¿Qué no podremos lograr si trabajamos juntos?
Damián Byrne

Bitácora Véritas

Blog de: Sixto Castro Rodríguez, OP / Sobre el autor

Yo no soy el Otro

domingo, 19 de junio de 2016 | Hay 1 comentarios

En una entrevista que le hacían el otro día en un suplemento dominical a un psicoanalista, éste hablaba de una monja de clausura que reflexionaba sobre la soledad como un medio para “encontrarse a solas con el Otro”. Y continúa el hombre: “Ella lo llamaba Dios, pero costaba poco entender ese Otro como una forma de su propio goce más ignorado por ella misma”. En realidad, cuesta bastante hacer eso, porque hay que estar versado en teoría lacaniana para escribir “el Otro” con mayúscula y entender de qué se habla. Y además, hay que ser lacaniano para sospechar que es posible reducir a Dios a este Otro. O sea, que fácil e intuitivo precisamente no es. Por otra parte, si bien es posible que, desde determinadas perspectivas que reducen lo religioso a un elemento funcional, se pueda establecer esta equivalencia, cada vez me convenzo más de que lo religioso no es reducible a otra cosa. Sí, es verdad que algunos teólogos utilizan una terminología semejante para referirse a Dios (el/lo totalmente Otro), para salvar su trascendencia, pero aún así, no creo que puedan establecerse más que analogías entre ambos “Otros” en las que, como es sabido, prima la diferencia sobre la semejanza. En fin, que aunque articulemos nuestra existencia, según los lacanianos, en función de este Otro (simbólico) es imposible rezarle a este Otro inconsciente, que no es creador, no se ha encarnado, no tiene una mirada providente y no hace promesas escatológicas. El Otro que es Dios es muy otro que el Otro.



Grandes relatos

jueves, 09 de junio de 2016 | Hay 1 comentarios

En este interesante artículo, en el que se reflexiona sobre las supuestas conversiones de última hora, aparecen unos cuantos temas relevantes para los religiosos. Uno de ellos son las famosas listas de “ateos” que los cristianos no pueden supuestamente tolerar, a los que cristianizan de una y otra forma: que si rezaba secretamente, que si llevaba oculto un crucifijo, que si en sus últimos momentos dijo… Quién sabe lo que pasa por uno y por lo que pasa uno. Dios sabrá (obviamente esta frase no se usa en ese contexto). En esas listas se mete al personal de manera un tanto indiscriminada. En el caso comentado, no cabe duda (supongo) de que Hitchens o Dawkins lo son, porque lo han proclamado en todos los foros y hasta son padres fundadores de eso que se ha llamado “nuevo ateísmo”, pero Darwin no encaja tan claramente en esa lista… O al menos, si lo hace, seguramente no por las razones “científicas” que supuestamente se le imputan al meterlo en una lista de pensadores que, como grandes luminarias, parece que no pueden más que abrazar la actitud racional y razonable. Alister McGrath, a quien sigo en esto, ha estudiado bien la cuestión en varios textos. Ha rastreado a Darwin de arriba abajo y ha entresacado un montón de citas en las que dice que su teoría no es incompatible con un creador, etc… Parece que sus agonías (o lo que fuere) religiosas tienen más que ver con asuntos personales, más con sufrimientos de la carne que con deducciones científicas. Estas humanizaciones de los titanes no vienen bien a nadie. Necesitamos dioses que nos guíen y un ateo que lo es porque no puede tolerar la muerte de su hija (caso de que fuese así) no parece tan titán como uno al que su actitud racional le ha llevado a ello (caso de que fuese así). Aun así, solo Dios sabe lo que pasa por uno y por lo que pasa uno (repito). Y trampoco sé cuán importante es hacer listas que convierten la vida y al personaje en un número.

El autor señala aquello de que afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias (atribuyéndoselo a pensadores sabios, como son Laplace, Hume, Sagan y Hitchens). Y dice: “es difícil imaginar una afirmación más extraordinaria que aquella de que una inteligencia oculta creó un universo de más de cien mil millones de galaxias, cada una con más de cien mil millones de estrellas, y luego esperó más de 13,7 mil millones de años, hasta que en un planeta de un rincón remoto de un sola galaxia se desarrolló una atmósfera lo suficientemente oxigenada como para favorecer la vida, sólo para luego revelar su existencia a una variedad de grupos tribales violentos antes de desaparecer de nuevo”. La verdad es que no sé qué Dios es este. Desde luego el cristiano, no. Si acaso una suerte de demiurgo. Pero en todo caso, lo relevante es que el cristianismo está lleno de personajes que no podían creer cosas que les parecían increíbles. Hume, en su crítica a los milagros, supone que en la antigüedad el personal creía casi cualquier cosa: la resurrección podría haber sido fácilmente creída por individuos un tanto atolondrados, como eran los de aquella época, pero no es materia de fe para gente del siglo XXI. Parece que en el siglo I la gente resucitaba de vez en cuando, por ver cómo iba el partido. Pero los evangelios insisten por activa y por pasiva en que el relato de la resurrección no se lo creían ni los discípulos. Hasta que creyeron porque vieron. Pero este es un tema que dejo a los especialistas, a los que he tenido la suerte de leer últimamente respecto a los relatos de la resurrección. Léanlos a ellos y saquen sus conclusiones.En todo caso, lo que a mí me suscita lo que describe el párrafo que redacta este hombre es asombro (los ingleses dicen "awe", que suena "oooo". Me gusta). A él incredulidad religiosa. A mí un asombro casi místico. Supongo que me aceptarán que es tan legítimo como aquella.

 

 

 



La creencia de Julián socavada por Javier

lunes, 30 de mayo de 2016 | Hay 2 comentarios

En un artículo en el que Javier Marías se interesa por el duelo de F. Savater, que he leído con gusto, me he encontrado con algo que me sorprendió. Habla de cómo, cuando su padre, Julián Marías, hombre de profundas convicciones religiosas, perdió a su mujer, pasó por un período de profunda melancolía. Cuando se recompuso, creía ?nos dice? que cuando se reuniese con ella “ella sería quien le abriera la puerta”. Y continúa: “A mí me daban ganas de preguntarle qué puerta, pero irritarlo en exceso no habría estado bien, y, por absurdo que me sonase aquello, sabía a qué puerta se refería”. Y esto está pero que muy bien. Pero, ay, no todo podía ser felicidad. Javier Marías termina el párrafo así: “No hay por qué socavar las creencias de las personas, si las ayudan a sobreponerse a la tristeza o a la desolación”. Al leer esto pensé en dos cosas. En primer lugar tenemos el argumento básico de que, dado que las creencias religiosas prestan consuelo y ayudan a sobrellevar circunstancias dolorosas, esa es toda su realidad. Ser un analgésico. Cualquier lector medianamente avispado se habrá dado cuenta de que ese argumento no es un argumento correcto, sino falaz. No se sigue. Pues eso. No le demos más vueltas, que el timor Dei sustenta tantos ateísmos como el deseo creyentes.
Pero aún me llamó más la atención otra cosa: ¿quién autoriza a alguien a socavar la creencia de otra persona sin ningún argumento? ¿En razón de qué se le pasó siquiera por la cabeza a Javier Marías que estaba autorizado a emprender ese proceso? Nunca he entendido muy bien esto. Javier Marías está seguro de que su cosmovisión es cierta. Su padre, Julián Marías, lo estaba de que lo era la suya. Probablemente uno de los dos esté en lo cierto, y seguramente uno está más cerca de otro que la verdad. No veo por qué Javier cree que debe, puede o “hay por qué” (recordemos que no “hay por qué” porque consuelan) socavar las creencias de su padre, desde su firme y subjetiva creencia (como la de su padre). En fin, será el espíritu de la época, bastante acrítico, dicho sea de paso.
 



El Bosco y el siglo

domingo, 29 de mayo de 2016 | Hay 0 comentarios

Dado que estamos en el año de El Bosco, proliferan por los suplementos culturales comentarios sobre su vida y obra. Entre ellos, algunos han tratado de convertirlo en una suerte de hereje, más bien incrédulo, resistente a las normas eclesiásticas y demás, casi como un adelantado a esos biólogos evolucionistas que copan contemporáneamente la academia cuando de hablar de Dios se trata. Pero El Bosco no aguanta tanto. Es el espíritu de nuestra época, que se empeña en ver a todos los grandes hombres como una suerte de avanzados a su época que prefiguran la nuestra que, por eso mismo, se torna un éxito histórico acuñado por los mejores. Ya hace unos años un autor español escribió una biografía sobre Bach  en la que el buen músico aparecía como un poco mentirosete… Todo lo que decía sobre Dios ?sus obras compuestas para su alabanza? en realidad era un artificio para congraciarse con quienes pagaban la cosa. Y en esas estamos, repitiendo lo que también en otra época ciertos pensadores cristianos hicieron con pensadores precristianos, tan impresionados por ellos que pensaban que en los mismos latía una cierta previsión de lo que había de venir, como si fuesen sibilas. A este respecto, nihil novum sub sole. Estos comentaristas parecen decir que si el Bosco hubiese nacido en nuestra época ni de lejos habría sido religioso, sino un tipo bien secular… Lo que se les olvida en esta profecía ucrónica o acrónica es que no hubiese sido El Bosco, pintor de “El jardín de las delicias” que, por cierto, es una pintura religiosa y configura también lo que es nuestra forma de vida, aunque tengamos que ir a verla al museo.



De tribus y teles

viernes, 13 de mayo de 2016 | Hay 1 comentarios

Al leer una crónica que el P. Cándido Ániz ha preparado sobre la historia del Instituto Superior de Filosofía de Valladolid, me he encontrado con que allá por el curso 1979-1980, en el contexto de un curso organizado por la Cátedra de Estudios Político-Sociales, de gran renombre entonces, titulado “La familia: ¿institución superada?”, una de las conferencias llevaba por título “Las comunas como alternativas de la familia”. Y me dije, como Azorín: “vivir es ver volver”. O vamos al Eclesiástés: “nihil novum sub sole”. Esto lo digo al hilo de las cosas que dicen los políticos de hoy en día , a los que la cosa pública les preocupa lo mismo que el coeficiente de dilatación del puente de Villarriba al sol de la mañana del 23 de junio. O sea, más bien poco. Todas estas ocurrencias formaban parte, por ejemplo, de los escritos, algo más razonados de lo que hoy permite un parlamento (gran tragedia, dicho sea de paso), de Platón y Aristóteles en sus propuestas políticas y por eso, respaldadas sus soluciones por su misma autoridad, los intérpretes les han dado unas cuantas vueltas, ponderando sus pros y sus contras. Y hay más contras que pros. Sospecho que cuando la política se vuelve el “arte” ya no de lo posible, sino de conseguir titulares, no hay mucho tiempo para pensar y menos para leer. Cosa bien necesaria. Un periódico recogía hace unos días un ingenioso reclamo de una librería, que decía: Hay gente que quiere un romance como el de Romeo y Julieta sin saber que fue un romance de tres días y seis muertos. ¡Hay que leer!” Para ser político, supongo que también.

 



Patrimonio

jueves, 21 de abril de 2016 | Hay 0 comentarios

Hace años, un alumno mío se fue a Siberia, a escuchar unos cantos de no recuerdo qué pueblo, que tenían interesantes peculiaridades armónicas y cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Otros amigos músicos viajaron a algún lugar de Asia, movidos también por intereses espirituales, para escuchar unas melodías que se cantaban allí exclusivamente, de una belleza, por lo visto, inexplicable.  Dicen que en algunos lugares de occidente (y también en Oriente, en el meridión y el septentrión) se cantan ciertas melodías cuyo origen se pierde también en la noche de los tiempos. En concreto, parece que hay una que, con ligeras variaciones dependiendo de la tradición específica en la que se inserte, se canta de manera ininterrumpida, diariamente, desde hace más de 800 años. Diariamente. En muchos lugares. Con pequeños matices que harían y hacen las delicias de los musicólogos. ¿Qué haría falta para declararla patrimonio de la humanidad? Casi un milenio, si no más, cantándola de modo ininterrumpido. No nes poco. Aquí mismo también. La melodía es, cómo no, la Salve.



El decálogo de Máino

viernes, 01 de abril de 2016 | Hay 1 comentarios

Ayer, en clase, puse como ejemplo de algo el ciclo “El decálogo” de Kieslowski. Al preguntarles a los alumnos qué era “el” decálogo (no un decálogo, que para eso basta abrir el diccionario) resultó que solo uno lo sabía y algunos apuntaban que era algo que estaba en la Biblia. Desde luego, no es culpa suya, ni mucho menos, porque los sistemas educativos que nos han precedido han tirado el niño con el agua (y por lo que se ve, la intención futura es tirar la bañera, el baño y, si es posible, la casa) y vivimos un poco más en un desierto cultural. Ah, disculpe, que todo lo que tiene que ver con la religión pertenece a otro departamento. El de cultura está ocupado…
En la página de Facebook del museo del Prado se conmemora hoy a Maíno, pues tal día como hoy falleció. Y en ella se nos dice que “Maíno realizó muy pocas pinturas, alrededor de 40, pues al ordenarse dominico en 1613 fue dejando los pinceles”. Nadie se ordena dominico, hasta donde yo sé. Y me dirán que es cuestión de palabras, y sin duda lo es. Pero otras “incendian” las redes sociales, según cuentan, así que las palabras no son tan inocentes. Mira que si voy en coche y, por aquello de las palabras, piso el acelerador en vez del freno… Palabras, palabras, palabras.
En fin, nuestro lenguaje cotidiano va camino de convertirse en un lenguaje arcano, cuya comprensión exigirá, en pocos años, un máster especializado, en el que los egresados (pocos) alcanzarán el conocimiento que era de uso común hace no tantos años. Qué movimiento pendular tan curioso. Feliz día de Maíno
 



Los cristianos de Pakistán y la naturaleza humana

lunes, 28 de marzo de 2016 | Hay 1 comentarios

Ayer mismo en Pakistán hicieron volar a unos cuantos cristianos que celebraban la Pascua. La noticia ha tenido algo más eco por estos pagos, creo, porque va a rebufo de los atentados de Bélgica y, sin duda, gracias a la tenaz insistencia de mucha gente que considera que es injusto no prestar atención a las cosas que suceden más allá de nuestras fronteras occidentales. Me cuesta explicarme la indiferencia con que se recibe este tipo de cosas, es decir, que en buena parte del mundo se mate a gente por sus creencias. Una posible lectura de esto remite a la comprensión previa del ser humano como una especie de ente al que se le van añadiendo cosas que, en el fondo, son, o bien superfluas o, en el mejor de los casos, intercambiables, como un robotito o un ordenador al que le cambio una fuente de alimentación por otra más potente o más colorida. O como Míster Potato. Y sospecho que en nuestra mentalidad occidental dominante, las creencias religiosas son una de esas cosas que se añaden a una (inexistente, según el discurso dominante) naturaleza humana. En cuanto añadido, no forma parte de qué es ser humano o, en el mejor de los casos, como decía, es sustituible. Cámbiese, de religión, hombre de Dios, que anda usted buscando que le maten. Esa mentalidad “ikea” que se ha instalado entre nosotros es la que no entiende absolutamente nada de en qué consiste ser persona. Pero como no hay “naturaleza humana”, no sé ni de qué estoy discutiendo.
N.B. El otro día escuchaba un debate muy interesante en la radio y tan poco fundamentado que me atrapó… Sobre la castidad, la abstinencia, el sexo y esas cosas. ¿Cómo no me iba a atrapar? La defensora de la libertad (creo) sostenía sin complejos que la abstinencia era “antinatural”. Se nos coló otra vez la naturaleza humana en el discurso. Pero solo vale para según qué cosas. En fin… Felices Pascuas.
 



El Bosco

sábado, 05 de marzo de 2016 | Hay 1 comentarios

Con motivo del año Bosco, que ha traído consigo le esperada polémica respecto a la autoría real de algunas de sus obras (lo interesante es que no hay manera apodíctica de asegurar esa autoría, solo de falsarla: hay un elemento de confianza ineludible), el comentarista de un periódico señala algo que no por sabido deja de ser importantes: “las visiones diabólicas de El Bosco siguen siendo seductoras y más populares que nunca. Puede que pocos tiemblen con sus advertencias de la cólera de Dios, pero muchos buscarán en google las imaginaciones de un hombre extremadamente singular”. Esto es lo que algunos filósofos, ya desde hace un par de siglos, proclamaban cuando hablaban de la “muerte del arte”. El modo moderno y contemporáneo de asistir al “arte” es eso, moderno, como si la "obra de arte" fuese una cosa contemplada para decir: oye, qué cosa tan bonita (o tan fea, o tan conmovedora). Mírame y no me toques. Y añadirán: puedes prescindir por completo de la visión del mundo y del modo de vida en el que nací. Ah, y no te olvides de considerar al artista, ante todo, como un revolucionario que pretende cambiar con cada gesto suyo el statu quo de cada momento. Es otro paradigma, si podemos llamarlo así. La cuestión es: ¿y si uno quiere habitar en cierto modo el mundo de El Bosco (o de Fra Angélico, o de Bach, si me apuras) en tanto que parte de vivir una vida “religiosa”? A veces, ciertas formas de arte contemporáneo están más cerca de esa vida de la que el “arte” forma parte que de aquella de la que se segrega como un espacio ajeno.



Agustín, Edipo y Dominique

sábado, 27 de febrero de 2016 | Hay 1 comentarios

Según nos cuenta el reseñista, parece que a la autora de este libro no solo no puede comprender que haya gente creyente, sino que la cosa le enfada. Le pone de mal humor hasta que nuestra amada monja del “Dominique” compusiese en su día esa canción, que no logra sacarse de su cabeza. Que ya son ganas de enfadarse.
Pensaba hacerme con el libro, pero es cierto que tengo demasiados sobre mi mesa, y he de elegir, pero si acaso alguien quiere hacerlo y luego nos cuenta su opinión, adjunto el enlace. Advierto que, según la reseña, la conversión de San Agustín es un Edipo de libro: Agustín se convirtió para librarse de su adicción al sexo, y lo que le hizo caer en ella fue ese Edipo, supongo que mal resuelto, ya que su madre era su objeto de deseo inalcanzable en la carne, pero no en su fe. Y así, en esa línea, parece que todas las demás conversiones famosas narradas tienen una causa perfectamente comprensible y sostenible dentro de nuestra concepción dominante del mundo (en la que curiosamente se acepta el Edipo, que no acabo yo de ver cómo encaja con ese naturalismo ramplón que hace que San Pablo que convierta por un porrazo contra una piedra o Chesterton lo haga para escapar de la confusión que le provocaba el mundo secular moderno). ¿No existe la menor posibilidad, por pequeña que sea, de que Dios…? No, ya no hay sitio en la posada. Pues hala. Siga usted con su Edipo superpoderoso y omniexplicativo.
Por cierto, invito a quien lo desee a leer un blog naciente y de mucha enjundia: Misericordia veritatis. Que sea por muchos años.
 



Normas del blog

Otros blogs


Suscribirse por RSS Suscribirse por RSS ?
Suscribirse a los comentarios Suscribirse a los comentarios

Recibir actualizaciones en el correo Recibir actualizaciones en el correo

Últimas publicaciones

Yo no soy el Otro
Grandes relatos
La creencia de Julián socavada por Javier
El Bosco y el siglo
De tribus y teles
Patrimonio
El decálogo de Máino
Los cristianos de Pakistán y la naturaleza humana
El Bosco
Agustín, Edipo y Dominique


Archivo

2016
2015
2014
2013
2012
2011
2010
2009
2008
2007
2006
¿Te ha gustado? ¡Compártelo!