puede ser transgresor (no tiene por qué serlo, por mucho que se empeñen los que así piensan), puede ser apuntalador del statu quo (y de eso estamos llenos), puede ser lo que quiera o lo que le hagan ser… Y puede ser malo. Nuestro concepto de arte es todavía evaluativo: pensamos que arte es sinónimo de buen arte, pero no tiene tampoco por qué serlo. Deberíamos usarlo en un sentido clasificatorio: llamamos arte a algunas cosas que pueden ser buenas o malas, como hay buena ciencia y mala ciencia, buena cocina y mala cocina o buenos tenedores y malos tenedores. Al ver esa escultura fácil, previsible, que busca criticar no sé qué y que da pie a inflamados discursos teóricos, me quedo como estaba. Tampoco me interesan demasiado las hermenéuticas a las que una obra kitsch y simplona puede dar lugar, que, en el fondo, se agota en una sola lectura bien ramplona. Y transgredir… En fin. Caravaggio sí que transgredió, y ahí sigue. Esta patata durará lo que la Tomasa en los títeres, como dicen los sabios populares. Y si no al tiempo.

Y ya que estamos, aprovecho para felicitar a mi primo, que se llevó el rosco de Pasapalabra. Eso si fue una obra de arte en su conjunto. Pero sobre eso, otro día.

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15
Dic
2018
De nuevo el períodico
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Por lo visto, en Alemania acaban de aprobar incluir un tercer sexo en los documentos oficiales, según dicen algunos medios de comunicación, aunque en otros periódicos se habla de un tercer género. En unos sitios dicen que el asunto se refiere a una cuestión fundamentalmente genética, es decir, al reconocimiento de un hecho biológico, mientras que en otros se señala que es una cuestión de una decisión que se puede postergar, es decir, uno puede decidir qué ser cuando le parezca bien, si es que le llega a parecer. Me encantaría extenderme ahora sobre el triunfo absoluto del nominalismo medieval, pero eso interesa poco, es muy técnico y tampoco es más que la constatación de un hecho en la historia de las ideas. Estoy muy “abuelo Cebolleta” con esa idea, así que prefiero centrarme en las informaciones que dan los medios que, en vez de aclararnos los “hechos”, nos llevan por sus propios vericuetos (des)informativos. Véase la noticia de El País sobre la reunión de la Confer para hablar de las cuestiones relativas a los abusos, y fíjense en la cantidad de hermanas que han sido convocadas, a tenor de la foto que ilustra el asunto, para debatir la cuestión. Ah, no, que esa foto es de otro evento. Qué más da. Tampoco importa. Biología, voluntad, ideología, libertad…

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28
Jun
2018
Mejor seguir con la "Spanish Inquisition"
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inquisition

Leía esta mañana un artículo de alguien que no recuerdo, en el que afirmaba que la Inquisición, como tal, había sido un sistema bastante más garantista que sus equivalentes civiles, especialmente los que se daban en el mundo anglosajón. Citaba algunas fuentes en apariencia solventes en defensa de su tesis, pero no creo que llegue muy lejos. La “Spanish Inquisition” es un meme (que es una memez sin z) que se usa sin más, igual que se dice que Picio era feo, sin más. Y nadie sabe (nio cree que deba saber) ni qué era aquello ni quién era este. Pero esto es solo un preámbulo a lo que quiero comentar.

El otro día, en un dominical, se entrevistaba a Steven Pinker, psicólogo de Harvard, respecto a sus tesis relativas al optimismo, al progreso y a la Ilustración. El texto no tiene desperdicio, y creo que sería un espléndido objeto de análisis de cualquiera dedicado a la teoría de la argumentación, porque buena parte de las cosas que concluye el autor no se siguen de lo que dice (lo cual no significa que no sean ciertas; eso es otro asunto. Pero están mal argumentadas). Es, claro, una entrevista, no un tratado farragoso, en el que no se permite ninguna falacia. Pero tampoco me interesa lo que cuenta. Me interesa cómo empieza el artículo. Dice así: «Hace ya mucho tiempo que Steven Pinker (Montreal, 1954) mató a Dios. Fue en Canadá, al entrar en la adolescencia y descubrir que no lo necesitaba para nada. “Cuando empecé a pensar en el mundo, no le encontré sitio y me di cuenta de que no me servía ni siquiera como hipótesis”, explica. Arrancó entonces un idilio con la ciencia que 50 años después no ha dejado de crecer». ¿Por qué el tema de inicio es la relación del pensador con Dios? Claramente para establecer varias tesis: este señor de Harvard (y Harvard no es un sitio, sino una categoría de valor epistémico) no cree en Dios, y es un excelente polemista (nos lo dirá más adelante), así que no crea que le va a vencer argumentativamente. Además, Dios es una hipótesis que no tiene cabida en un mundo en el que domina la ciencia. Donde hay ciencia, no cabe Dios.
Esta es la idea que se atribuye típicamente a Laplace, cuando Napoleón le preguntó qué lugar quedaba para Dios en su sistema científico, y aquel le contestó que no tenía necesidad de esa hipótesis. Por algún sitio he escrito que, obviamente, no se necesita esa hipótesis, porque Dios no es una hipótesis de ningún sistema científico, aunque muchos pensadores modernos así lo pensasen. Alguien tan poco moderno (en el sentido epocal) como Tomás de Aquino se planteaba hace más de un siglo (digo esto porque según el artículo Bill Gates considera el texto de Pinker "su libro favorito de todos los tiempos". ¡De todos los tiempos!) dos argumento contra la existencia de Dios, antes de exponer sus célebres vías. Primero, la existencia del mal. Segundo: las cosas naturales tienen su principio en la naturaleza y las cosas libres en el entendimiento y la voluntad humanos. “Por consiguiente, no hay necesidad de sostener que haya Dios” (ST I, q.2, a.3). Cuando leo estas “novedades” "de todos los tiempos" se me cae el alma a los pies. Dios no es una cosa del mundo. Esto no es algo que digan los teólogos contemporáneos para “salvar las circunstancias”. Ya lo sabía San Agustín, y Santo Tomás y cualquiera de su familia. Pero es más fácil seguir pensando en la “Spanish Inquisition” como un meme y en Dios como una memez. Que sea más fácil, no obstante, no significa que sea correcto, dígalo Pinker o su porquero.

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11
Abr
2018
San Juan ya sabía que Facebook no vale para esto
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san juan

San Juan termina sus epístolas segunda y tercera de un modo muy bello. En la tercera dice: “Tengo mucho que escribirte, pero no quiero hacerlo con tinta y pluma. Espero verte pronto y hablaremos de viva voz”. En la segunda añade  a esto:“para que nuestro gozo sea completo”. No sé qué pensaría el apóstol de nuestra época de muchas voces pero poca “viva voz”. Siempre me he preguntado (y esto casi constituye una contradicción performativa) si estos nuevos medios de comunicación de masas, redes sociales y demás, son adecuados para lo que tenemos entre manos. Y lo digo precisamente en estos medios que considero inadecuados (de ahí la contradicción en la que uno vive, por gracia de Dios). Los mensajes que lanzamos utilizando estos canales no son de viva voz. Esa distancia que permite la pantalla hace que los vídeos de animales danzando, de gente cantado letras insoportables o de accidentes domésticos tengan millones de visitas y los de nuestra temática (sea la que sea), en el mejor de los casos, alcanzan unos cuantos miles. Sin la “viva voz” el gozo no va a ser completo. Por eso –los sabios sabrán-, sospecho que el uso sensato de estas plataformas no consiste simplemente en colgar cosas, subir informes, informaciones o testimonios para que quien quiera eche mano de ellos en ese inmenso bazar que es la red. Sin la “viva voz” estamos jugando en un terreno hostil, pensado para vender zapatos, ideologías, discursos y entretenimiento más o menos valioso, pero no sé si para la prédica. San Juan ya sabía.

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31
Mar
2018
Transfiguración y a ver qué pasa
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sopra minerva

Aprovechando que el Viernes Santo no hay Eucaristía, algunos reporteros han decidido sacar artículos sobre el asunto (trato de ser irónico). En Semana Santa no fallan las noticias religiosas, casi siempre con un cierto sesgo conspiratorio, que es lo que en nuestra época vende. Pero la BBC no cae en esas trampas, aunque sí, por lo visto, le ha dado por encargar los artículos a uno que pasa por allá o, al menos, si no pasaba y ya estaba en el sitio, que no se tomó muchas molestias en pasar a limpio el trabajo. Tampoco me extraña, dicho sea de paso. En las últimas épocas me ha tocado lidiar con diversos textos de una prestigiosísima editorial británica. En todos los casos he recopilado varios folios de erratas y errores que he hecho llegar a los autores, felizmente vivos, por si acaso algún día reimprimen los textos. Esto me da que pensar. Parece que en todos los ámbitos hemos bajado la guardia, de tal modo que aquel “todo vale” se ha vuelto norma general. A la BBC le ha pasado lo mismo. La Armada Invencible del rigor informativo, en un artículo inocente sobre la producción de hostias, nos cuela la perla de que “lo importante es la transfiguración que hace el sacerdote en el momento de la elevación”. No sé si es cita literal de algún entrevistado o un malentendido del redactor, del traductor o de alguien a quien legítimamente pueda echársele la culpa (que es la clave para que la responsabilidad se desvanezca como por ensalmo), pero entre la transustanciación y la transfiguración media una montaña, al menos. No es de extrañar que algunos escritores confundan la Resurrección con un despertar de una noche toledana al percibir el sereno primaveral. Feliz Pascua a todos aquellos que no se dejan confundir.

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4
Mar
2018
La fe en la tierra plana
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plana

Quizá es que uno siempre escribe de lo mismo, cuenta lo mismo y da vueltas en torno a lo mismo. Por eso se le aparecen las cosas. Ayer leía un libro muy interesante de Juan Arnau, filósofo y astrónomo (La fuga de Dios) que, en un momento determinado, deja caer esta perla: “Desconfíen de todos aquellos que apelan a lo racional, porque están tratando de imponer su propio vocabulario. Desconfiemos también de los que apelan a los ‘hechos’, porque están defendiendo su laboratorio particular” (p. 174).

En los últimos tiempos, leyendo suplementos culturales, me he encontrado con varios sabios que tienen por irracional todo lo que tenga que ver con lo religioso. No hay razón en ese discurso. La única manera de entender caritativamente esta falsedad (todo discurso es racional, todo logos es logos, nada más cierto que una tautología, que en el fondo no dice nada... ¿O sí?) es que cada quien trata de acaparar para sí el poder de determinar qué es la “razón razón”, la “razón pata negra” de la cual todas la demás formas no son más que derivados o pretendientes que no alcanzan a ser tal. Que uno no pueda probar una proposición por determinados medios no significa que esa proposición sea irracional. Que no pueda probarla en absoluto, tampoco. 

Los detractores de toda racionalidad que no sean la suya suelen citar, en presencia de lo religioso, aquello de “credo quia absurdum”. Unos cuantos pensadores, entre los que destaca Kierkegaard, han hecho una buena lectura de esto. No obstante, lo que funciona en el debate twitter de hoy es: “absurdum quia creditum”: es absurdo porque es creído… Como si hiciésemos otra cosa que poner nuestra fe en instituciones y teorías que nunca vamos a comprobar “racionalmente”, por falta de tiempo, de capacidad o de ganas. 

Termino: ayer leía que un tipo inglés regala 10.000 € a quien le demuestre que la Tierra no es plana. Lo ponían a parir en los comentarios del periódico… Pero por lo visto a nadie le importaban los 10.000 €, porque nadie le daba ni una sola prueba, solo argumentos ad hominem...Falta de tiempo, de capacidad o de ganas...

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3
Mar
2018
Yo huyo como Aristipo
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lenin

He tenido la ocasión de ver una película bien interesante. “La muerte de Stalin”, se llama. Aún no había exhalado su último aliento aquel georgiano, y ya sus hombres de (des-)confianza estaban tratando de repartirse el botín del poder. Todo bien unipersonal. Solo puede quedar uno y todo el mundo tiene que saber quién es ese uno, así que para que no haya dudas, los demás tienen que ir cayendo. Todo ello, claro, bajo la mirada omnipresente de Lenin, hasta en la sopa. Cada día abren nuestros telediarios con el rostro y la última ocurrencia de un expolítico español y a mí me viene a la mente ese culto a la personalidad, tan soviético y tan destructivo, que no es sino la otra cara del poder despótico. Lenin es, en la iconografía soviética, la causa eficiente y final de cualquier logro, sea la mejora de las cosechas o el envío de un hombre al espacio. Es él, que encarna el espíritu del pueblo y sin él nada se hace… Como por aquí.

Todo esto bulle en mi cabeza, porque el peluquero que me corta el pelo me tiene frito con el papelón que la Iglesia (especialmente la local, la de allá, sí) ha hecho en todo este proceso insufrible. Y a mí no me queda otra que bajar la cabeza no solo para que apunte bien con sus tijeras y no me arranque una oreja, sino también porque reconozco que tiene toda la razón del mundo. Si algún lector despistado cree que estoy hablando crípticamente y no capta las referencias, bienaventurado es. Porque llevamos un año hablando de un Lenin de pacotilla y parece que no hay donde esconderse. Solo cuando el interés decaiga dejarán de freírnos con las “agudezas” de este personaje y su corte.

Cuenta Diógenes Laercio en sus Vidas, que Aristipo, al ser insultado en cierta ocasión, comenzó a alejarse, y el otro lo persiguió diciendo: “¿Por qué huyes?”, y él dijo: “Porque tú tienes libertad para hablar mal, y yo tengo la de no oírte”. Yo la estoy ejerciendo.

 

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27
Dic
2017
Y de nuevo, ¡qué bello es vivir! (a pesar de todo)
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bedford

El ritual navideño, en mi caso, incluye varias cosas. Una de ellas es, como seguro que he dicho en alguna otra ocasión, ver “¡Qué bello es vivir”, la maravillosa película de Frank Capra, que es perfecta, se la mire por donde se la mire. Los programadores de televisión, que seguramente no la han visto, la ponen una y otra vez en navidades, y nunca en agosto, cosa que no acabo de comprender. Alguien me dirá: es que lo que relata la película tiene lugar el día de navidad. Es una razón tan buena como cualquier otra, pero no creo que vaya muy lejos. Estos operarios conocen el argumento y saben que la película destila buenos sentimientos, y ya que la navidad televisiva ha perdido cualquier esencia que no sea esta amorfa atmósfera de buenos deseos, nos regalan una dosis embotellada de esas emociones que se supone que son las que tenemos que tener ahora.

La película tiene bien poco que ver con eso. Es todo lo contrario del sentimentalismo cutre e infumable. Es una crítica a muchas cosas: a las estructuras económicas injustas, al narcisismo incurable (también de nuestra época de “selfies”), a la pérdida de las estructuras comunitarias que fundamentan la vida del hombre, al vivir inconsciente del impacto que cada quien tiene en la vida de los otros etc., etc. Este año me fijé en un detalle: Geoge Bailey tiene en su oficina una foto de su padre, que encarna el otro del que procedemos, al que debemos fidelidad y que constituye lo que somos; el malvado señor Potter tiene una foto de sí mismo, que encarna el solus ipse del yo, mí, me conmigo y nada más... El selfie de toda la vida...

Sobre esta película se han escrito muchas críticas y reflexiones, muy agudas algunas, totalmente defectuosas otras, sobre todo las de aquellos que hablan de oídas y asumen que George Bailey encarna ese sentimentalismo barato. Para mí esta película es la piedra a la que pegar patadas para ver la validez a una teoría, como hizo Samuel Johnson para refutar el idealismo de Berkeley. Cuando leo un comentario o argumento sobre esta película que se queda en la superficie supuestamente edulcorada de esta obra, en mi opinión se abre una brecha en la teoría de la que forma parte tal comentario. Me parece que, sin comprender “de qué va” realmente esta obra maestra, cuando un discurso la incluye como prueba, si la maltrata, el discurso es erróneo. Y así, una navidad tras otra, sigo tratando de asimilar que la historia de cada quien es absolutamente insustituible, porque él es también condición de posibilidad de la historia de muchos otros. Esta es una noticia intempestiva en esta época de la total sustituibilidad de todo, personas incluidas. Tan intempestiva como el Belén, que también ha devenido sentimentalismo televisivo. Apague la tele estos días. Enciéndala solo para ver a los insustituibles James Stewart y Donna Reed, las personas más ricas de Bedford Falls. Feliz navidad y que 2018 sea mejor.

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