1
Ago2011Morirse quomodo
1 comentarios
Ago
Para pasar bien el veranillo este, mientras salgo a dar paseos colesterolíticos, escucho en un mp3 que tengo un curso de la universidad de Yale sobre la muerte. La culpa de que escuche estas cosas la tiene un experto en duelos y quebrantos que vive en el convento de El Olivar,de Madrid. Él sabrá por qué. Se trata de veinte lecciones, más o menos, de un curso regular de la universidad, en las que el profesor debate la existencia del alma, el problema de la identidad personal, cuándo uno llega/deja de ser una persona, etc. Metafísica, básicamente. Es un curso muy interesante, un profesor honesto que muestra sus convicciones y expresa sus dudas. Pero eso no hace al caso. Resulta que mi mp3, cuando lo apago, no conserva el punto en el que se detuvo cuando se desconectó. Sólo se puede escuchar desde el inicio de la pista, es decir, mi paseo dura lo que dura la lección de ese día. Y si algún día, por lo que sea, no pude escuchar la lección entera, vengo a casa y enchufo el chisme al ordenador para oír el final de la misma. Enchufo, se abre el itunes y en cuanto acaba la lección del día, salta (por azar, claro está, es decir, por razones de ortografía, numeración, o sabe Dios por qué algoritmo del programa) una de las piezas que tengo ahí almacenadas: Ecce quomodo moritur justus de Jacobus Gallus. Y, de repente (sobre todo el primer día), todo cobra sentido ¿Por azar? Bueno, pues será azar que justo cuando acabo de escuchar la lección tenga la respuesta.