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Sixto Castro Rodríguez, OP

de Sixto Castro Rodríguez, OP
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1
Ago
2011
Morirse quomodo
1 comentarios

Para pasar bien el veranillo este, mientras salgo a dar paseos colesterolíticos, escucho en un mp3 que tengo un curso de la universidad de Yale sobre la muerte. La culpa de que escuche estas cosas la tiene un experto en duelos y quebrantos que vive en el convento de El Olivar,de Madrid. Él sabrá por qué. Se trata de veinte lecciones, más o menos, de un curso regular de la universidad, en las que el profesor debate la existencia del alma, el problema de la identidad personal, cuándo uno llega/deja de ser una persona, etc. Metafísica, básicamente. Es un curso muy interesante, un profesor honesto que muestra sus convicciones y expresa sus dudas. Pero eso no hace al caso. Resulta que mi mp3, cuando lo apago, no conserva el punto en el que se detuvo cuando se desconectó. Sólo se puede escuchar desde el inicio de la pista, es decir, mi paseo dura lo que dura la lección de ese día. Y si algún día, por lo que sea, no pude escuchar la lección entera, vengo a casa y enchufo el chisme al ordenador para oír el final de la misma. Enchufo, se abre el itunes y en cuanto acaba la lección del día, salta (por azar, claro está, es decir, por razones de ortografía, numeración, o sabe Dios por qué algoritmo del programa) una de las piezas que tengo ahí almacenadas: Ecce quomodo moritur justus de Jacobus Gallus. Y, de repente (sobre todo el primer día), todo cobra sentido ¿Por azar? Bueno, pues será azar que justo cuando acabo de escuchar la lección tenga la respuesta.

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31
Jul
2011
Teorías que encajan
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En uno de los relatos que componen El candor del Padre Brown, G. K. Chesterton hace decir al reverendo: “La teoría que usted propone es la única que resiste un examen atento, y como hipótesis, lo explica todo. Merece usted que le diga, fundado en mi conocimiento de los hechos, que es completamente falsa”. Los filósofos de la ciencia hace mucho que hablan de subdeterminaciones y cosas por el estilo, es decir, de la posibilidad de más de una teoría para explicar un único fenómeno. Hay infinidad de razones teóricas para dudar de que una teoría ?y más una teoría de la totalidad? pueda demostrarse verdadera por procedimientos que la misma ciencia reconocería como científicos. No digamos ya en la historia, la filosofía, la filología o la decoración de interiores. Podemos pasar a una consideración pragmática y decir que es verdad en tanto que funciona. Pero para eso hay que aceptar la validez de la ecuación verdad=funcionamiento o algo así. En fin, la cosa es que la prensa diaria nos asa con tesis que explican con rigor y claridad tal guerra, la crisis económica, los abusos sexuales y el origen filogenético de las creencias. Es más que probable que los expertos en ese campo lo lean con respeto y con una cierta distancia. Los mediadores/divulgadores suelen presentarlo como el acabose. Y, efectivamente, acabose, porque aunque lo expliquen todo, cabe la posibilidad de que sean completamente falsas, que diría Chesterton. O no.

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28
Jul
2011
La fórmula (falsa) de la felicidad
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En sus Perfiles de nueva humanidad (Salamanca, San Esteban, 1993, p. 116) dice Eladio Chávarri: “Creo, por otro lado, que nuestra sabiduría es facilona. X dinero se identifica con y entes a poseer que se traducen en z placer. Un sabor de la vida que puede expresarse con toda propiedad en una ecuación. No digo que sea fácil ganar dinero. Lo notables que toda una condición humana esté en función de un símbolo universal de trueque. Ninguna sabiduría anterior ha dependido de cosa tan simple, y en este sentido afirmo que es facilona. Hasta ahora los maestros de la felicidad no habían conseguido expresarla en una ecuación tan sencilla. ¡Cuánto más intrincada es la armonía platónica asignada a la justicia!”. Lo formulario nos atrae por su simplicidad. Si algo se puede poner en una fórmula parece que absorbe algo de la potencia que tiene el mundo de la matemática. Recuerdo lo poco que me gustaba, cuando estudiaba esos temas, la manía de los estructuralistas de poner en fórmulas cualquier cosa que investigaban, las relaciones de parentesco, las relaciones sintagmáticas o los procesos de comunicación. Me salía, como al otro, un “no es esto, no es esto”. Y tampoco lo es la felicidad. Si se acepta la fórmula arriba indicada, se comprende que absolutamente todo lo que constituye una forma de vida, en la medida en que no está en función de ese símbolo que es el dinero, se desdeña. Y todo hay que justificarlo en términos monetarios y crematísticos para que se le permita ser o, en su caso, para que sea eliminado. ¿Por qué hay una Somalia, Etiopía, Biafra, y demás? Dios no debería permitirlo, pensamos. Pues claro que no. Pero tan lejos en el tiempo como San Agustín (por no ir a los evangelios) se nos decía aquello de, vamos, hombre, no le pidas a Dios que haga lo que puedes hacer tú, que es la versión elegante de eso que alguien solía decir: ningún pobre necesita criado o la versión macarrónica del célebre principio aristotélico quidquid movetur ab alio movetur (traducción ad casum: nada se hace si no lo hace otro). ¿Hay algo que yo pueda hacer? Seguramente no, pero de ahí no se sigue que lo que no se predique de las partes no se pueda predicar del todo. Qué gran invento es el dinero. Y qué desastroso.

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21
Jul
2011
El ontológico
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Transcribía hace unos instantes la primera formulación del argumento ontológico que San Anselmo hace en el capítulo 2 del Proslogion para ese libro que está in fieri y a punto de terminarse, si Dios quiere y julio lo permite, y me ha asaltado, como una sombra, el pensamiento de la potencia de este argumento. No, no se trata de que pruebe o deje de probar. Innumerables pensadores de primerísima línea lo han aceptado e innumerables pensadores de exactamente el mismo nivel lo han rechazado (y no cabe esperar reconciliación final al respecto, lo cual nos da una cierta idea de los límites de la razón). De lo que se trata es de la difusión del mismo. San Anselmo lo elabora en el siglo XI, en su abadía, en el contexto de una oración, destinado a sus monjes. Y el argumento se extiende por toda Europa. ¿Qué tiene de raro? Nada..., en el siglo XXI, donde la última declaración de Belén Esteban llega a los pasillos de los centros de investigación en un par de segundos. En el siglo XI tuvo que haber calado bien profundamente para que comenzase su periplo por las universidades y fuese considerado en todos los grandes centros de estudio. A lo mejor va a resultar que en el medievo se estudiaban cosas que, en cierto modo, se imponían por sus propios méritos… Ni los pedagogos ni los políticos ni la tele decidían que se estudiaba en París y ni el Papa impedir el estudio del aristotelismo. Pruebe o no, vaya si da que pensar.

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13
Jul
2011
Agua en vino
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Me he encontrado con este vídeo divertidísimo en el que, en una broma de cámara oculta, un supuesto Jesús (un tanto kitsch y despelurciado), que lleva una cruz al pecho (lo cual ya delataría la cosa) convierte el agua de una fuente en vino. Las caras son un poema. Me imagino que un porcentaje cada vez más grande de la población no sería capaz de pillar la broma, precisamente porque no pueden referirlo al hecho al que hace referencia. La sorpresa de que salga vino de la fuente no viene dada porque salga vino de la fuente, sino porque parece que un tal Jesús se ha dejado caer por allá y uno es capaz de imaginar que las bodas de Caná tienen lugar en sus mismas narices. Obviamente, la situación es ridícula: Jesús paseándose por la calle y haciendo milagros de todo a cien (de esos que aparecen en los apócrifos para deleite de la imaginación de los oyentes), pero para que seatal, divertida para los que estamos a este lado del monitor y sorprendente para las víctimas del montaje, es necesario poder leer más que lo representado en la escena. Cuanto menos conozcamos de nuestra historia, más oportunidades perderemos -también- de disfrutar y divertirnos.

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9
Jul
2011
Demonio meridiano
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Da que pensar cuando un niño se refiere a uno en términos de “ese hombre”. El “ese señor” que me han regalado en ciertas ocasiones se puede interpretar en términos de cortesía o cosa semejante (o así se hace cuando uno trata de dar una interpretación benevolente de la cosa). Pero “ese hombre”, en ese contexto de un niño que habla de uno como si ese uno no estuviese presente, no designa a un individuo de una especie ni un sexo determinado. Así que cuando el crío aquel se refirió a mí como "ese hombre" quizá fue el momento en que tomé conciencia de que en cualquier momento se me planta por aquí el demonio meridiano, y ver qué pasa. De momento a esperar que lleguen las vacaciones, que siempre ayudan a espantar demonios.

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28
Jun
2011
Conclusiones
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Hace unos días tuve ocasión de asistir a una conferencia (en realidad a varias) de filosofía, con temáticas distintas, si bien todas muy actuales. Si alguien me hubiese preguntado al salir de cualquiera de ellas cuál había sido mi conclusión, podría haber confesado: los filósofos de esta universidad o bien son calvos o bien nunca se peinan. Obviamente, esa no es la respuesta que esperaría mi interlocutor, y yo lo sé. Pero a partir del enunciado de la pregunta, si lo analizamos término a término, nadie podría decir que no he contestado a esa pregunta (quizá de hecho ese fuese mi conclusión principal de la conferencia, o lo que más me había impresionado, o lo que más me había dado que pensar…, pero seguramente no es lo que me preguntaban). ¿Cómo sé yo que no es eso lo que preocupa a mi interlocutor? Lo sé, porque entiendo las convenciones lingüísticas y, como dicen los filósofos, porque sé jugar un juego de lenguaje. Todos sabemos jugar, unos mejor y otros peor. Algunos incluso creen que el fin de todo nuestro artificio racional es jugar ese juego, un juego argumentativo que no tiene más finalidad que ganar en los debates (cosa que, aunque se acaba de publicar con muchos estudios de campo en una prestigiosa revista, ya había dicho Schopenhauer en ese escrito tan lúcido, pero con tan mala leche, que editó Franco Volpi, El arte de tener razón). Y sin embargo, junto a todo este mundo del lenguaje, o en él mismo, tenemos conciencia de que lo que importa es algo que no es ello mismo completamente lingüístico, las cosas, muchas de las cuales no se dejan decir (sea Dios, sea el dolor de muelas). Qué cosa difícil es la realidad.

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19
Jun
2011
Monjas a la carrera
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Ayer leía, en un libro de teología filosófica, un artículo sobre la Trinidad. Todo él estaba lleno de x es y si y sólo si necesariamente existe un z que… Y me recordó la película “Monjas a la carrera”, en la que dos malhechores se refugian en un convento y así, se integran tanto, que un día a uno le toca explicar la Trinidad en clase. El otro, que es católico, le explica la cosa usando el símil del trébol, tan caro a los irlandeses gracias a San Patricio. Obviamente, el otro se lía en clase de manera bien cómica. Lo simpático de la película, entre otras cosas, es que el que lo explica apunta al carácter de “misterio”: ¿tú lo entiendes?, le dice el otro. Claro que no: nadie lo entiende. Tienes que creerlo. Por eso es una religión. Seguramente eso se podría aplicar a la mecánica cuántica, o al menos eso se deriva de lo que cuentan los grandes padres y estudiosos de la disciplina, no los divulgadores, que tienen una claridad meridiana al respecto. No, la religión tiene algo más y la Trinidad configura la vida, a diferencia de los quarks y de la ecuación de Schrödinger. A todas horas. En todas las oraciones. En todos los ritos. Tiene tanto de misterio porque, sea lo que sea Dios en sí, seguro que no es algo que podamos agarrar categorialmente. Si comprehendis non est Deus, decía San Agustín. ¿Es eso una dejación de la razón, una entrega irracional a la irracionalidad? En absoluto, en absoluto. A mi entender, es una apertura de la razón y de la humanidad a espacios en los que se vive de manera no posesiva. ¿Tiene sentido? Seguramente pensar que Dios y el mundo no suman 2 tiene sentido.

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15
Jun
2011
El imperativo
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Hoy viene un terrible artículo en el NYTimes sobre la contaminación en ciertas partes de China. Ese hecho no es sorprendente, es más, es esperable, teniendo en cuenta que lo que más conocen los viajeros y de lo que más cuentan es de Pekín, y dicen que es una ciudad inhabitable, con una contaminación que literalmente no deja ver el cielo. Lo que choca y conmueve es el testimonio del padre de una criatura cuyo cerebro ha quedado irreversiblemente dañado por la absorción de plomo, y que dice: “queríamos que esta niña lo tuviese todo. Por eso trabajamos tan duro. Por eso nos envenenamos en esta fábrica. Ahora resulta que la niña también está envenenada. No tengo palabras para describir cómo me siento”. Mal sobre mal parece. Poco consuela conocer todas las causas, por muy felices que eso nos haga. Seguramente, la idea de dejar un hogar medianamente saludable para las generaciones futuras sea un imperativo moral. Pero eso suena raro. ¿Cómo conjugar un imperativo moral con todo lo demás? A la fuerza ahorcan, dicen. Y el imperativo acabará entrando por la ventana.

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13
Jun
2011
Sangre de Cristo, protégenos (Lord have mercy)
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Hay un gran intelectual que vive en mi casa (él no sabe lo primero, aunque supongo que se habrá dado cuenta de lo segundo) que, cuando algo le sorprende, exclama algo así como “sangre de Cristo, protégenos”. Un fraile de la isla caribeña de Granada, cuando se troncha de risa por algo que, como buen chiste, ocurrencia, ingenio o ironía, pilla al oyente por sorpresa, dice a voz en grito: “Lord, have mercy”. Un extraterrestre que apareciese por el convento no sería capaz de distinguir entre la recreación y la misa o las vísperas. “¿Lord have mercy” cuando me desternillo? Es lo que tienen las interjecciones, un poder enorme. Wittgenstein afirmaba que todo lo que decimos ante una obra de arte que nos gusta equivale a una interjección. El rollo que suelta el entendido de gafas redondas y bufanda larga, si acaso con perilla o con las gafas colgando sobre los pechos, ante una escultura que le gusta equivale a una interjección (mejor haría diciendo ¡ah!). Pero la interjección que se elija, y aquí vamos un paso más allá de nuestro amigo de Cambridge, es más que el mero acto ilocutivo o expresivo. Tiene sentido dentro de una forma de vida el que se diga “Lord have mercy” o “sangre de Cristo protégenos” cuando uno se ríe. Y el extraterrestre que llega al convento, pensará que los que se han confundido son los que viven en él.

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