Dic
Vivir es ver volver o Montaigne ya lo decía
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Ahora que se acerca el fin de año, y con la suerte que se me ha concedido de poder ver con una cierta distancia “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa” (española), me he encontrado con una cita de Montaigne que había usado en algo que escribí hace tiempo. La transcribo, porque no tiene desperdicio, si la leemos a la luz de la clase política que nos rige: “No hay más que ver a un hombre elevado en dignidad: aun cuando lo hayamos conocido tres días antes como un hombre de poca monta, fíltrase insensiblemente en nuestra opinión una imagen de grandeza, de inteligencia, y nos persuadimos de que al crecer en séquito y en fama, ha crecido también en mérito. Juzgámoslo no según su valor, sino como las fichas, según la prerrogativa de su rango. Cambie de nuevo la suerte, vuelva a caer y a mezclarse con el vulgo, todos nos preguntaremos admirados por la causa que tan alto lo colocó. ‘¿Es él? –se dice–. ¿No sabía algo más cuando allí estaba? ¿Con tan poco se contentan los príncipes? Pues sí que estábamos en buenas manos’” (III; VIII). Pues sí que estamos en buenas manos, en efecto. Manos que hacen leyes. Y a esto también tiene algo que decir el francés: “Es el caso de las leyes que se mantienen vigentes no porque sean justas, sino porque son leyes. Es el fundamento místico de su autoridad; no tienen otro. El cual les sirve muy bien. Suelen estar hechas por necios; más a menudo por gentes que, por odio a la ecuanimidad, carecen de equidad; en todo caso, siempre por hombres, autores vanos e irresolutos” (III, XIII). En fin, vivir es ver volver. Y como se acerca el fin de año, no quería dejar la ocasión de recordarlo y pensar que quizá se pueda romper ese círculo tan vicioso del eterno retorno de lo igual.