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Ene2015El mal y Dios, que no es cosa de ahora
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Ene
Me ha llegado este vídeo, donde un actor inglés, famoso por su ateísmo, al parecer, reniega de la creación, que incluye, parece que como un elemento esencial, el sufrimiento de los niños. Su cabreo está más que justificado. Pero eso mismo lo dijo un creyente como Dostoievski, jugando con distintas perspectivas (admitiendo que quizá había distintas posibilidades), algo parecido soltó Job en su litigio con Dios… y en fin, lo mismo sabe, experimenta, sufre e incluso chilla cualquier persona religiosa que haya pasado por una situación de las que relata este hombre. Hay gente que, de pronto, parece querer despertar a todo creyente de su sueño dogmático: el mal existe, es terrible, es enorme… ¿Acaso no lo veis? No creo que haya un solo creyente a lo largo de la historia de los creyentes, que debe ser bien larga, que haya negado la existencia del mal. Algunos interpretan que San Agustín, cuando le niega carga entitativa, lo hace desaparecer de su sistema intelectual. A mi entender, lo que trata de hacer es “entenderlo” dentro de un sistema de creencias, como trata de “entenderlo” este hombre, para lo que necesita que no haya Dios. Pero leamos las Confesiones y las propias experiencias por las que pasa el santo, para ver que no le resta un ápice de fuerza. Unos y otros saben que el mal está, que duele y que corroe. Pero los creyentes pueden integrarlo en una forma de vida religiosa. Y ese es un dato que hay que tener en cuenta. Si uno llega a la conclusión de que Dios no existe porque existe el mal y otro llega a la conclusión de que Dios existe aun cuando existe el mal, ¿no da tanto que pensar esto como aquello?
El otro día, visitando un museo, me encontré con este precioso Misterio, realizado por una artista de raíces latinoamericanas llamada Marisol, que tiene piezas fantásticas, para mi gusto, en algunos de los principales museos del mundo. En la exposición de este museo, el vientre de la Virgen, formado por esa especie de caja oval, estaba abierto y dejaba percibir una superficie lisa, que recordaba un espejo. Las manos de los personajes están colocadas de un modo imposible y los colores están llenos de simbología. La figura que domina es, sin duda, la de la Virgen. San José se asemeja a un pilar, y el niño duerme sobre la luz, pero la apariencia es, sin duda, la más humilde de las tres.