Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener información y realizar análisis estadísticos sobre el uso de nuestro sitio web. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información en la página sobre las cookies.

Entendido

Logo dominicosdominicos

Blog Bitácora Véritas

Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

26
Oct
2016
Hola, Salman Rushdie... hola don José
0 comentarios

Ayer me encontré con Salman Rushdie. Estaba yo parado en un semáforo esperando para cruzar y miré a mi derecha a ver si venía algún coche. Allí estaba, Salman Rushdie con una gorra de béisbol, no muy allá, y una bolsa de la compra. ¿Salman Rushdie vagabundeando por la calle? ¿Sin escolta? ¿Sin compañía? Naaaa, qué va a ser él. Miré al frente, pero no pude reprimirme y volví a echar la vista a la derecha. Salman Rushdie me miró, prueba, pensé yo, de que se había dado cuenta de que lo había reconocido. Ahí acabó nuestra relación, de cinco segundos. Crucé y el se fue en otra dirección. Tal como cuento la historia, está claro que era Salman Rushdie. Si la hubiese contado de otra manera, lo claro sería que había visto por la calle a un tipo que me recordó a Salman Rushdie. ¿Lo era o no lo era? ¿Importa? ¿Puedo tener la certeza de que le vi o de que vi a un a un sosias? Sin duda. Si alguien me echase una mano para averiguar si está en este momento en esta ciudad, si salió a pasear solo ese día, si fue precisamente por esas calles, y si me miró al saberse reconocido o porque quería cruzar. Todos son hechos comprobables empíricamente, con mayor o menor dificultad, trabajo y tiempo. Hacen falta contactos y llegar en último término a Salman Rushdie y, si se acuerda, que nos diga. No hay duda de que podría llegar a una respuesta segura y firme, a una certeza… que no me importa en absoluto. No toda certeza es necesaria. Toda verdad, sin embargo, sí lo es.

Ir al artículo

23
Oct
2016
Internet nos lo dio...
1 comentarios

Sigo con bastante interés el desarrollo de los prolegómenos de las elecciones de Estados Unidos. He visto los debates, leo algo de lo que dice la prensa y pregunto a la gente qué piensa del asunto. De momento, lo que está claro es que la verdad no parece haber aparecido por la escena todavía. En todo momento  de este recorrido, los candidatos y partidarios tienen claro que se trata de ganar una discusión y, si uno quiere ganar un debate, la palabra clave es "ganar. Lo demás es prescindible. Pero eso es tan viejo como el sol, así que no creo que sorprenda a nadie.
De entre las cosas interesantísimas de todo este asunto, una de ellas, si no la más, es el caso de Kenneth Bone, un señor completamente desconocido para todo el mundo hasta entonces, pero que internet elevó a la categoría de héroe americano simplemente porque sí y por llevar un jersey rojo. Un señor normal, buena gente, que la voracidad de la red consagró y a los dos días destruyó. No sé si las razones son importantes (ciertos comentarios en las redes sociales, el afán de hacer algo de negocio con su recién adquirida fama, cvisto casi como una nueva forma de simonía…), porque estaba claro que era un producto envasado al vacío para ser vendido rápido y desechado más rápido aún. En nuestro ámbito siempre tenemos la preocupación de no llegar mediante las redes a tanta gente como pensamos que deberíamos llegar. Quizá es que tampoco seamos de ese mundo que se mide por números y clics...
 

Ir al artículo

17
Oct
2016
El asombro del que no se sale
0 comentarios

En una de esas lecturas que a uno le vienen a las manos, me encuentro con el texto de un filósofo que habla del asombro como una de las reacciones humanas básicas, que vinculan la respuesta estética con la experiencia religiosa y que, incluso da origen a la investigación científica. Entre sus citas para justificar el asunto aparece Adam Smith, Descartes y, oh, sorpresa, Richard Dawkins, que “ha señalado el asombro como el manantial del que nace la investigación científica”. Pero eso lo dijo hace dos mil años Aristóteles, casi en esos mismos términos. No es que eso sea un problema en cuanto tal, pero sí lo es que haya una cierta tradición filosófica que no reconozca sus orígenes más allá del siglo XVII (y cuanto más cerca de uno mejor, bien pegaditos a las carnes) lo que, en cierto modo, implica que el pensamiento propiamente tal no empezó antes o, en todo caso, que esas cavilaciones no pueden considerarse más que un prenotando para el pensamiento hecho y derecho. El asunto es que con ese pensamiento “impuro” van muchas más cosas que fueron pensadas mediante él, de modo que los pensadores de hoy en día a veces descubren mediterráneos sin ínsulas ni peces, solo con agua destilada de la que se ha eliminado toda su sustancia.

Mientras se conduce es sensato mirar hacia delante, pero conviene echar un vistazo al retrovisor, a los lados, a las esquinas del coche, no sea que se nos despiste alguna señal o la atracción que íbamos buscando.

Ir al artículo

14
Oct
2016
Un mingitorio reflexivo
0 comentarios

 

No, no están esperando para entrar al baño. O al menos no por las razones por las que estamos acostumbrados a esperar.
En el museo Guggenheim, de Nueva York, la obra estrella de la temporada es el váter de oro de Maurizio Cattelan, que lleva por título “America”. El artista ha sustituido uno de los váteres normales del museo por uno de oro al que solo pueden acceder, según se nos dice en la página web, un 1%, porque es un váter normal, aunque sea de oro, y en él se hace lo que se hace en los váteres, cosa que suele llevar su tiempo. No es una obra destinada a ser contemplada, sino a tener “una intimidad sin precedentes con la obra de arte”… y muchas más cosas que pueden glosarla.

 

 

 


No me interesa la obra en sí, sino la experiencia artística. Para entrar a ver/usar el baño se forman unas colas casi kilométricas… y eso que, más o menos a los 10 metros del comienzo, un cartel advierte de que el tiempo de espera es de unas ¡2 horas! No solo es la espera, sino que no olvidemos que se trata de un váter, ubicado en un servicio pequeño, sin ventilación… Y el que va detrás ya sabe que lo que le espera no va a ser precisamente odorífero… y ojalá solo sea eso. Cada vez que alguien sale, miles de ojos se fijan en la persona que abandona el santuario, clavados en el privilegiado que ha tenido acceso a lo que a las masas les ha sido vedado (hay más inodoros de loza en el museo, pero no son ese). Es una ocasión única de usar una obra de arte… Cuántas cosas y cuántas penalidades pasa uno por amor al arte.
En fin. A mí me ha dado mucho que pensar. Sobre todo por cómo los asiduos a los museos se han vuelto peregrinos de un mundo en el que se busca desesperadamente un sentido y una suerte de salvación secular, al tiempo que se miran con una cierta condescendencia, cuando no con abierto desdén, las prácticas religiosas. Sobre esto hay mucho que decir, y en ello estoy... Cuando, próximamente, la intelligentsia, como es ritual, critique el belén navideño por razones religiosas, imaginaré que algunos de ellos harán o harían encantados cola en el mingitorio del Guggenheim.

 

Ir al artículo

12
Oct
2016
Defíneme a Dios
3 comentarios

Hoy, en una clase en la que se discutían cuestiones relativas a las definiciones, me han pedido que diese una definición de Dios. Lo primero que se me ocurrió fue: no sé. Vamos. Hombre, me dijo la profesora y amiga, bromeando: si no lo sabes tú no lo sabe nadie. Me tiene por un teólogo profundo, se ve. Qué equivocada está (aquí vendría un emoticono de una carita sonriendo). En fin, ante sus insistencia di una definición sencilla, pero potente (aunque sujeta a contraejemplos, como todas), que sirvió para salir del paso. La misma pregunta, no obstante, me hizo pensar en que una definición sirve para orientarse, pero nunca para asirse a ella, porque salvo en aquellas cosas que hemos creado nosotros y que definimos de antemano (como un avión o una tostadora), al definir lo real que no hemos hecho nosotros nos acabamos embarrando. Parece, por otra parte, que un Dios que se deja atrapar en una definición precisa queda en parte negado. En fin, que le estuve dando vueltas al asunto después, para celebrar el día de la Hispanidad, que, quiérase o no, tanto tiene que ver con el asunto. Feliz día.

Ir al artículo

27
Sep
2016
Rezar en los mundos
1 comentarios

Me acabo de encontrar con una señora a la que conozco desde hace mucho tiempo… Seguramente más de 20 años. Tras el saludo protocolario del “qué tal”, ella, en vez del protocolario "bien", me ha contado, concisamente y sin caer en detalles, que una afección la había tenido cuatro días postrada en la UCI. Y concluyó, cuando nos despedíamos: “si me voy, ya sabes que tenéis que pedir por mí”. Me quedé pensando en lo raro que se ha vuelto encontrarse con una persona que habita gustosa en ese mundo en que lo trascendente no se ha convertido en un tabú, sino en una parte más, esencial, de la vida. Es verdad que lo políticamente correcto es no hacer mención de ello, por temor a herir las sensibilidades de quien no cree. Pero no es menos cierto que también sería poco políticamente correcto hacer que quien tiene unas determinadas convicciones y experiencias no pueda vivir en ellas. Tengo una amiga completamente “secular” (así se define ella) a la que el mundo religioso le fascina y le parece, al mismo tiempo, increíble e impracticable. No hace mucho pasó por un trance duro y complejo y, como hay confianza para trascender la corrección política, le dije que rezaría por ella. Como es lo bastante sensata para creer que mal no le va a hacer (no todo el mundo es de esta opinión tan incontestable: si no hace bien, tampoco hará mal, aunque hurgando se puede llegar a una interpretación aviesa, que aviesa es), en eso hemos quedado y en eso estamos. Compartir también es compartir los mundos en los que uno habita.

Ir al artículo

11
Sep
2016
Más allá de lo religioso
1 comentarios

Esta mañana leía en un periódico un homenaje bastante bien informado a la religiosa española que han asesinado recientemente en Haití. Para mi sorpresa, el redactor concluía algo así como que lo que ella había hecho iba bastante más allá de lo religioso, cosa que no me encaja bien con tan perspicaz escribano.

Estos días pasados se ha celebrado en Salamanca un congreso sobre derechos humanos y ha tenido lugar en la misma sede la reunión de la Comisión Internacional de Justicia y Paz de la Orden. El mensaje de ambos eventos es el mismo: la justicia y la paz no son distinguibles de la vida cristiana. No se trata de un añadido para algunos, sino que es parte integrante fundamental de la vida cristiana. Probablemente, una cierta tradición heredada tiende a considerar benévolamente la religión como un conjunto de creencias más o menos abstractas que responden al origen y el fin de lo real, al sentido de la vida, a ciertas normas morales de obligado cumplimiento y cosas por el estilo que, un tanto desde arriba, guían la acción. Pero la “vida” cristiana es “vida” y la vida, antes que nada, se vive. En ese vivir se incluye pensar, rezar, creer, asentir, disentir y lo demás, cambiando la propia mente y la propia acción a partir de esa experiencia fundante. No es que no haya nada “más allá” de lo religioso, que seguro que lo hay. Es que lo que esta benemérita y santa misionera hacía es parte pura de la vida cristiana, sin necesidad de "másallarse".

Ir al artículo

19
Jun
2016
Yo no soy el Otro
1 comentarios

En una entrevista que le hacían el otro día en un suplemento dominical a un psicoanalista, éste hablaba de una monja de clausura que reflexionaba sobre la soledad como un medio para “encontrarse a solas con el Otro”. Y continúa el hombre: “Ella lo llamaba Dios, pero costaba poco entender ese Otro como una forma de su propio goce más ignorado por ella misma”. En realidad, cuesta bastante hacer eso, porque hay que estar versado en teoría lacaniana para escribir “el Otro” con mayúscula y entender de qué se habla. Y además, hay que ser lacaniano para sospechar que es posible reducir a Dios a este Otro. O sea, que fácil e intuitivo precisamente no es. Por otra parte, si bien es posible que, desde determinadas perspectivas que reducen lo religioso a un elemento funcional, se pueda establecer esta equivalencia, cada vez me convenzo más de que lo religioso no es reducible a otra cosa. Sí, es verdad que algunos teólogos utilizan una terminología semejante para referirse a Dios (el/lo totalmente Otro), para salvar su trascendencia, pero aún así, no creo que puedan establecerse más que analogías entre ambos “Otros” en las que, como es sabido, prima la diferencia sobre la semejanza. En fin, que aunque articulemos nuestra existencia, según los lacanianos, en función de este Otro (simbólico) es imposible rezarle a este Otro inconsciente, que no es creador, no se ha encarnado, no tiene una mirada providente y no hace promesas escatológicas. El Otro que es Dios es muy otro que el Otro.

Ir al artículo

9
Jun
2016
Grandes relatos
1 comentarios

En este interesante artículo, en el que se reflexiona sobre las supuestas conversiones de última hora, aparecen unos cuantos temas relevantes para los religiosos. Uno de ellos son las famosas listas de “ateos” que los cristianos no pueden supuestamente tolerar, a los que cristianizan de una y otra forma: que si rezaba secretamente, que si llevaba oculto un crucifijo, que si en sus últimos momentos dijo… Quién sabe lo que pasa por uno y por lo que pasa uno. Dios sabrá (obviamente esta frase no se usa en ese contexto). En esas listas se mete al personal de manera un tanto indiscriminada. En el caso comentado, no cabe duda (supongo) de que Hitchens o Dawkins lo son, porque lo han proclamado en todos los foros y hasta son padres fundadores de eso que se ha llamado “nuevo ateísmo”, pero Darwin no encaja tan claramente en esa lista… O al menos, si lo hace, seguramente no por las razones “científicas” que supuestamente se le imputan al meterlo en una lista de pensadores que, como grandes luminarias, parece que no pueden más que abrazar la actitud racional y razonable. Alister McGrath, a quien sigo en esto, ha estudiado bien la cuestión en varios textos. Ha rastreado a Darwin de arriba abajo y ha entresacado un montón de citas en las que dice que su teoría no es incompatible con un creador, etc… Parece que sus agonías (o lo que fuere) religiosas tienen más que ver con asuntos personales, más con sufrimientos de la carne que con deducciones científicas. Estas humanizaciones de los titanes no vienen bien a nadie. Necesitamos dioses que nos guíen y un ateo que lo es porque no puede tolerar la muerte de su hija (caso de que fuese así) no parece tan titán como uno al que su actitud racional le ha llevado a ello (caso de que fuese así). Aun así, solo Dios sabe lo que pasa por uno y por lo que pasa uno (repito). Y trampoco sé cuán importante es hacer listas que convierten la vida y al personaje en un número.

El autor señala aquello de que afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias (atribuyéndoselo a pensadores sabios, como son Laplace, Hume, Sagan y Hitchens). Y dice: “es difícil imaginar una afirmación más extraordinaria que aquella de que una inteligencia oculta creó un universo de más de cien mil millones de galaxias, cada una con más de cien mil millones de estrellas, y luego esperó más de 13,7 mil millones de años, hasta que en un planeta de un rincón remoto de un sola galaxia se desarrolló una atmósfera lo suficientemente oxigenada como para favorecer la vida, sólo para luego revelar su existencia a una variedad de grupos tribales violentos antes de desaparecer de nuevo”. La verdad es que no sé qué Dios es este. Desde luego el cristiano, no. Si acaso una suerte de demiurgo. Pero en todo caso, lo relevante es que el cristianismo está lleno de personajes que no podían creer cosas que les parecían increíbles. Hume, en su crítica a los milagros, supone que en la antigüedad el personal creía casi cualquier cosa: la resurrección podría haber sido fácilmente creída por individuos un tanto atolondrados, como eran los de aquella época, pero no es materia de fe para gente del siglo XXI. Parece que en el siglo I la gente resucitaba de vez en cuando, por ver cómo iba el partido. Pero los evangelios insisten por activa y por pasiva en que el relato de la resurrección no se lo creían ni los discípulos. Hasta que creyeron porque vieron. Pero este es un tema que dejo a los especialistas, a los que he tenido la suerte de leer últimamente respecto a los relatos de la resurrección. Léanlos a ellos y saquen sus conclusiones.En todo caso, lo que a mí me suscita lo que describe el párrafo que redacta este hombre es asombro (los ingleses dicen "awe", que suena "oooo". Me gusta). A él incredulidad religiosa. A mí un asombro casi místico. Supongo que me aceptarán que es tan legítimo como aquella.

 

 

 

Ir al artículo

30
May
2016
La creencia de Julián socavada por Javier
2 comentarios

En un artículo en el que Javier Marías se interesa por el duelo de F. Savater, que he leído con gusto, me he encontrado con algo que me sorprendió. Habla de cómo, cuando su padre, Julián Marías, hombre de profundas convicciones religiosas, perdió a su mujer, pasó por un período de profunda melancolía. Cuando se recompuso, creía ?nos dice? que cuando se reuniese con ella “ella sería quien le abriera la puerta”. Y continúa: “A mí me daban ganas de preguntarle qué puerta, pero irritarlo en exceso no habría estado bien, y, por absurdo que me sonase aquello, sabía a qué puerta se refería”. Y esto está pero que muy bien. Pero, ay, no todo podía ser felicidad. Javier Marías termina el párrafo así: “No hay por qué socavar las creencias de las personas, si las ayudan a sobreponerse a la tristeza o a la desolación”. Al leer esto pensé en dos cosas. En primer lugar tenemos el argumento básico de que, dado que las creencias religiosas prestan consuelo y ayudan a sobrellevar circunstancias dolorosas, esa es toda su realidad. Ser un analgésico. Cualquier lector medianamente avispado se habrá dado cuenta de que ese argumento no es un argumento correcto, sino falaz. No se sigue. Pues eso. No le demos más vueltas, que el timor Dei sustenta tantos ateísmos como el deseo creyentes.
Pero aún me llamó más la atención otra cosa: ¿quién autoriza a alguien a socavar la creencia de otra persona sin ningún argumento? ¿En razón de qué se le pasó siquiera por la cabeza a Javier Marías que estaba autorizado a emprender ese proceso? Nunca he entendido muy bien esto. Javier Marías está seguro de que su cosmovisión es cierta. Su padre, Julián Marías, lo estaba de que lo era la suya. Probablemente uno de los dos esté en lo cierto, y seguramente uno está más cerca de otro que la verdad. No veo por qué Javier cree que debe, puede o “hay por qué” (recordemos que no “hay por qué” porque consuelan) socavar las creencias de su padre, desde su firme y subjetiva creencia (como la de su padre). En fin, será el espíritu de la época, bastante acrítico, dicho sea de paso.
 

Ir al artículo

Posteriores Anteriores


Suscripción

Suscribirse por RSS

últimos artículos

Archivo