Sixto J. Castro.
Soy fraile dominico, nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en el feliz año de 1970. Soy doctor en filosofía y bachiller en teología, además de titulado en órgano. Soy profesor de estética y teoría de las artes y de teodicea del departamento de filosofía de la universidad de Valladolid. Soy profesor invitado en la universidad alemana de Bayreuth, a la que acudo todos los años. He publicado tres libros, y diversos artículos de filosofía en diferentes revistas. Dirijo también la revista de filosofía Estudios Filosóficos.
De más está decir que me gusta leer (¿a qué filósofo no?) y la música, sobre todo la polifonía española del Renacimiento y toda la música de órgano (deformación profesional), aunque no le hago ascos a contemporáneos como Arvo Pärt. El cine es otra de mis pasiones. Y tengo la suerte de viajar mucho a congresos, conferencias y cosas por el estilo, lo que me ha permitido conocer diversos países. Aquí estoy para servirles.
martes, 30 de junio de 2009
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Hace 20 años, según acabo de leer, se producía un intento de cambiar el mundo, que se quedó en nada, vaya usted a saber si por imposibilidad metafísica o qué. Fue el anuncio de que se había producido la fusión fría, es decir, la posibilidad de obtener energía de un modo ilimitado y a precio de bazar. ¿Alguien puede imaginarse lo que supondría eso? Bueno, ya nos encargaríamos pronto de crear lobbies que dispusiesen de la misma, que la distribuyesen y se encargasen de frenar todo acceso “excesivo” a la misma. Y es que resulta que tenemos una desconfianza inducida y que no entiendo bien de dónde viene, hacia lo gratuito. De nuevo, ¿alguien se imagina lo que supondría para el mundo toda la energía que se quiera, gratis, sin contaminar y sin barreras productivas? Eso sí que sería un auténtico orden mundial. Bien, pues en muchos otros aspectos, energéticos en sentido distinto, hay un montón de gente que da todo, todito, gratis et amore… Y eso genera una cierta desconfianza entre los que cobran absolutamente todo. Claro que sí, el trabajador merece su salario, es doctrina segura. Luego debemos discutir el cuánto, porque no es de recibo que un futbolista, una presentadora-actriz o un broker sólo por levantarse de la cama ingresen lo que daría de comer a muchas familias durante años.
Cuando los investigadores de la fusión fría anunciaron su “descubrimiento” –que parece ser que nunca se pudo repetir– la academia se les echó al cuello (los físicos). Y cabe pensar que los que manejan el cotarro energético, más aún. La revista Time, que es donde he recordado esa información, habla de la fusión fría como un imposible. De momento quizá, pero ¿quién sabe dentro de 100.000 siglos? Más imposible (si cabe hablar así) es que uno deje su casa y se marche a crear un hospital en el Caribe. Y es un hecho.