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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
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17
Nov
2011
La religión del presidente
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¿Hay que tener en cuenta cuáles son las creencias de un político antes de votarle? En Europa no se planeta abiertamente la cuestión. En EE.UU. sí. De hecho, hoy a parece un comentario en la prensa debido al hecho de que uno de los candidatos que se postulan en la carrera presidencial es mormón. Supongo que el hecho de a qué familia religiosa pertenezca es lo de menos, o puede que no. En todo caso, lo interesante del debate es cuáles son los límites de lo “puramente humano”, es decir, qué podemos quitar de una persona hasta encontrar al hombre universal, natural, auténtico, incontaminado o como queramos llamarle. Que las cuestiones religiosas desempeñan un papel importante en la vida de quien se postula para un cargo parece más o menos claro, como lo es el hecho de que lo desempeñen en la de quien va a votarle o no. En eso no se diferencian de sus opiniones éticas, económicas, sociales o acerca de la estructura del Estado. Y ciertamente, una vez clara la separación entre Iglesia y Estado, ¿cuál es el riesgo de que un futuro presidente sea mormón, católico o budista? Los filósofos, que somos tan amigos de experimentos mentales, podemos hacer todas las variaciones en torno al “qué pasaría sí…” Y el ámbito de la posibilidad es infinito.

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13
Nov
2011
La casa de las monjas
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Y al pasar por un pueblo que fue importante, en todos los sentidos posibles, me encontré con un convento de monjas imponente… al que poco le queda en pie. Las monjas hace tiempo que se fueron y no hay dinero para mantener ese edificio del siglo XVI que pronto se derrumbará solo, porque, con la que está cayendo, no hay posibilidad de parador, hotel, edificio público o proyecto alguno que lo mantenga en pie y conceda una tregua a parte de ese inmenso patrimonio artístico que poseemos y que a los visitantes les anonada. No sé cómo se las apañan las monjas para mantener esos edificios históricos en perfecto estado de revista: limpios, inmaculados y artísticamente al día. Quizá porque los consideran su casa (y lo son) no sólo para el momento presente, sino que lo fue en el pasado que las precede y que les ha hecho ser lo que son, y esperan que lo sigan siendo en el futuro para las que vengan detrás. Decía Juan Antonio Cebrián, Q.E.P.D, que le solían decir algunos amigos extranjeros que en España teníamos muchísimo arte, ya que llevábamos siglos destruyéndolo y aún nos quedaba. Claro, y parte de la razón de que todavía nos quede mucho se lo debemos a las monjas que cuidan de su casa.

 

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12
Nov
2011
Ciencia y religión
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He tenido mucha suerte al haber podido asistir al simposio sobre ciencia y religión organizado por la fundación Ramón Areces. Es un evento de esos que, de haberse organizado en cualquier otra parte del mundo, uno se hubiera organizado a base de ayudas, ahorrillos, mensiles no usados o algo semejante para poder ir allá. Pero mira, fue en Madrid. Doce conferencias doce, en lenguaje taurino, en dos días. Toda una maratón de reflexiones de primer orden, unas más sugerentes, otras más sesudas, algunas incluso emocionantes. Y con un éxito de público de esos que a uno, a pesar de todo, le parece escasillo. Casi todos los intervinientes eran científicos, varios de ellos de primera línea, y la mayoría creyentes (algunos así lo manifestaban, de otros sólo cabía inferirlo). Pero llama la atención, sobre todo, la normalidad con la que citan pasajes bíblicos después de haber sometido los datos a un buen exprimido: esto es lo que dice mi parcela de ciencia, o la parcela en la que yo soy competente. Ahora vamos a ver si es compatible con la creencia religiosa. Pues bien, algunos hablaban desde su cátedra universitaria y otros desde la práctica hospitalaria. Y en todos (y esto lo echo mucho de menos en sus críticos) hay una actitud de asombro -uau (así salió en alguna ocasión)-, seguramente humildad, y finalmente confianza y una bellísima visión del mundo. Estoy impaciente porque cuelguen en su web los vídeos de las ponencias para volver a escuchar algunas de ellas.

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7
Nov
2011
Hábito de misericordia
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Ayer tomaron hábito Alexis y Humberto, signo visible de su pertenencia a la Orden como novicios. Cuando se entra lo que se pide es misericordia. Sólo eso. Y sobre ello pensaba cuando, en el camino de vuelta –varias horas de coche– la banda sonora la puso, en algún momento, el réquiem de Mozart que grabamos cuando el coro de la Pontificia de Salamanca cumplió 25 años. Toda una experiencia. Quien haya cantado o cante en un coro, y sobre todo piezas de cierto empaque, sabe a qué me refiero. Pero –sería el día, seguramente– lo que más me llamaba la atención es que todo el Requiem, que suelen decir que es una obra desesperada, no hace más que apelaciones a la misericordia: Rex tremendae maiestatis, qui salvandos salvas gratis, salva me fons pietatis (hay van dos, aunque el “ilustrado” se quede en la tremenda majestad). Por no hablar del final: quia pius es. Y no hay más. Por eso creo que resultan tan poco atractivas ciertas mentalidades empeñadas en que a uno se le deben las cosas. Creo haber citado aquí un divertido pasaje de la Crónica del rey pasmado, de Torrente Ballester, en la que entre el conde duque de Olivares y un fraile tratan de obligar a Dios a que dé descendencia a aquel. En fin, si uno percibe que hay muchas más gracias y muchas más cosas, estados, seres y estares que son gratis seguramente comprenderá qué lleva a Alexis y a Humberto a tomar el hábito en estos días extraños.

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4
Nov
2011
Irrealidad por doquier
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Un autor, Mark C. Taylor, en una interesante obra que se publicó el año pasado y se ha traducido éste (otra de esas rapideces inusitadas que sorprenden sobremanera), comenta la llamada de Dios a Abraham como acontecimiento fundamental del judaísmo, que se hace evidente en el Éxodo. Y subraya: “este acontecimiento, que resultó ser de proporciones globales, pareció tan insignificante en aquel momento que ni siquiera fue registrado en los archivos oficiales de las autoridades egipcias”. Da que pensar. Sin duda, la falta de fuentes “oficiales” es, para muchos, equiparable a una negación de existencia: tal hecho no se dio porque no fue recogido por quien debería haberlo hecho. Este argumento lo encontramos constantemente en la historia de la crítica de las doctrinas o tradiciones religiosas: no hay grandes relatos (los que sean que se consideren autorizados), luego probablemente no existieron los hechos que se relatan dentro de esas tradiciones. No hace falta pensar mucho para darse cuenta de que se da una identificación que no es lícita, un salto ilógico. Lo que me da que pensar es la hipertrofia de registros que tenemos hoy. Curiosamente, y a pesar de ello,  en vez de haber desaparecido, la sensación de irrealidad se ha acentuado. Todo tiene un cierto carácter de apariencia, de fantasma, porque le falta densidad, poso o, como dirían Aristóteles o el cocinero, sustancia. Los medios, las redes, están llenos de datos, relatos e informes grandes, poderosos, a los que asistimos con una cierta conciencia de imágenes pululantes que no paran en nada. Y de lo que pasa mientras tanto tampoco hay registros oficiales. Como no los hay de aquella búsqueda de Elías en la parafernalia que se nos narra en el primer libro de los Reyes, que acaba en el susurro. 

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27
Oct
2011
Pues claro que es un misterio
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Hoy ha pasado lo que tenía que pasar según la predicción de Emilio G. Estébanez: si pones una clase de teología no aparece ni el tato, pero si sale el tema de Dios en cualquier otro ámbito… todo el mundo tiene algo que decir. En fin, salió, cómo no. E imbricados en estas cuestiones, un alumno se me quejaba de lo que por otra parte es verdad: en cuanto hay algo que nos desconcierta, hala, decimos: es que es un misterio. Y como punto de partida no es una respuesta muy acertada. Ah, pero como punto de llegada la cosa cambia. Uno puede partir de que la realidad es misteriosa (y la de Dios ni te cuento), meterse las manos en la sotana y decidir que no merece la pena darle vueltas a la cabeza (una postura, por otra parte, bien encomiable, al menos según el Eclesiastés) o puede darle vueltas, agarrarla (o creer que la tiene cogida por el gaznate) y comprender, al final, que se le escapó, es decir, el misterio acaba  refulgiendo..., pero después (aunque la conciencia siempre haya estado rondando por ahí). Eso le pasó al Aquinate (aquel mihi videtur ut palea que a mí me pone la carne de gallina) y a tantos otros que acaban en una fase biblioclasta. Si tal alumno me respondiese al examen de la asignatura (la que fuese) con un “es un misterio”, dejando el resto del examen en blanco, tendría que objetarle: tienes toda la razón, pero, ah, tienes un uno (por aquello de la intolerancia al cero). Pero si me dijese eso mismo después de contarme todo lo que sabe sobre la asignatura, seguramente la cosa sería bien distinta.

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24
Oct
2011
De la perplejidad
3 comentarios

La verdad es que nunca llueve a gusto de todos y a veces a uno le extraña que muchos de esos incluidos en el “todos” no se den cuenta ni de que llueve. La semana pasada, en la catedral de Valladolid, gratis et amore, pudimos escuchar obras marianas de Tomás Luis de Victoria a The Sixteen, uno de los grupos de referencia en la interpretación de nuestro venerable compositor. Cuando llegaba a la catedral algo me daba mala espina: uy, no hay colas, eso es señal de que se ha llenado a rebosar la catedral y ya no dejan entrar a nadie. Mi gozo no en un pozo, sino en una nube: sitio de sobra y al final, los bancos llenos y poco más. ¿Cómo es posible que escasamente unos cientos de personas acudan a un acontecimiento cultural de primer orden, se mire por donde se mire? Pocos días después, Francisco J. Ayala en Madrid, hablando sobre evolucionismo y religión. Tres cuartos de lo mismo. Donde uno esperaba masas y colas, encontró una entrada aceptable, pero menos, sin duda, que para ver a cualquier locutor televisivo. No sé, todo esto me dice algo sobre el mundo (bueno, sobre uno de los múltiples mundos) en los que vivo. Me gusta en lo que dice sobre la variedad de intereses. Pero hay otro aspecto que me deja perplejo.

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20
Oct
2011
Una pica en ¿Oxford?
2 comentarios

Estaba hojeando un manual de Oxford University Press y he visto que también tiene erratas. A los que fungimos de correctores, esta constatación nos da esa alegría tonta que a veces provoca el hecho de que “aliquando bonus dormitat homerus”, es decir, que los grandes están sujetos a los errores que también se nos escapan a los de a pie. Y uno, en su cosa, se consuela con esa idea de que la perfección, el 10, queda casi como un término escatológico. En fin, que el tema no era ese, sino que al echar un vistazo al índice del libro vi que uno de los temas era la Escuela de Salamanca, lo que me hizo ir hasta la página correspondiente, sobrevolar el texto y ver la bibliografía. La mayoría ?la inmensa mayoría? es de procedencia anglosajona. Nos falta, por ejemplo, Ramón Hernández o Ángel M. Casado, entre otros, que seguramente sepan más del asunto que algunos de los escribanos citados, pero en fin. Y sin embargo, el redactor del artículo hace referencia a los inéditos de Vitoria publicados por Beltrán de Heredia en Ciencia Tomista, lo cual, en una publicación “british” de este nivel, no deja de ser un logro de primera. Lo que pasa es que siempre esperamos que desde fuera reconozcan a los que desayunan con nosotros. Va con nosotros

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17
Oct
2011
Ya no hay judío ni griego, ni in ni ex...
2 comentarios

De todos será conocida, seguramente, la celebración del magno evento de ese primer congreso de encuentro de dominicos in-ex. Seguro que hay mil cosas que contar y que cada quien se habrá ido con su impresión particular. A mí, lo que más me ha llamado la atención (y ha habido cosas magníficas, como la obra de teatro que inauguró, por no hablar de la bonhomía y el buen hacer de Gonzalo Blanco y Manolo Santos) es la fraternidad, cordialidad y cariño por la Orden, en su pasado glorioso o mísero y en su presente, a veces renqueante, de los allí convocados. Allá, como en San Pablo, los calificativos de in o ex se veían claramente reducidos a una cuestión canónica y nada semántica, porque el peso del significado (la cosa, que diría el Aquinate) estaba puesto en dominicos. No voy a decir, como el capitán Renault, en Casablanca, que este es el comienzo de una gran amistad, porque eso ya era antes pero sí es el comienzo de algo. Y sólo puedo estar expectante.

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11
Oct
2011
Vino religioso
5 comentarios

Quienes me conocen saben que no me gusta el alcohol, y de modo especial el vino. No sólo es que no lo aprecie, es que me provoca una suerte de repulsión física, de tal modo que creo que hay pocas tabarras que alguien me pueda dar que superen a la pesantez de “prúebalo, que es buenísimo, de la cosecha de no sé qué…” En fin, eso es un hecho físico-psíquico que no puedo remediar (quizá pudiese, pero no me empeño), junto al cual está la conciencia de que me estoy perdiendo algo enormemente rico y enriquecedor de la cultura humana, desde El banquete de Platón hasta cualquier celebración especial de las que acontecen de vez en cuando. Cabría defender mi negativa a acercarme al mundo vinícola haciendo oscilar falazmente la argumentación a las terribles consecuencias que provoca el abuso del mismo, el consumo a ciertas edades, etc. Pero cualquiera se daría cuenta de que el argumento no vale. Aunque el vino (el alcohol en general) sea condición necesaria del botellón, no es condición suficiente, de modo que argumentar la proscripción del vino acudiendo al botellón es una falacia de las que se estudian en primero de filosofía.
Conozco a mucha gente que hace un análisis semejante de la religión, a la que consideran una tierra baldía, de dogmas, aceptaciones inauditas de cosas raras, gente amargada y triste e hipoteca de la propia vida. Y cuando me dicen eso, pienso para mí: ¿no será como el vino? Por eso no doy la turra, como no me gusta que me la den con taninos y demás. Sólo pienso: ¿no te das cuenta?
 

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