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Blog Bitácora Véritas

Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
Sobre el autor

15
Dic
2011
La fiesta danzada
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A punto de llegar las navidades, surge de nuevo la pregunta sobre qué celebramos. Lejos de mí ponerme homilético o nostálgico, sólo un poco filosófico, siguiendo unas iluminadoras reflexiones que Giorgio Agamben sugiere en su último libro (creo), titulado “Desnudez”. Entre otras cosas, en él trata de nuestra incapacidad para celebrar las fiestas. Repetimos gestos que nos han enseñado, pero bailamos sin escuchar la música, dice, tomando prestada la expresión de otro filósofo. De hecho, hoy me ha llegado una felicitación institucional en la que viene impreso, como tema, un edificio. Y yo me pregunto, ¿qué tiene esto que ver con la navidad, o con el solsticio de invierno, que dicen algunos? La fiesta es una cosa seria (precisamente por ser divertida) que ha caído en un cierto descrédito de repetición inane. Salir de fiesta equivale a salir los sábados (o los viernes, o los jueves…) y el lenguaje refleja la comprensión que una sociedad tiene de sí misma. Se va de fiesta para…, mientras que en la fiesta “clásica”, “tradicional” lo que se hace, que es equivalente a lo que se hace cada día, se despoja de sus urgencias cotidianas: ropa nueva que no sólo viste, comida especial que no sólo alimenta, se trasnocha, pero no sólo para trabajar o acabar algo, se baila… ¿Y hay algo más gratuito que el baile? O bien convertimos todo en especial (que equivale a la eliminación del contenido del término) o bien detestamos todo lo especial por un deseo de normalización avasalladora. Yo me quedo con el “me desataste el sayal y me has vestido de fiesta” del salmo 29. Vaya si sabía lo que era la fiesta aquel que cambió su luto en danzas: bailó siguiendo la música. Ojalá.

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9
Dic
2011
El Aquinate, Russell y Kenny
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Bertrand Russell, en su Historia de la filosofía occidental, sostiene que “había poco del verdadero espíritu filosófico en Tomás de Aquino: no podría, como Sócrates, seguir un argumento dondequiera que le pudiese llevar, dado que conocía la verdad por adelantado, declarada en la fe católica. El hallazgo de argumentos a favor de una conclusión dada por adelantado no es filosofía, sino una súplica especial”. A esto Anthony Kenny, que no oculta su pasión por el Santo, en su Nueva historia de la filosofía occidental, le responde que no es una acusación grave contra un filósofo que busque buenas razones para aquello en lo que cree. Y le pone el ejemplo de Descartes, sentado junto al fuego con su bata y buscando razones para juzgar, comprender o verificar que, en efecto, eso es lo que estaba haciendo, estar allí sentadito al fuego. Y le llevó bastante tiempo y bastantes páginas. O el mismo Bertrand Russell, al que, no sin sarcasmo le achaca Kenny que “gastó mucha energía buscando pruebas de lo que ya creía: los Principia matemática dedican cientos de páginas a probar que 1 y 1 suman 2”. La diferencia esencial no es qué se busca, sino qué se considera lícito y encomiable buscar y de qué manera: empezando de cero (Descartes, Russell) o pensando que a lo mejor los otros también tienen razón (el Aquinate).

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7
Dic
2011
El mundo real
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Leía en un suplemento que ciertos viajeros que viajan en un tren bastante elegante, cuando vuelven al “mundo real”… y lo que sigue. Una frase tan tonta, que todos usamos de vez en cuando, encierra todo un mundo de ontologías y cosas de ese cariz. Lo real es lo que hay, las cosas tal como son. Y lo que es es y no puede ser que no sea. Ya los griegos discutieron estos líos y, en la lejanía del pensamiento, trataban de dar solución a estas cosas que para muchos son evidentes. No, no lo son. “Lo real” es un nombre para algo que no sabemos exactamente qué es. Pero aunque no lo sepamos, tiende a identificarse con la furia, la envidia, la dureza, el desánimo, la lucha, el desprecio… y las colas de los aeropuertos y estaciones de autobuses. El bienestar, el disfrute, la amistad, la belleza, la justicia ya no parecen pertenecer al mundo real, sino al mundo de ficción. Y esto es sumamente peligroso, porque “lo que hay” y “lo que es” es lo otro. Y ahí se enredó Parménides y enredó a unos cuantos (seguro que no estaba pensando en mercados, primas de riesgo ni corruptelas políticas, pero…). Lo que es tiene mucho que ver con lo que hagamos de ello. Si uno no se detiene ante el apaleado, éste no “es” un ser humano, sino una estadística. Sólo pensaba sobre el “mundo real” que vamos configurando.

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3
Dic
2011
Noli timere
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En las vísperas de ayer el segundo salmo era el 45, la convicción de que no hay razón para tener temores “metafísicos”. Y bien traído está ahora que cada día nos desayunamos con infinidad de noticias, primas, bolsas, ataques y demás cosas cuyo segundo nombre es “miedo", un nuevo jinete del Apocalipsis que va a resultar más lesivo que los tradicionales. Para nuestra generación, mayormente cinéfila, el referente de que “no se puede vivir con miedo” es Blade Runner, donde los replicantes viven así, porque tienen una obsolescencia programada que les impulsa a acudir a sus “creadores” para tratar de evitarla, aunque quizá, en realidad, sea para preguntarles por qué, como Job, si bien la respuesta siempre se les hurta. Pues bien, salmos, evangelios, cartas paulinas son las que están detrás de ese “noli timere” tan constitutivo de lo cristiano. Un buen amigo presentaba el otro día un gran libro en el que desarrollaba su tesis de que tener esperanza es, en realidad, equivalente a tener miedo. Pero yo no estaba de acuerdo: en el infierno de Dante se abandona la esperanza, no los miedos, que seguirán. De este modo, ne timeas, aunque los montes se desplomen en el mar…

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24
Nov
2011
San Melchor y el otro modo
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La obra de C. S. Lewis "Los milagros" se cierra con una advertencia: “milagros y martirios tienden a juntarse en las mismas áreas de la historia; áreas que naturalmente tenemos pocos deseos de frecuentar. Te recomiendo muy seriamente no desear ninguna prueba ocular, a menos que ya estés totalmente cierto de que no va a ocurrir”. Esto viene a cuento de la festividad de hoy. San Melchor de Quirós y demás compañeros mártires. Recuerdo que, tal día como hoy, hace ya algunos años, el hebdomadario leía las actas del martirio. Y, desde luego, no es un territorio por el que uno quiera deambular. No se trata de personajes de hace 2000 años, sino de hace poco más de un siglo, ante los que, si uno no se deja escorar por las olas del qué dirán, hay que quitarse el sombrero. Si hubiese gente de ese calibre en las diversas áreas de la vida social, económica, política, etc., etc., la vida sería, sin ningún género de dudas, bien distinta. Pero Lewis mete en el mismo saco los milagros. Si uno está convencido de que lo que hay "es lo que hay" y no puede ser de otro modo, ha de llegar necesariamente a la convicción, como señaló Leon Bloy, de que lo que hay es lo adorable. Y no, definitivamente no. Un componente de la vida religiosa o de la religión, sin muchos calificativos, es la convicción de que las cosas pueden ser de otro modo, y en ocasiones, que las cosas deben ser de otro modo. San Melchor y demás compañeros pululaban por ese “otro modo” de las cosas que, por desgracia, algunos no tenemos deseos de frecuentar. Es una constatación… que tiene algo de plegaria.

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22
Nov
2011
Gratitud
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El sentimiento de gratitud es bueno para la salud. Eso nos cuenta hoy el New York Times. Se trata de algo que seguramente saben todos los terapeutas, desde el punto de vista teórico, y las personas agradecidas, desde el punto de vista vital, que es más vital que el teórico, valga la explicación. El hecho de ir por la vida agradeciendo la misma existencia, considerando dones las cosas que acontecen, no sé, prestando atención agradecida y graciosa a los hechos de la vida cotidiana… cambia las cosas. El estudio conecta también esto con la actitud religiosa, lo cual no es nada nuevo. La religión, para Tomás de Aquino, dista de ser una forma de alquimia o un engranaje de obligaciones: es la forma suprema de gratitud (Summa Theologiae II-II, q.106, a.1 ad1). Es agradecido quien considera que todo es gracia y la mayoría de las cosas importantes son impagables. Y así lo dice este chiste del New Yorker: las mejores cosas de la vida son gratis; las peores cuestan 19.95. Ah, y eso no simplemente cambia cómo vemos la cosa: hace las cosas nuevas, lo que es bastante distinto.

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20
Nov
2011
Four lions
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Una película reciente, bastante divertida, “Four lions”, es una especie de sátira que tiene en su punto de mira el fundamentalismo (islámico, en este caso). La verdad es que trata un tema delicado sin perder el sentido del humor en ningún momento, lo cual es bastante difícil en esta época en que todo el mundo sabe de qué se pueden y se debe reír uno…, bueno, en realidad, de qué se puede y deben reír los otros. En fin, en un determinado momento, dos de los que se van a inmolar discuten a la vista del otro, quizá el más radical de los tres, y éste viendo que uno de ellos está a punto de convencer al que duda, le dice: sólo está siendo amable. Y siendo amable no se gana un debate. El otro le responde: no, estoy siendo racional. A lo que el duro del asunto le espeta: con razones no se gana un debate. “No way”, apuntala. Y esto que parece tan anti-intuitivo, y nos hace reír a mandíbula batiente encierra una buena verdad. Y es que el resultado del debate no siempre depende de cómo se argumente ni de las razones que se den. Alguien tan poco sospechoso de complacencia con el enemigo es Schopenhauer, que, buen conocedor de la retórica, recomendaba utilizar las armas “racionales” que se tuviesen al alcance de la mano para aplastar al otro. Y si uno puede colar un argumento falaz, hágalo. Y si tiene que mentar a los antepasados del contrincante para sacarle de sus casillas, bienvenido sea el giro, todo por el bien de la victoria. Pues bien, cada día escuchamos argumentos racionales que circunscriben lo que se considera racional (lo cual también darçia para pensar otro rato). Y a pesar de eso, de que los reconozcamos como tales, no nos invitan a actuar. Parece que hay algo más que orienta nuestra vida que el argumento, que es fundamental, pero no es todo el fundamento. En fin, “four lions” es una divertida película para una tarde de domingo (o de lunes…)

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17
Nov
2011
La religión del presidente
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¿Hay que tener en cuenta cuáles son las creencias de un político antes de votarle? En Europa no se planeta abiertamente la cuestión. En EE.UU. sí. De hecho, hoy a parece un comentario en la prensa debido al hecho de que uno de los candidatos que se postulan en la carrera presidencial es mormón. Supongo que el hecho de a qué familia religiosa pertenezca es lo de menos, o puede que no. En todo caso, lo interesante del debate es cuáles son los límites de lo “puramente humano”, es decir, qué podemos quitar de una persona hasta encontrar al hombre universal, natural, auténtico, incontaminado o como queramos llamarle. Que las cuestiones religiosas desempeñan un papel importante en la vida de quien se postula para un cargo parece más o menos claro, como lo es el hecho de que lo desempeñen en la de quien va a votarle o no. En eso no se diferencian de sus opiniones éticas, económicas, sociales o acerca de la estructura del Estado. Y ciertamente, una vez clara la separación entre Iglesia y Estado, ¿cuál es el riesgo de que un futuro presidente sea mormón, católico o budista? Los filósofos, que somos tan amigos de experimentos mentales, podemos hacer todas las variaciones en torno al “qué pasaría sí…” Y el ámbito de la posibilidad es infinito.

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13
Nov
2011
La casa de las monjas
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Y al pasar por un pueblo que fue importante, en todos los sentidos posibles, me encontré con un convento de monjas imponente… al que poco le queda en pie. Las monjas hace tiempo que se fueron y no hay dinero para mantener ese edificio del siglo XVI que pronto se derrumbará solo, porque, con la que está cayendo, no hay posibilidad de parador, hotel, edificio público o proyecto alguno que lo mantenga en pie y conceda una tregua a parte de ese inmenso patrimonio artístico que poseemos y que a los visitantes les anonada. No sé cómo se las apañan las monjas para mantener esos edificios históricos en perfecto estado de revista: limpios, inmaculados y artísticamente al día. Quizá porque los consideran su casa (y lo son) no sólo para el momento presente, sino que lo fue en el pasado que las precede y que les ha hecho ser lo que son, y esperan que lo sigan siendo en el futuro para las que vengan detrás. Decía Juan Antonio Cebrián, Q.E.P.D, que le solían decir algunos amigos extranjeros que en España teníamos muchísimo arte, ya que llevábamos siglos destruyéndolo y aún nos quedaba. Claro, y parte de la razón de que todavía nos quede mucho se lo debemos a las monjas que cuidan de su casa.

 

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12
Nov
2011
Ciencia y religión
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He tenido mucha suerte al haber podido asistir al simposio sobre ciencia y religión organizado por la fundación Ramón Areces. Es un evento de esos que, de haberse organizado en cualquier otra parte del mundo, uno se hubiera organizado a base de ayudas, ahorrillos, mensiles no usados o algo semejante para poder ir allá. Pero mira, fue en Madrid. Doce conferencias doce, en lenguaje taurino, en dos días. Toda una maratón de reflexiones de primer orden, unas más sugerentes, otras más sesudas, algunas incluso emocionantes. Y con un éxito de público de esos que a uno, a pesar de todo, le parece escasillo. Casi todos los intervinientes eran científicos, varios de ellos de primera línea, y la mayoría creyentes (algunos así lo manifestaban, de otros sólo cabía inferirlo). Pero llama la atención, sobre todo, la normalidad con la que citan pasajes bíblicos después de haber sometido los datos a un buen exprimido: esto es lo que dice mi parcela de ciencia, o la parcela en la que yo soy competente. Ahora vamos a ver si es compatible con la creencia religiosa. Pues bien, algunos hablaban desde su cátedra universitaria y otros desde la práctica hospitalaria. Y en todos (y esto lo echo mucho de menos en sus críticos) hay una actitud de asombro -uau (así salió en alguna ocasión)-, seguramente humildad, y finalmente confianza y una bellísima visión del mundo. Estoy impaciente porque cuelguen en su web los vídeos de las ponencias para volver a escuchar algunas de ellas.

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