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Nov2015Octingentésimo, con simplicidad
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Nov
Aunque, por lo que veo, no suelo escribir de las cosas que pasan en el momento en que suceden, la ocasión lo merece. Se trata, cómo no, del octingentésimo aniversario de la fundación de la Orden. Eso no pasa todos los días. Sólo cada 800 años. Y solo cada 800 cosas ordenadas una detrás de otra puede uno usar esa palabra tan precisa, tan preciosa y tan cubierta de polvo por falta de uso. No hay muchas cosas que lleguen a los 800 años, y si llegan, ah, es más fácil usar el cardinal que el ordinal. Pero que sea más fácil no significa que sea más correcto.
Siempre me ha gustado esa teoría que emparenta simplicidad y verdad (simplex sigillum veri), pero también me ha hecho sospechar en ocasiones. A veces sí, es verdad. Pero a veces, no. Cuando leíamos las constituciones en el noviciado ?que es cuando se leen con más profundidad, creo yo?, sobre todo la Constitución Fundamental, se nos mostraba aquel mosaico de elementos que había que articular para conformar la vida dominicana. Y no es que sea una vida simple, precisamente.
En ocasiones parece simple lo que no lo es, porque, dado su carácter genial, uno ni siquiera se pregunta por su origen o por el esfuerzo que llevó configurarlo. Parece que siempre ha estado ahí. Pero cuando se mira con detalle y se admira la perfección de la obra, esa sencillez de la apariencia revela la titánica tarea de la misma. La idea de la Orden dominicana parece una idea simple y evidente. Como la Suma Teológica. Simple. Como una catedral gótica. Evidente. No voy a decir 800 aniversario, ni a referirme a los 800 años de la fundación. Voy a hablar del octingentésimo aniversario. Así tendré presente esa maravilla de simplicidad vivida, ahora sí, como sigillum veri.
Algunos filósofos se regocijan cuando algunos pensadores decretan el fin de la religión y la teología como pensamiento anejo, y no leen en la línea siguiente que en el mismo saco va la filosofía. Por eso digo que en este barco vamos todos y si uno se salva o bien lo hace sacrificando parte de su esencia (si la filosofía deja de ser lo que es para convertirse en una glosa o nota a pie de página de, por ejemplo, la ciencia, o la teología se convierte, como decía aquel, definitivamente en una rama de la literatura fantástica) o bien no se ha enterado de que en realidad ya murió en la escena anterior y sigue caminando sin darse cuenta de que ya está muerto. No puede ser que una persona culta de nuestra época no sepa quién es Abraham. Crea o no crea. Salvo que se convierta en una rueda de un engranaje. Y ahí, filosofía y religión van de la mano. Y no es cosa de la parroquia...