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Blog Bitácora Véritas

Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

21
Ene
2014
La banda de las monjas
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En alguno de esos periódicos que suelo ojear me he encontrado con el anuncio del estreno de la película “Band of sisters”, que espero ver en cuanto esté disponible. Cuenta, parece ser, la historia de algunas monjas católicas estadounidenses, aprovechando, por lo que se ve en el fragmento promocional, el tirón de aquella investigación que el Vaticano andaba haciendo por allá y de la que nunca más se supo, o al menos yo, como parte de ese todo indiferenciado al que le van suministrando las noticias en dosis controladas, nunca más supe.
Alguna vez he hablado aquí de las monjas. He dicho alguna vez que para los que pasamos por la Virgen del Camino fueron alma mater, en el sentido más propio del término. He tenido ocasión de conocer a otras que ostentas cátedras en diversas universidades y a algunas que, ciertamente, ejercen el papel de vanguardia en infinidad de cosas: desde dejar atrás las piedras que pesan demasiado, sin que la historia se convierta más en una limitación que en una liberación, hasta ponerse al frente de algunos proyectos que parecen inimaginables… hasta qiue ellas los acometen, y cuando llegan las estructuras a dar forma a un proyecto, resulta que, como reza el título de ese libro que publicó San Esteban hace unos años, “Dios ya estaba allí”. Así que quedo a la espera de conseguir ese documental, a ver qué es lo que documenta.
 

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14
Ene
2014
Lo que escribí me parece paja
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Ayer aparecía la noticia de que se había muerto Ian Barbour, uno de los personajes que más han hecho por reconciliar algo que no tendría por qué ser reconciliado si no fuese porque en algún momento empezó una discusión, una de esas que se parecen a las que se dan en las familias por un quítame allá esas pajas… Y pasan años, nadie se acuerda exactamente de qué fue lo que la lo originó o, si se acuerda, seguramente se da cuenta de que el asunto ha perdido la fuerza inflamatoria que tuvo en su origen, pero, claro, quién se apea del burro a estas alturas. En fin, me refiero a las diputas entre ciencia y religión. Barbour, que sabía bien de qué hablaba en cada uno de los dos campos, recibió el premio Templeton hace unos años. Cuando recogió su galardón, dijo (según se nos cuenta en el obituario que publica la prensa): “si tomamos la Biblia seriamente, pero no literalmente…” Los filósofos contemporáneos llevan mucho tiempo discutiendo algo que también discutieron los clásicos, los medievales, los modernos…, es decir, la cuestión de qué es exactamente el sentido literal. Y no es siempre tan fácil de resolver, porque buena parte de lo que decimos no se puede señalar con el dedo, y aunque se pudiese, a lo mejor eso no sería el sentido literal. Pero, bueno, eso nos aparta del asunto. Lo que me llamó la atención de esta frase es que Barbour recoge algo que, por ejemplo, tanto San Agustín como Tomás de Aquino tenían muy claro. Ambos leen la Escritura con una enorme libertad alegórica, tanta que a veces cuesta reconocer el “sentido literal”. En un libro de Paul Murray que pronto aparecerá en San Esteban, en el que estudia las oraciones compuestas por Santo Tomás, sus comentarios bíblicos y demás cosas que no parecen encajar en la imagen escolástica, seria y analítica del Aquinate (¿se han fijado en la musicalidad del Adoro te devote o del Sacris solemniis?) se nos cuenta que, cuando Tomás tuvo su célebre visión, aquella que le llevó a dejar de escribir, dijo, como es sabido, que todo lo que había escrito le parecía paja. Precisamente, según se nos dice en este libro, “paja” era el término utilizado en el medievo para designar el sentido literal. En cuanto dejamos un poco la “littera” (será para que respire el espíritu) el ánimo se ensancha, se vuelve magnánimo, y no nos pegamos por las tildes.

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23
Dic
2013
Religión, Prozac y Pascal
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En algunos ambientes en los que uno se mueve se respira mucha religiosidad en estas épocas. En otros algo y en otros poca o ninguna. ¿Peor para estos últimos? Hace tiempo que vienen apareciendo estudios sobre la relación entre religión y salud, hasta en las revistas dirigidas al gran público, que popularizan lo que otros hacen en sus departamentos o laboratorios. Un artículo aparecido en una revista alemana subraya esto: las personas religiosas tienen mejor salud que las no religiosas. Ojo, que aquí suelen dar los tertulianos el paso falaz de, sin más, afirmar que la religión es un mecanismo (evolutivo, social, o lo que sea) cuya única función es procurarnos salud, otorgarnos tranquilidad de espíritu o de mente o generar vínculos sociales que coadyuven en la expansión de nuestros genes. Hablamos de estudios generales y seguramente habrá quien diga: ah, pues a mí no me pasa eso. Soy muy religioso y tengo una salud fatal; o a la inversa. Pero esos se escapan a cualquier estadística. Lo que importa es que el hecho de que la religión mejore la salud o haga que la gente tenga menos tendencia a la depresión (que de eso habla el artículo al que me refiero) no indica más que una correlación. Si uno dice: la práctica de la religión mejora la salud, luego la religión no es más que un recurso para ello, está cayendo en una falacia de las que se estudia en primero de la filosofía, del tipo de: siempre que llueve saco el paraguas; saco el paraguas, luego llueve, o, quizá más exactamente, un tipo de aquella del post hoc, ergo proter hoc. Si el ser religioso nos hace saludables, concluyen algunos, debe tener algún elemento de ilusión para procurarnos la salud. Como la aspirina, vamos, una creación ad hoc. En fin, que en estos días religiosos, uno puede serlo por creencia o por ahorrarse dinero en prozac. Pascal creía que incluso esta segunda manera, acababa conduciendo a la religión en su sentido más pleno (si bien el autor del artículo mentado no es de esa opinión). En todo caso, si es verdad (de lo que estoy convencido) y aumenta nuestra salud,… ¿qué más se puede pedir? Aunque, como dice el artículo, la religión no sea una pastilla...

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13
Dic
2013
Feliz navidad o felices fiestas
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Cuando uno quiere conocer las tendencias relativas a creencias religiosas, cuestiones morales u otras relacionadas, seguramente acabe encontrándose con los informes Pew. Recientemente han hecho una encuesta interesante entre los estadounidenses respecto a si quieren que les feliciten las fiestas o las navidades. Es extraño que, a estas alturas, no haya salido, aquí, la polémica habitual de si las fiestas que celebramos son el solsticio de invierno, la navidad o el rechazo de las tropas invasoras aquel día por la mañana (como si, por otra parte, la cosa fuese excluyente). Llama la atención que, en EE.UU, hay dos tendencias mayoritarias: los que prefieren que les feliciten las navidades y a los que les da igual. Los que prefieren que les feliciten las fiestas, a secas, son muchos menos. Parece, pues, que hay un grupo fuerte que reivindica las raíces cristianas, otro que las reconoce y uno menor que se encuentra alejado de estas posturas (es una lectura rápida que seguramente habría que matizar mucho más, pero no viene al caso ahora). Precisamente cuando leía este informe, me enviaron un vídeo de una canción que canta el American Christian Life United Choir que reivindica el carácter exclusivamente cristiano de las fechas, invitando a los consumidores a no comprar en los establecimientos que no dejen claro en sus escaparates qué es lo que se celebra. Ya se sabe, parte del espíritu norteamericano pasa por no tener demasiados reparos en defender la libertad personal, también a la hora de declarar públicamente las creencias religiosas. No es raro ver coches con el símbolo cristiano del pez, que testimonia sin reparo alguno las creencias religiosas del automovilista. Aquí, por el contrario, eso queda reservado al territorio íntimo. Y eso que la separación Iglesia-Estado es dogma fundacional en ese país. Probablemente por eso hayan alcanzado esas cotas de libertad de expresión, también religiosa. En fin, cuando llegue la noticia de que no sé qué senador pide que desaparezcan los símbolos religiosos de las calles y que sean sustituidos por cubitos luminosos, pensaré: también en esto nos llevan varias décadas de ventaja al otro lado del charco.

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6
Dic
2013
El hijo pródigo y las ecuaciones diofánticas
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Ayer leía un articulillo sobre la belleza matemática. En un determinado momento, el autor usa, de modo inesperado, pero sumamente sugerente, la parábola del hijo pródigo para aplicarla a los que se mantienen en paradigmas científicos o, en general, intelectuales, caducos y son incapaces de ver las novedades que se les vienen encima. Hablando de los números algebraicos y las ecuaciones diofánticas dice así: “aunque la apariencia de infinitamente muchas dimensiones es inquietante para muchos de los que, como el hermano mayor de la parábola, sirvieron sin transgresión durante tantos años, creo que son un elemento inevitable de cualquier teoría adecuada”. Me llamó sobremanera la referencia al hermano mayor de la parábola, que sirvió siempre según lo que debía hacer, y en eso, su actitud es más que laudable. Si no hubiese hermanos mayores, difícilmente se mantendrían las instituciones y los paradigmas. Pero si no hubiese hermanos menores, es posible que las instituciones se anquilosasen y los paradigmas rígidos impidiesen el avance del saber. Posiblemente, el padre perdonase a este porque también había perdonado al otro, que sirvió sin transgresión. Mira si no hay razones para que los muchachos estudien religión. Para entender un texto de filosofía de las matemáticas, entre otras…

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2
Dic
2013
Amo de la Orden y Pepe Cosmen
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Hace tiempo, en una reunión de trabajo (antes se llamaban simplemente reuniones; ahora las diferencias que se han impuesto por todos los lados, nos obligan a hacer estas precisiones específicas) nos dieron un texto, cuyo original era inglés y que no sé quién o qué habría traducido (porque he intentado hacerlo en Google y el traductor no comete esta torpeza) en el que “Master of the Order” daba como resultado, en español “amo de la Orden”. Y sí, claro que funciona. Cuando apareció Bruno Cadoré por allá, los de habla hispana y algunos que comparten cosas de nuestro vocabulario ?algún filipino? comenzamos a llamarle “amo”, entre risas y demás. Timothy Radcliffe, en alguna de sus charlas, recuerda cómo, cuando era Maestro de la Orden, la lectura evangélica que conmina a no llamar a nadie “maestro” aparecía más habitualmente de lo esperado. En fin, que de nominibus non est disputandum, que decía el Aquinate: si uno sabe a qué se refiere, las palabras fluyen. Otra cosa es cuando uno no tiene mucha idea de la cosa. Entonces si se desata una logomaquia bien nutrida. Acabamos discutiendo sobre las palabras, y a los cinco minutos, la realidad (que la hay) se ha desvanecido por completo.
Esto me venía a la mente en el día después de que haya muerto Pepe Cosmen. Todos los frailes le conocíamos por muchas cosas, y no es la menor por su hermano Basilio Cosmen, fraile dominico que es, y a quien aprovecho para enviarle mi pésame. Su cara pública era la del fundador de Alsa, la principal empresa de transportes de España, respecto a la cual, en alguna ocasión, alguien me dijo (quizá confundiendo a Basilio con Pepe) que nos debía estar haciendo ricos, ya que pertenecía a los dominicos. En fin. No es nuestra, doy fe.

Recuerdo que cuando viajaba con una cierta regularidad por una ruta, hace tiempo ya, uno de los conductores, con el que uno acaba simpatizando, aunque sólo sea por lo habitual del encuentro, al saber que era del pueblo mismo pueblo que Pepe Cosmen, comentaba el carácter cuidadoso que éste tenía hacia sus empleados, siempre preocupado por si las cosas les iban bien en su familia, en sus asuntos… algo que contrasta con cómo nos comportamos hoy en nuestros trabajos, como islas voladoras de las de los Viajes de Gulliver. Mucho se habrá dicho y se dirá sobre este hombre, a quien yo sólo conocí indirectamente. Pero seguramente podamos afirmar que fue “master” , pero no fue amo. Como Bruno Cadoré, Carlos Azpiroz, Timothy Radcliffe, etc. etc.
 

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3
Nov
2013
Toma de hábito con su correspondiente chacona
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El día 1, fecha señalada, los cinco novicios que hay este año tomaban el hábito. Como nos recordaba el maestro de novicios, la ceremonia, sencilla y austera, pero simbólica hasta más no poder, se realiza tal cual desde los orígenes de la Orden. Me viene a la mente la chacona, esa precisa forma musica (hela aquí una preciosa)  en la que el bajo va repitiendo una y otra vez el mismo motivo y las voces superiores van haciendo variaciones que se enredan y ascienden que da gusto oírlas. Algo de eso hay en este tipo de ceremonias y celebraciones, en las que lo fundamental permanece para dar sustento a las novedades que el intérprete de la vida dominicana ?unos mejores y otros no tanto, como en el referente musical?, inspirado, va atreviéndose a acometer. Pues bien, una de estas cosas que se piden al iniciar el noviciado (ahora separado de la toma de hábito), en fórmula consagrada, es “la misericordia de Dios y la vuestra”, es decir, la de los miembros de la Orden que reciben a los candidatos. Un ligero añadido que se me ocurre es que los de dentro pidamos misericordia a los que quieren entrar, porque si los que vienen traen sus virtudes, sus defectos, sus cosas y demás, los de dentro no somos distintos en eso. Y es que, a pesar de todo, la vida dominicana sigue teniendo atractivo, como lo muestra la continuidad que establecen los novicios, con su ánimo, su ilusión y sus ganas de comenzar y variar creativamente el fundamento sobre el que muchos hacemos nuestra variaciones. Que suene su chacona, pues.

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25
Oct
2013
Yo quiero ser anónimo
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Parece que el precepto de “que lo que haga tu mano derecha no lo sepa la izquierda” es cada vez más difícil de cumplir, si no imposible. En el evangelio hay llamadas a varias cosas: a no perder la cabeza cuando las cosas no pintan bien (lo cual parece imposible, es verdad), a confiar (¿en qué? en todo), a ser discreto, oculto incluso respecto a las cosas que uno hace, desea o quiere… aquello de “enciérrate en tu cámara” y tal. Pero la tecnología, una cierta vanidad y la configuración del mundo que nos hemos dado nos lo ponen cada vez más difícil. Uno hace una buena acción (me resisto a llamarla una acción correcta, aunque hace años que se ha impuesto eso en el lenguaje filosófico anglosajón) cuando ?platónicamente? “ve” el bien y lo pone por obra. Inmediatamente facebook o algo así lo publica (si uno no es lo suficientemente hábil para impedírselo) y comunica al mundo que tal acción ha sido hecha por tal persona, probablemente para sumar a más personas a esa cadena, pero ¿dónde queda esa especie de esfera de intimidad, también en las acciones, que uno no quiere violentar, como el donante anónimo que quiere, como su nombre indica, que no se sepa su nombre? Junto a esto, ese gotita de vanidad que da seguir ciertas corrientes de opinión socialmente correctas (ahora sí, “correctas”, que no significa que sean buenas, como su nombre indica) me lleva a publicitar, un poco queriendo, que he hecho esta acción, pero no aquella otra, porque no está bien visto que defienda ciertas cosas, sean los derechos de tal o las ideas de cual. Porque el mundo no es un receptáculo neutro en el que simplemente hacemos cosas que contribuyen a llenarlo, ni un almacén de posibilidades virtuales que están esperando que nuestras voluntades lleguen a darles forma y a sacarlas a la existencia. No, el mundo está configurado con multitud de “síes” y “noes” que indican perfectamente bien por dónde va la corriente: qué es lo aceptado y qué no. En fin, qué sabio es lo de “enciérrate en tu cámara”. Aunque no salga en facebook.

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10
Oct
2013
Herejías y demás
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En una excelente obra que acaba de publicar, con el sugerente título de “El rostro de Dios” (pendiente de traducción, supongo), el filósofo británico Roger Scruton se hace eco de una idea muy interesante que ya señalaba Johannes Crellius allá por el siglo XVII. Este teólogo socianiano señalaba el contraste que existía entre la intolerancia que, a su parecer, el catolicismo mostraba hacia los herejes y su coexistencia y aceptación de "los judíos y los musulmanes", con quienes negociaban sin mayores problemas y cuyas “blasfemias contra Cristo”, afirmaba él, se ignoraban tranquilamente. La razón de fondo por la que todas las religiones tratan con dureza la herejía, según Scruton, es que las pequeñas desviaciones son las que ponen en peligro la ortodoxia. Hay un umbral más allá del cual una desviación ya no cuenta como tal, sino que uno se pone claramente fuera de una comunidad, de una forma de vida o de un sistema de pensamiento, y ya no representa un riesgo para ninguno de ellos. Esto sucede en cualquier forma de vida o de saber. En todos ellos (religión, ciencia, arte, política...) hay herejías que se combaten con dureza, y, más allá, están esos individuos extravagantes que el núcleo de las instituciones mira, en el mejor de los casos, con compasión y risa, si es que no es con desprecio. Pero eso sucede siempre y en todas partes. Y me da la impresión de que son los debates sobre las cuestiones específicas los que consiguen que las cosas cambien y avancen. Cuando uno cifra todo a un órdago del todo o nada es más que probable que sea completamente ignorado, como aquellos que han roto con todo lazo que les vincule a aquello que quieren cambiar. Y digo esto porque escucho en la radio a todo tipo de tertulianos que saben perfectamente cuáles son los cambios radicales que tiene que llevar a cabo el Papa Francisco, muchos de los cuales, le situarían bien lejos de sí mismo. Vamos al paso, que dicen en la República Dominicana y así se llega bien.

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20
Sep
2013
Kim en la wikipedia
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Estaba echando un vistazo a la vida del santo de hoy, Andrés Kim y en la wikipedia (edición española, hoy, mañana quién sabe… ya no se aplica aquello de verba volant, scripta manent) dice que fue bautizado a los 15 años y ordenado sacerdote a los 9. En fin, cosas del ciberespacio que no pasaban antes. Pero no son los datos lo que me inquieta. De hecho, a este respecto no me inquieta nada. Sólo me sorprende el valor de esta gente que ponía su fe y su lealtad por encima de todo. En realidad, no por encima de su vida, porque la vida (al menos en cualquier acepción que vaya más allá de la estrictamente fisiológica) no es aquello que está detrás, más allá, soportando o sustentando las creencias, las esperanzas, las inseguridades o las alegrías. La vida es precisamente eso, de ahí que uno pueda estar muerto en vida mucho antes de que le acontezcan patologías o accidentes incompatibles con la vida, en esa expresión tan eufemísticamente adecuada.
Seguramente todos conozcamos gente que cumple bien esa expresión tan gráfica de “dead man walking”, un cadáver ambulante. Sí, hay vida, le ha dicho el médico, pero de aquella manera. Y a la inversa, gente que tiene todos los motivos “ónticos” (perdón por la palabreja) para estar acabada y sin embargo “ontológicamente” (perdón de nuevo) son un aire fresco en la vida común. En fin, da igual si uno recibe los sacramentos en un orden también incompatible con la vida (wikipedia dixit). Lo que cuenta, seguramente, es la vida que contagia vida.
 

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