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Blog Bitácora Véritas

Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

23
Sep
2014
Son las monjas las que lo cuidan, hombre
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Estaba leyendo la reseñita de un libro y me he encontrado con la referencia al convento de Santa Catalina, en Arequipa, que, por lo visto, es un prodigio colonial. Con ese nombre, pensé, tiene que ser de dominicas. Pues no me ha costado poco certificarlo, vaya. La web del sitio (su parte turística) no dice ni mu, y la wikipedia, que habrá copiado de allá, menos aún. Sólo un periódico de la zona me ha certificado lo que pensaba y, al leerlo, me he encontrado con el comentario de un turista, que dice: “Está tan bien conservado que no se cree que hayan pasado tantos años desde su construcción. Entras y respiras paz. Es todo prolijo y bien cuidado, a mí me encantó”. Va a ser, sin duda, porque las monjas llevan allá desde su fundación. Sin duda.
El otro día estuve en Caleruega y pude charlar un rato con las monjas. Hacía tiempo que no iba. Muchas de ellas son mayores e impedidas, de modo que las que quedan en estado activo tienen que hacer no solo el trabajo que antes hacían entre todas, sino bastante más, pues atienden a las otras. Y, como siempre, el monasterio está como una patena. “Está tan bien conservado…”, diría el turista. Ya, por las monjas. Ojalá duren otros 800 años allá.
 

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22
Sep
2014
Ay, qué hipótesis tan rara
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Leía ayer las declaraciones que S. Hawking hacía a El Mundo sobre la no existencia de Dios y la capacidad de la mente humana (léase la mente humana científica) para comprenderlo todo y pensaba: esto habría que titularlo algo así como “profesión de fe del vicario cantabrigense”, salvando las distancias y defendiendo casi todo lo contrario de lo que el autor de la profesión de fe aludida ?Rousseau, claro? pretendía hacer. Es, simplemente, una profesión de fe. O no simplemente. Pero eso no es algo que se pueda explicar en una cátedra de física, ni seguramente algo que se deba tratar allá, porque no es su materia. En las glosas que, en la prensa (concretamente en El Mundo), hacían dos comentaristas a estas declaraciones, ambos citaban aquellas palabras de Laplace a Napoléon de que Dios no era una hipótesis que él necesitase. Obviamente. No es una hipótesis y hasta donde yo sé, grandes pensadores que en el mundo han sido (vid. Agustín, Tomás... ya sé que me limito, pero de estos estoy seguro) no lo consideran así. Muchos escépticos (no sé muy bien por qué autores cientifistas se llaman a sí mismos escépticos, cuando más bien son claramente dogmáticos) o pensadores críticos (¿acaso los creyentes no son críticos?) se empeñan, quizá para ganar por adelantado una batalla un tanto amañada, en presentar al pensamiento religioso como una defensa unánime y firme de Dios como hipótesis explicativa. Y realmente no es eso, o no lo es al modo de las hipótesis científicas, o no solo es eso, o… Por eso no necesitaba Laplace esa hipótesis. En realidad, somos mucho más que constructores de hipótesis y el conocimiento abarca mucho más que esto, por mucho que les disguste a los reduccionismos que acaban por sajar la realidad y vaciarla de todo lo que no les gusta. Y ahí seguramente Dios sí pinta algo. Pero, claro, todo depende de la idea de persona que maneje uno y esas cosas… Ah, lean los pequeños despropósitos filosóficos de un catedrático de física en ese mismo periódico citado. Luego dicen que la filosofía no sirve para nada. Por lo menos algo de epistemología deberían estudiar estos buenos hombres... En fin, era por empezar con algo el blog que tengo arrumbado no sé desde cuándo. Sin mayores pretensiones

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17
Ago
2014
Voz que clama en el desierto
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Una pausa en estas vacaciones blogueras que, según parece, me estoy dando. La motiva toda la tragedia del ébola, el traslado del misionero español a España, con el consiguiente debate que “incendia” las redes sociales (me parece curiosa esa expresión, que da a entender un montón de gente debatiendo de manera airada, supongo, si no no entiendo lo del incendio, y cuando se debate de esta manera los argumentos suelen salir enclenques). En todo caso, todo el complejo virus-misionero-etc. asegura que la atención se mantiene en un tema al que parece que se quiere encontrar una solución, sea por razones de justicia o por intereses de otro tipo. Junto a esto, las portadas nos ilustran con el lío de Irak, Siria y la barbarie de esos personajes cegados también por la ira (seguramente también de argumentos canijos) que arrasan a su paso con lo que encuentran, historia que, mientras mantenga un lugar en esa mente colectiva que son los medios y demás, aún alberga un hilillo de esperanza para las víctimas. Pero hay infinitas tragedias que no tienen un rostro cosmopolita. Solo se enteran de ellas los que andan por allí cerca.
En el último número del boletín de los Misioneros dominicos de Perú se nos transcribe una información aparecida en el diario La República, de Perú, en junio de este año. Dice así: “El obispo de Puerto Maldonado, Francisco González Hernández, y el sacerdote Pablo Zabala Martínez, que realiza su labor eclesiástica en comunidades de la provincia del Manu en Madre de Dios, llegaron hasta el Congreso para pedir que el gobierno cese los operativos de interdicción que están generando destrucción y muerte en esta región. "Vengo a denunciar para que esto no se dé más. Estamos ante un Estado que está cometiendo terror y acoso a una población que hoy está inerte, sin patrimonio, sin nada; temerosa y controlada por todos lugares. Creo que la interdicción tiene que acabar hoy mismo. En nombre de Dios que no siga con esto”. Algo había oído yo de esto, más que nada por la familiaridad que me une a los protagonistas de las denuncias. En esta parte del mundo se dan masacres por doquier, como en tantas otras, pero no llegan a los oídos de quien puede presionar para que se haga justicia. Y sin embargo, sigue habiendo gente (y volvemos al caso del misionero con el que comenzaba) que no va a callar. Aunque sea una voz que clama en el desierto.
 

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19
Jun
2014
Los tests y esas cosas
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Simone Weil, en esa obra tan sugerente que es La gravedad y la gracia, afirma que Dios solo se puede mostrar en el mundo retirándose del mismo, porque aparecer ante nosotros revestido de los atributos divinos implicaría aniquilar todos lo que no es Dios, deshacer la creación. Por eso, esa ausencia se hace presente en Cristo, también autonegación. Es posible que alguien diga: eso no significa nada, no se entiende, no es verificable, no le puedo aplicar el test que la convertiría esa proposición en significativa. Ah, el test, qué interesante es el test. El otro día la prensa se hizo eco de una máquina que parece ser había pasado superado el test de Turing, con lo que algunos, con más prisa que el Conejo Blanco de Alicia en el País de las Maravillas, arrojaron por la borda la idea de persona (aunque esta no esté implícita como tal en ese test, ya que abarca más cosas que el tipo de inteligencia que se pone de manifiesto en esa prueba, pero en fin), como otra de esas muestras de la psicología folk que estamos a punto de desechar. Tradicionalmente se ha pensado que si dos cosas parecen lo mismo cabe pensar que son lo mismo, pero llevamos ya mucho tiempo, en distintas disciplinas, reflexionando sobre cosas que parecen iguales y, sin embargo, son completamente diferentes, lo que nos permite seguir pensado que la razón de su ser diferentes debe estar en algo que no está tan claramente a la vista como cabría esperar.

La clave, como siempre, es el test, el procedimiento, que ya en su mismo diseño en cierto modo prescribe los resultados que se pueden obtener. Y el procedimiento también se interpreta. Alguna vez he citado a un sabio fraile que debía estar escribiendo algo sobre Heidegger en su procesador de textos y word no hacía más que subrayarle en rojo palabra tras palabra. Y él se hacía esta sensata reflexión: ¿quién está errado, Heidegger o word? Al final, uno tiene que decidirse por uno u otro y entonces, y solo entonces, podrá tratar de mejorar el procesador de textos o al filósofo.

Lo dicho, presencia ausente, ausencia presente, o “vivo sin vivir en mí". Pues claro que no son verificables, no son fruto del laboratorio… Pero mira a ver si "son" antes de tirarlos por miedo a llegar tarde (el conejo, otra vez) al espíritu del momento.

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24
May
2014
Santo Domingo y su argumento
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Hoy que celebramos a Santo Domingo (y se celebran muchas más cosas, con lo que Santo Domingo, a quien tampoco hubiese preocupado demasiado la cosa, seguramente descenderá unos cuantos peldaños más en la escala de las preocupaciones, alegrías o intereses del día) que, entre otras cosas y según nos cuentan, se caracterizaba por predicar de modo incansable, hasta el punto de que aprendió alemán en una noche para evangelizar a alguno de aquella lengua. Que se diese ese hecho milagroso no agradaría demasiado a los profesores de alemán ni a los del instituto Goethe, pero que el santo fuese capaz de ponerse en el mismo lugar del otro para hablarle de lo que le interesaba desde su propio lugar en el mundo es asaz sorprendente, que dirían los que aún saben lo que significa asaz. Porque si lo que se quiere es ganar una discusión, lo mejor es mantenerse en el propio lugar y no ceder un ápice, sostenella y no enmendalla y darle vueltas. Léase si no El arte de tener razón de Schopenhauer. Si de lo que se trata es de ganar una discusión o un debate, las herramientas que tenemos a nuestra disposición son infinitas y muchas de ellas tienen poco que ver con la verdad. Así nos lo cuenta este filósofo en esta charla quien sostiene que las victorias a veces son solo un caldito para el ego, y que en ocasiones perder significa aceptar algo del otro y, en definitiva, ganar, aprender y ampliar la propia riqueza. Desde que la retórica existe hay un interés por ganar un debate tirando de argumentos, muchos de los cuales son supuestamente aceptados por todos y otros no. Pero muchas veces, en cuestiones vitales, los únicos argumentos que realmente funcionan son los argumentos vitales. Y la vida es todo lo contrario a quedarse plantado encima de una columna, inmóvil (ya sé, ya sé que hay santos para todo…). Argumentamos en y con la vida y eso llega y llena. Según cuentan, eso hacía Santo Domingo. Feliz día, pues.

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21
May
2014
Cómo se dicen las cosas
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Leía esta tarde la noticia de que se había muerto el “padre de la piel del Padrino”, es decir, el director de fotografía que trabajó con Coppola en esa película. En otro periódico se hablaba de que había muerto el director de fotografía de algunas películas de Woody Allen. Evidentemente, se trata de la misma persona, pero, como señalaban ya hace tiempo los filósofos del lenguaje, el modo de referirse a una misma realidad no es neutral. No provoca, supongo, la misma reacción en los distintos públicos, unos más amantes de ciertas películas o directores que de otros. Por eso, el modo de referirse a una realidad, aun cuando sea a un objeto que está encima de la mesa, indica cuál es nuestro modo de estar en el mundo del que ese objeto forma parte. Cunado hablamos construimos realidades, porque permitimos que unas cosas brillen y otras se enmarranen. Ahora que en España estamos en campaña electoral vemos cómo los políticos hacen cosas con palabras, como decía el filósofo aquel, y a veces llevan al paroxismo el juego sofístico del que tanto sospechaba aquel otro filósofo.
Y sí, las palabras no son neutras. Además de los dislates políticos, los periodísticos. El otro día, un artículo de El País anunciaba en su titular: “La Iglesia lanza una campaña en Castilla y León para buscar seglares que puedan dar misa”. Ya el “dar misa” y los seglares tras los que se anda para que puedan darla, o lo que sea, que tampoco parece que le vaya en ello mucho al redactor, señalan que el artículo promete. Si seguimos leyendo vemos que lo que “da” este buen hombre que da cosas es “un sucedáneo llamado celebración de la palabra”. Espléndida caracterización litúrgica que recuerda al chocolate que nos daban a veces en el colegio. Habla más adelante, para no perder el tono, del “cura propietario de la parroquia” (sic) y de que, al buen hombre que da misa, antes, en otros sitios le boicoteaban y aún hoy hay personas que “se niegan a ir a misa si él está presente”… Pero, ¿no habíamos quedado en que era un sucedáneo? ¿O es misa en la que él está presente? (Salvo que haya querido decir “presida”, pèro aún así lo de la misa/sucedáneo queda sin resolver. Qué misterio). Etc. Si desde un periódico serio ni siquiera se preocupan de revisar la corrección de lo que escriben, ¿por qué habría que pensar que, cuando critican o ponderan una religión o una acción fundamentada en creencias religiosas se van a preocupar de revisar la fuerza de los argumentos o de las motivaciones? Lo que decía, que el modo de referirse a la realidad no solo revela el interés que se tiene hacia ella, sino también la consideración que merece para quien habla. No es lo mismo cómo se habla. No es lo mismo cómo se dice, aunque lo que se diga sea lo mismo.

 

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9
Abr
2014
El cura que cantaba aleluyas
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Cuántas cosas pasan en un día. Se ha muerto Subirachs, que, para quienes estudiamos en la Virgen del Camino, era una figura cotidiana. Autor de la fachada del santuario, impactante en la primera mirada e intemporal desde la segunda, su obra, junto a la de Curro, el arquitecto, la de Iribertegui y otras semejantes nos introducían en el mundo del arte contemporáneo de una manera suave, diaria y, sin duda, provechosísima. Que contemple lo que vislumbró es lo que le deseo. Y junto a lo luctuoso, internet, ese territorio de la hipervisualización (en el que todo, fuese pretendido o no como tal, acaba volviéndose visible) nos deja esta perla del cura versionando el “Aleluya” de Leonard Cohen en una boda, a modo de acción de gracias. No solo canta de maravilla el hombre, sino que relata la historia de lo que allí se celebra, con un sentido de la oportunidad increíblemente acertado. El problema de que se vuelva “viral”, como dicen ahora, es que es posible que pierda la raíz en el suelo que le dio origen, la boda de estos muchachos y sus circunstancias. Lo bueno, no obstante, es que también nosotros podemos verlo. Todo tiene sus pros y sus contras… Y no he podido evitar comparar este gesto con el tono general de la última boda a la que asistí, celebrada por un cura cansado y un tanto “funcionarial” que, ciertamente, certificaba la fe de los fieles en la gracia de Dios, lo cual también es un aspecto que hay que valorar. Pero, en este caso, no queda más que cantar aleluya por la oportunidad del cura irlandés

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30
Mar
2014
El Papa y Caviezel, los aprioris y los hechos
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Desde hace varios días quería escribir algo sobre el año de papado de Francisco. Pero se me ha ido pasando y, con ello, el año se fue. Pensaba hacerlo porque el otro día me encontré con no sé qué revista o periódico, ya no me acuerdo, del año pasado… Y tampoco sé cómo apareció. En fin, en él entrevistaban a representantes de otras confesiones cristianas que decían que la elección del Papa iba a ser más de lo mismo. Y mira tú. En realidad, estoy convencido de que estas buenas gentes estarán pensando que es más de lo mismo, porque no ha hecho esto, aquello o lo de más allá. Ciertamente, uno se mueve por aprioris, esa cosa que ponemos alrededor, como una muralla, de nuestro modo de percibir el mundo y que no deja que se cuele nada que no encaje con ese pequeño castro en el que decidimos habitar, con sus varias filas de murallas protectoras, para que, si acaso algo pasa la primera barrera, la segunda lo detenga. En fin, que para unos ha cambiado mucho y para otros nada. Los “hechos” siempre están subdeterminados y este tipo de cambios históricos (y un nuevo Papa, aunque fuese indistinguible del anterior siempre es un cambio histórico) están tan colmados que nunca acabamos de entenderlos por completo. Véanse la cantidad de libros de historia que se escriben sobre un “hecho” que se resiste a ser conquistado. Ya los medievales decían aquello de quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur, pero lo que para ellos era lo que nos posibilitaba percibir y conocer la realidad, en la modernidad ha devenido un impedimento. Sí, es verdad, algo ha pasado para que desde hace unos siglos no nos sintamos en casa en este mundo en el que vivimos (y no por razones precisamente religiosas).
U habalando de razones religiosas, me he encontrado hoy por internet con este vídeo en el que Jim Caviezel, el protagonista de la Pasión de Cristo, habla sobre su interpretación de Jesús y sobre su propia fe religiosa. Cada uno pensará lo que quiera sobre lo que cuenta, pero no cabe duda de que es un predicador de campanillas. Y no me imagino a alguien de esa altura del mundo de la “cultura” (si el cine es cultura en España, se supone que también lo será en EE.UU, vamos digo yo) hablando en esos términos en un foro público. Chapeau.
 

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6
Mar
2014
Ceniza, Bien y típex
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El miércoles de ceniza, como, de modo especial, algunos otros días del año, las iglesias registran una afluencia masiva. Sí, masiva es la palabra para una iglesia que está hasta los topes un miércoles a las 7.30 de la tarde. Hay ciertas fechas señaladas en las que, jóvenes incluidos, la gente acude a la iglesia por alguna razón especial, y no hay duda de que la ceniza es una de ellas. Qué raro, pensará alguno. La filosofía, por poner un ejemplo, lleva más de un siglo tratando de “deconstruir” la conciencia moral, de mostrarnos que es una construcción burguesa, una instancia de control político introyectada por cada quién en una temprana edad, una cierta forma de neurosis que vaya usted a saber dónde se incubó, la imposición de los débiles sobre los fuertes, etc. Y algo de eso habrá (o a lo mejor no), como algo de todo hay en todo, pero sospecho que es algo más y aunque no vaya con el espíritu del tiempo (porque la intelectualidad que sale en la tele no siente culpa, y tampoco lo hacen muchos folclóricos/as, o militantes de organizaciones que matan gente, que no se arrepienten de nada) muchos nos damos cuenta de que, ay, hacemos lo que no queremos, lo que no debemos, lo que vemos que no está bien. Iris Murdoch, que no pasa por ser una devota al uso, volvió, no hace mucho, a insistir en la idea de que el Bien atrae e instaura una cierta tensión, y a la buena mujer le repateaba esa pretensión tan de su época de que cada quien crea los valores (lo bueno y lo malo, sin ir más lejos) por su decisión libre y fundante.
Yo a esa conciencia la llamo por su nombre, sí, conciencia y me maravilla, como a algún otro mucho más listo que yo, la conciencia de la obligatoriedad de los principios morales, que no sé muy bien de dónde sale (aunque hay explicaciones para aburrir), como no sé de dónde sale el carácter normativo, también, de las leyes de la lógica o de las matemáticas o de tantas otras cosas que nos fascinan y nos orientan en la vida cotidiana, aunque lo sospecho. ¿Por qué va tanta gente a recibir la ceniza? Pues seguro que parte de ellos, entre los que me cuento, porque querrían hacer las cosas que ese Bien demanda, y no a veces no pueden o no saben cómo,m que no hay manera, vamos. Spiritus quidem promptus est, sí, sí, pero, ay, en muchas ocasiones ni siquiera sabemos dónde está el Bien (así, en mayúscula y sin falsos sinónimos que se nos han colado de rondón, como lo correcto, que las equivocaciones a este respecto se arreglan típex). En fin, que a mí no me viene mal mirar el Bien para tratar de no deleitarme en la infirmitas.
 

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13
Feb
2014
Hay gente pa'to
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Presto mucha atención a los que saben mucho de alguna materia. Es justo y necesario. Y cada vez menos a los que saben de todo. En el mejor de los casos se mueven con truismos para llenar el discurso… ?palabras, palabras, palabras, que decía Hamlet? y en el peor hacen afirmaciones falsas o, si lo consideramos con benevolencia, incorrectas por apresuradas.
Al comentar un escrito sobre religión en un periódico norteamericano, un columnista señala que el ensayo que está reseñando supone que toda la filosofía sobre Dios (y la teología, claro), no sería más que una constante retirada frente al avance del naturalismo y el secularismo. Y para ello tiene que presentar “la pretendida síntesis de razón y revelación como una suerte de retiro teológico contemporáneo hacia la impotencia divina”. Para defender ese movimiento “contemporáneo” (que podemos rastrear en los santos Padres, nuestros contemporáneos, en efecto, y en el Aquinate, mucho más coetáneo, al menos mío, que muchos otros filósofos de ayer tarde) el autor en liza tiene que generar una serie de categorías excluyentes y exclusivas: los fundamentalistas, los modernistas (siempre en retirada) y los no creyentes. Como si no hubiese más. El articulista, para mostrar lo falaz de esto, cita al Aquinate y a muchos otros autores que no pueden incluirse en ninguna de las categorías. No, lo que hacían (y lo que muchos hacen) es otra cosa, porque no hay necesidad de ser no creyente si no se quiere caer en el fundamentalismo o se considera que no hay por qué esconderse de nada en el espacio del debate intelectual. Sólo si se aceptan las caricaturas de las figuras divinas ?en las que ciertamente creen algunos (y algunas confesiones quizá lo dicen de modo expreso, con una caracterización de la divinidad que se parece sospechosamente al superhombre nietzscheano… No sé quién habrá copiado de (o se habrá inspirado en) quién), es decir, tal como relata el autor criticado “en un hombre omnipotente (sic) que está en el cielo (sky, no heaven) creando reglas morales y vigilando las acciones humanas con una intensidad paranoica”? quizá haya que pensar que uno cree en cosas raras (perdón por esta frase tan larga). Y usted me dirá: pero hay gente que cree eso. Y yo le diré, como el torero: hay gente pa’tó. Pero, ¿tiene eso algo que ver con la creencia cristiana?
 

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