Los dominicos somos hombres y mujeres de la Palabra
Cap. Bogotá n. 45
Blog de: Sixto Castro Rodríguez, OP

La palabra potente

jueves, 17 de junio de 2010 | Hay 1 comentarios

Y esa es la potencia de las palabras, que ponen paz donde antes sólo había desorden. A veces, basta con poner nombre a algo para desactivar su potencial destructor. Un niño preguntaba el otro día por qué había manchas blancas en el mar, y su madre le respondía que eran olas. Ella quedó satisfecha. Pero el niño, tras un instante de reflexión, volvió a la carga. ¿Por qué hay olas? Porque es el mar. Una palabra nos lleva a otra y sólo a los que habitamos el lenguaje nos tranquiliza esa verborrea, pero los niños, que aún se están estrenando, buscan el porqué más allá de las palabras. Hay que orear los vocablos de vez en cuando, porque a fuerza de usarlos se vuelven rancios y no dicen nada. ¿Significa eso que hay que dejar de hablar? No, por Dios. Si el cristianismo es la religión del Verbo, de la palabra que se hace carne, acción, obra. Algunos filósofos insisten gustosamente en que debajo de toda apariencia de bondad siempre late la maldad, el desconcierto, el desorden y la destrucción. Perfectamente puede darse la vuelta a este argumento, y defender que, en el fondo, todo es bondad, porque, como decía el Aquinate, siguiendo a Agustín, sólo el bien es sustancial, porque procede de Dios. Sí, ya sé que este discurso puede ser puesto en entredicho por un dolor de muelas, pero en el fondo estas cuestiones de principio sólo se deciden por asunciones de principio. Si uno opta por la bondad del mundo, estará en disposición de hacerlo bueno y de decir que lo es, que lo será y que lo ha de ser. Seguramente.