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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
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10
Jul
2013
Cabe la posibilidad
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Estaba viendo la noticia de que a Ayala le han dado otro doctorado honoris causa. Sin querer, porque no lo suelo hacer, he echado un vistazo, al llevar hasta abajo la página del periódico, a los comentarios y ya he visto que se ha montado esa cosa rara que supuestamente no debería suceder en un país al que a nadie le importa lo religioso. Tirios y troyanos se lanzan sus dardos sobre si la religión esto o lo otro... Afirmaciones categóricas sin mucho respaldo (no he leído más que unas pocas, confieso), y sin embargo uno percibe que las destructivas tienen una especie de fuerza que les sale de dentro. Parece que construir es más difícil, uno siempre anda como a tientas, con una cierta inseguridad, pero pontificar es fácil. Ayer mismo, en un sitio en el que me tocó comer, había en la mesa de al lado un señor que hablaba sobre la noción de persona y de ciudadano con una seguridad que a mí me aterrorizaba. No sé si se daba cuenta de las consecuencias de lo que decía, pero eran bastante peligrosas, a mi modo de ver. Mas gritaba mucho, eso sí, con mucha seriedad, e insultando por el camino a unos cuantos de sus antagonistas, que eso parece que, pragmáticamente, refuerza los argumentos. No sé. Cosas de la retórica.

El otro día, Timothy, en la charla a la que dio en Madrid a la que me referí (creo), decía que los frailes nunca decían tonterías en los capítulos. Entiéndase lo que quería decir: podían estar equivocados, usar una lógica errónea, estar mal informados, pero lo que decían siempre era digno de ser escuchado. Esto, obviamente, abre la idea de verdad a una perspectiva ética, lo cual es bien interesante, sobre todo hoy, donde la verdad, que supuestamente no existe (cosas de la postmodernidad), se nos lanza desde casi infinitas atalayas. A mí me gusta escuchar a la gente que habla y escucha y le dice al otro que quizá tenga razón, que tiene parte de razón, pero…, que a lo mejor se pueden ver las cosas de otro modo... No sé, me gusta escuchar a la gente que cree que tiene gente delante, a las personas que hablan con personas, y no suelo gustar de escuchar a los que tratan a las personas como sillas, a las que no se concede más ser que su ser útiles, en este caso, útiles del propio monólogo. Cabe la posibilidad de que esas afirmaciones que empiezan por “todo el mundo” sabe e incluyen algún insulto o exabrupto por el medio no sean del todo verdad. Cabe, cabe…

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3
Jul
2013
¡Qué magnífico habría sido ser un fraile dominico!
5 comentarios

 

Qué desatendido está este paraje bloguero. Pero tengo tantas cosas que son sólo cosas y que me llenan hasta que encuentro una no-cosa (qué bien funciona esto en inglés y qué mal en castellano: thing y no-thing) que no es nada, pero lo es todo. Hay muchas no-cosas, pero ya no voy a seguir con esta jerga de no-x, como no-lugares, no-personas o no sé qué más, porque acaban convertidas en una palabrería huera al poco tiempo. En fin, entre esos asuntos que me ocupaban estaba George Santayana, un pensador español radicado en Harvard y que toda su vida fue materialista, naturalista, no creyente y, sin embargo, católico. Una categoría más para los filósofos de la religión. En un momento de la lectura me he quedado sorprendido al leer que en su “Breve historia de mis opiniones” afirmaba: “qué magnífico habría sido ser un fraile dominico”. Me he encontrado con muchos otros escritores que afirmaban algo parecido. Hoy mismo escuchaba a Timothy Radcliffe dar gracias por su vida dominicana, por todo lo que la Orden le ha dado y le ha hecho ser. A veces, cuando uno decae, tiene que mirar al lado brillante de la cosa, como decía aquella canción que cierra “La vida de Brian” y, sobre todo, a las personas brillantes, como es el caso de Timothy, gente que emana luz por donde pasa. El sufrimiento, la desgracia, el mal en cualquiera de sus formas nos atrapa y nos impide mirar a otra parte, pero este brillo de lo auténtico no es menos poderoso, aunque enseguida se nos vaya la atención hacia la cara oscura, que tiene mejor fama. Hagamos la prueba: ¿qué congreso (filosófico, teológico, antropológico, etc.) atraerá más gente, uno que se titule algo así como "el imperio del mal" u otro que hable de "el poder del bien"? Un amigo, experto en estas lides, me decía que proliferan los congresos sobre el demonio (donde se habla de Dios) y se llenan de gente, que probablemente no iría a un congreso sobre Dios.   Me quedo con la luz que emanan las palabras de Santayana.

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11
Jun
2013
La cosa petitoria
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Siguiendo a San Agustín, Tomás de Aquino afirma que “es lícito pedir lo que lícitamente se puede desear” (ST II-II, q. 83, a.6). Es verdad que contemporáneamente la oración de petición no tiene buena prensa entre ciertos pensadores, que la ligan a una cierta religiosidad mágica, quizá a una suerte de estadio primitivo de creencia o sabe Dios a qué. Pero en realidad, lo que defiende Tomás de Aquino en su concepción de la oración es la cosa más normal que se piensa cuando se piensa en ella: pide lo que necesites. Para el Aquinate no es una cosa enrevesada, que requiere técnicas especiales y respecto a la cual uno siempre tiene la conciencia de que no sabe hacer. Si quieres que alguien te dé la hora, se la pides. Si quieres que alguien te ayude con un ejercicio, se lo pides y así sucesivamente. Para el de Aquino, entra dentro de la lógica del asunto que el que desea le pida a Dios, porque es lo que hacemos cotidianamente y es parte de lo que nos constituye como seres humanos, la mutua dependencia, que sale a primer plano en esos momentos de necesidad en el que hasta los más fuertes flaquean. No tiene nada de mágico. No tiene nada de mítico. Tiene mucho de humano. Me he acordado de esto (y he buscado la referencia, claro) al empezar a leer el último libro de Álvaro Pombo, "Quédate con nosotros, Señor, porque atardece" , que empieza con una descripción de la oración de sus protagionistas trapenses. Empieza bien. A ver cómo sigue. Por pedir, que no quede.

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30
May
2013
Utilidades
2 comentarios

Venía a casa escuchando la radio, un programa de esos donde los tertulianos pierden todo tipo de pudor, quizá porque no tienen el rostro de nadie frente a sí, que es cuando uno suele medir las palabras, y alcancé a escuchar que despotricaba contra la religión en la escuela: “que les enseñen algo útil, en vez de religión”. Y hablaba de clases de nutrición, lo cual sería excelente, pero en realidad, sospecho que la nutrición le importaba un rábano. Habría podido decir gimnasia sueca o pampanitos verdes. La cuestión de fondo es la religión, que suele entenderse en términos de un falso dilema . Yo pensaba que la religión es sumamente útil desde el punto de vista cultural, independientemente de las creencias, como lo es la filosofía, independientemente de que uno se vaya a dedicar a pensar o no, o como la música, independientemente… o como cualquier cosa. Pero al mismo tiempo, pensaba que este hombre probablemente (porque entra dentro del saco de un determinado modo de pensar) se indignaría si llenasen el currículum de los alumnos de secundaria de cosas "útiles": economía, informática, métodos financieros… y proclamaría que al quitar de entre las asignaturas cualquiera de aquellas (pongan las que quieran, salvo la religión), el sistema nos haría más sumisos, adeptos, adictos y lo que se le ocurriese sobre la marcha. En realidad, la religión es una de las cosas que nos hace humanos, para bien y para mal. Claro que tengo mi opinión al respecto, pero si se incluye o se excluye de la enseñanza, espero que sea por otras razones que la utilidad o inutilidad, que es en lo que acaban cayendo muchos de los que se calzan las botas de la liberación de toda servidumbre.

Ah, si alguien tiene tiempo, le aconsejo que eche un vistazo a este vídeo (está en inglés): Dios me hizo ciego e incapaz de andar, pero me dio los dones musicales que tengo... Ahí queda eso. Donde uno esperaba una invectiva... El ser humano no deja de sorprender, no, no..

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19
May
2013
Cómo entender a las monjas
2 comentarios

Acabo de pasar por delante de su convento. El de las Catalinas, las monjas dominicas de un monasterio vallisoletano que se ha cerrado, no por falta de vocaciones, sino porque las termitas se lo estaban y estarán (supongo) comiendo. Y eso me ha traído la mente lo que me comentaba no hace mucho una señora, de muy buena fe y bien católica: “no entiendo a las monjas de clausura”. Supongo que a los monjes tampoco, pero ese no fue el tema. Y no sé si a los frailes, a las hermanas, etc. Quizá es que las monjas de clausura constituyen una especie de epítome de las cosas que no se entienden. La verdad es que cuando me dicen eso me quedo un poco sorprendido: ¿qué significa que “no se entiende”? No sé muy bien. Puede que yo no entienda un teorema, una fórmula química o un libro escrito en ruso, ah, y ya quisiera, vaya que sí. Pero eso es relativamente fácil de solucionar (aunque pueda costar 20 años, que no son nada). Se va uno a Rusia o a una escuela, se apunta uno a la facultad de matemáticas o de química o sigue el procedimiento que le conducirá a entender lo que no entiende. Pero una vocación, el sentido de una vida o la decisión de tener un hijo, pongamos por caso, no hay que entenderlas. Aunque se “entendiesen” las razones que uno esgrime para hacer eso, esas razones no son “eso” y crean una especie de costra o de baño maría que rodea el “eso” y que nos impide o nos permite acceder parcialmente al asunto. Cuando los medievales, así en términos generales, sin meternos en mayores berenjenales, hablaban de intellectus siempre lo ligaban con la voluntad, el deseo y el amor, y el Aquinate llega a decir que lo compartimos con los ángeles. Captar razones (la ratio, la razón discursiva), en el caso citado de las monjas, no sé si tiene la menor importancia. A ellas les dará igual, y a los que no las entienden, o a los que sí captan la secuencia argumentativa, seguramente también. Ah, pero “intelligere” es otra cosa. Hasta el misterio de la Trinidad (anda, qué bien traído, hoy, en Pentecostés) cae en lo que se puede intelligere. Mira qué hemos ganado cosas desde el medievo. Y mira que se nos han quedado piezas por el camino…

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15
May
2013
To the wonder
0 comentarios

He visto hace poco “To the wonder” de Terrence Malick. Ambivalencia es lo que siento. Es una película sobre el amor, sobre cómo el amor puede pervertirse o convertirse en otra cosa que está, si cabe, por encima. Y es de una belleza visual abrumadora, en el estilo de ese director por el que siento debilidad desde hace mucho. Y es una película sobre el gozo, esa marca tan cristiana y tan subrayada sobre todo por la teología protestante como uno de los signos de la presencia del Espíritu. Es esta concepción teológica la que está detrás de estos coros de gospel gozando visiblemente de sus celebraciones que atodos nos contagian su estado anímico. Pero, sin duda, es una seña del cristiano. Estad alegres, que vuestra mesura la conozca todo el mundo, dice el Apóstol. Pues bien, todo esto lo pone en imágenes Terrence Malick. Lo muestra. No se puede decir, y tampoco hay que decirlo todo, que de verboso uno puede olvidarse de la cosa. Y sin embargo, ah, tenía una expectativa tan alta que era casi imposible de colmar. He de volver a verla. Tiene un cierto carácter de promesa, de que ahí algo con lo que merece la pena pasar el tiempo, en esa belleza que la inunda, en sus caballos, en sus paisajes, en sus mujeres, en sus danzas intempestivas, en sus puestas de sol, en las texturas de los campos. En el fondo, me daba la impresión de que mostraba exactamente lo mismo que he tratado de escribir por alguna parte, pero lo decía de modo bello. Y eso tiene que ver con la estética, ars pulchre cogitandi, según el filósofo que dio el nombre a esta disciplina. Y la belleza habla tanto de lo divino a quien no se deja someter… To the wonder, hacia la maravilla.

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12
May
2013
Las mujeres de Alaejos
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Parece ser que Quevedo decía: “Calienta más una santa bota de Alaejos que todos los tapices del rey de Francia”. No sé si será verdad, pero lo que sí lo es, es que tiene dos iglesias monumentales, que se ven durante mucho tiempo desde esa carretera que discurre con sus altibajos entre Valladolid a Salamanca. En fin, la cosa es que ayer, haciendo esta ruta, hice un alto para tratar de visitarlas y por suerte, una de ellas estaba abierta. Llegué cinco minutos antes de la misa, así que, como me repatea bastante andar turisteando mientras hay oficios, me quedé a la misa. Más tarde podría seguir admirando esa joya.
No sé cuántas personas seríamos, no más de 40 (probablemente en la misa mayor de hoy habría más, ya que unos cuantos niños hacían la comunión, según anunció el oficiante), de entre los cuales sólo 4 varones, yo incluido: un señor junto a una columna, otro atrás, debajo del coro, un tercero (que creo que también era visitante, ya que al entrar echó un gran vistazo en derredor, abrumado, creo, por la belleza del templo) y servidor. El resto, mujeres, incluidas dos niñas. No sé si esta muestra es representativa, pero no creo errar demasiado si supongo que el porcentaje de mujeres que hacen que la Iglesia siga siendo una realidad viva supera bastante a los varones. No sólo rezan y participan en la liturgia, sino que son catequistas, están en los consejos parroquiales, cantan en los coros y están presentes en absolutamente todo lo que pueden. En buena parte del mundo hoy celebran el día de la madre, que este año coincide con la Ascensión. No saco ninguna conclusión. Sólo pensaba…
 

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4
May
2013
Hablemos de Dios
3 comentarios

Hace un par de días asistí a una conferencia que daba una famosa filósofa española, Victoria Camps, cuyo tema principal era Dios. No interesa aquí mucho el contenido de la misma, sino la demanda, por así decir. El auditorio estaba lleno, cumpliendo de modo inexorable la máxima de Emilio G. Estébanez de que si pones una clase de teología no aparece nadie, pero en cuanto sale el tema de Dios en un foro distinto, sorprende hasta al más optimista la respuesta de la gente. Seguro que caben infinitas lecturas de ese hecho. Unos irán porque les ha obligado el profesor correspondiente; otros para ver si se confirman sus creencias (a favor o en contra de lo que diga el ponente) y en su caso, para hacer valer sus tesis; algunos van a aprender, y otros a disfrutar de la línea argumental y de los razonamientos del ponente (o a sorprenderse por sus debilidades), quién sabe. Pero sí es cierto que hace cuarenta años nadie podría aventurar que una conferencia sobre Dios y sobre el papel de lo religioso en el debate público aún llenaría auditorios. Es verdad que hoy hay innumerables propuestas de sentido que tratan de colmar un cierto vacío o una cierta dimensión de la existencia humana que sale a la luz de vez en cuando, siquiera en los momentos de vagabundeo intelectual, cuando no tenemos la mente ocupada en cosas concretas que exigen sus modos regulados de proceder (sea leer un libro de filosofía, hacer un experimento o ver una película), pero también es cierto que la dimensión religiosa no ha desaparecido del todo. Además, ciertos grupos de gente joven que no pertenecen ya a un mundo en el que, parece ser, la educación y las convicciones religiosas eran un punto de partida contra el que casi era un imperativo de la época reaccionar, preguntan, debaten y discuten con una frescura que llama la atención. Es un hecho que para muchos no es siquiera tema de su mundo, ni siquiera tienen un espacio vital en el que ubicarlo. Para otros, felizmente, es un objeto nuevo, que se les presenta con la novedad de lo que no está ya resuelto de antemano y que suscita el interés que provoca lo muy humano. Que siga la racha, a ver si entre todos…

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29
Abr
2013
En el día de Catalina
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"Da amantem, et sentit quod dico: da desiderantem, da esurientem… da talem, et scit, quid dicam. Si autem frigido loquor, nescit quid loquor” (San Agustín, In Joannis Evangelium, tract. XXVI, 4). Pues sí, algo tiene que ver la actitud con lo que se puede ver. Dame uno que ame, que desee, que tenga hambre y sabrá lo que le digo. Pero si le hablo a uno de corazón frío, no sabrá de qué le hablo, dice San Agustín. Cuando Catalina de Siena afirma que la Trinidad eterna es como un mar profundo en el que cuanto más se busca más se encuentra y cuanto más se encuentra más crece la sed de buscar… muchos sólo verán una expresión exaltada de contradicciones lingüísticas: si ya has encontrado no puedes seguir buscando… Si la sed está saciada no puede al mismo tiempo crecer. No hay nada que uno pueda utilizar como glosa de esas palabras para explicarlas y volverlas convincentes, por así decir. Quien, no obstante, se ubica en la categoría del amante o del hambriento comprenderá, sabrá (ese es el término que usa Agustín) de lo que habla la santa. Es curioso que estas cosas las entienden muy bien los chavales cuando están ensayando los amoríos y viven esa elevación erótica como una especie de novedad radical. Siempre se ha considerado, al menos desde Platón, ese modo de ver la realidad al menos como una posibilidad de percibir la realidad de un modo que escapa a la mayoría de los que vivimos un tanto rutinariamente. Los enamorados pueden comprender bien de qué habla Catalina, aunque no sepan explicarlo. Lo que me recuerda a un profesor norteamericano (creo que lo conté hace tiempo), cuya mujer, que le acompañaba en un congreso por estas tierras, tenía que regresar a su casa antes de que terminase dicho evento. Yo le pregunté si iba a regresar inmediatamente con ella o iba a esperar a que terminase el congreso… Tienes que elegir, le dije con una cierta sonrisa… Y él, con la misma sonrisa, me respondió: yo ya elegí hace cuarenta años. Tanto me impresionó la respuesta que cada vez que le veo, se lo recuerdo. Seguro que sabría de qué hablaba Catalina.


 

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27
Abr
2013
El niño que canta
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Sí, hace unos días que no ando por aquí, pero he visto un vídeo que realmente me ha encantado y me ha hecho recordar que me había olvidado de esto. Es una de esas cosas que uno ve por Internet y que le hacen pensar sobre el asombro que cotidianamente se ofrece a nuestros ojos: un niño cantando. ¿Qué tiene de raro? Si uno lo mira con unos ojos (con miles de ojos analíticos, apresurados, cansados o yo qué sé qué) probablemente no le preste atención o, si se la presta, le parezca algo normal, cotidiano: un niño cantando. Pero a mí, se ve que me ha pillado con otros ojos, porque, simplemente, me ha fascinado, como cuando uno de queda mirando un sitio que ha visto todos los días y piensa: “pero qué bonito es esto” o como cuando una palabra que usa dos, diez o cientos de veces al día se le queda trabada en no sé qué región de la mente y le suena “extraña”: “primavera”, “semitono”, “pero”, “sí”… Simplemente nos parece ajena, como si la escuchásemos por primera vez, como le pasaría a Adán. En este vídeo se ve un niño que canta junto a un cantante callejero y no sólo lo eclipsa, sino que también convierte la actuación de éste en algo casi mágico. Es el puro deleite de vivir, el puro placer de cantar porque sí, la autenticidad más allá de la cual no hay otra. Pensar que hay una época de la vida en que vivimos así, fundados en ese puro gozo de la existencia a mí me abre muchos poros. ¿Quién dijo que no se podía?

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