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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

13
Feb
2007

Fe, chats y carnalidad

2 comentarios
Una de las mayores fuentes contemporáneas de malentendidos son los sistemas de chat, en los que, en algunas ocasiones, las gentes se hacen pasar por quienes no son (lo cual sucede también en la vida cotidiana, tampoco es ninguna originalidad), pero sobre todo, en los que no nos escuchamos (en el sentido literal del término). Muchos de nosotros nos comunicamos con nuestros amigos usando este sistema. Pero ese problema al que me acabo de referir, de momento, es insuperable. En los chat escribimos, acompañamos la escritura con muñequitos y cosas por el estilo. No hay duda de que el chateo ha generado una nueva “especie” comunicativa, pero se ha perdido una parte constitutiva de la comunicación hablada, como son los matices, las inflexiones de voz, los gestos de la cara, el ademán (pasible o impasible). Todo eso nos hace interpretar lo que nos están diciendo. En el chat hay que suplir todo eso con multitud de explicaciones y de preguntas sobre qué se quiere decir. La gente se une por el chat, pero por el chat se separa, porque las tergiversaciones son inevitables. No es lo mismo decir “lo que tú digas” con un tonillo y una cadencia que con otro, pues estos constituyen un elemento fundamental de eso que Austin llamaba lo ilocutivo en los actos de habla. “Lo que tú digas” puede ser la aceptación gustosa de una orden o una afirmación irónica que no deja lugar a ulteriores aclaraciones. Desde San Pablo se nos habla de la “fides ex auditu”. Es imposible que la fe provenga, sin más, de la red de redes, porque los contenidos no bastan y la letra no está viva. El oído requiere testigos, es decir, exige un “quién” que dé testimonio y certifique con su conducta los contenidos que luego nos transmitirá con su lenguaje cadencioso. Internet es fundamental, sí. Pero siempre nos quedará Austin y sus actos de habla (es decir, siempre necesitaremos mirar a quien no es internet para comprender). Menos mal. Ya empezaba yo a temer la desaparición de la carnalidad (y que nadie me malinterprete. Me refiero a lo que los alemanes llaman Leib. Quod erat demonstrandum)
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Moisés Pérez
15 de febrero de 2007 a las 19:30

Creo que es muy importante lo que dices, Sixto, pues está relacionado con el ejemplo y con la vida del Espírutu.Cristo dejó ejemplo para que siguiéramos sus huellas, y quizá nos importa más qué hizo que no qué dijo.No importa tanto pelearse por este o aquel acento de la letra, sobre todo cuando la letra no es vivida.Porque el hombre nuevo es del Espíritu, que da vida, no de la letra, que mata.Me gustan las epístolas de Juan, en las que se insiste en que son los que obran la justicia, los que se alejan del pecado, los que ejercen el Amor con el hermano, son estos los que han interiorizado a Cristo, los que hacen que viva en ellos:caminan en luz.Más que la repetición de las frases, importa la de los gestos.Cristo es ejemplo por lo que dijo, pero está vivo por lo que hizo y por lo que hace.¿Es malo aunque lo diga la Ley hacer bien en sábado? Hay, naturalmente, preceptos, pero el cristiano ha de saber convertir a cada momento los preceptos en vida.Dios mismo se encarnó para mostrar que a cada paso la decisión de hacer el bien es lo que cuenta, a veces por encima, o en contra, del estrecho y estático precepto.No hay más ley que la del Amor, la del amor a Dios sobre todas las cosas y la del amor al prógimo como a nosotros mismos.Y esta ley no es estática, sino viva, porque no está escrita con papel, sino con el ejemplo, con la Vida misma de Cristo, con su carne y con su sangre.¡Vive!: es un serio mandato. O tal vez me equivoco. (Celebro que abandones por un momento la política)

doxo
1 de marzo de 2007 a las 21:02

Uf, no se qué comentar despuñes de esta última opinión. No he leido apenas nada de las enseñanzas religiosas, pero creo recordar de cuando aún iba a la clase de religión allá en el colegio de primaria, que lo importante, como dice Moises, es el amor al prójimo. Ójala que de verdad se cumpla eso algún día, pero mi sincera opinión es que es complicado, porque por alguna extraña razón que desconozco, el odio crece en el interior de las personas, incluso en las que supuestamente defienden el amor universal, y dificulta sensiblemente que las verdaderas prédicas de lo que dijo ese filósofo acertado que fue Jesús, y no toda la manipulación y en ocasiones maquiavelización de las palabras del mismo que se hizo despues (y se sigue haciendo), lleguen algún día a hacerse realidad. Además, a los verdaderos visionarios de estos temas, siempre los acaban matando, como a Lenon.

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