13
Ene
2007Ene
Soria redivivo
2 comentariosAyer regresó al convento Fr. Fernando Soria, después de pasar unas horrendas y a la vez –sí, así es– reconfortantes navidades en el hospital, en Pamplona para más señas. Con sus arterias cordiales más atoradas que el cerebro de algunos dirigentes políticos, su músculo cardíaco aún recibe una pequeña dosis de sangre por un canalillo que ha quedado por ahí, al parecer porque San José aún no le tiene preparada la habitación. Hoy nos estuvo comentando su experiencia hospitalaria, antes de la cual estuvo, como le dijo Fr. Paco Villacorta, “en el hall de la eternidad”. Pero no pasa nada, que por ese territorio transita Soria como Pedro por su casa, arriba y abajo, con la moneda para Caronte en el mismo bolsillo en el que guarda la cafinitrina, no vaya a ser que ésta no haga efecto y haya que pasar la laguna Estigia, que está bastante fría para atravesarla a nado, según cabe suponer. La muerte venidera es una experiencia cotidiana, pero el afrontarla con esa serenidad y esa tranquilidad del que sabe que, en el juicio de Dios, éste es juez y parte defensora al mismo tiempo, es un ejemplo para los que aún estamos bien apegados a la materialidad de lo que, como dije alguna vez, no es de nadie. Ojalá que ese hilillo de sangre que le permite disfrutar de los placeres cotidianos y que nos hace a los demás disfrutar de él nos lo conserve otros ochenta añetes, que no son nada.