Sep
Truffaldino e il nonno
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Por el contrario, la comida “de bolsa” es siempre igual. Alguien decretó el estándar de sabor y no hay más que hablar ni que discutir con la pota y el puerro. Los comensales están completamente ausentes en la gestión de este proceso que, en realidad, es solo un requisito inevitable para dar lugar a esa cacofonía en serie. Por muy bien que le sepa alguien (o a todos o a nadie) la dimensión afectiva de ese acto gastronómico ha desaparecido.
La boca, principal órgano culinario, es también el órgano de la palabra. La palabra puede ser prudente o imprudente, sensata o insensata, cierta o falsa. Se la puede tratar con cuidado, para que facilite el diálogo y haga surgir espacios de verdad y entendimiento, o se la puede convertir en un producto envasado que repiten unos y otros como pericos desganados. Es la diferencia que hay el celofán incomestible del trufaldín cabecilla que solo se digna a decir, con displicencia, "pregúntele a él" y el guiso del abuelo ceutí que dice "pregúnteme lo que quiera". Por seguir con lo que decíamos ayer…