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Feb
2007Feb
Ciertas garantías
2 comentariosCreo que cuento con el permiso tácito del protagonista de esta anécdota, Fr. Manuel Jesús Romero Blanco, y me atribuyo ese permiso porque esta anécdota merece ser consignada por escrito, para su preservación para las generaciones futuras. Seguramente muchos de los que me leen ya saben de qué hablo, pero aún así, procedo. Estaba el bueno de Manu en Salamanca y necesitaba un reloj. Entro en una tienda y pidió que le mostrasen relojes baratos (después de explicar concienzudamente al probo tendero su estado de religioso pobre y esas cosas). El vendedor le muestra uno de 1.000 pesetas y Manu, dándole vueltas, le inquiere si no tiene algo más económico. El dependiente le saca otro de 500. Lo mira Manu, lo remira y antes de caer convencido pregunta si hay alguno aún más barato. 75 pesetas, le dice el vendedor. Manu observa el reloj, mira al dependiente y le dice. Éste, pero… me dará usted ciertas garantías, ¿no? Esta es la anécdota. Ciertas garantías. Pues me temo que por ese precio, el tipo de la tienda no le debió de dar muchas, la verdad, pero es que es inevitable buscar ciertas garantías en la vida y sobre todo en las acciones que acometemos: cuanto menos importantes son más humanamente garantizadas las queremos. Como otros, Manu no buscó demasiadas garantías antes de lanzarse a la aventura americana, porque, en las cosas que merecen la pena en la vida, las garantías son un punto de partida, una convicción básica de la que se parte, precisamente porque, parafraseando al apóstol, uno sabe de quién se fía.