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Blog Bitácora Véritas

Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

10
Oct
2013
Herejías y demás
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En una excelente obra que acaba de publicar, con el sugerente título de “El rostro de Dios” (pendiente de traducción, supongo), el filósofo británico Roger Scruton se hace eco de una idea muy interesante que ya señalaba Johannes Crellius allá por el siglo XVII. Este teólogo socianiano señalaba el contraste que existía entre la intolerancia que, a su parecer, el catolicismo mostraba hacia los herejes y su coexistencia y aceptación de "los judíos y los musulmanes", con quienes negociaban sin mayores problemas y cuyas “blasfemias contra Cristo”, afirmaba él, se ignoraban tranquilamente. La razón de fondo por la que todas las religiones tratan con dureza la herejía, según Scruton, es que las pequeñas desviaciones son las que ponen en peligro la ortodoxia. Hay un umbral más allá del cual una desviación ya no cuenta como tal, sino que uno se pone claramente fuera de una comunidad, de una forma de vida o de un sistema de pensamiento, y ya no representa un riesgo para ninguno de ellos. Esto sucede en cualquier forma de vida o de saber. En todos ellos (religión, ciencia, arte, política...) hay herejías que se combaten con dureza, y, más allá, están esos individuos extravagantes que el núcleo de las instituciones mira, en el mejor de los casos, con compasión y risa, si es que no es con desprecio. Pero eso sucede siempre y en todas partes. Y me da la impresión de que son los debates sobre las cuestiones específicas los que consiguen que las cosas cambien y avancen. Cuando uno cifra todo a un órdago del todo o nada es más que probable que sea completamente ignorado, como aquellos que han roto con todo lazo que les vincule a aquello que quieren cambiar. Y digo esto porque escucho en la radio a todo tipo de tertulianos que saben perfectamente cuáles son los cambios radicales que tiene que llevar a cabo el Papa Francisco, muchos de los cuales, le situarían bien lejos de sí mismo. Vamos al paso, que dicen en la República Dominicana y así se llega bien.

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20
Sep
2013
Kim en la wikipedia
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Estaba echando un vistazo a la vida del santo de hoy, Andrés Kim y en la wikipedia (edición española, hoy, mañana quién sabe… ya no se aplica aquello de verba volant, scripta manent) dice que fue bautizado a los 15 años y ordenado sacerdote a los 9. En fin, cosas del ciberespacio que no pasaban antes. Pero no son los datos lo que me inquieta. De hecho, a este respecto no me inquieta nada. Sólo me sorprende el valor de esta gente que ponía su fe y su lealtad por encima de todo. En realidad, no por encima de su vida, porque la vida (al menos en cualquier acepción que vaya más allá de la estrictamente fisiológica) no es aquello que está detrás, más allá, soportando o sustentando las creencias, las esperanzas, las inseguridades o las alegrías. La vida es precisamente eso, de ahí que uno pueda estar muerto en vida mucho antes de que le acontezcan patologías o accidentes incompatibles con la vida, en esa expresión tan eufemísticamente adecuada.
Seguramente todos conozcamos gente que cumple bien esa expresión tan gráfica de “dead man walking”, un cadáver ambulante. Sí, hay vida, le ha dicho el médico, pero de aquella manera. Y a la inversa, gente que tiene todos los motivos “ónticos” (perdón por la palabreja) para estar acabada y sin embargo “ontológicamente” (perdón de nuevo) son un aire fresco en la vida común. En fin, da igual si uno recibe los sacramentos en un orden también incompatible con la vida (wikipedia dixit). Lo que cuenta, seguramente, es la vida que contagia vida.
 

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13
Sep
2013
El Papa y Dostoievski
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Como tengo la costumbre de leer los suplementos dominicales con meses de retraso (se supone que, al menos los culturales no caducan) me pasan desapercibidas las cosas consuetudinarias que acontecen en la rúa, que decía aquel gran ironista. Leía en el Babelia a un comentarista de libros, quien escribía que le gustaba el Papa, lo cual está bien, cómo no, y le agradaba que al Papa le gustase Dostoievski, lo cual está aún mejor, seguramente. Pero esto le rechinaba un tanto: era una suerte de contradicción intelectual que implica obviar “por ejemplo, aquel relato sobre “el Gran Inquisidor” que Iván Fiódorovich Karamázov le cuenta a su hermano (y monje novicio) Aliosha en el ambiguo y enigmático libro V de Los hermanos Karamázov, y que constituye una de las más feroces invectivas literarias jamás lanzadas contra la Iglesia de la que él es hoy cabeza visible”. No, hombre, no. Aquí no se obvia nada. Cualquiera que lea esto puede pensar que Dostoievski era un feroz incrédulo que arañaba cualquier cosa que sonase a cristiana, y seguramente sea todo lo contrario. Es probable que sea uno de los pensadores más religiosos que haya habido. El célebre capítulo va de la mano de el que le precede “La rebelión” y ambos, en mis tiempos, se los mandaba leer a mis alumnos de filosofía de la religión. Claro que es una espléndida invectiva… desde dentro. Y eso nunca viene mal, sobre todo porque quien la lanza sabe bien de qué habla y habla con ese “conocimiento del amor” sobre el que tanto se teoriza actualmente. Es más, los expertos dicen que entre Iván y Aliosha anda Soloviev, otro filósofo que no peca precisamente de falta de pasión cristiana. Y seguro que el Papa se conoce el capítulo, hombre, y además sin ningún tipo de requiebro intelectual. Como si quien lee el libro de Job, olvidase "de qué va" cuando lo alaba. En fin…

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11
Jul
2013
Los más ricos más, más
3 comentarios

Esta sí que es una noticia de esas que espantan, pero que, supongo, entran dentro de la lógica económica. Es más espeluznante que las cosas que cuentan en los programas nocturnos de miedo: las 500 personas más ricas de Francia se han enriquecido un 25% en un año. ¿Crisis? ¿Qué crisis? Cuando unos pierden todo, algunos ganan más de lo que ganaban. En realidad, las cosas de este mundo no son de nadie, pero mientras estamos en él unos son Epulón (ojo al texto evangélico completo).

De las cosas más sensatas que dijo Rousseau era aquella tan célebre de que había que evitar una sociedad en la que un hombre sea tan pobre como para tener que venderse y otro tan rico como para poder comprarlo. Estas son algunas de las cosas que sacaban de sus casillas ya a algunos Santos Padres, estas diferencias obscenas. Todo es lícito, todo es legal, pero, ah, hay unas intuiciones morales (nombre contemporáneo para algo parecido a lo que los clásicos llamaban conciencia) que nos dicen que no puede ser así, que no debe ser así. Sí, claro, no cabe demostración matemática de eso, pero uno está tan seguro de ello…

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10
Jul
2013
Cabe la posibilidad
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Estaba viendo la noticia de que a Ayala le han dado otro doctorado honoris causa. Sin querer, porque no lo suelo hacer, he echado un vistazo, al llevar hasta abajo la página del periódico, a los comentarios y ya he visto que se ha montado esa cosa rara que supuestamente no debería suceder en un país al que a nadie le importa lo religioso. Tirios y troyanos se lanzan sus dardos sobre si la religión esto o lo otro... Afirmaciones categóricas sin mucho respaldo (no he leído más que unas pocas, confieso), y sin embargo uno percibe que las destructivas tienen una especie de fuerza que les sale de dentro. Parece que construir es más difícil, uno siempre anda como a tientas, con una cierta inseguridad, pero pontificar es fácil. Ayer mismo, en un sitio en el que me tocó comer, había en la mesa de al lado un señor que hablaba sobre la noción de persona y de ciudadano con una seguridad que a mí me aterrorizaba. No sé si se daba cuenta de las consecuencias de lo que decía, pero eran bastante peligrosas, a mi modo de ver. Mas gritaba mucho, eso sí, con mucha seriedad, e insultando por el camino a unos cuantos de sus antagonistas, que eso parece que, pragmáticamente, refuerza los argumentos. No sé. Cosas de la retórica.

El otro día, Timothy, en la charla a la que dio en Madrid a la que me referí (creo), decía que los frailes nunca decían tonterías en los capítulos. Entiéndase lo que quería decir: podían estar equivocados, usar una lógica errónea, estar mal informados, pero lo que decían siempre era digno de ser escuchado. Esto, obviamente, abre la idea de verdad a una perspectiva ética, lo cual es bien interesante, sobre todo hoy, donde la verdad, que supuestamente no existe (cosas de la postmodernidad), se nos lanza desde casi infinitas atalayas. A mí me gusta escuchar a la gente que habla y escucha y le dice al otro que quizá tenga razón, que tiene parte de razón, pero…, que a lo mejor se pueden ver las cosas de otro modo... No sé, me gusta escuchar a la gente que cree que tiene gente delante, a las personas que hablan con personas, y no suelo gustar de escuchar a los que tratan a las personas como sillas, a las que no se concede más ser que su ser útiles, en este caso, útiles del propio monólogo. Cabe la posibilidad de que esas afirmaciones que empiezan por “todo el mundo” sabe e incluyen algún insulto o exabrupto por el medio no sean del todo verdad. Cabe, cabe…

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3
Jul
2013
¡Qué magnífico habría sido ser un fraile dominico!
5 comentarios

 

Qué desatendido está este paraje bloguero. Pero tengo tantas cosas que son sólo cosas y que me llenan hasta que encuentro una no-cosa (qué bien funciona esto en inglés y qué mal en castellano: thing y no-thing) que no es nada, pero lo es todo. Hay muchas no-cosas, pero ya no voy a seguir con esta jerga de no-x, como no-lugares, no-personas o no sé qué más, porque acaban convertidas en una palabrería huera al poco tiempo. En fin, entre esos asuntos que me ocupaban estaba George Santayana, un pensador español radicado en Harvard y que toda su vida fue materialista, naturalista, no creyente y, sin embargo, católico. Una categoría más para los filósofos de la religión. En un momento de la lectura me he quedado sorprendido al leer que en su “Breve historia de mis opiniones” afirmaba: “qué magnífico habría sido ser un fraile dominico”. Me he encontrado con muchos otros escritores que afirmaban algo parecido. Hoy mismo escuchaba a Timothy Radcliffe dar gracias por su vida dominicana, por todo lo que la Orden le ha dado y le ha hecho ser. A veces, cuando uno decae, tiene que mirar al lado brillante de la cosa, como decía aquella canción que cierra “La vida de Brian” y, sobre todo, a las personas brillantes, como es el caso de Timothy, gente que emana luz por donde pasa. El sufrimiento, la desgracia, el mal en cualquiera de sus formas nos atrapa y nos impide mirar a otra parte, pero este brillo de lo auténtico no es menos poderoso, aunque enseguida se nos vaya la atención hacia la cara oscura, que tiene mejor fama. Hagamos la prueba: ¿qué congreso (filosófico, teológico, antropológico, etc.) atraerá más gente, uno que se titule algo así como "el imperio del mal" u otro que hable de "el poder del bien"? Un amigo, experto en estas lides, me decía que proliferan los congresos sobre el demonio (donde se habla de Dios) y se llenan de gente, que probablemente no iría a un congreso sobre Dios.   Me quedo con la luz que emanan las palabras de Santayana.

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11
Jun
2013
La cosa petitoria
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Siguiendo a San Agustín, Tomás de Aquino afirma que “es lícito pedir lo que lícitamente se puede desear” (ST II-II, q. 83, a.6). Es verdad que contemporáneamente la oración de petición no tiene buena prensa entre ciertos pensadores, que la ligan a una cierta religiosidad mágica, quizá a una suerte de estadio primitivo de creencia o sabe Dios a qué. Pero en realidad, lo que defiende Tomás de Aquino en su concepción de la oración es la cosa más normal que se piensa cuando se piensa en ella: pide lo que necesites. Para el Aquinate no es una cosa enrevesada, que requiere técnicas especiales y respecto a la cual uno siempre tiene la conciencia de que no sabe hacer. Si quieres que alguien te dé la hora, se la pides. Si quieres que alguien te ayude con un ejercicio, se lo pides y así sucesivamente. Para el de Aquino, entra dentro de la lógica del asunto que el que desea le pida a Dios, porque es lo que hacemos cotidianamente y es parte de lo que nos constituye como seres humanos, la mutua dependencia, que sale a primer plano en esos momentos de necesidad en el que hasta los más fuertes flaquean. No tiene nada de mágico. No tiene nada de mítico. Tiene mucho de humano. Me he acordado de esto (y he buscado la referencia, claro) al empezar a leer el último libro de Álvaro Pombo, "Quédate con nosotros, Señor, porque atardece" , que empieza con una descripción de la oración de sus protagionistas trapenses. Empieza bien. A ver cómo sigue. Por pedir, que no quede.

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30
May
2013
Utilidades
2 comentarios

Venía a casa escuchando la radio, un programa de esos donde los tertulianos pierden todo tipo de pudor, quizá porque no tienen el rostro de nadie frente a sí, que es cuando uno suele medir las palabras, y alcancé a escuchar que despotricaba contra la religión en la escuela: “que les enseñen algo útil, en vez de religión”. Y hablaba de clases de nutrición, lo cual sería excelente, pero en realidad, sospecho que la nutrición le importaba un rábano. Habría podido decir gimnasia sueca o pampanitos verdes. La cuestión de fondo es la religión, que suele entenderse en términos de un falso dilema . Yo pensaba que la religión es sumamente útil desde el punto de vista cultural, independientemente de las creencias, como lo es la filosofía, independientemente de que uno se vaya a dedicar a pensar o no, o como la música, independientemente… o como cualquier cosa. Pero al mismo tiempo, pensaba que este hombre probablemente (porque entra dentro del saco de un determinado modo de pensar) se indignaría si llenasen el currículum de los alumnos de secundaria de cosas "útiles": economía, informática, métodos financieros… y proclamaría que al quitar de entre las asignaturas cualquiera de aquellas (pongan las que quieran, salvo la religión), el sistema nos haría más sumisos, adeptos, adictos y lo que se le ocurriese sobre la marcha. En realidad, la religión es una de las cosas que nos hace humanos, para bien y para mal. Claro que tengo mi opinión al respecto, pero si se incluye o se excluye de la enseñanza, espero que sea por otras razones que la utilidad o inutilidad, que es en lo que acaban cayendo muchos de los que se calzan las botas de la liberación de toda servidumbre.

Ah, si alguien tiene tiempo, le aconsejo que eche un vistazo a este vídeo (está en inglés): Dios me hizo ciego e incapaz de andar, pero me dio los dones musicales que tengo... Ahí queda eso. Donde uno esperaba una invectiva... El ser humano no deja de sorprender, no, no..

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19
May
2013
Cómo entender a las monjas
2 comentarios

Acabo de pasar por delante de su convento. El de las Catalinas, las monjas dominicas de un monasterio vallisoletano que se ha cerrado, no por falta de vocaciones, sino porque las termitas se lo estaban y estarán (supongo) comiendo. Y eso me ha traído la mente lo que me comentaba no hace mucho una señora, de muy buena fe y bien católica: “no entiendo a las monjas de clausura”. Supongo que a los monjes tampoco, pero ese no fue el tema. Y no sé si a los frailes, a las hermanas, etc. Quizá es que las monjas de clausura constituyen una especie de epítome de las cosas que no se entienden. La verdad es que cuando me dicen eso me quedo un poco sorprendido: ¿qué significa que “no se entiende”? No sé muy bien. Puede que yo no entienda un teorema, una fórmula química o un libro escrito en ruso, ah, y ya quisiera, vaya que sí. Pero eso es relativamente fácil de solucionar (aunque pueda costar 20 años, que no son nada). Se va uno a Rusia o a una escuela, se apunta uno a la facultad de matemáticas o de química o sigue el procedimiento que le conducirá a entender lo que no entiende. Pero una vocación, el sentido de una vida o la decisión de tener un hijo, pongamos por caso, no hay que entenderlas. Aunque se “entendiesen” las razones que uno esgrime para hacer eso, esas razones no son “eso” y crean una especie de costra o de baño maría que rodea el “eso” y que nos impide o nos permite acceder parcialmente al asunto. Cuando los medievales, así en términos generales, sin meternos en mayores berenjenales, hablaban de intellectus siempre lo ligaban con la voluntad, el deseo y el amor, y el Aquinate llega a decir que lo compartimos con los ángeles. Captar razones (la ratio, la razón discursiva), en el caso citado de las monjas, no sé si tiene la menor importancia. A ellas les dará igual, y a los que no las entienden, o a los que sí captan la secuencia argumentativa, seguramente también. Ah, pero “intelligere” es otra cosa. Hasta el misterio de la Trinidad (anda, qué bien traído, hoy, en Pentecostés) cae en lo que se puede intelligere. Mira qué hemos ganado cosas desde el medievo. Y mira que se nos han quedado piezas por el camino…

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15
May
2013
To the wonder
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He visto hace poco “To the wonder” de Terrence Malick. Ambivalencia es lo que siento. Es una película sobre el amor, sobre cómo el amor puede pervertirse o convertirse en otra cosa que está, si cabe, por encima. Y es de una belleza visual abrumadora, en el estilo de ese director por el que siento debilidad desde hace mucho. Y es una película sobre el gozo, esa marca tan cristiana y tan subrayada sobre todo por la teología protestante como uno de los signos de la presencia del Espíritu. Es esta concepción teológica la que está detrás de estos coros de gospel gozando visiblemente de sus celebraciones que atodos nos contagian su estado anímico. Pero, sin duda, es una seña del cristiano. Estad alegres, que vuestra mesura la conozca todo el mundo, dice el Apóstol. Pues bien, todo esto lo pone en imágenes Terrence Malick. Lo muestra. No se puede decir, y tampoco hay que decirlo todo, que de verboso uno puede olvidarse de la cosa. Y sin embargo, ah, tenía una expectativa tan alta que era casi imposible de colmar. He de volver a verla. Tiene un cierto carácter de promesa, de que ahí algo con lo que merece la pena pasar el tiempo, en esa belleza que la inunda, en sus caballos, en sus paisajes, en sus mujeres, en sus danzas intempestivas, en sus puestas de sol, en las texturas de los campos. En el fondo, me daba la impresión de que mostraba exactamente lo mismo que he tratado de escribir por alguna parte, pero lo decía de modo bello. Y eso tiene que ver con la estética, ars pulchre cogitandi, según el filósofo que dio el nombre a esta disciplina. Y la belleza habla tanto de lo divino a quien no se deja someter… To the wonder, hacia la maravilla.

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